Desde las profundidades de mi amor


Llevo varias semanas postergando este diálogo conmigo y contigo, de pronto porque me siento paralizada ante lo inminente: tu partida má.

Anoche me abrazaste llevándome hacia tu pecho con tus manos frágiles, tu escaso aliento y tu vocecita tenue, y mientras yo escuchaba los latidos de tu corazón tú me dijiste: “Sé valiente, no tienes por qué tener miedo”. Me quebré una y otra vez, tuvimos muchas horas para ti y para mi mientras la misma escena ocurrió una, dos y tres veces con el sonido del oxígeno de fondo, por lo menos la noche no fue tan fría como otras veces aunque esta vez el alma padeciera de hipotermia y la nostalgia me calara los huesos al tener tu cuerpo frágil y adolorido frente a mi paradójicamente tú mitigando mi dolor con tu amor infinito.

Por cierto, confieso que aquí en mi refrigerador todavía hay comida congelada que me diste en esas últimas veces en las que fui a visitarte al pueblo, y a decir verdad no he tenido ánimo de comérmela porque sé que es lo último que probaré hecho por ti, debo administrarla muy bien para sentirme cerca de ti en tanto esto pasa.

Es más que sabido cuán orgullosa me siento de pertenecer a esta tribu nuestra, y sin duda has sido la mejor guía, eres “la matriarca”, inigualable tu capacidad de contener a 10 hijos en medio de tu soledad y carencias, con trabajo construiste una fortaleza en donde nos resguardaste tanto como pudiste, con tu carácter militar nos formaste y con tu espiritualidad nos enseñaste a ser alquimistas, nos regalaste un modelaje de trabajo impecable,  nos diste todas las herramientas para “bien ser”, sembraste valores como el respeto, la lealtad, la honestidad y la gratitud.

Admito que siempre me costó trabajo entender todas nuestras diferencias, sé que he sido una mujer silvestre, reactiva tanto como proactiva, intensa y aventurera y fiel a mi, pero también sé que esta libertad que manifesté prácticamente desde adolescente es el resultado de las alas que me regalaste: el mejor obsequio. Hoy a mis casi 38 años aunque no lo parezca no las he terminado de usar, tengo la sensación de tener un Ferrari en la cochera o un avión en el hangar, espero honrar tu eterna presencia en mi vida volando como un albatros para que desde donde estés puedas sentirte orgullosa de mi, me sentiría muy privilegiada de ser el resumen, la síntesis de todo tu trabajo aquí.

Me duele mucho el corazón má, aún cuando sabiamente dices que estamos en manos de Dios y que sólo él sabe, mirar a mi guerrera cansada en medio de mi impotencia y frustración en la noche oscura hace que mi alma se agriete, me siento rota, muy rota.

Sí, sé que estás aquí hoy, sé que pase lo que pase aquí estarás, en otra dimensión, en otra frecuencia, ¿cuándo?… no lo sé y no importa, lo que hoy sé es que eres en esta vida mi estrella, a veces incandescente, inalcanzable y hasta inconquistable, pero MI ESTRELLA.

Mientras escribo esta carta, froto mi pecho para darme consuelo y mientras lo hago recuerdo esas veces en las que me untabas Vaporub y me ponías trapitos calientes, has tenido tantas maneras de demostrar tus afectos y amor aunque siento que muchas de las veces no nos enteramos de cómo  nos gustaba sentirnos amadas e inclusive a veces aunque lo supimos no pudimos negociarlo, parece que nunca estuvimos dispuestas a renunciar a una parte nuestra mas sí estuvimos dispuestas a pagar el precio que eso implicaba, la riqueza de esta dura lección es que pude extrapolarlo a la vida, afuera donde uno nunca debe renunciar a sí mismo, ¡gracias mi María! Sin duda esta es mi mejor herencia, cosa que atesoro aún cuando afuera parezca un conflicto andante y esta manera de vivir no encaje en el sistema.

Tu legado es también mi precioso círculo de mujeres, mi Red Tent (Mi Carpa roja como en la serie de la historia bíblica de Jacob relatada a través de los ojos de su hija Dinah), mis 7 hermanas son mi medicina, mi consejo de brujas, mis maestras, mis doctoras de alma y cuerpo, son tan sabias, hermosas y amorosas, todas tienen tus cualidades y estar entre ellas es estar un poco como contigo pero en fragmentos. Todas son dulces y buenas, que si bien tenemos nuestros demonios estar juntas es como estar en esa fortaleza que tú construiste para nosotros, para protegernos de todas las adversidades del mundo exterior.

Claro que también me diste a hombres buenos y amorosos, mi padre y mis hermanos, los tres tus eternos niños. En esta danza de ausencias y distancias hemos tocado el amor y la incondicionalidad de maneras exquisitas y quizás cada vez menos esporádicas pero lo hemos logrado. Aprendí que muchas de las veces aunque alguien se quiera quedar, no puede, y no por falta de ganas ni de amor, sino sencillamente no le alcanza con las herramientas que hay.

Toda nuestra familia es un regalo má, una fiesta ambulante en la que primero se aprendió a bailar antes que a caminar mientras tú nos cocinabas algún guiso rico con cualquier pretexto para celebrar y mirarnos bailar a todos moviendo las caderas de manera descarada.

Yo sé que estas semanas más de un mes has necesitado nuestro impulso para dar ese salto cuántico, nuestro amor, nuestra energía, nuestros abrazos, nuestras palabras y sobre todo nuestros silencios y presencia, hoy sé que son una especie de combustible para emprender tu vuelo, por favor síguete llenando y llenándonos a nosotros de ti, tú nuestra planta nuclear.

Aquí estamos y estaremos, en infinita y profunda gratitud por develarnos que hay una fuerza inmensa que mueve al mundo, un campo ilimitado, una energía que todo lo ordena en la que sólo basta cerrar los ojos y llamarle para que los milagros ocurran. Tú nos has mostrado que la fuente de amor se encarga cuando soltamos y confiamos.

Si yo volviera a nacer má, te volvería a elegir y no te cambiaría nada, mi fórmula perfecta, mi mujer luminosa, mi más grande amor, mi alquimista favorita, mi guerrera y maestra exigente pero efectiva.

Traigo en los oídos los latidos de tu corazón frágil, es la canción que escuché desde que llegué a este plano durante ni más ni menos que nueves meses, me la volviste a poner quizás para recordarme esta hermosa posibilidad de ser una misma pese al tiempo y el espacio.

Esta carta es para tu alma má, sé que la mía esta noche te la hará llegar con inmenso amor honrando a tu luz y a tu fuerza, porque has dejado un montón de frutos sé que estarás bien en este plano o en algún otro, vamos a gozarnos el tiempo que nos quede.

Te amo siempre mi guerrera.

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3 pensamientos en “Desde las profundidades de mi amor

  1. Cuanto amor, cuanta gratitud, benditas sean x forjarnos y enseñar a volar… Cuanto sacrificio, cuanta disponibilidad x parte de una madre, q siempre está, x q a pesar de su ausencia, estan

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