Yo bruja


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Con lo que a veces cuesta levantarse a ser una misma, con lo que cuesta luchar para defender con convicción la esencia, ese aroma del que venía impregnada el alma, esa que no se mantiene silenciosa porque siempre a gritos pide movimiento… mucho movimiento,  no importando cuántas muertes deba experimentar,  ni a quién o qué deba dar muerte teniendo clara la trascendencia de los límites,  pues el mérito es la autorrealización, un corazón y mente en expansión.

Soy yo, Rosario quien intenta captar y evocar su propio trabajo espiritual.

De niña, tuve la suerte de haber estado rodeada de gente colmada de fuerza y resiliencia, de mujeres poderosas que me ayudaron a labrar mi propia tierra quienes conservaban en el inconsciente las osamentas de las almas de otras mujeres de nuestra estirpe, mujeres con trenzas largas con la piel tostada por el sol y unas manos rayadas de tanto uso, unos ojos brillantes y unos pies llenos de surcos; También tuve la fortuna de disfrutar a mi abuelo, de quien heredamos en casa el modelaje del trabajo y la cosecha; Tuve la suerte de crecer entre personas a quienes les gustaba cantar y evocar a las fuerzas divinas con sus notas mientras celebrábamos la vida; Tuve la dicha de tener un grupo de amigas con quienes gozaba de tardes festivas mientras saltaba la cuerda, jugaba resorte o al avión o corríamos como locas por todo el atrio de la iglesia saltando coordinadamente lo bloques guindas y grises, nos subíamos a los árboles y compartíamos relatos  de miedo que paradójicamente eran vitaminas para el alma.

Entre los 14 y 17 años, casi todas las tardes me perdía bebiendo aire y sol  entre las faldas de los cerros del pueblo, corría feliz tanto como soñaba y mi alma despertaba más y más, mientras validaba cuáles eran mis talentos para seguir trazándome una hoja de ruta. Recuerdo que durante ese periodo casi todas las noches le escribía una carta a Dios y mi fe fue nutriendo mi vida interior revistiéndola de cierto salvajismo y rebeldía pues para mi nada era imposible, y así en algún momento me fui de aquél lugar con la bendición de mamá… Tenía 18 años.

Comencé a estudiar una cosa y otra en paralelo trabajando, viví en diferentes ciudades de distintos países, conocí muchos rostros y aprendí a decir adiós una y otra vez… a decir adiós también se aprende, pienso que es una de las lecciones más arduas de la existencia. Siempre he tenido manía por escribir, bailar frente al espejo, cantar en el baño y hablar con Dios, disfruto hacer velas, devorar libros, meditar y practicar yoga. Hoy a mis 34 años la vida creativa ocupa un denso porcentaje de mi vitalidad, sin duda esto me acompaña a sublimar durante la noche oscura del alma, me permite contemplar y contactar con esa presencia que me habita y más cuando me siento amedrentada, encajonada o acorralada por la rutina o cuando siento que estoy invirtiendo energía y corazón a un sueño que no es el mío. Esa es la batalla de la que hablaba en el primer párrafo, esa lucha por mantener las puertas cómodamente abiertas y anchas para que drene y se vaya todo lo que se tiene que ir manteniéndome cubierta con el poderoso manto de la sabiduría y el instinto, porque aunque a veces digo que ya estoy domesticada conforme pasa el tiempo me doy cuenta que no, que sigo siendo la misma salvaje que corría horas entre las faldas de los cerros o se subía a los árboles… NO ESTOY DOMESTICADA ni creo domesticarme nunca, no pienso encajar en moldes arcaicos de una sociedad de creencias muchas de ellas caducas.

Quiero que mis huesos sigan cantando e inventando historias, quiero que mis dedos sigan rompiendo paradigmas y el corazón siga rugiendo no importando a quien cuando se sienta amenazado, quiero seguir rompiendo patrones subyacentes, quiero seguir estrujando a mi ser espiritual innato descendiendo por lo profundo del amor para seguir conjurando los restos incómodos de lo que ha tocado y no ha tocado experimentar aún cuando parecía un derecho, los aspectos descuartizados de la vida y lo que apesta pues lleva tiempo en el ropero; Quiero seguir siendo mi propia bruja y seguir danzando en círculos sanando con canto y fuego lo que deba ser restaurado… Quiero aquí y ahora seguir comiendo la vida a puños recreando a partir de lo ya muerto, seguir desempeñando esta tarea dual potenciando y multiplicando mis panes y mis peces.

Amo a esa bruja que vive en mí, es la guardiana de mi alma, la que defiende mis sueños más intrínsecos aún cuando a veces me da miedo por su forma nada sutil de despertarme, por su manera con rudeza aparentemente innecesaria de marcar límites y muchas veces expresar; Amo a esa bruja que vuela por las noches y mira las estrellas mientras remueve su caldero porque ella es la que sabe, la que sana con sus remedios, la que me rompe los hechizos y creencias, la que me enseña a discernir y a separar, la que le da fuego a mi alma y energía a mis huesos, la que da brillo a mi piel y a la mirada, la que ahuyenta con su verruga  al depredador y con sus uñas largas continúa haciendo surcos en el camino.

Cuando tu amante sea el adecuado para ti, abrazará a esa bruja que te habita, no le importará ver tu verruga ni tampoco que salga a construir sueños montada en su escoba meneando su caldero… Eso que tú buscas también te busca a ti. Es quizás el recordatorio de hoy, es la conclusión… Canta, canta tu verdad no importa dónde, abrázate mucho y honra a tus huesos, honra a tu estirpe, honra a tu historia, derrama tu alma en todo lo que hagas, muere y renace tantas veces sean necesarias.

Con amor

Yo bruja.

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