El rebozo de María


rebozo

Van a dar las 7:00 pm, llevo horas en silencio intentando tomar consciencia y habitar lo que soy. Como siempre que tengo el espacio tomé ya un par de tazas de café, y en tanto pensaba en los rebozos de mamá.

Ahora que ella no está, mis hermanas, mis hermanos y yo nos disputábamos sus rebozos como la mejor herencia que pudiéramos tener, de pronto porque representa su abrazo, es como si una segunda piel se quedara guardada en la memoria de nuestro cuerpo, una especie de manto protector que nos reconecta con su energía amorosa.

Estando en casa, en medio de su ritual de despedida pensaba en que todas las mujeres de nuestra familia debían conservar un rebozo de ella: la abuela.

Para su partida, le pusimos un rebozo precioso, deshilado color perla y en mi búsqueda y selección curiosa encontré uno con más de treinta años, los había en rosa, blanco, negro, verde, gris, gris con blanco, gris con negro, había con flores, deshilados, en combinaciones con dorado y palo de rosa. Yo los tomaba y los olía, pensaba en cómo además de representar su abrazo, me significan dignidad… sí, tengo escenas de cómo tantas mujeres como mi madre lo usaban y lo cruzaban con ese impulso y ese aire de resiliencia, mamá lo portaba con devoción y altivez, en medio de sus batallas ella se tenía a sí misma y a su rebozo en el que acunaba a cada uno de nosotros y se envolvía a ella misma.

Su rebozo fue nuestra cuna, nuestro hogar, ese espacio en donde probablemente nacieron todos nuestros apegos para con ella, ahí cada uno en su tiempo escuchamos el tambor de su corazón, su respiración, sentimos su calor y en muchos momentos compartimos su soledad y angustia mientras esperábamos las vacas gordas.

Con su rebozo y cercanía no hizo falta discurso alguno, símbolo de feminidad para nosotras, de elegancia y protección, ¿qué más pudimos pedirle a mamá que no nos hubiera dado?

Yo me quedé con uno que espero usar con la misma dignidad que ella lo vestía y estoy segura que cuando lo use reconectaré con su abrazo, su calor y su magia.

Sé que el rebozo mi María me acompañará en momentos especiales, decidí usarlo cuando me toque diseñar algún taller, círculo o conferencia para mujeres, me sentiría muy honrada en compartir con otras sintiéndome abrazada y acompañada por mamá, lo utilizaré para gestar sueños y parirlos como un ritual de psicomagia, para reacomodar algunas emociones o sencillamente cuando me sienta hormonal y sola.

Cuando una mamá se va es cuando al fin nos convertimos en adultos, es ahí cuando nos toca sacar a flote a nuestra madre interior, utilizar todas nuestras herramientas y recursos internos para a partir de esa presencia divina que nos habita florecer en medio de la ausencia de nuestra génesis.

Con amor

Rosario Cardoso

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Desde las profundidades de mi amor


Llevo varias semanas postergando este diálogo conmigo y contigo, de pronto porque me siento paralizada ante lo inminente: tu partida má.

Anoche me abrazaste llevándome hacia tu pecho con tus manos frágiles, tu escaso aliento y tu vocecita tenue, y mientras yo escuchaba los latidos de tu corazón tú me dijiste: “Sé valiente, no tienes por qué tener miedo”. Me quebré una y otra vez, tuvimos muchas horas para ti y para mi mientras la misma escena ocurrió una, dos y tres veces con el sonido del oxígeno de fondo, por lo menos la noche no fue tan fría como otras veces aunque esta vez el alma padeciera de hipotermia y la nostalgia me calara los huesos al tener tu cuerpo frágil y adolorido frente a mi paradójicamente tú mitigando mi dolor con tu amor infinito.

Por cierto, confieso que aquí en mi refrigerador todavía hay comida congelada que me diste en esas últimas veces en las que fui a visitarte al pueblo, y a decir verdad no he tenido ánimo de comérmela porque sé que es lo último que probaré hecho por ti, debo administrarla muy bien para sentirme cerca de ti en tanto esto pasa.

Es más que sabido cuán orgullosa me siento de pertenecer a esta tribu nuestra, y sin duda has sido la mejor guía, eres “la matriarca”, inigualable tu capacidad de contener a 10 hijos en medio de tu soledad y carencias, con trabajo construiste una fortaleza en donde nos resguardaste tanto como pudiste, con tu carácter militar nos formaste y con tu espiritualidad nos enseñaste a ser alquimistas, nos regalaste un modelaje de trabajo impecable,  nos diste todas las herramientas para “bien ser”, sembraste valores como el respeto, la lealtad, la honestidad y la gratitud.

Admito que siempre me costó trabajo entender todas nuestras diferencias, sé que he sido una mujer silvestre, reactiva tanto como proactiva, intensa y aventurera y fiel a mi, pero también sé que esta libertad que manifesté prácticamente desde adolescente es el resultado de las alas que me regalaste: el mejor obsequio. Hoy a mis casi 38 años aunque no lo parezca no las he terminado de usar, tengo la sensación de tener un Ferrari en la cochera o un avión en el hangar, espero honrar tu eterna presencia en mi vida volando como un albatros para que desde donde estés puedas sentirte orgullosa de mi, me sentiría muy privilegiada de ser el resumen, la síntesis de todo tu trabajo aquí.

Me duele mucho el corazón má, aún cuando sabiamente dices que estamos en manos de Dios y que sólo él sabe, mirar a mi guerrera cansada en medio de mi impotencia y frustración en la noche oscura hace que mi alma se agriete, me siento rota, muy rota.

Sí, sé que estás aquí hoy, sé que pase lo que pase aquí estarás, en otra dimensión, en otra frecuencia, ¿cuándo?… no lo sé y no importa, lo que hoy sé es que eres en esta vida mi estrella, a veces incandescente, inalcanzable y hasta inconquistable, pero MI ESTRELLA.

Mientras escribo esta carta, froto mi pecho para darme consuelo y mientras lo hago recuerdo esas veces en las que me untabas Vaporub y me ponías trapitos calientes, has tenido tantas maneras de demostrar tus afectos y amor aunque siento que muchas de las veces no nos enteramos de cómo  nos gustaba sentirnos amadas e inclusive a veces aunque lo supimos no pudimos negociarlo, parece que nunca estuvimos dispuestas a renunciar a una parte nuestra mas sí estuvimos dispuestas a pagar el precio que eso implicaba, la riqueza de esta dura lección es que pude extrapolarlo a la vida, afuera donde uno nunca debe renunciar a sí mismo, ¡gracias mi María! Sin duda esta es mi mejor herencia, cosa que atesoro aún cuando afuera parezca un conflicto andante y esta manera de vivir no encaje en el sistema.

Tu legado es también mi precioso círculo de mujeres, mi Red Tent (Mi Carpa roja como en la serie de la historia bíblica de Jacob relatada a través de los ojos de su hija Dinah), mis 7 hermanas son mi medicina, mi consejo de brujas, mis maestras, mis doctoras de alma y cuerpo, son tan sabias, hermosas y amorosas, todas tienen tus cualidades y estar entre ellas es estar un poco como contigo pero en fragmentos. Todas son dulces y buenas, que si bien tenemos nuestros demonios estar juntas es como estar en esa fortaleza que tú construiste para nosotros, para protegernos de todas las adversidades del mundo exterior.

Claro que también me diste a hombres buenos y amorosos, mi padre y mis hermanos, los tres tus eternos niños. En esta danza de ausencias y distancias hemos tocado el amor y la incondicionalidad de maneras exquisitas y quizás cada vez menos esporádicas pero lo hemos logrado. Aprendí que muchas de las veces aunque alguien se quiera quedar, no puede, y no por falta de ganas ni de amor, sino sencillamente no le alcanza con las herramientas que hay.

Toda nuestra familia es un regalo má, una fiesta ambulante en la que primero se aprendió a bailar antes que a caminar mientras tú nos cocinabas algún guiso rico con cualquier pretexto para celebrar y mirarnos bailar a todos moviendo las caderas de manera descarada.

Yo sé que estas semanas más de un mes has necesitado nuestro impulso para dar ese salto cuántico, nuestro amor, nuestra energía, nuestros abrazos, nuestras palabras y sobre todo nuestros silencios y presencia, hoy sé que son una especie de combustible para emprender tu vuelo, por favor síguete llenando y llenándonos a nosotros de ti, tú nuestra planta nuclear.

Aquí estamos y estaremos, en infinita y profunda gratitud por develarnos que hay una fuerza inmensa que mueve al mundo, un campo ilimitado, una energía que todo lo ordena en la que sólo basta cerrar los ojos y llamarle para que los milagros ocurran. Tú nos has mostrado que la fuente de amor se encarga cuando soltamos y confiamos.

Si yo volviera a nacer má, te volvería a elegir y no te cambiaría nada, mi fórmula perfecta, mi mujer luminosa, mi más grande amor, mi alquimista favorita, mi guerrera y maestra exigente pero efectiva.

Traigo en los oídos los latidos de tu corazón frágil, es la canción que escuché desde que llegué a este plano durante ni más ni menos que nueves meses, me la volviste a poner quizás para recordarme esta hermosa posibilidad de ser una misma pese al tiempo y el espacio.

Esta carta es para tu alma má, sé que la mía esta noche te la hará llegar con inmenso amor honrando a tu luz y a tu fuerza, porque has dejado un montón de frutos sé que estarás bien en este plano o en algún otro, vamos a gozarnos el tiempo que nos quede.

Te amo siempre mi guerrera.

Del ser mujer, maga y tanto y más.


Indígena

Tengo la fortuna de venir de una tribu grande de mujeres, me encanta nuestro cabello negro y fuerte, en mi familia es una herencia muy peculiar: una trenza abundante y brillante tejida con el ADN de un montón de sueños e historias.

Mis mujeres como muchas de las tuyas son mujeres que arrullaron niños y sueños envueltos en un rebozo, mujeres de voz aguardientosa (así imagino a mis bisas y tatas)  que me son evocadas con el aroma a café de olla y el aroma de la masa en el comal de las tortillas hechas a mano o el atole de frutas, mujeres que abrazan, bailan, cantan, lloran, entregan.

Mujeres con  belleza oscura innegable, así somos, y no, no  es que la oscuridad signifique algo escabroso, más bien es ese lugar que nos permite brillar así como la luna llena en medio de la noche. Creo fielmente que las mejores cosas se gestan en la negrura: un bebé, una flor, una fruta y así veo toda esa oscuridad que nos ha tocado atravesar a todas las mujeres  en mi círculo, eso sí, bien agarradas de la mano

En la luna nueva, tuvimos círculo de mujeres en casa y hablamos de nuestros ciclos, de la magia de una falda y lo empoderador que puede resultar usar un vestido y yo reconocía que hace mucho no usaba alguno, en una ciudad tan caótica como esta: la más grande del mundo, yendo de arriba abajo siempre voy en leggins, tenis y mis guantes de boxear en la mochila.

Cuestionaba mis máscaras y hasta qué punto sin querer rezago y guardo mi delicadeza y feminidad, y no es que el ser mujer tenga que ver propiamente con unas enaguas, con saber tejer, zurcir calcetines o con saber cocinar o el gestar una vida en el vientre y me quedé con  la pregunta de ¿qué significa para mi ser mujer?

Me puse un poco existencial así que lo que llegó a la mente fue que ser mujer tiene que ver con nutrir, con contener y cuidar el fuego como arquetípicamente se ha fijado un tanto nuestra función dentro del mito, así como ocurría en la época de las cavernas  en donde el hombre iba a cazar el búfalo y la mujer se quedaba a cuidar el fuego, hoy quizás tú como yo deberás salir por el bufalo y también cuidar el fuego, sé que a veces nos resulta muy cansado pero somos tan poderosas que independientemente de nuestros roles podemos transformar lo que se nos de la gana,  pero lo más importante será que no importando si te toca salir a cazar o no, no permitas que ese fuego del corazón se apague, que no dejes de danzar, de cantar, de nutrirte a ti.

Para mi ser mujer tiene que ver con crear, con esa fuerza Shakti, este aspecto de la devi, la gran diosa de la que habla el hinduismo esa que cuando dejas un bote con agua en medio del patio y al otro día ya hay vida ahí, estamos dotadas de una capacidad creativa peculiar que venía en nuestra cajita de herramientas, mientras Shiva destruye para renovar recordando que todo es impermanencia y cambio Shakti con amor restaura, nutre  y deconstruye sobre lo ya existente.

Ser mujer tiene que ver con ese ser brujil y mágico que todas tenemos dentro, con esta capacidad de sanar con amor desde una gripe hasta un corazón roto. Pienso en esa conexión con los ciclos y la naturaleza, con esa sabiduría que existía y existe aún respecto a las plantas y sus energías y poderes curativos, también tiene que ver con unos pechos, unas caderas y  los cólicos que nos recuerdan en medio de la sangre la maravilla de la fertilidad aunque algunas elijamos ser fértiles desde otro lugar, parir hijos sueños que empoderen a otros a partir de nuestra creatividad, de encarnar hijos en un montón de páginas que cuenten una historia o en un cuadro, eso es parte de lo que significa ser mujer, hay mil y un maneras de ser fértiles y me gusta pensar y recordar que todo es uno, que sin querer desbalanceamos ese anima y animus en nuestra alma por circunstancias de la vida, porque no tuvimos alternativa y nos tocó salir a luchar, a cazar búfalos, a librar batallas solas.

Hoy hay una creencia que se ha arraigado en mi o más bien hay un anhelo profundo: deseo abrazar a la guerrera y renunciar a la idea de la lucha, ¿por qué? Porque prefiero sentirme maga. La mujer maga mueve desde un corazón cada vez más amoroso y despierto y no desde la lucha, el enojo y las heridas.

Aaunque oscilemos  entre esta dicotomía y a veces seamos Kali, Hécate o Cuatlicue (las que dan muerte a lo que debe morir para generar más vida  arrancando corazones y luchando para diluir todo lo que va en contra de nuestra propia natulareza) , también podemos ser Parvati, Durga, Tonantzin o Afrodita (luminosa, amorosa, dulce y sensual).

En nuestro paso por este plano del cuál somos viajeras como dice la socióloga estadounidense Brene Brown:  somos nuestras propias cartógrafas y una cartógrafa segura de si misma y de paso firme no necesariamente se traduce en una viajera rápida, tropezamos y caemos y cambiamos de dirección y aunque intentamos seguir el mapa que hemos dibujado en muchas ocasiones la frustración y la duda se apoderarán de nosotras y habremos de tirar el mapa a la basura.

El viaje desde lo exquisito hasta lo insoportable en todos nuestros ciclos y picos hormonales  quizás no sea fácil pero cada paso vale la pena, en realidad ser mujer no es tan peligroso como inconsciente hemos aprendido,   hemos subido sin querer toDas nuestras barreras que si bien es verdad que probablemente a lo largo de mucho tiempo nos han protegido y resguardado también hay muchas cosas hermosas que no hemos dejado llegar.

Abracemos nuestra feminidad y a las diosas que nos habitan, bajemos nuestras barreras para que llegue todo lo que por derecho es nuestro, sanemos, porque si sanamos no lo hacemos sólo con nosotras sino también honraremos la memoria de los hombres y las mujeres de nuestro árbol reacomodando la energía de nuestro clan y por ende de nuestra vida, y lo mejor es que modelaremos plenitud y gozo a lasque vienen detrás.

No tengamos miedo a que nuestras credenciales puedan quedar en entredicho sólo por mostrarnos vulnerables y mover las caderas al caminar.

Cuida tu fuego, es más conviértete en él para que nada te queme y arde lo suficiente para que nada te apague.

Con amor

Yo bruja

Gracias por bendecirme a besos…


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Tantas veces ocurre que,  los seres humanos buscamos perdidos sin saber exactamente qué es aquello que estamos buscando y además no permitimos que eso que inconsciente y realmente deseamos (que no se parece a lo que erróneamente buscamos)  termine por encontrarnos, y así cuando llega lo que inconsciente y realmente deseamos, no sabemos qué hacer con eso.

Hoy elegí escribirte a ti porque llegaste sorpresivamente buscando “algo”, quizás a ti mismo y me encontraste a mí, igual que a otras literalmente miles de posibilidades, sin embargo, el inconsciente es tan poderoso que usualmente termina por hacernos coincidir con personas que se encuentran en la misma frecuencia, gente que nos hace resonar aún sin conocerla, almas que independientemente de minutos, horas, días o años de gastar juntos, vienen a enseñarnos algo, a revelar una verdad o incluso a remendar una herida, de esas que se esconden en los estratos más profundos de la psique, de esas que encogen el corazón de vez en cuando y nos hacen friccionar una y otra vez con el mismo patrón en afán de querer encontrar eso perdido, ahí, en medio de la web, entre millones de rostros y circunstancias, entre perfiles superfluos, blogs y  redes sociales, y aun cuando se trate de una red social,  se dice que no atraemos lo que deseamos, atraemos lo que somos.

Pensaba un poco en qué era eso en lo que podíamos parecernos tú y yo y quizás me tildes de loca pero vi que cada uno en su dimensión y arista “morimos de miedo” y es que, qué peligroso es luego de tanto decir adiós o aun cuando sólo se trate de una sola despedida intensa,  de esas que arañan el alma,  volver a construir vínculos, no saber administrar los apegos y los afectos, ni los “quieros” ni los “tengos”, generarse expectativas que terminan siendo acuerdos firmados  en la cabeza de uno de los dos cuando el otro ni enterado estaba; qué riesgo exponencial supone la neurótica emoción de sentir amenazada la libertad, qué miedo a la paranoia de  que a uno le corten las alas o que sea uno mismo quien termine cortándoselas para volar a la altura y velocidad del otro aunque eso implique descender,  ¿por qué no?, quizás también se trate de un miedo absurdo de no poder volar tan alto como el de junto; qué miedo dar y dar y dar cuando uno no tiene siquiera la certeza de tenerse a sí mismo, qué angustia buscar una caricia del otro cuando en el fondo lo esencial se construye desde dentro, sin tanta fantasía y sin buscar avalúos afectivos afuera, sin someterse a condicionamientos externos como generalmente ocurre; qué miedo AMAR y qué fácil es vender simulacros cuando uno tiene el alma arañada, qué crudo y frío el miedo a expresar y quedarse con la sensación de haber hecho un monólogo… vaya, qué caro resulta a veces abrir el corazón y vivir con todas las consecuencias, pero qué precio más alto supone el ser auténtico, el decir estupideces y hacer el ridículo de vez en cuando, qué inconveniente puede resultar para el ego el no cumplir con las características acordadas en el check list para poder formar parte de “el pack de la felicidad”, vaya zancadilla para la autoestima cuando uno está ausente de sí mismo, ¿no te parece?.

El punto aquí es que, hoy estoy conmigo y seguramente tú contigo, lo bonito aquí es que ha resultado sanador conocerte aunque sea cosa de un par de citas absortos sólo por eros, sin philia y sin ágape, no sé si te vuelva a ver o no, no sé si vuelva a tener una conversación contigo inclusive electrónica, no sé si yo pudiera decirte un día todo esto, sólo sé que me curaste a besos y aquí y ahora sólo se me ocurre decir: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS por tu despistada búsqueda, porque mientras te buscabas a ti me acompañaste con besos a recuperar un pedacito de mí; GRACIAS,  porque probablemente eso nos lo debíamos de otras vidas aunque haya sido tan efímero e intenso como un buen expreso.

Gracias por bendecirme a besos.

Un poco de Agape


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Haciendo un esfuerzo por contactar conmigo misma luego de tener la mente desparramada afuera, lo primero que ha llegado a mí, o más bien la idea que he tenido latente durante los últimos tres días ha sido el Ágape, ese amor incondicional y contemplativo que nadie puede morir sin haber experimentado, esa compasión y cuidado por el otro, eso que hace que Eros aflore en toda su plenitud y que Philia construya un vínculo de complicidad y camaradería.

Pensaba también en cómo amo hoy mi vida sin reservas y cómo ese amor hacia mí misma fluctúa, decae, sube, se enrosca, crece, resbala una y otra vez llenándome de ese Ágape el alma: mi propio Ágape, de pronto incongruente y temerosa pero finalmente viviendo.

Últimamente, reconozco que mi vida ha girado en torno a mi arista profesional y me sorprende que es el feedback que he recibido de dos o tres amigos cercanos por lo menos en un mes; Sí, tal vez me he concentrado ahí y la mitad de mi energía orgánica la invierto en el trabajo y en la maestría, mientras la otra mitad se vuelca en descarga física, llámese correr, yoguear o pasar algunas horas en el gimnasio mientras el resto en mi gente y mis libros… sí, si tengo amig@s y me gusta cada fin de semana compartir tiempo y espacio con gente que tiene la capacidad de bendecirme con sus presencia, gente que tiene la capacidad de ayudarme a cincelarme o simplemente darme un buen modelaje, gente que me resulta un buen espejo y hace que ese Ágape se potencialice y escurra en todo mi hábitat, mi casa: yo misma. De pronto no puedo ser objetiva conmigo, no sé si realmente me concentro mucho donde dicen mis espectadores, pero lo que sí sé es que siento que encajo ahí, sé que me da plenitud, sé que puedo conectar con el mundo y que tengo mucho por dar. Creo que la sexualidad se vive desde adentro y la sensualidad se refleja a través de una vida colorida, profunda, una vida que se come a puños y se avienta de cabeza apelando a la razón, quizás por eso inicié hablando de ese triángulo amoroso: el mío.

No importa cuánto aflore mi propia complejidad, sólo importa cómo voy reinventando mis mitos y cómo todos mis motivos se confrontan con mi razón, porque la riqueza del mito es esa: le da la vuelta a la razón, ¿quién cuestiona un mito?, creo que nadie, por el contrario el mito se adopta, se abraza, se conecta con la realidad y se compra el arquetipo mientras la razón aguarda silenciosa.

Hace unos días, leía sobre el amor sano, sobre los apegos y los afectos y cómo ese amor sano es aquel que integra esos tres aspectos de los que comencé hablando. El eros, que viene de la tradición griega, que es el deseo, las ganas del otro; La filia (philia), que viene de la tradición griega, que significa amistad, ser cómplices, tener proyectos comunes, no tener que explicarle el chiste a la persona que amas, porque entonces ya se va mal. El tercer elemento es el ágape, que viene de una tradición judeo-cristiana, que tiene que ver con el cuidado con el otro, la compasión del otro, que el dolor del otro te duela, la no violencia, se me ocurre que es ese amor incondicional y profundo que hace que el otro saque su mejor versión… sí, suena a utopía pero no lo es, realmente existe, como existe el derecho al desamor. Este triángulo, con buenas dosis de sus tres sustancias creo que es lo que mantiene este mundo girando acompañado por supuesto de un profundo sentido de libertad, pero de esa que más que se vive “se siente”, se respira… Sin duda, las cualidades del amor se extienden e incluso en esa “noche oscura del alma”, de la que habla San Juan de la Cruz, porque creo que es una oportunidad para regresar y recrear el mundo… “reinventar el mito”.

Pensaba un poco en las parejas, en mis propias creencias incluso valoraba las no vigentes, y escuchaba a un psicólogo conductista que hablaba justo de este triángulo, decía que si en una pareja había sólo eros y Philia sería como estar con un semental intrascendente; si hay sólo Philia y Ágape es como compartir con el maestro de filosofía o es más bien una relación de hermandad y que si no hay Ágape, ¡NO HAY NADA!, qué arduo es construir un amor inteligente, un amor independiente; no, no es falacia, creo que es una cuestión de voluntad y de una proyección de amor individual, amor propio. En fin, sólo validaba mis ideas o como a veces digo, pongo en líneas rectas mis ideas torcidas.

Sí, aunque no siempre me apetezca escribir intento hacerlo tan sólo para conectar conmigo resignificando mi experiencia, mis triángulos, mis deseos y mi esencia creativa; tal vez sólo intento afinar mis sentidos para saborear mejor la vida y no cuestionar tanto, ser más bien un espejo bien pulido para que cualquiera que pueda mirarse en mis ojos y se guste en el reflejo.