La muerte: el sentido de la vida


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Una de las razones por las que decidí hablar  de “La muerte como sentido de vida”, es porque cada pérdida forma parte de la tendencia actualizante del ser humano, sin duda, vivimos en una continua catarsis emotiva y vivencial, experimentamos  tantas pequeñas y grandes muertes que, nunca se está preparado para ello, pérdidas que van desde un cambio de un empleo, casa o de ciudad, hasta  la ruptura de una relación trascendental,  la pérdida no sólo de un ser querido, sino también de familias completas.

Si algo nos corresponde experimentar a cada uno de nosotros es “la muerte”, la tragedia en su totalidad, la turbación, la tristeza, la desesperanza, eso a lo que San Juan de la Cruz le llamaba “La noche oscura del alma”, ese genuino sufrimiento en el que se experimenta un abandono total;  menciono esta metáfora porque cierto es que cuando se vive un duelo se vive también un proceso de purificación muy a pesar de la aridez que experimenta el ser. Cada uno vive sus duelos a su ritmo, con sus bálsamos preferidos, con sus miedos y sus lágrimas; cada uno sabe cuán grande o estrecho es su umbral del dolor, pero sin duda y como lo dijo Kleyman: “El duelo es la forma natural de sanar un corazón roto” (Hansen, L. B. (2003). Desarrollo en la edad adulta. México. Ed. Manual Moderno, Pág. 472).

Este texto referente a “La muerte como sentido de vida”, me ha llevado a profundizar en las experiencias (más que obras) de Elizabeth Kubler Ross, Victor Frankl y Clarissa Pinkola Estés, no sólo he decidido escribir sobre la devastación que deja la muerte de un ser querido, sino también de esos instantes de vida-muerte que vive incubando más vida, de la importancia de trascender la experiencia y sublimar el dolor pese a su ardua tarea.

 Hace mucho tiempo, un gran amigo me dijo que, “En la vida hay que aprender a decir adiós muchas veces”, aunque yo había experimentado ya partidas de seres muy amados, no me había involucrado profundamente en el tema. Casualmente, han pasado diversos libros por mis manos, y si me permito ser transparente, éste es un tema que me resulta culturalmente interesante pero humanamente aterrador.

Por otro lado, siempre he sido una mujer nómada, quizás hoy día es que puedo mirarme como sedentaria, y paradójicamente mi fuerza vital ha aumentado cuando más muerta me he sentido. Creo que esa es una parte del milagro de la psique humana, que por mucho que el terreno sea escabroso las ideas siempre florecen y los sueños siempre alimentan, la psique siempre está en restauración y es decisión nuestra cómo nos rediseñamos.

La muerte y el duelo son temas de infinita amplitud, la muerte como parte de la vida humana y la muerte como metáfora, pero, la eterna pregunta es: ¿realmente existe la muerte?. Sé que hay diversidad de ópticas, religiosas y científicas, se que preguntarlo aquí tal vez resulte absurdo pero, no podía quedarme sin hacer alusión a tan mística pregunta objeto de tantos estudios.

Querido lector, sé que seres amados se nos han anticipado a tal experiencia, se que el miedo y el dolor son ineludibles, pero también sé que vale la pena remendar las heridas, que la vida es digna de ser vivida en plenitud aunque a veces el alma vaya de rodillas y lo más importante quizás que he aprendido hasta hoy es que: “Aquí y ahora es lo único que tengo”.

“El duelo es el proceso de crecimiento menos entendido y más rechazado por el que atraviesa una persona […] Irónicamente, pese a lo inevitable y universal de la experiencia de la pérdida sabemos muy poco del cómo recuperarse de ella […]. La recuperación incompleta puede tener un efecto de por vida en la capacidad para ser feliz de una persona” (James y Cherry, 1988, pp. 3-5) – (Hansen, L. B. (2003). Desarrollo en la edad adulta. México. Ed. Manual Moderno, Pág. 472.

Decidí utilizar esta cita para entrar en materia, porque yo creo que no existe una receta para vivir un duelo, estoy de acuerdo con el hecho de que occidentalmente no hemos aprendido totalmente a integrar la muerte a la vida, pues no hemos aprendido el valor que supone una adecuada descarga de energía, pero también creo que para lograr que una muerte le dé sentido a la vida se requiere de una expansión de conciencia que muy seguramente no será inmediata, pero que sin duda alguna requiere de una alta dosis de voluntad.

Uno de los primeros teóricos del mundo de la psicología en abordar el tema del duelo, fue Freud, quien planteó que el pesar se resuelve mediante el proceso de duelo, a través del cual los individuos rompen gradualmente los lazos que los unen al objeto amado y retiran la energía asociada con ellos, energía que entonces puede invertirse en otras relaciones o actividades.

Por causalidad significativa, estoy actualmente leyendo “El hombre en busca de sentido” de Victor Frankl, ahí él explica la experiencia que le llevó al descubrimiento de la Logoterapia. Esta corriente de la psicología, se contrapone a la doctrina de Adler (voluntad de poder) y a la doctrina de Freud (voluntad de placer), ya que Victor Frankl habla de “la voluntad de sentido”.

Me resulta conveniente mencionar que, el término Logoterapia, proviene de Logos, palabra griega que equivale a <<sentido>>, <<significado>> o <<propósito>>. Ésta, se centra  en el sentido de la existencia humana y en la búsqueda de ese sentido por parte del hombre. De acuerdo a la logoterapia, la primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida.

“Algunos autores, sostienen que el sentido y los valores no son más que <<mecanismos de defensa>>, <<formaciones reactivas>> o <<sublimaciones>>. Por lo que a mí respecta, yo no desearía vivir simplemente como carnaza de mis mecanismos de defensa, ni me sentiría inclinado a morir por mis <<formaciones reactivas>>. El hombre, no obstante, ¡es capaz de vivir e incluso morir por sus ideales y sus valores” [Frankl, V (1979) El hombre en busca de sentido, Ed. Herder, Pág. 121].

Me impresiona cómo alguien que lo perdió todo en uno de los campos de concentración durante el nazismo, haya tenido la capacidad de vestir su existencia de otro matiz trascendiendo el dolor y la pérdida. Él menciona que, logos o <<sentido>>, no es algo que nace de la existencia, sino mas bien se presenta durante la existencia, ¿qué motivación pudo tener Victor Frankl pasando hambrunas, frio, brutalidad, destrucción y muerte?, ¿cómo consiguió honrar la vida vaciándose para volverse a llenar y generar otro tipo de experiencias sino con toda la voluntad que él consiguió generar de sí mismo? No cabe duda que el ser humano es toda una fuente, creo que el amor es alquimia pura dentro del” campo de concentración” en el que cada ser humano pueda verse inmerso, lo esencial es descubrir el sentido de la vida sea cual fuere la circunstancia, la fuerza procede del espíritu.

Me gustaría hablar ahora de muerte como metáfora, creo que el ser humano la mayoría de las veces, piensa que lo que sigue de la muerte es más muerte, vivimos en una cultura en la que todos los finales son aterradores, no hemos terminado de comprender que, la vida se renueva todos los instantes. Es interesante cómo en India o inclusive los mayas, han considerado que la vida y la muerte son una rueda, y que la muerte es el  componente básico de la vida humana, inclusive, en el mito y el folclore hay grandes representaciones como la Coatlicue, diosa azteca adornada con cráneos, o la Kali, diosa hindú que representa la destrucción y la muerte. Hay tanto a lo que se le debe dar muerte para generar vida.

Ahora, me resulta conveniente mencionar una serie de preguntas de un cuento llamado “La mujer esqueleto”, escrito por Clarissa Pinkola Estés, donde de manera reflexiva plantea las siguientes preguntas: “¿A qué tengo hoy que dar más muerte para generar más vida? ¿Qué me consta que debe morir pero que yo me resisto a permitir que muera? ¿Qué tiene que morir en mí para que pueda amar? ¿Qué es lo que hoy tiene que morir? ¿Qué tiene que vivir? ¿A qué vida temo alumbrar? Y, si no ahora, ¿cuándo?” [Pinkola E. Clarissa (2009) Mujeres que corren con los lobos. Ed. Zeta Pág. 210].

Rosario Castellanos, la mística y poeta mexicana, escribe a propósito de la entrega a las fuerzas que gobiernan la vida y la muerte:

… dadme la muerte que me falta…

Hablar de muerte y no hablar de Tanatología (el estudio de la muerte que incorpora a la vida), es como dejar una brecha importante, y es que, aunque pocos investigadores han incursionado en este vital tema llamado muerte, estos mismos han hecho grandes aportaciones, como es el caso de Elisabeth Kubler Ross, quien después de haber estudiado  miles de casos previos a la muerte, aportó que existen 5 etapas por las que el ser humano atraviesa ante cualquier pérdida, en su libro “Sobre la muerte y los moribundos”, menciona las cinco fases del duelo, mismas que a continuación menciono: Negación y aislamiento, ira, negociación, depresión y aceptación.

Creo que, la tragedia hoy es cómo diversas corrientes religiosas han monopolizado la muerte, cómo consiguen que el ser humano deje muchas veces de vivir en vida, cómo han infundido el temor y la culpa y han alejado al ser de su búsqueda de ese logos que rescata al hombre de sus propias trampas y de esas zancadillas que la vida pone en aras de una evolución de conciencia.

La muerte es una gran maestra siempre y cuando aprendamos a danzar su ritmo, siempre y cuando exista esa voluntad de expansión, esa voluntad de vivir en plenitud, generando más vida en medio de la muerte.

Sabiamente, Victor Frankl citó a Nietzsche, quien dijo qué: <<El que tiene un porqué, para vivir puede soportar casi cualquier cómo.

Bibliografía

Hansen, L. B. (2003). Desarrollo en la edad adulta. México. Ed. Manual Moderno.

Pinkola, E. Clarissa (2010) Mujeres que corren con los lobos. México. Ed. Zeta.

Frankl, Victor (1979) El hombre en busca de sentido. Barcelona. Ed. Herder.

Kubler, R. Elisabeth (2010) Sobre la muerte y los moribundos. Barcelona. Ed. Debolsillo.

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