Y resucitar al tercer día…


Y cuando pierdo, gano.

Me emociona el cambio. Cuando el alma pide cambiar de lo que sea (casa, empleo, hábitos e incluso pareja) qué importante es hacerlo, porque todo lo que te pertenece por naturaleza, lo que te corresponde por esencia, por vibración, porque toca andar un nuevo camino, porque hay que evolucionar hará un gran esfuerzo por llegar a ti y hay que dejarlo entrar… Pero todo aquello que no pertenece y que no favorezce, que no hace bien hay que dejarlo ir, porque también hace un tremendo esfuerzo por marcharse aún cuando el miedo y el ego generen resistencia… Mejor decir: GRACIAS A LO QUE FUE Y SÍ ROTUNDO A LO QUE VIENE!…

Pero claro, dentro de esta actualización cotidiana del ser,  morimos tantas veces como necesarias, y así vamos haciendo espacios.

Morimos una y otra vez cuando dejamos que emerja  una versión nuestra con mucha más alma, más completa… con sus respectivos dolores de parto porque las personas dentro de esta tendencia actualizante nos parimos una y otra vez a nosotros mismos, y luego de cada batalla interna que vencemos, encarnamos en un ser nuevo, independientemente de nuestros esfuerzos por deslizarnos de la muerte pero al fin, la muerte es un ciclo del alma, es un mito que recrea la consciencia.

Quizás, una de las enseñanzas de Jesucristo como el gran pedagogo que era,  fue el morir en la cruz, descendió a los infiernos a través del dolor físico y espiritual, del rechazo, la tortura y la soledad para luego trascender a través de la resurrección; ese es el mito de la muerte, y es que esos dolores del alma ante la desilusión, incluso cuando sentimos que se ocultan nuestras pasiones y bienaventuranzas y que el sentido de la vida se diluye, vale la pena cerrar los ojos  e instalarse en la noche oscura, y es que elegir morir no es sólo un mito sino también un arte, ya que el vacío y la grisura de la angustia permiten que escuchemos al alma de tal manera que sería imposible hacerlo en estados de absoluta euforia e incluso en medio de la cotidianidad. Estas pequeñas muertes desde la melancolía hasta la pérdida absoluta, proporcionan al alma la oportunidad de expresar sus anhelos más profundos y naturaleza salvaje para entonces florecer en medio de un suelo que parecía erosionado, estas noches oscuras brindan experiencia y esta es justo la riqueza del mito de la muerte en el desarrollo de la persona: asumir y aprovechar las ganancias de las pérdidas que confieren sabiduría y hacen que coagulen las emociones y metabolicen las experiencias.

Morir casi nunca es elección, pero sí siempre una oportunidad de hacer ajustes dentro, espacios para un nuevo arado en las profundidades de la psique, el alma y el corazón para sembrar otra vez y esperar la cosecha, finalmente los seres humanos tenemos el potencial de ir al límite de nuestras posibilidades humanas en medio del pasaje oscuro y resucitar también luego del día tres para luego expresar vida plenamente; Sin duda, el progreso del alma es profundo y oscuro, no podemos hablar de Desarrollo Humano tan a la ligera pues no se trata de un avance siempre positivo y progresivo, sino más bien muchas de las veces cada ascenso requiere descender, visitar un breve estado de muerte para luego trascenderlo muy a pesar de la elección y no elección del sacrificio, ese acto espiritual de renuncia y reconocimiento a eso superior a uno mismo, esas privaciones ordinarias por las que pagamos el precio para estar en un mejor lugar, esa renuncia a pequeñas libertades  que van dando paso a una libertad mayor y a un misterio inmenso, eso a lo que llamamos TRASCENDENCIA, esos saltos cuánticos que damos cuando nos levantamos de una manera más breve y con un aliciente intrínseco producto de esta experiencia oscura, finalmente uno es la suma de sus fases y vivencias, de sus muertes y sus pérdidas y aunque todas estas historias son útiles no nos conforman pues no tienen la última palabra, he ahí la importancia de romper creencias y experimentar con completa presencia esa tendencia actualizante dejando morir lo que debe morir, creando espacios incluso a través del cuerpo, por ello los grandes místicos de todas las religiones se entregaban con total convicción y pasión al ayuno, era como dejar morir y  liberar para continuar abriendo canales entre lo consciente y lo supraconsiciente.

Morir es vivir, es dentro de esta finitud y vacío encontrarse con lo infinito, es abrirse a nuevas formas de entenderse siguiendo nuevas coordenadas y así con las crisis comienza la  iniciación y a todo esto, el sentido de tocar fondo es que no queda a donde ver sino es que para arriba.

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