William Blake dijo un día que, “Nunca el águila perdió tanto como cuando se sometió al cuervo”…


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William Blake dijo un día que, “Nunca el águila perdió tanto como cuando se sometió al cuervo”… si un día lo creí hoy lo dudo.

Esta es la última carta que te escribo. Sé que has sido mi maestro más importante en estos últimos 10 años, contigo aprendí cómo friccionan los sentidos, las creencias, experimenté el amor incondicional en toda su plenitud; contigo he sentido todas las emociones existentes, desde las más sublimes hasta las más perversas, me has guiado por todas mis directrices de la manera más radical. Me he reflejado en ti desde mi versión más dulce, paciente y amorosa hasta la más cruel, vengativa, escabrosa; tengo la convicción de que mi experiencia contigo ha derivado un auto conocimiento profundo, me has llevado a tocar fondo y en cinco segundos llevarme a volar al séptimo cielo.

En este andar, he vivido la experiencia de todo el género femenino de mi estirpe, a través de ti humanicé a mi padre y abracé su imperfección perfecta tal como abracé la tuya y me di cuenta como compulsivamente en ti lo veía a él, en ti buscaba y encontraba esos atisbos de lo ácido, ese abandono inconsciente, la misma indiferencia… el mismo patrón.

¿Qué te puedo decir?… Llanamente tienen la misma forma autodestructiva de vivir y destrozar también todo lo que les rodea, todo lo que tocan, pero bueno, paradójicamente han escogido esa escuela, ese perfil de maestras (y nosotras de ustedes – digno de mencionar -) entre amorosas y codependientes, gladiadoras que se alimentan de polvo con tal de dominar la fiera, resistiéndose a perder dejando el tuétano en el intento, pero dime, ¿qué les mantiene conectados a nosotras mientras a nosotras el espíritu guerrero no nos deja perder?, pero que pregunta la mía si tienen todo un almacén de ganancias no sólo primarias, sino secundarias, materiales y espirituales, y si lo veo con objetividad desde mi cancha no ganamos como Ustedes pero también ganamos mucho y hablando ya en primera persona, vengo hoy a agradecerte lo que he ganado…

Unos renglones atrás, te decía del nivel de autoconocimiento profundo ganado en mi, observar mi propia mirada con enojo y luego compasiva hundida en mi propia sombra, ser mi filántropo y mi verdugo, conocer cuan miserable se puede sentir un ser humano, vivir la frustración y la muerte, la demolición pero también la reconstrucción y la vida, andar no sólo por los paisajes post holocausto, lúgubres y con zancadillas, sino también lugares sublimes, coloridos, llenos de rostros y sonrisas alquimistas. Al huir de ti y tu laberinto, encontré un caudal de oportunidades de evolución no sólo académica y profesional, sino una mejor estrategia y amplitud en mi juego de consciencia, aprendiendo a rodar en lo áspero y resbalar en lo suave.

Parafraseando una parte de una oración sufí y empatándola con mi experiencia: a través tuyo, el Señor destrozó mi corazón para construirlo, y ahí lo tienes encorvado frente a mí cincelándome todos los días.

Gracias a mi experiencia contigo, puedo decir que hoy soy más persona, más profunda, más empática; Gracias a mi experiencia contigo, decidí construirme como terapeuta, pulir mi espejo para que cualquiera que se mire en mi pueda gustarse; Gracias a mi experiencia contigo, yoga es hoy mi manera de vivir, “ahimsa” es mi bandera y “aquí y ahora” mi mejor instante.

¿Qué más te puedo decir luego de esto?… Sólo expreso mi más pura gratitud por ser la puerta a tantos regalos, por ser esa catapulta entre dolor y crecimiento; por ser ese péndulo que oscilando me ha activado cada rincón conectándome con cada impulso de otra forma con los míos y los lejanos.

Hoy me va bien un hasta nunca, resuelvo contigo en esta vida porque hoy nada nos debemos y esta encarnación es la última en la que elijo encontrarte, corto contigo de manera profunda y definitiva el último vínculo energético que quedaba y no deseo nada que no sea sólo lo bueno para ti en esta experiencia humana.

Mi deseo para ti es que el amor incondicional toque a tu puerta y permitas que te envuelva.

La luz y el amor divino en mi honran la luz y el amor divino en ti.

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