¿Qué se yo?…


 

Sentada, observando las paredes tácitas, como muertas pero consientes, es como si mi propia piel se reflejara en ellas, como si ambas guardáramos secretos, encerradas en el mismo espacio y así contamos al unísono los minutos esperando qué se yo…

A veces la soledad parece incontenible, y ese sentimiento híbrido del sentirte sólo y saber que no lo estás se convierte en una lucha interior entre magia y razón,  y aún cuando la noche parece un abismo abierto, la luz flota con la luna como recordando qué se yo…

Los días llegan llenos de promesas y a veces yo me creo alguna, estériles, como cuando se busca sembrar en tierras erosionadas y el sol sonríe, no sé si mofándose de mi ignorancia o tal vez con actitud para ayudarme a cargar el peso de las consecuencias o qué se yo…

Pero, ¿Qué se yo?… nada, puede y sólo sienta sin saber, sólo a momentos me vuelto consciente de mi propia incongruencia, de la asimetría de mis sueños y limitantes y la disparidad  de lo que desearía sentir y lo que realmente siento, quizás sólo sé que a veces se me olvida quien soy, que todo es temporal y que siempre entrar a la cueva del corazón es un riesgo porque ahí habita la loca, caminando descalza, la loca que fundió ahí su existencia como si no tuviera más que eso, la loca que expresa siempre pensando en voz alta porque si no lo hace así cree que miente, que peca por omisión, vive la loca con sus pensamientos incoherentes, quien ha puesto pausa a sueños, eso que se mezclan con la realidad y tan se mezclan que se pierden y hasta se olvidan, ¿qué más se yo?…  quizás que hay que observar cómo se van otros seres,  que el desapego aunque difícil es práctico, es objetivo, es solución, que si abrazo mi propio centro nada ocurre y que siempre se puede bailar en medio del caos, en medio de las lágrimas, en medio de las despedidas, bailar para recordar que se está vivo.

Observo los objetos que me rodean, observo el espejo solitario porque no estoy yo ahí, no estoy frente a él traspasándome con la mirada, porque no estoy ahí viéndome surfear las olas de mi propio mar y en esta recámara de 3 x 5 me despliego, me escurro y el corazón se derrite conmigo durante la noche, y que si bien incuba todos los deseos del universo, los libera en la penumbra como dejándolos en resguardo del creador.

Observo mi sombra en la pared, mi silueta, esa forma oscura que proyecta ni más ni menos que como decía San Juan de la Cruz: “La noche oscura del alma”, ni pensar que esto es un juego de la misma luz, de la ubicua luz que lo conjura todo, que es magia por sí misma, tal vez deba hoy abrazar mi propia sombra, esa que es infinita y salpica, brilla y se seduce a sí misma.

¿Qué más se yo?…

Quizás sepa que los tatuajes que traigo en el cuerpo me recuerdan mis propias promesas, que su pigmento es como tantas personas que pasan, dejan huella y deciden irse sigilosos esperando y no me percate. Puede y me recuerden perfilados, entre ausencias y silencios,  que toda pasa, que todo cicatriza y que aún cuando el mismo dolor anestesia la vida es un ritual.

Quizás esta noche lo único que sé  es  que eso que no tiene fuego, que no agita, que no cimbra… NO TRANSFORMA.

Mi efecto mariposa…


Justo en esos momentos en los que parece que no tengo nada que decir es quizás cuando más persigo las palabras aún cuando tampoco tenga noción del qué ni del cómo deba transmitir lo que deseo y lo que pienso fielmente.

Atemporales, así creo son los segundos y me siento como la mariposa del efecto, esa que es parte del marco de la teoría del caos… mi propio caos, creo en Henri Miller: “el caos es la partitura donde se escribe la realidad”. Si, sé que estoy expresándome muy rebuscadamente pero lo esencial aquí es “querer expresarse”, qué más da si uso métrica, rima, prosa, verso,  acentos o digo algo o nada.

Es 24 de abril, en este intervalo de tiempo de entre la primavera y mis 31 se intercaló un sueño que me cambió no sólo la perspectiva sino toda yo, vi nuevamente la fisionomía del amor y la toqué con las yemas de los dedos y eso mudó mi piel como lo hacen las víboras, esta combinación insuperable de locura y osadía que danza en el núcleo de mi existencia son finalmente las alas de la mariposa… mi mariposa, yo mariposa, la que provoca su propio caos.

Aún cuando las mariposas lloremos por dentro,  entre toda nuestra fragilidad hay una fuerza irreal que reside en nuestra propia alma, que si bien a veces el dolor nos anestesia sabemos de otros métodos, tenemos nuestros propios antídotos y volamos, nómadas hasta el fin restaurando nuestra esencia, reforzando el corazón y la misma fe siempre que sentimos las alas más frágiles que otros días.

Si, los dedos escriben por órdenes del corazón… siempre manda, decididamente manda y no hay remedio, hasta la piel le obedece, los ojos, la vida, la risa, guste o no es el eje, el viento de la mariposa… mi mariposa, yo mariposa.

Si la mariposa se queda estática, silenciosa, sin provocar caos, su propio caos, probablemente se vuelva loca, es parte de su naturaleza y si el orden viene del caos, quizás haya entre toda su locura una pizca de sabiduría, aún en su proporción más escasa y si estas emociones tuvieran fin, serían quizás como el resto de las emociones… volátiles.

La mariposa sólo absorbe la fragancia, vuela, sonríe, quizás por momentos pare y recuerde que ya no es una oruga, porque a veces lo olvida pero vuela nuevamente como una loca no sólo con las alas sino también con el corazón expandido aún cuando vaya inconsciente fluye desde su propia gracia.

Aquí y ahora… la mariposa que a veces se siente oruga y aún en metamorfosis discurriendo y construyendo.

Pacto con una flor


Es sólo un pacto con una flor

"Extraños peregrinos doce cuentos"

Siempre que tengo oportunidad, me pregunto qué estoy haciendo aquí, y no hablo de estar sentada frente a un teclado paciente y acribillado por mis dedos, tampoco hablo de incoherente soledad, sino más bien hablo de los años, hablo de que,  he querido y he jugado a ser tantas cosas que el papel más complicado resulta a la hora de desnudarme frente a una hoja en blanco, se que ahí no puede haber calumnias, se que ante tremendo santuario no puedo vulnerar la verdad absoluta de mi propia radiografía.

Me ha tomado mi tiempo comprender  que todo está escrito, que quizás en mi afán de jugar con las palabras sueño despierta y creo que hay algo que se escribe en mi corazón todos los días, más allá de los recuerdos y mi vida épica, tengo la osadía de asegurar que tengo una despistada vocación de pseudo escritora, atrapada tras las rejas de mi misma y cubierta con la misma piel del tiempo, impermeable y  tal vez hasta callosa, y así voy discurriendo con Henry Miller en la cabeza, espero y esto no sea para él un insulto prolongado, pues no tengo la culpa de sentirme apasionada por él ni por mis únicos, grandes y verdaderos amores dentro de este mundo tan efímero: los libros.

Particularmente hoy, mientras escucho llover y granizar,  pienso en esa combinación insuperable de confusión y locura bajo la que vivo no sólo aquí y ahora, sino todos los minutos difuntos, creo que desde siempre he sido distraída, María (mi madre) siempre me lo ha dicho y ahora que me veo inmersa en el mundo de la consultoría afirmo que su teoría sobre mí está más que comprobada… mal augurio, no quiero padecer nunca de demencia senil, más bien quiero sonreír mucho aún sin dientes, total, ¿qué más me dará recordar mis pecas infantiles o los poemas que hoy me gustan?, tal vez volveré a ser niña y ¿por qué no?… cantaré otra vez como solía hacerlo, aunque, definitivamente no podré esconderme bajo la cama del Padre José para jalarle los pies como cuando yo tenía 7 y él llegaba cansado de celebrar y se quitaba los zapatos, no, creo que mis travesuras serán distintas, lo único que deseo es que la insuplible pizca de locura que tengo mantenga la dosis adecuada.

Es un hecho que no se de filosofía ni tampoco soy la gran pensadora, hoy por hoy, sólo soy una yoguini comprometida probablemente con ella más que nunca, soy víctima de las letras voraces y estoy poseída por una extraña presión de liberar todas esas ideas que han permeado en los mantos mentales y enmarañados de mis historias imprevistas, algunas sólo han quedado plasmadas en las epístolas en prosa y en verso  de mí a mí y de mí a Dios en un viejo cuaderno tachoneado y remendado con diourex, en el que igual hay crónicas de este exorcismo anunciado, como notarás, soy víctima de mi propia locura.

La tarde noche es sombría, en casa hay un silencio supremo y casi inmaculado, de no ser por mí que saco todo cuanto puedo a mil por hora,  sólo estoy yo desfragmentándome para volverme a arma cual rompecabezas clásico, por ahora no puedo pensar en nada más que en reconocer a todos esos escritores y poetas que fueron maldecidos desde que vivían en las  entrañas de sus madres, que traían ya la fijación en sus aparentes limpias memorias que probablemente venían ya con el hábito compulsivo de escribir desde vidas añejas y desfragmentarse para transportarse a donde se les diera la gana con tan sólo una pluma valiente, capaz de escribir lo que fuese que le dictaran, así como mata un asesino a sueldo, así la pluma lo daría todo entre líneas, desde las ideas más sutiles y celestiales, hasta las más perversas, sensuales, con ADN de alquimista en su tinta infalible, siempre mágica y sumisa.

Mi proceso expansión hasta hoy, ha sido como cuando madura una fruta, dándome de topes finalmente cedí ante el tiempo, comprendo que mi naturaleza tiene un momento especial, en el que la anatomía de mi alma cambia provocándome huracanes cerebrales que indefectiblemente me muestran que después del caos viene el orden, ¡Ja!, si es que llega, en tanto yo, con mis lentes tatuados con mis huellas digitales me cruzo de brazos, y observo las libélulas que rodean mis fotos y pienso que no he leído nada más erótico  que Trópico de Cancer, esto es volviendo al tema de los escritores consagrados, así que, le consigné algunos renglones al igual que don Quijote para guardarlos en mi memoria, para que permeen y un día pueda extraerlos disfrazados de mí en alguna otra hoja en blanco.

Esas son las buenas influencias, ¿por qué soy tan benéficamente maleable por ellos?, ¿por qué como espectros se asoman Borges y Benedetti?, sin mayo pretensión, guardo entrañable en un amigo libro una flor que un día dibujó García Márquez, flor que se ha convertido en un presagio, flor que  me fue tatuada más bien en el alma como sello de un pacto irrompible, tal vez cuando ya no esté más turulata y reine al fin la cordura todo eso quede finamente escrito.

Agradezco que, el mismo temor me ha vuelto temeraria, que la niña pecosa y de sonrisa de dientes que se petrificaba por lo que fuera es una niña estoica, con las mismas pecas y la misma sonrisa pero con el alma más vieja y el corazón henchido de amor.

Quizás más bien deba aprender a como Henry Miller, hacer un pacto conmigo y no cambiar los renglones que escribo, no intentar perfeccionar mis ideas ni mis acciones, además yo misma lo digo “Soy una imperfección perfecta”. . Hoy creo que, una revolución inició en mí casi 8 años atrás por una simple flor, o tal vez desde cuando tenía 5 y leí en mi columpio a los hermanos Grimm, no lo sé, quizás lo único que tengo claro es que, después de muchos pasos por aquí,  vitalmente me conquistaré a mi misma así como me han conquistado ellos.

De mi universo al tuyo…


 

Siempre que se acerca Navidad, me da por hacer un viaje interior, un conteo de cosas y personas extraordinarias que me rodean, un inventario de bendiciones y una evaluación de mi siembra y cosecha, porque aún cuando pensemos que hacemos lo correcto, hay una especie de boomerang que nos otorga lo que damos. Como cada fin de año, he decidió compartir contigo este viaje y comenzaré por decir que una de las lecciones más importantes que aprendí, fue comprender que el “Ahimsa” o “no violencia” empieza por nosotros mismos, que puedo crearme una vida amorosa iniciando por cuidar mi diálogo interno, por vigilar cada uno de mis pensamientos, por comprender que se puede aprender a través del placer y no del dolor escogiendo a los maestros adecuados, que todo lo que me rodea tiene vida y que finalmente cada una de las decisiones que tome, tendrán un efecto que determinará mi futuro, tal vez esa sea la mejor habilidad a desarrollar para ser el vidente perfecto jugando con nuestras mejores cartas del día a día sin tomar ventaja de nada ni de nadie, dando siempre lo mejor de nuestro ser.

Me observo hoy como una cebolla, a la que la magia y este gozo por estar aquí y ahora, le han quitado una que otra capa para conseguir eso que es esencial, eso que como dice Antoine de Saint-Exupéry, es invisible a los ojos, que no se vale predisponerse a nada porque si me salgo de este instante, seguro me estaría perdiendo de mucho, me perdería de la magia al observar cómo es que mis dedos teclean bastando con desear hacerlo, me perdería del frío que estoy sintiendo en los pies y de cada palabra que va haciendo fila como soldadito dentro de una guerra de ideas, me perdería de la textura de mi sofá, del sol insistente que se cuela por la terraza y también de la conciencia de mi postura al escribirte, de mi respiración y gusto regalarte estas líneas.

Hay sueños que este año cobraron fuerza, unos fueron suplidos por otros, otros definitivamente algo que se llama intuición me dijo que no me convenían y algunos de los más grandes fueron esfumados por esa fuerza sutil y sublime que a sabiendas de lo conveniente para mí y muy a pesar de unas cuantas lágrimas me fueron arrebatados dejando vacíos que fueron llenados por otras bendiciones, algunos siguen huecos y yo así ejercitando mi paciencia, ha sido como iniciar a resolver un acertijo que, aún no termino, sin embargo, nunca nadie dijo que sería fácil, y como cuando nací yo no traía instructivo pues encontrarme ha sido una constante negociación con el tiempo, con Dios y con la fe misma que a veces ha jugado al escondite mientras yo cuento hasta el 10,000 sin hallarla por ningún sitio, de pronto, sale de ese escondite que te cuento y me sorprende con cosas inimaginablemente extraordinarias, y así he vivido todo este tiempo, espero que un día, pueda acogerla para no soltarla nunca, compartirla y por ende acrecentarla inquebrantable.

También es trascendental mencionar que, muchos libros me nutrieron este año que ha volado, esta ha sido una forma de aprender y que por las noches permea en lo más íntimo de mi subconsiente, vaya forma de entrometerse y formar parte de mis creencias. Mis amig@s de siempre están ahí, a veces creo que he abusado de su cariño al contactarles escasamente, pero por favor créanme que están presentes en esos espacios de meditación y plegaria y si tú, estás leyendo esto, aprovecho para ofrecerte una disculpa por no llamar, por no escribir, por perderme y vivir ensimismada, aún así, segura estoy de que sabes que te amo, porque querer es del ego.

Bueno, la cuestión es no abrumar, se trata sólo de agradecer el ramillete de bendiciones que conseguí este 2011, de mandarte un abrazo mediante este texto que es como un espejo de lo que hoy soy, de bendecirte porque si te has tomado el tiempo de leerme es porque esto es para ti. Gracias infinitas a la vida por ponerme en el momento preciso y en el lugar oportuno, gracias a ti por ser y sobe todo por estar.

La luz y el amor divino en mi, honran la luz y el amor divino en ti… Namaste.

Tejiéndo vínculos con mi luz


Colores, imágenes, sonrisas ametrallan la memoria, como bálsamo y caricias para el alma y así, sin vislumbrar hacia afuera porque mis ojos se han quedado ciegos disfruto de un tango argentino y alucino mientras lágrimas escurren sin nublar lo ya condenado a la oscuridad.

Canto, acogiendo lo sucedido y observando mi espejo interior. Los años han pasado afuera y yo sigo igual de indómito, insolente y gozando, quizás lloro por lo que es, quizás canto porque sé que todo esto es temporal.

Doy un sorbo a mi tinto, y hoy tengo la convicción de que la única luz es la eterna y mi lazarillo, echado ante mis pies, sosegado parece inmune al tiempo. Mis ojos inertes, se han convertido en mis maestros más excelsos, me han abierto el alma como un ropero obligándome a vaciar lo mejor de mi espíritu cansado, y yo, presa de la nostalgia reemplazo mi mundo viejo por uno lleno de exquisitos sabores, de actitudes antagónicas y deseos caprichosos. Sólo soy un hombre viejo a nada de cambiar su vehículo aunque   me he convencido de que tengo vocación para la invidencia, creo que Borges me entendería a la perfección, irónicamente somos hermanos, hijos  de la oscuridad.

Sigo siendo igual de ocurrente, y antes de que los ojos se me desgastaran, me embriagué de estrellas, todavía recuerdo esas calles estrechas y empedradas, llenas de ecos domingueros que disfruto cuando quiero respirar compañías. Me gusta sentarme mientras mis oídos me cuentan historias ajenas y yo, a partir de ahí me invento novelas y saco del sótano imágenes guardadas como fotografías antiguas rostros que un día vi y quedaron tatuados  en mi cerebro. Me gusta escuchar repiquetear las campanas añejas de la capilla cercana a mi casa, las escucho tan gallardas y me hacen retroceder a mi infancia, cuando era monaguillo aún en contra de mi voluntad, pero,  algo bueno me dejó esa experiencia: me uní fuertemente al Divino Maestro, me gustaban esas historias que solía escuchar en los evangelios y cuando perdí la visión, soñaba que él llegaba y posaba su mano cálida y formada como un cuenco sobre mis ojos con toda la voluntad y su maestría para conseguir que perdiera mi ceguera, más tarde comprendí que quizás quien no quiso ver más, fui yo mismo, tal vez porque descubrí un mundo interior que ignoraba que existía, quizás porque me descubrí vulnerable y sin máscaras, puede y me gustó lo que vi, paradójicamente a mis casi 80 años, me reconcilié con mi niño interior y repito que, me he convencido de que la verdadera luz, es la eterna. Vivo, y todo discurre desde dentro de mí, Excelsamente, estoy en un eterno romance desde este estado de conciencia, voy andando dentro de mi laberinto interior en el que a veces ciertamente me pierdo, pero luego me vuelvo a redescubrir sintiendo alivio de llegar nuevamente conmigo.

A veces creo, que vivo en el centro de este universo infinito, e imaginándome así, me siento a observar mi propia película para inventariar todas esas cosas que la vida me ha dado en mi paso por aquí. Tomo mi bastón y en sincronía dibujo un espiral en el suelo, una y otra vez repito el movimiento como si se tratase de una terapia. Ovaciono la vida, he despertado destrezas que no sabía que tenía y que me llevaré el día que deje este espacio para volverme a unir con los míos.

El reloj dice que van a dar las 7 de la noche, seguiré tejiendo vínculos con mi luz para luego hacer mi crónica de desapego con lo que antes fue, mientras Dios me arranca la promesa de que mañana seré más feliz que hoy.

 

Es sólo mi radiografía


Me siento lista para tomar una radiografía de lo que ahora soy. He pegado los trozos del espejo y luce singularmente espléndido, listo para que te reflejes en él.

Abrir el alma puerta a puerta para que entres, eso haré, quizás ya vivas aquí aún a kilómetros de mí, no tiempo, no espacio, parte de mi todo.

Son meses de entrenamiento y así, aprendí a caer, aprendí a liberar la nostalgia y redescubrí una mejor versión de mí sin importar las vicisitudes del trayecto, desde mi postura del águila supe cuán alto se puede llegar, con una vinyasa entendí que se puede saludar al sol aún en una noche oscura, parada de cabeza me convencí de que aún con todo al revés se puede conseguir equilibrio, mediante mi ásana del guerrero libré batallas internas y parada de manos supe que de verdad le tengo pánico al miedo y que lo más delicioso de emprender un viaje es saborear cada paso, ¿qué más da caer si también es un arte saber hacerlo?.

Mi hoja blanca se complace en ser portadora de buenas noticias, porque ella es testigo de lo sinuoso que fue emprender el viaje desde que sollocé al salir del cálido rincón de esa gladiadora que fue mi vehículo de llegada aquí y ahora.

Cada día solitario, transitante  y efímero me trae azar y circunstancias que con sus haberes y teneres me han permitido crear un monopolio de magia, hechizante como la diosa luna color plata,  y yo,  silenciosa encuentro formas y más formas de honrar lo que me habita y es que  dentro de estos kilos de huesos disfrazados de mí, hay un ser intangible que brilla en medio del éter.

Lo elemental… eso me rige y cómo lo reflejé en un estado pasado, Yoga hoy para mí es cuando me reconozco humana, vulnerable, sumida en mi imperfección perfecta, apegada, producto no terminado, pero en la misma medida amorosa, dispuesta, espontanea, paciente, con el corazón abierto en constante gratitud y en encuentro permanente con la magia. Yoga es para mí, el medio y el fin para llegar conmigo y agregaría que, simultáneamente  para llegar a ti, porque tú eres yo y yo soy tú.

En mi vida había visto un cielo como este aún nublado…. ¿será que nunca había estado tan atenta?. Desde que la noche es noche con o sin estrellas es reveladora, tan letárgica como feliz, siempre adaptándose a lo que quiero, vistiéndose de aflicción,  romanticismo, nostalgia o fiesta, ¿no es hermosa?, ¿será que esta noche es también mi espejo?… quizás, pues no somos más que el reflejo del universo mismo.

Mi radiografía de hoy, se consume en la hoguera de mí… complacida por supuesto y honrada por vivir una noche más.

Volviendo al origen


Son dos meses que han transcurrido sigilosamente, y aún así, dos meses trascendentales, puede y no sea una muy buena comparación, pero me gusta observar cómo cambio de piel tal cual lo hacen las víboras.

Van a dar las 12.00 md y he tomado mi café. De un tiempo a la fecha,  no es que los aeropuertos me encanten, sin embargo, he aprendido a disfrutar de cada momento, de cada rostro, de cada sonido y ¿por qué no decirlo?, hasta del bullicio. Veo a gente de colores, de cualquier rincón del mundo, muchos quizás hacen viajes de descanso, otros de negocios, algunos visitan a seres queridos y muchos quién sabe cuántos van en la búsqueda de ese sueño que  latente ha tocado su puerta, también, he observado padres  llorando despidiéndose del hijo que se va. Escucho maletas arrastras llenas quién sabe de qué, tal vez  de recuerdos, de regalos, de despedidas, de vanidades, de frustraciones, de miedos, de disfraces, de nostalgia… yo sólo espero que no pesen mucho, o quizás que a su regreso vengan o más ligeras, o vacías o por lo menos llenas de novedades, sin duda alguna de experiencias.

 Escucho pasos que van a letárgicos, como resistiéndose a avanzar, escucho andares determinantes y tenaces, puede y tengan claro a qué van y eso suponga ilusión, hay quien corre y va sonriente y yo desde este café deseo  encuentren aquello que buscan y resuelvan su acertijo.

A pesar de que no había entrado a este rincón, confieso que siempre hay algo que se escribe dentro de mí, es sólo que no siempre me siento capaz de expresarlo en letras, ideas escurren y algunas se van cristalizando, otras huyen de mí o quizás yo huyo de ellas, el punto es que como nada es estático voy encontrando también otras formas de expresarme y con asombro redescubro señales y más señales, resultándome imposible no recordar las flechas amarillas del camino de Santiago de la Compostela.

En un puñado de incontables ocasiones, habrá que regresarse, habrá que tomar vías alternas, un atajo o sentarse a descansar, pero ojo… nunca detenerse.

Un gran hallazgo cientos de veces leído, es que, cierto es que si me pongo  atenta puedo ser testigo de cómo se van hilando circunstancias, y tal cuál una araña teje a su tela, a nosotros nos toca tejer acontecimientos, y aunque cuando nos cueste trabajo ser consientes de ello, es mágico ver todo lo que se da en nuestro campo de acción, cómo desfilan ángeles sin alas, maestros severos y cientos de maestros amorosos. Muchas veces es nuestra elección aprender a través del dolor, o creemos que “lo merecemos” flagelándonos porque las expectativas no fueron cubiertas, pero con singular alegría y total honestidad segura estoy que no es utopía que si deseas puedes aprender a través del placer, del gozo y más aún de esa sustancia maravillosa de la que todo está creado… “el amor”. 

No hay necesidad de pasarla mal para aprender la lección a menos que te resistas a ver la señal, a mirar esa flecha amarilla que pese a convertirse en una fijación, te dispones a ignorar quizás por vivir apegado a una ilusión, a lo irreal, a lo efímero, ¿por qué decidir sufrir?… es real que, también a estar bien se aprende, encontrar el camino del vuelta al origen, disfrutar de ese tenerlo todo como cuando estabas alojad@ en el vientre de mamá, ahí donde no faltaba nada, donde había alimento, abrigo, amor y protección, a lo mejor cuando entendamos que somos uno, que tú eres yo y yo soy tú y que en este andar  nosotros elegimos los espejos en donde nos vemos reflejados, pero si hay algo de lo que no debe caber la menor duda es que, ¡Siempre  vale la pena sonreírle al espejo! . Ahora te toca asumir la tarea maravillosa de arropar a tu niñ@ interior, sólo sigue la flecha amarilla y resulve el acertijo, siempre guiado por una energía superior.

Con tanto y nada qué decir…


Como siempre la hoja blanca me reta, de repente tengo tanto y nada qué decir.

He viajado sólo un poco, he conocido cientos de personas, he visto miles de sonrisas, he dado muchos abrazos y he leído unos cuantos libros, mismos que si bien no son escasos entre más los repaso en la memoria, veo que son realmente pocos. Ahí en esas conciencias compactas y apiladas, me he encontrado con muchísimos personajes que le han regalado plusvalía al alma mía por el simple hecho de hacerme vivir con ellos historias que en carne propia no me tocaría.

Hace unos días alguien me dijo que la soledad era mala compañera, pensaba en la diferencia entre soledad y aislamiento, y para saber estar con uno mismo se necesita un mundo interior, si no lo hay, imposible estar contigo… sólo así se disfruta la soledad, sino, ¡aléjate de ella¡.

Hoy domingo ha sido un día de pijama, café y libros y así estas horas  se han convertido en mi eternidad porque me he movido en forma perfecta y debo decir que ya no pierdo el tiempo haciéndome preguntas tontas, sólo intento pararme de manos y tomo café enviciada, pensando en detalles de los que quizá poca gente piensa, como por ejemplo: ¿a dónde fue mi alma anoche mientras en apariencia dormía?, o, ¿cuál será la edad biológica de mis órganos?, en fin, detalles que un día probablemente sepa.

Escucho el ruido del ferrocarril que pasa por las vías cercanas  de mi casa y me viene a la mente se poema mío del tren y del viajero, me siento con la mente un poco en blanco debo decir, tal vez hasta taciturna. Esta hoja es un espejo implacable de mi misma, en donde puedo volcar libremente esas palabras mágicas que comencé a balbucear desde mis primeros años, tal vez durante un tiempo, hubiera querido que mi lengua nunca se soltara, pensé tanto tiempo en voz alta que con sublime y cínica  frescura no guardaba nada para mí, pero ahora, todo es distinto, hoy día me expreso sin hablar, inclusive debo decirte que estos dos días no he cruzado palabra con nadie, me he concentrado en mi autocrítica, en el ruido de los niños al jugar fútbol a media calle, en los pasos de los vecinos del piso de arriba, en los ladridos de Bruno, el perro de mi vecina y los autos que pasan a toda velocidad.

Estos dos días he respirado magia, la pura palabra se ha manifestado inclusive en los programas de televisión, en las películas y en los libros que decidí repasar este fin de semana y así es como ésta febrilmente se ha acercado a mí, haciendo que me replanteara cuán profundo es lo que creo y la convicción que tengo en las cosas que hago, con cuánta seguridad he dado mis pasos y qué tanta fuerza llevan mis deseos y al final, un sabio me dijo que “Fe significa confiar en la vida de manera absoluta que se está dispuesto a ir a cualquier parte”, pensaba también que, he sido valiente para un sinfín de cosas y absurdamente cobarde en las inimaginables. Se dicen muchas historias de acuerdo al cómo dirigimos la fe y con esto viene a mi mente el mago Merlín y te confieso que me habría encantado vivir o recodar a santo y seña la época del Rey Aturo para conocer al mago  alquimista que me tiene hechizada por todas sus hazañas en Camelot y así creo que todos tenemos una espada enterrada en una roca que nos sentimos incapaces de remover, de todas maneras, el mismo Jesucristo lo dijo: “Si tuvieras fe como un granito de mostaza podrías decirle a una montaña ¡ven! Y ésta iría”,o bien, bastaría recordar aquella escena en la que caminó sobre las aguas con singular maestría apaciguando vientos y oleadas. Vaya que es emocionante reconocer que no somos seres limitados, luego de lo ordinario y confuso, es muy valioso saber que tenemos ese potencial de redescubrirnos tras de cualquier situación y salir victoriosos y tal cual Rumi, hoy por hoy mi poeta favorito decía: “Somos espíritu atrapado por las condiciones como el sol en un eclipse”.

Ahora que estoy sentada en mi sofá color chocolate ante un portátil a la orden pienso en la delicia de llevar la mente a otros lugares, a otros sucesos, yendo un paso más allá de donde estoy parada sin dejar de vivir mi aquí y a hora predisponiéndome a las situaciones maravillosas para luego hacer un recuento de todos los milagros del día a día.

La vida es de colores, deja el daltonismo que te ha invadido y redescubre sus matices, recupera sensibilidad y deja que las yemas de tus dedos disfruten todas las texturas habidas y por haber, que todos tus sentidos se complazcan con el aroma de las flores, la calidez del sol, la luz de la luna, lo dulce de tu voz  y  tus propias carcajadas asumiendo tu presencia con total conciencia haciendo de ti una verdadera revelación…

Con total lucidez siente tu magia, deja de resguardarla y úsala para llegar a donde quieres…  Aquí y ahora sin dejar que la vida discurra porque sí.

Sustantivo colectivo, infinito, espiral…


Caminaba ensimismada entre medio de la gente y ahí te vi, en los rostros trazados con perfección,   en el viento helado que calaba los huesos te sentí,  reconocí tu fuerza… ahí estabas, seguí caminando y te mire, disfrazado de árbol sin hojas, sigiloso avanzabas, sutil, como siempre en medio de caos. De pronto voltee y te convertiste en niño, de grandes ojos grises como canicas,  pestañas tupidas y rizadas, me observaste, me sonreíste con tus labios color sangre, te sonreí usando tu par de dientes como argumento.  Seguía mi andar por esa larga y antigua avenida de la imponente Barcelona, continuaba tu fragancia impregnándome el alma, en el aroma a pan caliente te saboreaba, miraba hacia el cielo artesanal creación  tuya como yo, una partitura más  del himno incesante de la vida.

Mis ojos te buscaban y me tope contigo, poético y misterioso ibas en el cuerpo de un anciano de chaqueta escocesa en tonos marrón,  ojos hundidos, cara surcada por los años incansables y cejas pobladas, caminando muy despacio me diste los “buenos días”, te escabulliste entre los transeúntes y yo seguía derecho, al cruzar hacia la acera de enfrente, vi una rosa color salmón, de nueva cuenta apareciste empapado de roció, con tallo largo verde intenso y espinas grandes y filosas, tratada con cuidado por las manos de aquel que visitaba a su musa.

Escuche los pájaros  cantar algunos versos y reconocí tu voz, mire hacia el sol estabas teñido  color  oro, de un sutil fulgurante, no intenso pero como siempre asombroso, bañando la ciudad pese al viento insistente y así llegue hasta tu casa, me recibieron esos dos leones de cantera, vecinos uno del otro entre las naves de tu altar, incansables cargando esos pulpitos que son parte de la historia de este sitio, testigo de la guerra civil, piso de mosaico, blanco negro, blanco negro… esa eterna dualidad en donde me sentí como una pieza de ajedrez y de pronto, te veo, en la cruz como siempre, con la mirada agotada y el cuerpo adolorido, ultrajado pero misericordioso, humillado pero amado, amado por una loca como yo, una loca que te piensa fervorosa, que te grita y te suplica que te bajes de esa cruz,  la envuelvas en tus brazos y  le sanes las heridas. Asumí tu silencio, tácito, vigilante y en intimidad, me persignaste con tus dedos de fabula, me diste un beso en la frente y nuevamente te convertiste en viento, y así, como llegue a tu casa viniste a mi lado en el regreso a la mía y todo me  parecía sustantivo colectivo, infinito, espiral…

Mis átomos giran ya sin argumentos


Mis átomos giran ya sin argumentos, van sin mapa y han encontrado su norte… yo misma.  Voy descubriendo formas exquisitas de vivir, de disfrutar de los pequeños placeres, adoro contemplar la luna insinuando majestad, andar por la calle y descubrir miles de rostros de héroes anónimos, desmoronarme con la sutil divinidad de las sonrisas y descubrir los secretos de los segundos.

Palabras, como siempre, entre más hurgo en mí más se pierden en esta loca alma vieja.

Ahora que hablo de héroes y heroínas anónim@s, es por la fecha inevitable no pensar en nosotras las mujeres y cómo muchas veces pensamos irracionales con las entrañas,  recorro de vuelta un trozo de mi andar y me veo con mi madre, esa mujer que hoy tiene arrugas de pergamino y alma de diamante azul, la recuerdo podándome las alas con sus regaños constantes, retándome a dar el máximo  siendo el sarcasmo su mejor carta a jugar conmigo. Hoy que tengo ya 30 años, en la soledad de la nada, veo sus ojos y veo los míos, como todo… ¡somos una!, como todo, ¡somos un espejo!, y como todo, ¡ella es mi todo!.

Hace viento, como presagio de película apocalíptica pero con certeza, ese viento es lo mismo que yo, es lo mismo que  tú, es lo mismo que las rosas bellas, es lo mismo que las aves en parvada, es el prana de la tierra, es sólo un suspiro universal.

Hoy no hablaré de mis pies, no usaré poemas, no mencionaré que hice, no platicaré que leí, no describiré qué me rodea,  no jugaré con las palabras, más bien gozo del amor que ilumina mi alma e igual deseo que lo goces tú.

Pasaba por aquí y deseaba saludarte, no tengo mucho qué escribir, sencillamente hoy no porque entre el cielo y la tierra, todo ha quedado escrito. Quizás valga la pena compartirte un trozo de un poema de Rumi…

¿Quién hace estos cambios?
Disparo una flecha a la derecha
Cae a la izquierda.
Cabalgo tras de un venado y me encuentro
perseguido por un cerdo.
Conspiro para conseguir lo que quiero
Y termino en la cárcel.
Cavo fosas para atrapar a otros
y me caigo en ellas.
Debo sospechar
de lo que quiero.

 

¿Lo ves?, finalmente terminé compartiendo renglones extras…