Metabolizando experiencias: Mi Camino a Santiago de la Compostela


Son tres años ya de haber realizado mi Camino a Santiago de la Compostela y mucha gente me ha preguntado qué sentido tiene, si realmente transforma y en qué radica toda esa magia de la que se habla, en un principio no sabía qué responder, pues a sabiendas de la riqueza del mito y la historia que éste guarda como en todo no me resultaba tan visible y de alguna manera mi proceso alquímico tomó su tiempo, así como cuando las semillas germinan o las mariposas rompen la crisálida así viví yo esta experiencia catársica.

Esta noche de pura gratitud decidí escudriñar en la memoria y aunque cierto es que no es la mejor, de acuerdo al resultado mencionaré qué es eso que el camino me regaló:

Restaurar del alma. Nada como el silencio y la naturaleza para diluir eso que “ya no era” pero yo tampoco lo entendía. De alguna forma he aprendido que la naturaleza es una chamana que recicla esa energía de la que estamos hechos, era  increíble estar en la misma frecuencia y pulsación de los cerros, los ríos, los árboles, la niebla, las flores, las piedras, el polvo, el sol y la lluvia, expandiendo el corazón, la conciencia y los sentidos.

Practicidad. Ir por la vida con lo esencial es quizás lo más importante que aprendí en esos 350 kilómetros, sencillamente practiqué el desapego con todas esas cosas que yo creía y eran elementales, pues pude  andar 12 días tan sólo con un par de mudas de ropa y dormir gustosamente aún en el albergue más austero.

Fe. El bastón era tan sólo la representación de ésta y cierto es que cuando yo inicié mi viaje, creí que era absolutamente simbólico y ¡Oh sorpresa!, no sé qué habría sido de mi en esos caminos empinado si no hubiera tenido de qué sostenerme, entendí que así funciona la mano de Dios y que a pesar de  lo sinuoso de algunos tramos era cuestión de paciencia pues todo era temporal.

Descubrir cómo funcionaba la vida en pequeña escala. Pude comparar mi camino hacia la Compostela con la vida misma, pues el día que yo creí que dormiría en un parque porque no había más capacidad en albergues dormí como reina en un hotel 4 estrellas, lo cual quiere decir que, siempre siempre existen situaciones que aún  pareciendo las  más complejas y adversas con la gracia divina dan giros de 180°  transformando cualquier escenario en expectativa rebasada.

Descubrir ángeles sin alas. Que si bien he sido siempre afortunada con esas manifestaciones de Dios a través de muchos seres, en esa ocasión pude disfrutar de la compañía de personas mágicas como hadas, de sonrisas radiantes y manos generosas. Siempre sentí el aliento de Dios.

Vivir la magia. El camino me llevó a sitios insospechados en donde pude liberar situaciones añejas y donde pude también sacar el esqueleto del ropero para renacer después de unas cuantas lágrimas, de esas que fluyen desde la esencia y que concentran un mar de emociones en una minúscula gota de agua salada, conocer esos sitios de los que yo escuchaba hablar cuando era niña  fue un regalo majestuoso que atesoro en cada rinconcito de mi.

Persistir. No es fácil andar en promedio 30 kilómetros por día, pero realmente dejan de sentirse al observar cuan vasto es el universo, dejan de sentirse cuando tomas tu diario y plasmas esa emoción o revelación que llegó a la memoria en unos de esos pasos coleccionados durante el Camino de Santiago, quizás viendo girasoles, comiendo polvo, dándote un baño de sol o bebiendo agua para finalmente ser recibido en Santiago con música de gaita y vibrar con cada nota, estar tan presente en ti como si fueras el centro del universo, como si todo lo vivido no tuviera más sentido, como si toda la existencia se concentrara en ese instante exactamente como cuando emergiste del vientre de tu madre.

Entiendo que  la lista podría ser realmente larga, pero esta noche es esto lo que llegó a mi vaga memoria, esta noche esto es lo que soy y es un hecho que aquí, desde mi sofá chocolate sigo un camino muy similar pero en otra dimensión, con otros compañeros de viaje, con otras ideas, con otros objetivos, con otros retos y renaciendo a cada segundo como lo hice ahí, en mi peregrinar del  Camino de Santiago de la Compostela.

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