Mi efecto mariposa…


Justo en esos momentos en los que parece que no tengo nada que decir es quizás cuando más persigo las palabras aún cuando tampoco tenga noción del qué ni del cómo deba transmitir lo que deseo y lo que pienso fielmente.

Atemporales, así creo son los segundos y me siento como la mariposa del efecto, esa que es parte del marco de la teoría del caos… mi propio caos, creo en Henri Miller: “el caos es la partitura donde se escribe la realidad”. Si, sé que estoy expresándome muy rebuscadamente pero lo esencial aquí es “querer expresarse”, qué más da si uso métrica, rima, prosa, verso,  acentos o digo algo o nada.

Es 24 de abril, en este intervalo de tiempo de entre la primavera y mis 31 se intercaló un sueño que me cambió no sólo la perspectiva sino toda yo, vi nuevamente la fisionomía del amor y la toqué con las yemas de los dedos y eso mudó mi piel como lo hacen las víboras, esta combinación insuperable de locura y osadía que danza en el núcleo de mi existencia son finalmente las alas de la mariposa… mi mariposa, yo mariposa, la que provoca su propio caos.

Aún cuando las mariposas lloremos por dentro,  entre toda nuestra fragilidad hay una fuerza irreal que reside en nuestra propia alma, que si bien a veces el dolor nos anestesia sabemos de otros métodos, tenemos nuestros propios antídotos y volamos, nómadas hasta el fin restaurando nuestra esencia, reforzando el corazón y la misma fe siempre que sentimos las alas más frágiles que otros días.

Si, los dedos escriben por órdenes del corazón… siempre manda, decididamente manda y no hay remedio, hasta la piel le obedece, los ojos, la vida, la risa, guste o no es el eje, el viento de la mariposa… mi mariposa, yo mariposa.

Si la mariposa se queda estática, silenciosa, sin provocar caos, su propio caos, probablemente se vuelva loca, es parte de su naturaleza y si el orden viene del caos, quizás haya entre toda su locura una pizca de sabiduría, aún en su proporción más escasa y si estas emociones tuvieran fin, serían quizás como el resto de las emociones… volátiles.

La mariposa sólo absorbe la fragancia, vuela, sonríe, quizás por momentos pare y recuerde que ya no es una oruga, porque a veces lo olvida pero vuela nuevamente como una loca no sólo con las alas sino también con el corazón expandido aún cuando vaya inconsciente fluye desde su propia gracia.

Aquí y ahora… la mariposa que a veces se siente oruga y aún en metamorfosis discurriendo y construyendo.

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