Hablemos de perdón


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El perdón es sin duda unos de los trabajos internos más complejos, un ejercicio que implica renunciar a una parte nuestra, a las ganancias que muchas veces genera el ser víctima, inclusive me atrevo a decir que supone dar muerte a un pedacito de nosotros para dar paso a alguien distinto, un nuevo Yo.

Cuando hablamos de perdón hablamos de una decisión, pero también un proceso orgánico, una etapa que supone tiempo y que si bien la intención de soltar y sanar existe, habrá que ser muy pacientes y compasivos.

Perdonar se trata de responsabilizarnos, de introspeccionar y conocernos para conectarnos con nuestra grandeza a partir del dolor hasta captar que no hay amigos ni enemigos, sólo maestros, finalmente los seres humanos somos espejos, proyectamos todo el tiempo nuestra propia sombra a través del otro, actuamos muchas veces desde la herida e inconscientemente deseamos que alguien venga y cubra por nosotros nuestras necesidades aun cuando el precio se alto.

Qué importante es comprender que no estamos a merced de las circunstancias externas, que todo el tiempo elegimos y no hacer también es una elección que generalmente nos mantiene en estado de víctimas. La vida siempre nos pone adelante lo que está en sintonía con nuestra frecuencia vibratoria, porque ya hemos dicho que ATRAEMOS LO QUE SOMOS.

Todo lo que está afuera de nosotros lo creamos desde nuestra inconsciencia. Siempre estás frente a ti mismo, todo es una co-relación de nuestro sistema de creencias, como es dentro es fuera.

¿A dónde nos lleva todo esto?

A comprender que perdono a través de mí, primero dentro de mí, por haber dejado la responsabilidad de mi propio bienestar en manos de alguien más, por no haber abrazado a mi niño interior habiendo actuado desde ese niño y sus carencias y no desde el adulto responsable.

No puedo corregir desde el espejo, sino desde dentro, no el escenario sino en el corazón. Todo es una co-relación de nuestro sistema de creencias, somos nuestro propio deseo. Si yo creo que los seres humanos no son confiables y que siempre “me va mal”, así será hasta que yo cambio este sistema de creencias.

Nadie te puede hacer daño a menos que tú le des espacio en tu mente y sabiamente lo decía Gandhi: “No permitiré que nadie camine por mi mente con  los pies sucios”.

Verás que, perdonar empodera, porque recuperas tu poder soltando el control,  lo que no es tuyo y asumiendo lo que toca.

Es importante reestablecer el equilibrio en nuestra alma y esto ocurre a través de las experiencias de contraste, porque donde no hay fricción no hay crecimiento, así que, intenta tratarte como te gustaría ser tratado, háblate amorosamente y proyectarás algo distinto, perdónate a ti y al convertirte en tu filántropo dejarás de atraer verdugos.

Pero, ¿Qué hay que hacer para perdonar?

Dado que no se puede redimir lo que no se ha asumido, es bien importante que  tu sombra no esté lejos de ti, así que párate y toca tu odio profundo, no te duermas, descarga la basura en un lugar seguro (toma la almohada y golpea tu cama, escribe una carta haciendo catarsis y rómpela, tensa todo el cuerpo y suelta, corre y luego llora etc.), no renuncies a ninguna emoción, pero esta vez hazlo desde el adulto y no desde el niño y pregúntate: ¿qué alcanzo a comprender del que creo que es mi adversario?, revive el daño e interioriza la intención de sanar tú en principio, construyendo una autoestima sana haciendo lo que más te disfrutas, comiendo más sano, practicando tu deporte o hobbie favorito y cumpliéndote todo lo que te prometes, esto te llevará a mirarte con ojos frescos desde “aquí y ahora”, porque esto es todo lo que tienes.

Perdonar es sanador, recuerda que el cuerpo es un contenedor de emociones y lo que no liberas lo somatizas.

Que esta vez seas tú quien decide y no tu miedo, deja de preocuparte, mira que la angustia es la mejor forma de atraer lo que no queremos.

Es importante destacar que perdón no siempre implica reconciliación, que todo tiene un momento y que si tú te encargas de ti y trabajas contigo, silenciosamente contribuirás a la sanación de quienes te rodean, insisto… desde el amor a ti y no desde el control al otro o a las circunstancias.

Con amor, Rosario Cardoso

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