El miedo: ese visitante incómodo


El miedo, ese visitante incómodo que aparece en todos lados: en las relaciones, en los sueños, en los planes y proyectos; llega sin avisar, sin tocar si quiera. El asunto es que si nos toma distraídos puede disponer de mucha de nuestra fuerza y enfoque.

Ocurre que, dada mi actividad como psicoterapeuta y tallerista, con esa posibilidad que tengo de asomar la nariz en la vida de mucha gente me doy cuenta de cómo y de cuántas maneras tan profundas morimos de miedo. A veces tenemos la fantasía clara, pero la mayoría de las veces no sabemos exactamente por qué ni en qué momento nos llenamos de oscuridad, de temores, de ansiedades e inseguridades y dejamos de vivir para estar en agonía crónica imaginando historias sin fundamento, sin un ápice de realidad.

El miedo es el enemigo número uno del corazón del hombre.

El mal de la muerte no es la muerte sino el miedo a la muerte, el mal del fracaso no es el fracaso en sí sino el miedo al fracaso; El miedo engendra enemigos, algunos reales y otros imaginarios.El miedo de que alguien no me quiera hace que yo esté sufriendo imaginando por qué creo yo que el otro no me quiere; El miedo de que ese otro se entere de lo que yo dije o hice suponiendo que pudo haber estado mal, hace que yo esté sufriendo por lo que asumo que se enteró; El miedo de que esto termine en un fracaso hace que yo esté sufriendo la sensación de fracaso incluso antes de comenzar la batalla.

El miedo engendra fantasmas, los fantasmas de:“Es que ya no me mira como antes, esta es la señal de que alguien le dijo algo. Ya sé quién le dijo, ya sé qué le dijo”; “Es que no me escribe como antes, es señal de que algo ha pasado, seguramente le habrán hablado de mi y ya sé quien le habló, ya sé lo que le dijo”.

Las cosas de la vida comienzan a entenderse cuando se comienzan a vivir y el antídoto inmediato del miedo es la bendita presencia, así que vivamos con presencia bajo el entendimiento de que nada es lo que parece cuando no estoy en este momento.

Deseo que esta semana el miedo te visite estando presente y en conexión con esta presencia que te habita y que vayas, toques la puerta, preguntes, escribas ese e-mail, pidas, hagas esa llamada, sueltes, abraces, expreses, sostengas con toda el alma, digas “no”, marques límites, hagas lo que consideres que debes y quieres hacer con la consciencia de que hay algo más grande, algo inmenso con el nombre que le pongas dentro y fuera de ti comandando y guiando cada uno de tus pasos.

Así, el miedo será sólo eso, un visitante a veces necesario (sino no existiría), pero no más grande que tú, no más fuerte que tú, no más sabio que tú.Si lo ves abrázalo y suavemente suéltalo, míralo a los ojos y pregúntale qué tiene que enseñarte, entonces respíralo e intégralo a ti que finalmente tú llevas el volante.

Con amor

#RosarioCardoso

2 pensamientos en “El miedo: ese visitante incómodo

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