Acerca de Rosario Cardoso Prado

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Correteando a las musas


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Y de repente me siento correteando a las musas, es todo un reto agudizar la consciencia sin distracciones, quizás y mas bien también me hago la huidiza.

Hoy es un poco menos impersonal, hace mucho no hablo de mí y se me ocurre hacerlo como cuando tenía el hábito de escribir una carta a Dios todos los días, ¡ah!… Sospecho que nunca lo he nombrado aquí, pero sí, de niña y adolescente hubo una larga etapa en la que todos los días le escribía una carta a Dios, y aunque tengo el hábito de escribir a puño y letra añoro esas tardes largas de grafología en donde libraba mis batallas internas entre todos los estímulos que me provocaba una hoja blanca y un corazón atiburrado de sueños, lo único que no cambia de ese tiempo a la fecha es todo mi espectro emocional ni mi intensidad. En el fondo de este paquete de huesos que mide  1.51 sigue habitando una niña salvaje que se subía a los árboles, corría en la montaña y se escapaba cuando recibía un “no” para convertirlo en un “sí”, esa que estudiaba teatro a escondidas y tuvo que crecer pronto, muy pronto, así aprendí a agudizar mi oído para aprender a comprender las señales, se refinó mi sensibilidad y tuve que salir a cazar búfalos y cuidar mi fuego a la par, mientras escribo esto naturalmente sonrío y pienso que ¡Me encanta la vida!, realmente no cambiaría nada del trayecto.

Mientras pienso qué más hay de mi, entrelazo mis manos, las siento ásperas e inevitablemente miro mis uñas sin hacer y viene a mi mente mi cansancio físico, que si es verdad que generalmente parece que me comí un kilo de azúcar llevo ya alguna semanas buscando arraigo, mi espacio, mi lugar; Siento frio en los pies pero el corazón calientito. Hoy sacrifiqué un día familiar para estar conmigo, para ordenarme desde adentro, para hacer un pastel y reconectar.

¡Já! Es curioso cómo escribir algún ensayo, algún artículo o qué se yo me resulta tan fácil, pero hablar de mi es sencillamente entrar a zona vulnerable y eso me asusta un poco pero ya estoy aquí y luego de divagar un buen rato lo que viene a mi mente es darme cuenta cómo luego de la noche oscura he venido caminando a la persona que quiero ser, me gusta pensar que la vida no quita nada sin dar algo a cambio, que hay cosas que mueren por irse porque hay cosas que mueren por llegar y mientras hacemos espacio dentro, muy dentro, ahí en lo más profundo comienza a emanar una luz, una chispa genuina que aparece ahí en medio de la negrura y se dice que no nos da tanto miedo nuestra oscuridad como nuestra propia luz.

Aprender a ir estando cómoda en mi propia piel me ha tomado mucho tiempo, son ya algunos años zambulléndome en mi eliminando para iluminar y en medio de mi intensidad ahí voy abrazando mi sombra.

Hace rato, leía que Ralph Waldo Emerson dice que “El poeta se haya un paso más cerca de las cosas” y pienso en el poder que tiene el sublimar, en convertir el dolor o el fracaso en arte, las palabras para mi siempre han sido un recurso y anhelo conectar con la misma pasión de antes, estoy aquí porque llanamente busco una parte de mi, toco la puerta a esa loca a ver si sale, toco la puerta buscando ese fragmento de mi alma  que amaba hacer poemas de todo lo que se encontraba.

En fin, sólo tocaba base conmigo a ver qué más hallaba.

Mañana vendré otra vez, de pronto encuentro algo…

Con amor

Char

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El rebozo de María


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Van a dar las 7:00 pm, llevo horas en silencio intentando tomar consciencia y habitar lo que soy. Como siempre que tengo el espacio tomé ya un par de tazas de café, y en tanto pensaba en los rebozos de mamá.

Ahora que ella no está, mis hermanas, mis hermanos y yo nos disputábamos sus rebozos como la mejor herencia que pudiéramos tener, de pronto porque representa su abrazo, es como si una segunda piel se quedara guardada en la memoria de nuestro cuerpo, una especie de manto protector que nos reconecta con su energía amorosa.

Estando en casa, en medio de su ritual de despedida pensaba en que todas las mujeres de nuestra familia debían conservar un rebozo de ella: la abuela.

Para su partida, le pusimos un rebozo precioso, deshilado color perla y en mi búsqueda y selección curiosa encontré uno con más de treinta años, los había en rosa, blanco, negro, verde, gris, gris con blanco, gris con negro, había con flores, deshilados, en combinaciones con dorado y palo de rosa. Yo los tomaba y los olía, pensaba en cómo además de representar su abrazo, me significan dignidad… sí, tengo escenas de cómo tantas mujeres como mi madre lo usaban y lo cruzaban con ese impulso y ese aire de resiliencia, mamá lo portaba con devoción y altivez, en medio de sus batallas ella se tenía a sí misma y a su rebozo en el que acunaba a cada uno de nosotros y se envolvía a ella misma.

Su rebozo fue nuestra cuna, nuestro hogar, ese espacio en donde probablemente nacieron todos nuestros apegos para con ella, ahí cada uno en su tiempo escuchamos el tambor de su corazón, su respiración, sentimos su calor y en muchos momentos compartimos su soledad y angustia mientras esperábamos las vacas gordas.

Con su rebozo y cercanía no hizo falta discurso alguno, símbolo de feminidad para nosotras, de elegancia y protección, ¿qué más pudimos pedirle a mamá que no nos hubiera dado?

Yo me quedé con uno que espero usar con la misma dignidad que ella lo vestía y estoy segura que cuando lo use reconectaré con su abrazo, su calor y su magia.

Sé que el rebozo mi María me acompañará en momentos especiales, decidí usarlo cuando me toque diseñar algún taller, círculo o conferencia para mujeres, me sentiría muy honrada en compartir con otras sintiéndome abrazada y acompañada por mamá, lo utilizaré para gestar sueños y parirlos como un ritual de psicomagia, para reacomodar algunas emociones o sencillamente cuando me sienta hormonal y sola.

Cuando una mamá se va es cuando al fin nos convertimos en adultos, es ahí cuando nos toca sacar a flote a nuestra madre interior, utilizar todas nuestras herramientas y recursos internos para a partir de esa presencia divina que nos habita florecer en medio de la ausencia de nuestra génesis.

Con amor

Rosario Cardoso

Desde las profundidades de mi amor


Llevo varias semanas postergando este diálogo conmigo y contigo, de pronto porque me siento paralizada ante lo inminente: tu partida má.

Anoche me abrazaste llevándome hacia tu pecho con tus manos frágiles, tu escaso aliento y tu vocecita tenue, y mientras yo escuchaba los latidos de tu corazón tú me dijiste: “Sé valiente, no tienes por qué tener miedo”. Me quebré una y otra vez, tuvimos muchas horas para ti y para mi mientras la misma escena ocurrió una, dos y tres veces con el sonido del oxígeno de fondo, por lo menos la noche no fue tan fría como otras veces aunque esta vez el alma padeciera de hipotermia y la nostalgia me calara los huesos al tener tu cuerpo frágil y adolorido frente a mi paradójicamente tú mitigando mi dolor con tu amor infinito.

Por cierto, confieso que aquí en mi refrigerador todavía hay comida congelada que me diste en esas últimas veces en las que fui a visitarte al pueblo, y a decir verdad no he tenido ánimo de comérmela porque sé que es lo último que probaré hecho por ti, debo administrarla muy bien para sentirme cerca de ti en tanto esto pasa.

Es más que sabido cuán orgullosa me siento de pertenecer a esta tribu nuestra, y sin duda has sido la mejor guía, eres “la matriarca”, inigualable tu capacidad de contener a 10 hijos en medio de tu soledad y carencias, con trabajo construiste una fortaleza en donde nos resguardaste tanto como pudiste, con tu carácter militar nos formaste y con tu espiritualidad nos enseñaste a ser alquimistas, nos regalaste un modelaje de trabajo impecable,  nos diste todas las herramientas para “bien ser”, sembraste valores como el respeto, la lealtad, la honestidad y la gratitud.

Admito que siempre me costó trabajo entender todas nuestras diferencias, sé que he sido una mujer silvestre, reactiva tanto como proactiva, intensa y aventurera y fiel a mi, pero también sé que esta libertad que manifesté prácticamente desde adolescente es el resultado de las alas que me regalaste: el mejor obsequio. Hoy a mis casi 38 años aunque no lo parezca no las he terminado de usar, tengo la sensación de tener un Ferrari en la cochera o un avión en el hangar, espero honrar tu eterna presencia en mi vida volando como un albatros para que desde donde estés puedas sentirte orgullosa de mi, me sentiría muy privilegiada de ser el resumen, la síntesis de todo tu trabajo aquí.

Me duele mucho el corazón má, aún cuando sabiamente dices que estamos en manos de Dios y que sólo él sabe, mirar a mi guerrera cansada en medio de mi impotencia y frustración en la noche oscura hace que mi alma se agriete, me siento rota, muy rota.

Sí, sé que estás aquí hoy, sé que pase lo que pase aquí estarás, en otra dimensión, en otra frecuencia, ¿cuándo?… no lo sé y no importa, lo que hoy sé es que eres en esta vida mi estrella, a veces incandescente, inalcanzable y hasta inconquistable, pero MI ESTRELLA.

Mientras escribo esta carta, froto mi pecho para darme consuelo y mientras lo hago recuerdo esas veces en las que me untabas Vaporub y me ponías trapitos calientes, has tenido tantas maneras de demostrar tus afectos y amor aunque siento que muchas de las veces no nos enteramos de cómo  nos gustaba sentirnos amadas e inclusive a veces aunque lo supimos no pudimos negociarlo, parece que nunca estuvimos dispuestas a renunciar a una parte nuestra mas sí estuvimos dispuestas a pagar el precio que eso implicaba, la riqueza de esta dura lección es que pude extrapolarlo a la vida, afuera donde uno nunca debe renunciar a sí mismo, ¡gracias mi María! Sin duda esta es mi mejor herencia, cosa que atesoro aún cuando afuera parezca un conflicto andante y esta manera de vivir no encaje en el sistema.

Tu legado es también mi precioso círculo de mujeres, mi Red Tent (Mi Carpa roja como en la serie de la historia bíblica de Jacob relatada a través de los ojos de su hija Dinah), mis 7 hermanas son mi medicina, mi consejo de brujas, mis maestras, mis doctoras de alma y cuerpo, son tan sabias, hermosas y amorosas, todas tienen tus cualidades y estar entre ellas es estar un poco como contigo pero en fragmentos. Todas son dulces y buenas, que si bien tenemos nuestros demonios estar juntas es como estar en esa fortaleza que tú construiste para nosotros, para protegernos de todas las adversidades del mundo exterior.

Claro que también me diste a hombres buenos y amorosos, mi padre y mis hermanos, los tres tus eternos niños. En esta danza de ausencias y distancias hemos tocado el amor y la incondicionalidad de maneras exquisitas y quizás cada vez menos esporádicas pero lo hemos logrado. Aprendí que muchas de las veces aunque alguien se quiera quedar, no puede, y no por falta de ganas ni de amor, sino sencillamente no le alcanza con las herramientas que hay.

Toda nuestra familia es un regalo má, una fiesta ambulante en la que primero se aprendió a bailar antes que a caminar mientras tú nos cocinabas algún guiso rico con cualquier pretexto para celebrar y mirarnos bailar a todos moviendo las caderas de manera descarada.

Yo sé que estas semanas más de un mes has necesitado nuestro impulso para dar ese salto cuántico, nuestro amor, nuestra energía, nuestros abrazos, nuestras palabras y sobre todo nuestros silencios y presencia, hoy sé que son una especie de combustible para emprender tu vuelo, por favor síguete llenando y llenándonos a nosotros de ti, tú nuestra planta nuclear.

Aquí estamos y estaremos, en infinita y profunda gratitud por develarnos que hay una fuerza inmensa que mueve al mundo, un campo ilimitado, una energía que todo lo ordena en la que sólo basta cerrar los ojos y llamarle para que los milagros ocurran. Tú nos has mostrado que la fuente de amor se encarga cuando soltamos y confiamos.

Si yo volviera a nacer má, te volvería a elegir y no te cambiaría nada, mi fórmula perfecta, mi mujer luminosa, mi más grande amor, mi alquimista favorita, mi guerrera y maestra exigente pero efectiva.

Traigo en los oídos los latidos de tu corazón frágil, es la canción que escuché desde que llegué a este plano durante ni más ni menos que nueves meses, me la volviste a poner quizás para recordarme esta hermosa posibilidad de ser una misma pese al tiempo y el espacio.

Esta carta es para tu alma má, sé que la mía esta noche te la hará llegar con inmenso amor honrando a tu luz y a tu fuerza, porque has dejado un montón de frutos sé que estarás bien en este plano o en algún otro, vamos a gozarnos el tiempo que nos quede.

Te amo siempre mi guerrera.

Del ser mujer, maga y tanto y más.


Indígena

Tengo la fortuna de venir de una tribu grande de mujeres, me encanta nuestro cabello negro y fuerte, en mi familia es una herencia muy peculiar: una trenza abundante y brillante tejida con el ADN de un montón de sueños e historias.

Mis mujeres como muchas de las tuyas son mujeres que arrullaron niños y sueños envueltos en un rebozo, mujeres de voz aguardientosa (así imagino a mis bisas y tatas)  que me son evocadas con el aroma a café de olla y el aroma de la masa en el comal de las tortillas hechas a mano o el atole de frutas, mujeres que abrazan, bailan, cantan, lloran, entregan.

Mujeres con  belleza oscura innegable, así somos, y no, no  es que la oscuridad signifique algo escabroso, más bien es ese lugar que nos permite brillar así como la luna llena en medio de la noche. Creo fielmente que las mejores cosas se gestan en la negrura: un bebé, una flor, una fruta y así veo toda esa oscuridad que nos ha tocado atravesar a todas las mujeres  en mi círculo, eso sí, bien agarradas de la mano

En la luna nueva, tuvimos círculo de mujeres en casa y hablamos de nuestros ciclos, de la magia de una falda y lo empoderador que puede resultar usar un vestido y yo reconocía que hace mucho no usaba alguno, en una ciudad tan caótica como esta: la más grande del mundo, yendo de arriba abajo siempre voy en leggins, tenis y mis guantes de boxear en la mochila.

Cuestionaba mis máscaras y hasta qué punto sin querer rezago y guardo mi delicadeza y feminidad, y no es que el ser mujer tenga que ver propiamente con unas enaguas, con saber tejer, zurcir calcetines o con saber cocinar o el gestar una vida en el vientre y me quedé con  la pregunta de ¿qué significa para mi ser mujer?

Me puse un poco existencial así que lo que llegó a la mente fue que ser mujer tiene que ver con nutrir, con contener y cuidar el fuego como arquetípicamente se ha fijado un tanto nuestra función dentro del mito, así como ocurría en la época de las cavernas  en donde el hombre iba a cazar el búfalo y la mujer se quedaba a cuidar el fuego, hoy quizás tú como yo deberás salir por el bufalo y también cuidar el fuego, sé que a veces nos resulta muy cansado pero somos tan poderosas que independientemente de nuestros roles podemos transformar lo que se nos de la gana,  pero lo más importante será que no importando si te toca salir a cazar o no, no permitas que ese fuego del corazón se apague, que no dejes de danzar, de cantar, de nutrirte a ti.

Para mi ser mujer tiene que ver con crear, con esa fuerza Shakti, este aspecto de la devi, la gran diosa de la que habla el hinduismo esa que cuando dejas un bote con agua en medio del patio y al otro día ya hay vida ahí, estamos dotadas de una capacidad creativa peculiar que venía en nuestra cajita de herramientas, mientras Shiva destruye para renovar recordando que todo es impermanencia y cambio Shakti con amor restaura, nutre  y deconstruye sobre lo ya existente.

Ser mujer tiene que ver con ese ser brujil y mágico que todas tenemos dentro, con esta capacidad de sanar con amor desde una gripe hasta un corazón roto. Pienso en esa conexión con los ciclos y la naturaleza, con esa sabiduría que existía y existe aún respecto a las plantas y sus energías y poderes curativos, también tiene que ver con unos pechos, unas caderas y  los cólicos que nos recuerdan en medio de la sangre la maravilla de la fertilidad aunque algunas elijamos ser fértiles desde otro lugar, parir hijos sueños que empoderen a otros a partir de nuestra creatividad, de encarnar hijos en un montón de páginas que cuenten una historia o en un cuadro, eso es parte de lo que significa ser mujer, hay mil y un maneras de ser fértiles y me gusta pensar y recordar que todo es uno, que sin querer desbalanceamos ese anima y animus en nuestra alma por circunstancias de la vida, porque no tuvimos alternativa y nos tocó salir a luchar, a cazar búfalos, a librar batallas solas.

Hoy hay una creencia que se ha arraigado en mi o más bien hay un anhelo profundo: deseo abrazar a la guerrera y renunciar a la idea de la lucha, ¿por qué? Porque prefiero sentirme maga. La mujer maga mueve desde un corazón cada vez más amoroso y despierto y no desde la lucha, el enojo y las heridas.

Aaunque oscilemos  entre esta dicotomía y a veces seamos Kali, Hécate o Cuatlicue (las que dan muerte a lo que debe morir para generar más vida  arrancando corazones y luchando para diluir todo lo que va en contra de nuestra propia natulareza) , también podemos ser Parvati, Durga, Tonantzin o Afrodita (luminosa, amorosa, dulce y sensual).

En nuestro paso por este plano del cuál somos viajeras como dice la socióloga estadounidense Brene Brown:  somos nuestras propias cartógrafas y una cartógrafa segura de si misma y de paso firme no necesariamente se traduce en una viajera rápida, tropezamos y caemos y cambiamos de dirección y aunque intentamos seguir el mapa que hemos dibujado en muchas ocasiones la frustración y la duda se apoderarán de nosotras y habremos de tirar el mapa a la basura.

El viaje desde lo exquisito hasta lo insoportable en todos nuestros ciclos y picos hormonales  quizás no sea fácil pero cada paso vale la pena, en realidad ser mujer no es tan peligroso como inconsciente hemos aprendido,   hemos subido sin querer toDas nuestras barreras que si bien es verdad que probablemente a lo largo de mucho tiempo nos han protegido y resguardado también hay muchas cosas hermosas que no hemos dejado llegar.

Abracemos nuestra feminidad y a las diosas que nos habitan, bajemos nuestras barreras para que llegue todo lo que por derecho es nuestro, sanemos, porque si sanamos no lo hacemos sólo con nosotras sino también honraremos la memoria de los hombres y las mujeres de nuestro árbol reacomodando la energía de nuestro clan y por ende de nuestra vida, y lo mejor es que modelaremos plenitud y gozo a lasque vienen detrás.

No tengamos miedo a que nuestras credenciales puedan quedar en entredicho sólo por mostrarnos vulnerables y mover las caderas al caminar.

Cuida tu fuego, es más conviértete en él para que nada te queme y arde lo suficiente para que nada te apague.

Con amor

Yo bruja

Como flor de loto


 

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Cuando tú creces, todo a tu alrededor crece aún en medio de las zacandillas y  aún en medio del fango. Vale la pena recordar a la flor de loto y pensar que ella permanece bella y colorida floreciendo en medio de un pantano, que las mejores cosas toman tiempo y se gestan en la oscuridad, que el estiércol es en buena medida lo que nos regala frutos dulces y flores hermosas en los huertos, que las semillas así como el alma deberán permanecer en la noche oscura, como las mariposas en la crisálida y un bebé en el vientre de su madre, ¡Ah! Qué hermosa es la vida en medio de las crisis más severas, así que yo te firmo que VAS A FLORECER si te nutres, si lo eliges, subirás ese peldaño, en eso que hoy sea importante para ti, ahí donde quieras construirte catedral a pesar del miedo y el problema no es sentir miedo sino consentir al miedo, no lo consientas, ve con él, pero ve que la vida es un suspiro.

Con Amor

Char

La metamorfosis de Narciso


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“La metamorfosis de Narciso” – Salvador Dali

Y a veces la apuesta a la autenticidad pareciera de un costo alto pero créeme, vale la pena disponernos a ser eso que realmente somos.

Hay un mito hermoso y de gran valor consciencial que a mi me gusta mucho y quizás antes de contártelo es importante decir que la riqueza del mito es que da la vuelta a la razón, porque cuando nosotros escuchamos un mito nunca cuestionamos su veracidad, sencillamente dejamos que sus colores, personajes, aromas y otras formas se impregnen en nuestro corazón y nuestra imaginación.

Según la versión romana escrita por Ovidio, cuenta que Narciso era hijo de una ninfa y el dios rio Cefiso, sabemos que Narciso era un joven hermoso como nada ni nadie nunca visto, doncellas y hombres de todas las edades caían rendidos ante tanta belleza y perfección. Tiresías, el vidente del bosque un buen día afirma que Narciso llegaría a viejo mientras nunca se conociera a sí mismo.

Se dice que un día, corroído por la soberbia y la vanidad, Narciso rechaza profundamente a un adolescente enamorado de él, fue tal el dolor de este último que le lanza una maldición que decía: ojalá un día te enamores de alguien y no le puedas tener. La diosa Nemesis se encarga de que esta maldición fuera cumplida.

Un buen día Narciso caminaba por el bosque y al sentir sed se agachó a beber agua del estanque, de pronto se encontró con una imagen que lo deja anonadado y con la mirada fija en cada detalle, se da cuenta que es su rostro, mete los dedos al agua, era imposible conseguir tocarse, lo único que le queda es recostarse boca abajo mirando su propio reflejo muriendo ante la frustración de no poder tener a su objeto de deseo. Sus amigos van a buscarle y ahí donde Narciso estuvo lo único que había era una flor de centro amarillo y pétalos blancos. Narciso florece cuando se enamora de él mismo.

Me gusta pensar y resonar con la idea que cuando llegamos a este plano aterrizamos con una cajita de herramientas, que todos tenemos un montón de talentos y podemos crear todo lo que pasa por nuestra mente, que estamos conectados a una fuente creadora de amor incondicional, a una energía sutil que está en cada átomo de la cuál continuamos alimentándonos, que todos podemos igualmente crear y construir, que podemos hacer puentes que unen pero también separan quizás más dentro que fuera, y cuando menos nos damos cuenta estamos cumpliendo expectativa que no son nuestras, tratando de encajar en moldes socialmente creados para pertenecer a todo y a todos menos a nosotros mismos, usando ese puente para fragmentar nuestros deseos mas intrínsecos, pero como dicen los grandes maestros de las distintas corrientes: la salida siempre está hacia adentro, ahí donde Narciso encontró ese enamoramiento intenso por él fue cuando consiguió además de florecer nutrir ese ecosistema del cuál ya formaba parte.

Y es que hablar de enamorarse de uno mismo tiene muchas implicaciones, dicen que los seres amamos no por lo que el otro es, no amamos un trabajo ni un proyecto e inclusive a un hijo ni a una pareja porque sí, en realidad amamos a algo o a alguien por la energía que invertimos ahí, amamos cuando del alma ha salido nuestro mejor néctar a la superficie para acompañar a florecer al otro, cuando le empeñamos nuestra palabra y le cumplimos, se dice también que la calidad de nuestra vida depende de las preguntas que nos hacemos y hoy quiero preguntarte: ¿Qué tanto te has cumplido tu palabra?, ¿te cumples a ti lo que te prometes? Es bien bonito saber que en la medida en la que te amas a ti y te comprometes contigo generas vínculos y compromiso con aquellos que te rodean, que cuando te arraigas a la tierra y te abrazas es mucho más fácil abrazar a otros y estar con otros porque sabes estar contigo. Dicen por ahí: Quiérete tanto que los demás aprendan cómo quererte.

Con amor

Char

De la adicción al dolor y sus queveres.


Muchas veces el ser humano desea tanto algo que ya que lo tiene no sabe qué hacer con eso.

Desperté reflexiva sobre la adicción al dolor, de cómo las personas no sabemos muchas veces recibir lo bueno de la vida porque nos volvemos adictas a la tristeza, al enojo y a todo eso que a nivel cerebral nos da algo que aunque no es bonito es ese driver para sentirnos vivos e inclusive emotivos… por ejemplo, ¿recuerdas cómo nos sentíamos después del terremoto que vivimos en septiembre pasado? Nos unía la compasión, la generosidad y un amor desbordado al prójimo que no hubieran sido detonados sin ese evento. Por eso, ocurre que cuando algo proviene desde la facilidad y el gozo se vuelve aburrido, por eso no podemos contener lo bonito, porque el estar en paz puede resultar sin chiste e inconscientemente nos saboteamos buscando un terremoto para volver al estado emocional anterior y volver a conectar con el amor, la generosidad y la compasión.

Evidentemente se necesita un proceso fuerte de autoconocimiento para detectar estos patrones, para disfrutar de lo que hay aquí y ahora, para dejar de caer compulsivamente en la repetición de esos mecanismos y anclarnos a la felicidad que tiene que ver con un estado de consciencia en el que vamos aún a gatas.

Cuando sientas que alguien te da una moneda reactiva así, piensa que no es personal, que no es tu problema, no es que no merezcas algo bonito, observa sólo qué parte tuya te conecta ahí y sánala, repítele a tu esencia “gracias, lo siento, por favor perdóname, te amo” y mueve tu energía, porque sino la mueves tu adicción secreta te mantendrá ahí y estamos aquí para experimentar un estado de contento (santosha) que nos ponga a vibrar alto y nos lleve a un mejor lugar consciencial y por ende afectivo y material.

Nos sale más barato estar sanos que enfermos, es menor la inversión de energía que demanda el estar bien que el estar mal, se siente más rico y es más productivo.

Démosle al dolor un lugar sagrado porque sin duda lo tiene y nos regala expansión como buena medicina (quizás de las más poderosas), pero no hagamos de él un rehén para conectar con nuestra vitalidad, hay mil maneras de conectar con la bondad nuestra sin dolor, culpa y miedo.

Besos a todos y vamos a comernos la vida a puños con plenitud y gratitud.

Con amor Char