De mi universo al tuyo…


 

Siempre que se acerca Navidad, me da por hacer un viaje interior, un conteo de cosas y personas extraordinarias que me rodean, un inventario de bendiciones y una evaluación de mi siembra y cosecha, porque aún cuando pensemos que hacemos lo correcto, hay una especie de boomerang que nos otorga lo que damos. Como cada fin de año, he decidió compartir contigo este viaje y comenzaré por decir que una de las lecciones más importantes que aprendí, fue comprender que el “Ahimsa” o “no violencia” empieza por nosotros mismos, que puedo crearme una vida amorosa iniciando por cuidar mi diálogo interno, por vigilar cada uno de mis pensamientos, por comprender que se puede aprender a través del placer y no del dolor escogiendo a los maestros adecuados, que todo lo que me rodea tiene vida y que finalmente cada una de las decisiones que tome, tendrán un efecto que determinará mi futuro, tal vez esa sea la mejor habilidad a desarrollar para ser el vidente perfecto jugando con nuestras mejores cartas del día a día sin tomar ventaja de nada ni de nadie, dando siempre lo mejor de nuestro ser.

Me observo hoy como una cebolla, a la que la magia y este gozo por estar aquí y ahora, le han quitado una que otra capa para conseguir eso que es esencial, eso que como dice Antoine de Saint-Exupéry, es invisible a los ojos, que no se vale predisponerse a nada porque si me salgo de este instante, seguro me estaría perdiendo de mucho, me perdería de la magia al observar cómo es que mis dedos teclean bastando con desear hacerlo, me perdería del frío que estoy sintiendo en los pies y de cada palabra que va haciendo fila como soldadito dentro de una guerra de ideas, me perdería de la textura de mi sofá, del sol insistente que se cuela por la terraza y también de la conciencia de mi postura al escribirte, de mi respiración y gusto regalarte estas líneas.

Hay sueños que este año cobraron fuerza, unos fueron suplidos por otros, otros definitivamente algo que se llama intuición me dijo que no me convenían y algunos de los más grandes fueron esfumados por esa fuerza sutil y sublime que a sabiendas de lo conveniente para mí y muy a pesar de unas cuantas lágrimas me fueron arrebatados dejando vacíos que fueron llenados por otras bendiciones, algunos siguen huecos y yo así ejercitando mi paciencia, ha sido como iniciar a resolver un acertijo que, aún no termino, sin embargo, nunca nadie dijo que sería fácil, y como cuando nací yo no traía instructivo pues encontrarme ha sido una constante negociación con el tiempo, con Dios y con la fe misma que a veces ha jugado al escondite mientras yo cuento hasta el 10,000 sin hallarla por ningún sitio, de pronto, sale de ese escondite que te cuento y me sorprende con cosas inimaginablemente extraordinarias, y así he vivido todo este tiempo, espero que un día, pueda acogerla para no soltarla nunca, compartirla y por ende acrecentarla inquebrantable.

También es trascendental mencionar que, muchos libros me nutrieron este año que ha volado, esta ha sido una forma de aprender y que por las noches permea en lo más íntimo de mi subconsiente, vaya forma de entrometerse y formar parte de mis creencias. Mis amig@s de siempre están ahí, a veces creo que he abusado de su cariño al contactarles escasamente, pero por favor créanme que están presentes en esos espacios de meditación y plegaria y si tú, estás leyendo esto, aprovecho para ofrecerte una disculpa por no llamar, por no escribir, por perderme y vivir ensimismada, aún así, segura estoy de que sabes que te amo, porque querer es del ego.

Bueno, la cuestión es no abrumar, se trata sólo de agradecer el ramillete de bendiciones que conseguí este 2011, de mandarte un abrazo mediante este texto que es como un espejo de lo que hoy soy, de bendecirte porque si te has tomado el tiempo de leerme es porque esto es para ti. Gracias infinitas a la vida por ponerme en el momento preciso y en el lugar oportuno, gracias a ti por ser y sobe todo por estar.

La luz y el amor divino en mi, honran la luz y el amor divino en ti… Namaste.

Tejiéndo vínculos con mi luz


Colores, imágenes, sonrisas ametrallan la memoria, como bálsamo y caricias para el alma y así, sin vislumbrar hacia afuera porque mis ojos se han quedado ciegos disfruto de un tango argentino y alucino mientras lágrimas escurren sin nublar lo ya condenado a la oscuridad.

Canto, acogiendo lo sucedido y observando mi espejo interior. Los años han pasado afuera y yo sigo igual de indómito, insolente y gozando, quizás lloro por lo que es, quizás canto porque sé que todo esto es temporal.

Doy un sorbo a mi tinto, y hoy tengo la convicción de que la única luz es la eterna y mi lazarillo, echado ante mis pies, sosegado parece inmune al tiempo. Mis ojos inertes, se han convertido en mis maestros más excelsos, me han abierto el alma como un ropero obligándome a vaciar lo mejor de mi espíritu cansado, y yo, presa de la nostalgia reemplazo mi mundo viejo por uno lleno de exquisitos sabores, de actitudes antagónicas y deseos caprichosos. Sólo soy un hombre viejo a nada de cambiar su vehículo aunque   me he convencido de que tengo vocación para la invidencia, creo que Borges me entendería a la perfección, irónicamente somos hermanos, hijos  de la oscuridad.

Sigo siendo igual de ocurrente, y antes de que los ojos se me desgastaran, me embriagué de estrellas, todavía recuerdo esas calles estrechas y empedradas, llenas de ecos domingueros que disfruto cuando quiero respirar compañías. Me gusta sentarme mientras mis oídos me cuentan historias ajenas y yo, a partir de ahí me invento novelas y saco del sótano imágenes guardadas como fotografías antiguas rostros que un día vi y quedaron tatuados  en mi cerebro. Me gusta escuchar repiquetear las campanas añejas de la capilla cercana a mi casa, las escucho tan gallardas y me hacen retroceder a mi infancia, cuando era monaguillo aún en contra de mi voluntad, pero,  algo bueno me dejó esa experiencia: me uní fuertemente al Divino Maestro, me gustaban esas historias que solía escuchar en los evangelios y cuando perdí la visión, soñaba que él llegaba y posaba su mano cálida y formada como un cuenco sobre mis ojos con toda la voluntad y su maestría para conseguir que perdiera mi ceguera, más tarde comprendí que quizás quien no quiso ver más, fui yo mismo, tal vez porque descubrí un mundo interior que ignoraba que existía, quizás porque me descubrí vulnerable y sin máscaras, puede y me gustó lo que vi, paradójicamente a mis casi 80 años, me reconcilié con mi niño interior y repito que, me he convencido de que la verdadera luz, es la eterna. Vivo, y todo discurre desde dentro de mí, Excelsamente, estoy en un eterno romance desde este estado de conciencia, voy andando dentro de mi laberinto interior en el que a veces ciertamente me pierdo, pero luego me vuelvo a redescubrir sintiendo alivio de llegar nuevamente conmigo.

A veces creo, que vivo en el centro de este universo infinito, e imaginándome así, me siento a observar mi propia película para inventariar todas esas cosas que la vida me ha dado en mi paso por aquí. Tomo mi bastón y en sincronía dibujo un espiral en el suelo, una y otra vez repito el movimiento como si se tratase de una terapia. Ovaciono la vida, he despertado destrezas que no sabía que tenía y que me llevaré el día que deje este espacio para volverme a unir con los míos.

El reloj dice que van a dar las 7 de la noche, seguiré tejiendo vínculos con mi luz para luego hacer mi crónica de desapego con lo que antes fue, mientras Dios me arranca la promesa de que mañana seré más feliz que hoy.

 

Es sólo mi radiografía


Me siento lista para tomar una radiografía de lo que ahora soy. He pegado los trozos del espejo y luce singularmente espléndido, listo para que te reflejes en él.

Abrir el alma puerta a puerta para que entres, eso haré, quizás ya vivas aquí aún a kilómetros de mí, no tiempo, no espacio, parte de mi todo.

Son meses de entrenamiento y así, aprendí a caer, aprendí a liberar la nostalgia y redescubrí una mejor versión de mí sin importar las vicisitudes del trayecto, desde mi postura del águila supe cuán alto se puede llegar, con una vinyasa entendí que se puede saludar al sol aún en una noche oscura, parada de cabeza me convencí de que aún con todo al revés se puede conseguir equilibrio, mediante mi ásana del guerrero libré batallas internas y parada de manos supe que de verdad le tengo pánico al miedo y que lo más delicioso de emprender un viaje es saborear cada paso, ¿qué más da caer si también es un arte saber hacerlo?.

Mi hoja blanca se complace en ser portadora de buenas noticias, porque ella es testigo de lo sinuoso que fue emprender el viaje desde que sollocé al salir del cálido rincón de esa gladiadora que fue mi vehículo de llegada aquí y ahora.

Cada día solitario, transitante  y efímero me trae azar y circunstancias que con sus haberes y teneres me han permitido crear un monopolio de magia, hechizante como la diosa luna color plata,  y yo,  silenciosa encuentro formas y más formas de honrar lo que me habita y es que  dentro de estos kilos de huesos disfrazados de mí, hay un ser intangible que brilla en medio del éter.

Lo elemental… eso me rige y cómo lo reflejé en un estado pasado, Yoga hoy para mí es cuando me reconozco humana, vulnerable, sumida en mi imperfección perfecta, apegada, producto no terminado, pero en la misma medida amorosa, dispuesta, espontanea, paciente, con el corazón abierto en constante gratitud y en encuentro permanente con la magia. Yoga es para mí, el medio y el fin para llegar conmigo y agregaría que, simultáneamente  para llegar a ti, porque tú eres yo y yo soy tú.

En mi vida había visto un cielo como este aún nublado…. ¿será que nunca había estado tan atenta?. Desde que la noche es noche con o sin estrellas es reveladora, tan letárgica como feliz, siempre adaptándose a lo que quiero, vistiéndose de aflicción,  romanticismo, nostalgia o fiesta, ¿no es hermosa?, ¿será que esta noche es también mi espejo?… quizás, pues no somos más que el reflejo del universo mismo.

Mi radiografía de hoy, se consume en la hoguera de mí… complacida por supuesto y honrada por vivir una noche más.

Volviendo al origen


Son dos meses que han transcurrido sigilosamente, y aún así, dos meses trascendentales, puede y no sea una muy buena comparación, pero me gusta observar cómo cambio de piel tal cual lo hacen las víboras.

Van a dar las 12.00 md y he tomado mi café. De un tiempo a la fecha,  no es que los aeropuertos me encanten, sin embargo, he aprendido a disfrutar de cada momento, de cada rostro, de cada sonido y ¿por qué no decirlo?, hasta del bullicio. Veo a gente de colores, de cualquier rincón del mundo, muchos quizás hacen viajes de descanso, otros de negocios, algunos visitan a seres queridos y muchos quién sabe cuántos van en la búsqueda de ese sueño que  latente ha tocado su puerta, también, he observado padres  llorando despidiéndose del hijo que se va. Escucho maletas arrastras llenas quién sabe de qué, tal vez  de recuerdos, de regalos, de despedidas, de vanidades, de frustraciones, de miedos, de disfraces, de nostalgia… yo sólo espero que no pesen mucho, o quizás que a su regreso vengan o más ligeras, o vacías o por lo menos llenas de novedades, sin duda alguna de experiencias.

 Escucho pasos que van a letárgicos, como resistiéndose a avanzar, escucho andares determinantes y tenaces, puede y tengan claro a qué van y eso suponga ilusión, hay quien corre y va sonriente y yo desde este café deseo  encuentren aquello que buscan y resuelvan su acertijo.

A pesar de que no había entrado a este rincón, confieso que siempre hay algo que se escribe dentro de mí, es sólo que no siempre me siento capaz de expresarlo en letras, ideas escurren y algunas se van cristalizando, otras huyen de mí o quizás yo huyo de ellas, el punto es que como nada es estático voy encontrando también otras formas de expresarme y con asombro redescubro señales y más señales, resultándome imposible no recordar las flechas amarillas del camino de Santiago de la Compostela.

En un puñado de incontables ocasiones, habrá que regresarse, habrá que tomar vías alternas, un atajo o sentarse a descansar, pero ojo… nunca detenerse.

Un gran hallazgo cientos de veces leído, es que, cierto es que si me pongo  atenta puedo ser testigo de cómo se van hilando circunstancias, y tal cuál una araña teje a su tela, a nosotros nos toca tejer acontecimientos, y aunque cuando nos cueste trabajo ser consientes de ello, es mágico ver todo lo que se da en nuestro campo de acción, cómo desfilan ángeles sin alas, maestros severos y cientos de maestros amorosos. Muchas veces es nuestra elección aprender a través del dolor, o creemos que “lo merecemos” flagelándonos porque las expectativas no fueron cubiertas, pero con singular alegría y total honestidad segura estoy que no es utopía que si deseas puedes aprender a través del placer, del gozo y más aún de esa sustancia maravillosa de la que todo está creado… “el amor”. 

No hay necesidad de pasarla mal para aprender la lección a menos que te resistas a ver la señal, a mirar esa flecha amarilla que pese a convertirse en una fijación, te dispones a ignorar quizás por vivir apegado a una ilusión, a lo irreal, a lo efímero, ¿por qué decidir sufrir?… es real que, también a estar bien se aprende, encontrar el camino del vuelta al origen, disfrutar de ese tenerlo todo como cuando estabas alojad@ en el vientre de mamá, ahí donde no faltaba nada, donde había alimento, abrigo, amor y protección, a lo mejor cuando entendamos que somos uno, que tú eres yo y yo soy tú y que en este andar  nosotros elegimos los espejos en donde nos vemos reflejados, pero si hay algo de lo que no debe caber la menor duda es que, ¡Siempre  vale la pena sonreírle al espejo! . Ahora te toca asumir la tarea maravillosa de arropar a tu niñ@ interior, sólo sigue la flecha amarilla y resulve el acertijo, siempre guiado por una energía superior.

Con tanto y nada qué decir…


Como siempre la hoja blanca me reta, de repente tengo tanto y nada qué decir.

He viajado sólo un poco, he conocido cientos de personas, he visto miles de sonrisas, he dado muchos abrazos y he leído unos cuantos libros, mismos que si bien no son escasos entre más los repaso en la memoria, veo que son realmente pocos. Ahí en esas conciencias compactas y apiladas, me he encontrado con muchísimos personajes que le han regalado plusvalía al alma mía por el simple hecho de hacerme vivir con ellos historias que en carne propia no me tocaría.

Hace unos días alguien me dijo que la soledad era mala compañera, pensaba en la diferencia entre soledad y aislamiento, y para saber estar con uno mismo se necesita un mundo interior, si no lo hay, imposible estar contigo… sólo así se disfruta la soledad, sino, ¡aléjate de ella¡.

Hoy domingo ha sido un día de pijama, café y libros y así estas horas  se han convertido en mi eternidad porque me he movido en forma perfecta y debo decir que ya no pierdo el tiempo haciéndome preguntas tontas, sólo intento pararme de manos y tomo café enviciada, pensando en detalles de los que quizá poca gente piensa, como por ejemplo: ¿a dónde fue mi alma anoche mientras en apariencia dormía?, o, ¿cuál será la edad biológica de mis órganos?, en fin, detalles que un día probablemente sepa.

Escucho el ruido del ferrocarril que pasa por las vías cercanas  de mi casa y me viene a la mente se poema mío del tren y del viajero, me siento con la mente un poco en blanco debo decir, tal vez hasta taciturna. Esta hoja es un espejo implacable de mi misma, en donde puedo volcar libremente esas palabras mágicas que comencé a balbucear desde mis primeros años, tal vez durante un tiempo, hubiera querido que mi lengua nunca se soltara, pensé tanto tiempo en voz alta que con sublime y cínica  frescura no guardaba nada para mí, pero ahora, todo es distinto, hoy día me expreso sin hablar, inclusive debo decirte que estos dos días no he cruzado palabra con nadie, me he concentrado en mi autocrítica, en el ruido de los niños al jugar fútbol a media calle, en los pasos de los vecinos del piso de arriba, en los ladridos de Bruno, el perro de mi vecina y los autos que pasan a toda velocidad.

Estos dos días he respirado magia, la pura palabra se ha manifestado inclusive en los programas de televisión, en las películas y en los libros que decidí repasar este fin de semana y así es como ésta febrilmente se ha acercado a mí, haciendo que me replanteara cuán profundo es lo que creo y la convicción que tengo en las cosas que hago, con cuánta seguridad he dado mis pasos y qué tanta fuerza llevan mis deseos y al final, un sabio me dijo que “Fe significa confiar en la vida de manera absoluta que se está dispuesto a ir a cualquier parte”, pensaba también que, he sido valiente para un sinfín de cosas y absurdamente cobarde en las inimaginables. Se dicen muchas historias de acuerdo al cómo dirigimos la fe y con esto viene a mi mente el mago Merlín y te confieso que me habría encantado vivir o recodar a santo y seña la época del Rey Aturo para conocer al mago  alquimista que me tiene hechizada por todas sus hazañas en Camelot y así creo que todos tenemos una espada enterrada en una roca que nos sentimos incapaces de remover, de todas maneras, el mismo Jesucristo lo dijo: “Si tuvieras fe como un granito de mostaza podrías decirle a una montaña ¡ven! Y ésta iría”,o bien, bastaría recordar aquella escena en la que caminó sobre las aguas con singular maestría apaciguando vientos y oleadas. Vaya que es emocionante reconocer que no somos seres limitados, luego de lo ordinario y confuso, es muy valioso saber que tenemos ese potencial de redescubrirnos tras de cualquier situación y salir victoriosos y tal cual Rumi, hoy por hoy mi poeta favorito decía: “Somos espíritu atrapado por las condiciones como el sol en un eclipse”.

Ahora que estoy sentada en mi sofá color chocolate ante un portátil a la orden pienso en la delicia de llevar la mente a otros lugares, a otros sucesos, yendo un paso más allá de donde estoy parada sin dejar de vivir mi aquí y a hora predisponiéndome a las situaciones maravillosas para luego hacer un recuento de todos los milagros del día a día.

La vida es de colores, deja el daltonismo que te ha invadido y redescubre sus matices, recupera sensibilidad y deja que las yemas de tus dedos disfruten todas las texturas habidas y por haber, que todos tus sentidos se complazcan con el aroma de las flores, la calidez del sol, la luz de la luna, lo dulce de tu voz  y  tus propias carcajadas asumiendo tu presencia con total conciencia haciendo de ti una verdadera revelación…

Con total lucidez siente tu magia, deja de resguardarla y úsala para llegar a donde quieres…  Aquí y ahora sin dejar que la vida discurra porque sí.

Sustantivo colectivo, infinito, espiral…


Caminaba ensimismada entre medio de la gente y ahí te vi, en los rostros trazados con perfección,   en el viento helado que calaba los huesos te sentí,  reconocí tu fuerza… ahí estabas, seguí caminando y te mire, disfrazado de árbol sin hojas, sigiloso avanzabas, sutil, como siempre en medio de caos. De pronto voltee y te convertiste en niño, de grandes ojos grises como canicas,  pestañas tupidas y rizadas, me observaste, me sonreíste con tus labios color sangre, te sonreí usando tu par de dientes como argumento.  Seguía mi andar por esa larga y antigua avenida de la imponente Barcelona, continuaba tu fragancia impregnándome el alma, en el aroma a pan caliente te saboreaba, miraba hacia el cielo artesanal creación  tuya como yo, una partitura más  del himno incesante de la vida.

Mis ojos te buscaban y me tope contigo, poético y misterioso ibas en el cuerpo de un anciano de chaqueta escocesa en tonos marrón,  ojos hundidos, cara surcada por los años incansables y cejas pobladas, caminando muy despacio me diste los “buenos días”, te escabulliste entre los transeúntes y yo seguía derecho, al cruzar hacia la acera de enfrente, vi una rosa color salmón, de nueva cuenta apareciste empapado de roció, con tallo largo verde intenso y espinas grandes y filosas, tratada con cuidado por las manos de aquel que visitaba a su musa.

Escuche los pájaros  cantar algunos versos y reconocí tu voz, mire hacia el sol estabas teñido  color  oro, de un sutil fulgurante, no intenso pero como siempre asombroso, bañando la ciudad pese al viento insistente y así llegue hasta tu casa, me recibieron esos dos leones de cantera, vecinos uno del otro entre las naves de tu altar, incansables cargando esos pulpitos que son parte de la historia de este sitio, testigo de la guerra civil, piso de mosaico, blanco negro, blanco negro… esa eterna dualidad en donde me sentí como una pieza de ajedrez y de pronto, te veo, en la cruz como siempre, con la mirada agotada y el cuerpo adolorido, ultrajado pero misericordioso, humillado pero amado, amado por una loca como yo, una loca que te piensa fervorosa, que te grita y te suplica que te bajes de esa cruz,  la envuelvas en tus brazos y  le sanes las heridas. Asumí tu silencio, tácito, vigilante y en intimidad, me persignaste con tus dedos de fabula, me diste un beso en la frente y nuevamente te convertiste en viento, y así, como llegue a tu casa viniste a mi lado en el regreso a la mía y todo me  parecía sustantivo colectivo, infinito, espiral…

Mis átomos giran ya sin argumentos


Mis átomos giran ya sin argumentos, van sin mapa y han encontrado su norte… yo misma.  Voy descubriendo formas exquisitas de vivir, de disfrutar de los pequeños placeres, adoro contemplar la luna insinuando majestad, andar por la calle y descubrir miles de rostros de héroes anónimos, desmoronarme con la sutil divinidad de las sonrisas y descubrir los secretos de los segundos.

Palabras, como siempre, entre más hurgo en mí más se pierden en esta loca alma vieja.

Ahora que hablo de héroes y heroínas anónim@s, es por la fecha inevitable no pensar en nosotras las mujeres y cómo muchas veces pensamos irracionales con las entrañas,  recorro de vuelta un trozo de mi andar y me veo con mi madre, esa mujer que hoy tiene arrugas de pergamino y alma de diamante azul, la recuerdo podándome las alas con sus regaños constantes, retándome a dar el máximo  siendo el sarcasmo su mejor carta a jugar conmigo. Hoy que tengo ya 30 años, en la soledad de la nada, veo sus ojos y veo los míos, como todo… ¡somos una!, como todo, ¡somos un espejo!, y como todo, ¡ella es mi todo!.

Hace viento, como presagio de película apocalíptica pero con certeza, ese viento es lo mismo que yo, es lo mismo que  tú, es lo mismo que las rosas bellas, es lo mismo que las aves en parvada, es el prana de la tierra, es sólo un suspiro universal.

Hoy no hablaré de mis pies, no usaré poemas, no mencionaré que hice, no platicaré que leí, no describiré qué me rodea,  no jugaré con las palabras, más bien gozo del amor que ilumina mi alma e igual deseo que lo goces tú.

Pasaba por aquí y deseaba saludarte, no tengo mucho qué escribir, sencillamente hoy no porque entre el cielo y la tierra, todo ha quedado escrito. Quizás valga la pena compartirte un trozo de un poema de Rumi…

¿Quién hace estos cambios?
Disparo una flecha a la derecha
Cae a la izquierda.
Cabalgo tras de un venado y me encuentro
perseguido por un cerdo.
Conspiro para conseguir lo que quiero
Y termino en la cárcel.
Cavo fosas para atrapar a otros
y me caigo en ellas.
Debo sospechar
de lo que quiero.

 

¿Lo ves?, finalmente terminé compartiendo renglones extras…

Hoja blanca y no blanca


Desentumo las neuronas, y me observo los dedos de los pies, frágiles, sabios andantes, pies que han caminado de entre los escombros, que han subido hasta las nubes, que han surcado el trayecto. Estoy sola en casa, enciendo una vela como si deseara que esa luz penetrara hasta el efímero tuétano de mis huesos y trascendiera e incendiara mi cuerpo sutil. Tengo frente a mí una hoja en blanco, una hoja taciturna que quiere ser mi amiga, desea que le cuente todo lo que se de mi misma. Ahora que comienzo a conectar mi conciencia al teclado, esta hoja ya no en blanco se ha convertido en mi espejo y al observarme ahí, no hay tiempo ni espacio. Parpadeo, me sigo observando y comienza mi monólogo frente a este espejo, hablo de mis mejores historias y me reprendo, porque la historia es pasado mismo y mi regla hoy es que desde que guardé mis pasos coleccionados, nada más importa, sólo este segundo, sólo el amor que me fulmina, entrañable e imperecedero, tan real como que la gravedad existe, amor que sin él no soy nada, amor que respiro y se contrapone ante el miedo y la duda. Estoica, no más épica de mí. La hoja ya no en blanco además de mi espejo, se ha vuelto mi cómplice y dialogamos ininterrumpidamente, creamos poemas, juegos de palabras y nos convertimos en psiquiatra y loca. Esta hoja ya no en blanco, creo que venía en el puño de mi mano cuando salí llorando del vientre de mi madre, venía íntimamente ligada a mí como un recurso para sobrevivir cuando habité en la ciudad de la nostalgia. Blanca y no blanca, es como yo la quiera, corre el riesgo de que le cuente sandeces y la vuelva igual de loca que yo. Pobre hoja blanca, bendita hoja hoy no blanca, sabe de mi retórica y no hace alarde de aguantarme… Vivo sometida al cambio, al movimiento, y mi hoja blanca y no blanca, va aconteciendo conmigo.

Lineas exorcistas…


Creí que me había vuelto un tanto inmune a los cambios de escenario pero no, sin embargo, estoy segura que mi alma está verdaderamente consciente de ese deseo intrínseco de encontrar aquello que esta quién sabe dónde.

Como el zorro y el principito, fui domesticada una vez más…

Cierro un ciclo, agradecida,  mi ánimo oscila de un lado a otro como un péndulo y un gato gris me observa como si me leyera la mente, ¿será que ahonda en mis pensamientos?, creo que está escuchando mi silencio. Él debe ignorar mi facultad oratoria, sólo me acompaña a estar sola, ¿me mirará ausente?, ¿me retará sabiendo que los gatos no es que sean mis animales favoritos?. Siempre he pensado que son aduladores en demasía. Se ha ido ya, caminando soberbio, quizás sepa lo que pienso respecto a los gatos.

Me he vuelto adicta  a cosas tan simples y llanas como caminar por en medio del camellón  y llenarme del aroma de las flores que aguardan esperanzadas que alguien las compre al florista, ¿añorarán ver la sonrisa y volcarse en la emoción de quien las recibe?… no lo sé, pero a mí me encanta su aroma. Me gusta pararme de cabeza y suelo dormir en posición fetal, amo pintarme las uñas de colores y cuando la lluvia azota la ventana, suelo comer cereal sentada en la alfombra al estilo indigente y tengo fijación con los pies. Creo que ya veo epifanías en todo lo que me rodea.

Estoy esperando al hada de las palabras pero no llega, yo busco la mejor versión de mi misma y así cierro un ciclo maravillo, lleno de gente mágica,  amigos entrañables y compañeros incondicionales.

Tengo la certeza de que me aguarda un renacimiento, pero mejor, me quedo disfrutando de mi eterno presente, hoy por hoy, es lo único que tengo.

Y la noche…


Grietas, éxtasis, trivialidades y miserias…  Y entonces me conecto con la conciencia del divino mientras las palabras mismas se convierten en espectadoras. Obstinadamente, miro, amo y sonrío pero como buscadora nata disecciono  mi existencia, me observo y fascinada me redescubro, porque al redescubrirme a mí, te redescubro a ti y así es como he vuelto a mí misma, ya no soy ausente de mis días, ya no me extraño tanto porque simplemente mis pasos han perdido la memoria, ya no se por donde anduve, eso decidí olvidarlo. Las estadísticas e inventarios del ánimo, los amigos y los días han dejado muy buen saldo mientras la memoria de esta mujer se recrea, ecuánime, solitaria, agradecida, avanza  y ruidosas bendiciones le cortejan. Jugaba  y perdía, jugaba  y perdía… delirante perdía también ese camino de dentro y a la par esa libertad intrínseca con la que nací.

Equilibrista, quizás dubitativa de pronto, pero equilibrista soy. La noche está contenta pero distante, propia del universo, tan propia de éste como yo misma, mucho más sensata que todos y yo me disuelvo en el negro para restituirme en el amanecer.

Hoy no tengo mucho que decir, ¿será porque ya todo esta escrito?…