Gracias por bendecirme a besos…


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Tantas veces ocurre que,  los seres humanos buscamos perdidos sin saber exactamente qué es aquello que estamos buscando y además no permitimos que eso que inconsciente y realmente deseamos (que no se parece a lo que erróneamente buscamos)  termine por encontrarnos, y así cuando llega lo que inconsciente y realmente deseamos, no sabemos qué hacer con eso.

Hoy elegí escribirte a ti porque llegaste sorpresivamente buscando “algo”, quizás a ti mismo y me encontraste a mí, igual que a otras literalmente miles de posibilidades, sin embargo, el inconsciente es tan poderoso que usualmente termina por hacernos coincidir con personas que se encuentran en la misma frecuencia, gente que nos hace resonar aún sin conocerla, almas que independientemente de minutos, horas, días o años de gastar juntos, vienen a enseñarnos algo, a revelar una verdad o incluso a remendar una herida, de esas que se esconden en los estratos más profundos de la psique, de esas que encogen el corazón de vez en cuando y nos hacen friccionar una y otra vez con el mismo patrón en afán de querer encontrar eso perdido, ahí, en medio de la web, entre millones de rostros y circunstancias, entre perfiles superfluos, blogs y  redes sociales, y aun cuando se trate de una red social,  se dice que no atraemos lo que deseamos, atraemos lo que somos.

Pensaba un poco en qué era eso en lo que podíamos parecernos tú y yo y quizás me tildes de loca pero vi que cada uno en su dimensión y arista “morimos de miedo” y es que, qué peligroso es luego de tanto decir adiós o aun cuando sólo se trate de una sola despedida intensa,  de esas que arañan el alma,  volver a construir vínculos, no saber administrar los apegos y los afectos, ni los “quieros” ni los “tengos”, generarse expectativas que terminan siendo acuerdos firmados  en la cabeza de uno de los dos cuando el otro ni enterado estaba; qué riesgo exponencial supone la neurótica emoción de sentir amenazada la libertad, qué miedo a la paranoia de  que a uno le corten las alas o que sea uno mismo quien termine cortándoselas para volar a la altura y velocidad del otro aunque eso implique descender,  ¿por qué no?, quizás también se trate de un miedo absurdo de no poder volar tan alto como el de junto; qué miedo dar y dar y dar cuando uno no tiene siquiera la certeza de tenerse a sí mismo, qué angustia buscar una caricia del otro cuando en el fondo lo esencial se construye desde dentro, sin tanta fantasía y sin buscar avalúos afectivos afuera, sin someterse a condicionamientos externos como generalmente ocurre; qué miedo AMAR y qué fácil es vender simulacros cuando uno tiene el alma arañada, qué crudo y frío el miedo a expresar y quedarse con la sensación de haber hecho un monólogo… vaya, qué caro resulta a veces abrir el corazón y vivir con todas las consecuencias, pero qué precio más alto supone el ser auténtico, el decir estupideces y hacer el ridículo de vez en cuando, qué inconveniente puede resultar para el ego el no cumplir con las características acordadas en el check list para poder formar parte de “el pack de la felicidad”, vaya zancadilla para la autoestima cuando uno está ausente de sí mismo, ¿no te parece?.

El punto aquí es que, hoy estoy conmigo y seguramente tú contigo, lo bonito aquí es que ha resultado sanador conocerte aunque sea cosa de un par de citas absortos sólo por eros, sin philia y sin ágape, no sé si te vuelva a ver o no, no sé si vuelva a tener una conversación contigo inclusive electrónica, no sé si yo pudiera decirte un día todo esto, sólo sé que me curaste a besos y aquí y ahora sólo se me ocurre decir: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS por tu despistada búsqueda, porque mientras te buscabas a ti me acompañaste con besos a recuperar un pedacito de mí; GRACIAS,  porque probablemente eso nos lo debíamos de otras vidas aunque haya sido tan efímero e intenso como un buen expreso.

Gracias por bendecirme a besos.

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