Yo animal


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Froto mis manos como si quisiera sacar chispas de éstas, el día es fresco y hoy decido escudriñar en el mapa de mi alma, ese por el que he viajado durante tanto tiempo y no deja de develarme cosas que no tenía idea que existieran o tal vez no recordaba. Sin duda he sido  un alma autóctona, siempre instintiva, siempre viviendo entre mis propias risas y concentrando mi esencia en una lágrima, siempre incubando poemas, siempre silvestre aún cuando me llame a mí misma “domesticada” se que miento.

Con el paso del tiempo, quiero pensar que mis sentidos se han agudizado, he ido poco a poco aprendiendo a cantar con mi respiración y a enterrar eso que está muerto, a degustar mejor los besos y a escuchar con el oído del alma aunque a veces debata con las gana de querer hacer lo contrario.

Cuando era niña, admitiré que nací cantando, para mí las notas del Padre José eran mi mejor refugio, mi escondite perfecto, mi vocecita sonora siempre hacía segundas y decía que cuando fuera grande quería yo hacer música, no sólo tocar el piano, sino tejer historias nota tras nota, erizar pieles, alborotar corazones, borrar mentes aunque fuera por unos segundos, liberar lágrimas y conjurar energías, tal vez que la gente por instantes efímeros estuviera completamente presente, pero todo quedó ahí…  “Mi primer sueño”.

Cabe decir que, mi primer poesía la declamé a los 5 años, por más que pienso en qué momento me enamoró no lo encuentro, sólo sé que ese lado nostálgico de mi alma silvestre fluía y la poesía tocaba sus fibras más sutiles y no bastando la poesía, reconozco que fuera ella  Saramago tenía razón… “Las mujeres nunca dejan de llorar por dentro”, pienso que si bien muchas veces es de tristeza, otras es de alegría, otras es de temor al sentirnos vulnerables, desnudas, otras es de ternura, otras de impotencia, cansancio, frustración  y duda, pero  así aún llorando  vamos bailando por la vida, bailando con el trabajo, la soledad, los amigos, las pasiones, las ilusiones, bailando en las despedidas, bailando sobre lo que alguien dejó descuartizado, bailando para hacer de todo momento una experiencia catársica, bailando con el tantra friccionando el universo con cada paso, con cada abrazo, con cada entrega, bailando esta danza cósmica que con distintos ritmos y matices nos va marcando la vida para cumplir cada una su misión, para gastar los talentos, vaciarnos de nosotras mismas y volvernos a llenar.

Indómita, quizás hoy sábado 7 de julio es lo que mejor puede describirme y me alegra saber que hay una depredadora dentro de mí, esa que es como  Kali y que lucha contra todo lo que pueda oponerse a su naturaleza divina, esa que arrasa con todo siempre que es necesario reconstruir aunque también reconozco que soy ese rayo que se siente desprendido del mismo sol frecuentemente y aún así trato de que mi paso por esta vida sea tan lúdico como se pueda, seguir coleccionando corazones y acompañarme de ángeles sin alas.

Ese respiro que precede a cada tono de mi canción, vibrátil,  sutil y natural,  me recuerda todos los pactos que he hecho conmigo, pienso que ha llegado la hora de romper varios de ellos que están empolvados en un rincón de la memoria, otros esparcidos de antaño en el alma, otros que quizás adopté en aquel momento que me instalé en el vientre de mi madre y otros que quizás están en la punta de mi nariz y los ojos del corazón se resisten a ver. Entiendo que el alma también se abolla, pero también se restaura y cada quien restaura su alma como quien decide restaurar su casa, entiendo que la memoria se empolva, pero también se limpia como quien decide limpiar ese portarretrato que guarda la imagen de aquel instante maravilloso aún cuando la persona de esa foto ya no esté más.

Esta mañana me camufle mientras saludaba al sol, me camufle de animal no pensante sólo animal, animal que vive, que retrocede para dar un salto al frente, animal que a momentos gruñía precediendo  a cada respiración, animal libre que repelía cualquier otro estado que le sacara de ese trance, animal que peleaba batallas internas, esa soy… una animal silvestre que vive en la cueva de mi, quizás entre osamentas pero finalmente  en la cueva del numen, de lo sagrado que fue dado a su cuidado.

Guardiana voraz, guardiana de sí, eso también soy hoy, guardiana de esta cueva en la que habita el corazón como símbolo de la conciencia, guardiana para eludir lo aún eludible, guardiana con sensatas percepciones de lo que está ocurriendo afuera, guardiana que esta al cuidado de sí misma.

Luego de imaginar que soy una bestia, regreso a mi sofá color chocolate acompañada de un cuaderno nuevo para tomar notas de palabras solitarias que caen a cuenta gotas, tal vez con la letra hoy irreconocible pero aún legible, escribo lo que se me ocurre para entonces desentrañar significados y jugar con los renglones, quizás  haciendo intentos como Edison cuando descubrió la luz, así yo hago experimentos para encontrar mi propia luz, para encontrar eso que habita dentro y que nadie más puede extraer sino yo misma.

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