Volviendo al origen


Son dos meses que han transcurrido sigilosamente, y aún así, dos meses trascendentales, puede y no sea una muy buena comparación, pero me gusta observar cómo cambio de piel tal cual lo hacen las víboras.

Van a dar las 12.00 md y he tomado mi café. De un tiempo a la fecha,  no es que los aeropuertos me encanten, sin embargo, he aprendido a disfrutar de cada momento, de cada rostro, de cada sonido y ¿por qué no decirlo?, hasta del bullicio. Veo a gente de colores, de cualquier rincón del mundo, muchos quizás hacen viajes de descanso, otros de negocios, algunos visitan a seres queridos y muchos quién sabe cuántos van en la búsqueda de ese sueño que  latente ha tocado su puerta, también, he observado padres  llorando despidiéndose del hijo que se va. Escucho maletas arrastras llenas quién sabe de qué, tal vez  de recuerdos, de regalos, de despedidas, de vanidades, de frustraciones, de miedos, de disfraces, de nostalgia… yo sólo espero que no pesen mucho, o quizás que a su regreso vengan o más ligeras, o vacías o por lo menos llenas de novedades, sin duda alguna de experiencias.

 Escucho pasos que van a letárgicos, como resistiéndose a avanzar, escucho andares determinantes y tenaces, puede y tengan claro a qué van y eso suponga ilusión, hay quien corre y va sonriente y yo desde este café deseo  encuentren aquello que buscan y resuelvan su acertijo.

A pesar de que no había entrado a este rincón, confieso que siempre hay algo que se escribe dentro de mí, es sólo que no siempre me siento capaz de expresarlo en letras, ideas escurren y algunas se van cristalizando, otras huyen de mí o quizás yo huyo de ellas, el punto es que como nada es estático voy encontrando también otras formas de expresarme y con asombro redescubro señales y más señales, resultándome imposible no recordar las flechas amarillas del camino de Santiago de la Compostela.

En un puñado de incontables ocasiones, habrá que regresarse, habrá que tomar vías alternas, un atajo o sentarse a descansar, pero ojo… nunca detenerse.

Un gran hallazgo cientos de veces leído, es que, cierto es que si me pongo  atenta puedo ser testigo de cómo se van hilando circunstancias, y tal cuál una araña teje a su tela, a nosotros nos toca tejer acontecimientos, y aunque cuando nos cueste trabajo ser consientes de ello, es mágico ver todo lo que se da en nuestro campo de acción, cómo desfilan ángeles sin alas, maestros severos y cientos de maestros amorosos. Muchas veces es nuestra elección aprender a través del dolor, o creemos que “lo merecemos” flagelándonos porque las expectativas no fueron cubiertas, pero con singular alegría y total honestidad segura estoy que no es utopía que si deseas puedes aprender a través del placer, del gozo y más aún de esa sustancia maravillosa de la que todo está creado… “el amor”. 

No hay necesidad de pasarla mal para aprender la lección a menos que te resistas a ver la señal, a mirar esa flecha amarilla que pese a convertirse en una fijación, te dispones a ignorar quizás por vivir apegado a una ilusión, a lo irreal, a lo efímero, ¿por qué decidir sufrir?… es real que, también a estar bien se aprende, encontrar el camino del vuelta al origen, disfrutar de ese tenerlo todo como cuando estabas alojad@ en el vientre de mamá, ahí donde no faltaba nada, donde había alimento, abrigo, amor y protección, a lo mejor cuando entendamos que somos uno, que tú eres yo y yo soy tú y que en este andar  nosotros elegimos los espejos en donde nos vemos reflejados, pero si hay algo de lo que no debe caber la menor duda es que, ¡Siempre  vale la pena sonreírle al espejo! . Ahora te toca asumir la tarea maravillosa de arropar a tu niñ@ interior, sólo sigue la flecha amarilla y resulve el acertijo, siempre guiado por una energía superior.

Un pensamiento en “Volviendo al origen

  1. Excelente !!! Gracias por ser, estar, compartir tu maravillosa forma de ver las cosas y esa Luz tan especial que reflejas …

    Besitos, mi pequeña gigante !!!

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