Con tanto y nada qué decir…


Como siempre la hoja blanca me reta, de repente tengo tanto y nada qué decir.

He viajado sólo un poco, he conocido cientos de personas, he visto miles de sonrisas, he dado muchos abrazos y he leído unos cuantos libros, mismos que si bien no son escasos entre más los repaso en la memoria, veo que son realmente pocos. Ahí en esas conciencias compactas y apiladas, me he encontrado con muchísimos personajes que le han regalado plusvalía al alma mía por el simple hecho de hacerme vivir con ellos historias que en carne propia no me tocaría.

Hace unos días alguien me dijo que la soledad era mala compañera, pensaba en la diferencia entre soledad y aislamiento, y para saber estar con uno mismo se necesita un mundo interior, si no lo hay, imposible estar contigo… sólo así se disfruta la soledad, sino, ¡aléjate de ella¡.

Hoy domingo ha sido un día de pijama, café y libros y así estas horas  se han convertido en mi eternidad porque me he movido en forma perfecta y debo decir que ya no pierdo el tiempo haciéndome preguntas tontas, sólo intento pararme de manos y tomo café enviciada, pensando en detalles de los que quizá poca gente piensa, como por ejemplo: ¿a dónde fue mi alma anoche mientras en apariencia dormía?, o, ¿cuál será la edad biológica de mis órganos?, en fin, detalles que un día probablemente sepa.

Escucho el ruido del ferrocarril que pasa por las vías cercanas  de mi casa y me viene a la mente se poema mío del tren y del viajero, me siento con la mente un poco en blanco debo decir, tal vez hasta taciturna. Esta hoja es un espejo implacable de mi misma, en donde puedo volcar libremente esas palabras mágicas que comencé a balbucear desde mis primeros años, tal vez durante un tiempo, hubiera querido que mi lengua nunca se soltara, pensé tanto tiempo en voz alta que con sublime y cínica  frescura no guardaba nada para mí, pero ahora, todo es distinto, hoy día me expreso sin hablar, inclusive debo decirte que estos dos días no he cruzado palabra con nadie, me he concentrado en mi autocrítica, en el ruido de los niños al jugar fútbol a media calle, en los pasos de los vecinos del piso de arriba, en los ladridos de Bruno, el perro de mi vecina y los autos que pasan a toda velocidad.

Estos dos días he respirado magia, la pura palabra se ha manifestado inclusive en los programas de televisión, en las películas y en los libros que decidí repasar este fin de semana y así es como ésta febrilmente se ha acercado a mí, haciendo que me replanteara cuán profundo es lo que creo y la convicción que tengo en las cosas que hago, con cuánta seguridad he dado mis pasos y qué tanta fuerza llevan mis deseos y al final, un sabio me dijo que “Fe significa confiar en la vida de manera absoluta que se está dispuesto a ir a cualquier parte”, pensaba también que, he sido valiente para un sinfín de cosas y absurdamente cobarde en las inimaginables. Se dicen muchas historias de acuerdo al cómo dirigimos la fe y con esto viene a mi mente el mago Merlín y te confieso que me habría encantado vivir o recodar a santo y seña la época del Rey Aturo para conocer al mago  alquimista que me tiene hechizada por todas sus hazañas en Camelot y así creo que todos tenemos una espada enterrada en una roca que nos sentimos incapaces de remover, de todas maneras, el mismo Jesucristo lo dijo: “Si tuvieras fe como un granito de mostaza podrías decirle a una montaña ¡ven! Y ésta iría”,o bien, bastaría recordar aquella escena en la que caminó sobre las aguas con singular maestría apaciguando vientos y oleadas. Vaya que es emocionante reconocer que no somos seres limitados, luego de lo ordinario y confuso, es muy valioso saber que tenemos ese potencial de redescubrirnos tras de cualquier situación y salir victoriosos y tal cual Rumi, hoy por hoy mi poeta favorito decía: “Somos espíritu atrapado por las condiciones como el sol en un eclipse”.

Ahora que estoy sentada en mi sofá color chocolate ante un portátil a la orden pienso en la delicia de llevar la mente a otros lugares, a otros sucesos, yendo un paso más allá de donde estoy parada sin dejar de vivir mi aquí y a hora predisponiéndome a las situaciones maravillosas para luego hacer un recuento de todos los milagros del día a día.

La vida es de colores, deja el daltonismo que te ha invadido y redescubre sus matices, recupera sensibilidad y deja que las yemas de tus dedos disfruten todas las texturas habidas y por haber, que todos tus sentidos se complazcan con el aroma de las flores, la calidez del sol, la luz de la luna, lo dulce de tu voz  y  tus propias carcajadas asumiendo tu presencia con total conciencia haciendo de ti una verdadera revelación…

Con total lucidez siente tu magia, deja de resguardarla y úsala para llegar a donde quieres…  Aquí y ahora sin dejar que la vida discurra porque sí.

3 pensamientos en “Con tanto y nada qué decir…

  1. Excelente!

    Gracias por esas palabras, te leo y siento tu voz susurrando cada uno de los párrafos … En armonía, con paz y alegría.

    Bendiciones y abrazos repletos de cariño sincero

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  2. wow….. llegue a esta pagina por un amigo mutuo (Ignacio Luna) y no se porque, pero “necesitaba” escuchar lo que escribiste…. he estado pensando en lo mismo, pero no lo he sentido…. gracias…y si yo tambien pienso en donde habra ido mi alma mientras mi cuerpo dormia? o cosas asi…

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    • Dani, muchas gracias por visitar mi espacio. Me honra que hayas encontrado un poco de lo que buscabas y haber sido yo el instrumento.

      Un beso gigante

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