Por lo menos hoy solo quiero contemplar


noche-oscura-alma

Hoy tan solo intentaré  hacerme responsable de este estado mío de nostalgia.

Se me antoja no intentar hilar nada, no componer nada, no rimar nada, no pensar nada.

Ahora que el año termina, termino yo también con lo que hasta hoy he sido y me abro a una nueva génesis, dispuesta a respirar con más profundidad para deshacer tantos nudos de mi alma tal vez añeja, ¿qué tanto? no lo sé, pero sé que es vieja.

Hojeaba ese libro de San Juan de la Cruz, ese en el que cuenta sobre “La noche Oscura del alma”, tal vez buscando un poco de empatía a lo que hoy siento, intentando aprender a desmembrarme de lo que sé es temporal.

Sin temor a que pienses que estoy exagerando, en este momento, estoy experimentado una serie de muertes, de relaciones entrañables que me han llevado al límite, luchando también por dejar de ser la 10 y convertirme en mí, conmigo, para mí en mi persona favorita, en la número 1; Así, intento sublimar esto que duele.

Otra de las cosas que se me antoja pensar es que, alinear el corazón con la vida es muchas veces crudo, ¿Por qué?… Porque debe morir mi adversaria, esa que se sube a unos tacones y mira de frente con altanería, que da muchas veces respuestas áridas y confronta con la mano en la cintura, no es que exista algo de malo en eso, es más bien que he tenido que ponerme una máscara que realmente me tiene exhausta y lo más importante que, oculta mi verdadera esencia. Soy afortunada de no encajar más ahí.

Hoy, quise adueñarme de la palabra “ríndete” como mi mantra del día, rendirme aquí y ahora, por eso fue que decidí intentar escucharme activamente y validar así lo que me tiene en esta disposición de quedar en suma desnudez y libertad de espíritu. Qué me importa si pasas aquí por casualidad, tal vez sientas un poco de identidad conmigo, tal vez conectes con esta desconocida y si me conoces quizás tanto mejor.

Cuando yo era niña, yo soñaba con comunicar, necesidad latente que me trae aquí, de pronto este sitio público paradójicamente es mi escondite. Vengo aquí cuando quiero dejarme fluir… trátese de la emoción que sea, en esta ocasión un profundo dolor.

Estos días, he pensado en todas las porciones de mí ser, todas mis potencialidades y frijoles mágicos de la infancia, en la niña que leía en su columpio a los Hermanos Grimm, niña que hoy a sus 33 años vive una iniciación, niña que a sus 33 empieza su escalada al Monte Carmelo con los poemas de San Juan de la Cruz.

Con esta entradita, intento abrazar mi propia tristeza, mi incertidumbre y fragilidad, mi noche de contemplación, ¿para qué?… para hacerle todo el espacio al entusiasmo, para dejar que los latidos de esa energía divina que llamamos Dios resuenen conscientes en mi pecho, quiero una nueva visión de la vida, quiero espacios muchos para una vida más creativa y amorosa y que en paralelo mi sombra siga proveyéndome de recursos para potencializarme… me gusta mi sombra, justo ella me impulsa a este estado de desmembramiento, a un espacio de contemplación para recrear mi mito y así en la oscuridad ver el brillo y fulgor de mis propias joyas.

A través de mi noche, una parte de mí se reafirma, es un intento tras otro por ser congruente, por replicar en todas las aristas de mi vida eso en lo que creo, pero para replicar debo restaurar, subsanar y vaciar escombros; A través de mi noche, elijo elegir, hacer uso responsable de mi libertad porque incluso no elegir es una elección, pero yo quiero ver todas mis opciones, buscar tantas posibilidades como peces en el mar y en esa gama de colores en los tejidos del mundo, escuchar ese latido de Dios en mí,  oír su voz a través de mi intuición y escoger los colores que yo quiero ser, seguir los pasos que me hagan vibrar y dejarme acompañar sin protegerme tanto.

Quiero conectar como lo dice Buber en su Tú y yo, sin sentirme cosificada y son yo cosificar; Deseo relaciones genuinas que me acompañen en mis silencios sin cuestionar, sin juicios, sin tanta demanda. Estoy cansada de las relaciones utilitarias incluso de mí para conmigo, estoy cansada de algunas veces elegir no elegir… Hoy repito, ¡Elijo elegir!

Quiero un mundo floreciente y escuchar el llamado, me resisto a encerrarme en el fastidio, no voy a claudicar ni a renunciar a mi persona por cumplir estándares y expectativas, el precio orgánico es alto y no estoy dispuesta a emplear un gramo más de energía… Insisto… Soy afortunada por sentirme exiliada y no me apetece encajar.

Por lo menos hoy, sólo quiero contemplar…

Mi Monte del Gozo: A cinco años de mi Camino de Santiago


Monte do gozo

Hace 5 años  caminaba por la ruta jacobea y por alguna razón me gusta homenajear mi vivencia, tal vez en gratitud por los cambios profundos que generó en mí no lo sé, lo que sí sé es que a lo largo de estos 5 años han ocurrido muchas cosas trascendentales, este tiempo ha sido el epicentro de un terremoto que me hizo reconstruir-me a través de vivencias que en esta tendencia actualizante han alimentado a mi Baba Yagá “mi bruja sabia”.

En todo este tiempo he venido siguiendo tantas flechas amarillas como he podido, al igual que en  el Camino de Santiago, he visto florecer mis parajes erosionados, he  creado una síntesis diferente, con un significado más hondo y “estoy escalando” mi propio Monte del Gozo, y lo pongo en gerundio porque lo hago segundo a segundo, porque estoy consciente de que nadie hará por mí lo que yo no sea capaz de hacer, porque me siento profundamente agradecida por tantos dones, oportunidades para esculpirme. En todo este tiempo, también he cerrado varias puertas con elegancia, he tocado muchas otras que me han sido abiertas de par en par y he sido recibida por manos generosas y sonrisas de luna menguante.

Pero, ¿qué más ha ocurrido en estos 5 años?… He aprendido a abrazar mi sombra, a no huir de ella sino a atesorarla y mirar cuan leal me ha sido en los momentos en los que he caído en espiral haciéndome inmune al dolor cuando ha sido necesario haciéndome resiliente; También, se ha vuelto mucho más legible mi gramática de la intuición aprendiendo a escucharme con  mayor atención poniendo límites aun cuando a veces me haya costado distinguir esa fina línea entre lo tolerable y lo no negociable.

Creo que poco a poco estoy retornando a un lenguaje más natural del mismo amor, un amor silencioso sin tantas expectativas y en consecuencia sin tantos estragos, no sé, hoy creo que el amor no es tan inmaculado siempre, simplemente “es” sin decirle absoluto e inalterable; Me doy cuenta que estoy aprendiendo a hacerle espacio para fecundarle y verle crece en cualquiera de sus formas.

¿Y qué más he aprendido en estos 5 años?… A enjuiciar menos, ésta ha sido una de las partes más difíciles de mi trayecto. Es muy difícil acallar la mente cuando me topo con alguien que piensa, dice y hace algo con lo que no siento empatía, sin embargo reconozco que me hago persona a través de eso y que cada quien hace lo mejor que puede con lo que tiene, que no soy nadie para juzgar la experiencia del otro y que de alguna forma se proyecta ni más ni menos que mi propia sombra.

No sé, es un poco de mi estética existencial, es una narrativa distinta, es algo que comienzo a gestar y que esta noche tenía que compartirlo…

Gracias por leerme.

Un poco de Agape


agape_bg

Haciendo un esfuerzo por contactar conmigo misma luego de tener la mente desparramada afuera, lo primero que ha llegado a mí, o más bien la idea que he tenido latente durante los últimos tres días ha sido el Ágape, ese amor incondicional y contemplativo que nadie puede morir sin haber experimentado, esa compasión y cuidado por el otro, eso que hace que Eros aflore en toda su plenitud y que Philia construya un vínculo de complicidad y camaradería.

Pensaba también en cómo amo hoy mi vida sin reservas y cómo ese amor hacia mí misma fluctúa, decae, sube, se enrosca, crece, resbala una y otra vez llenándome de ese Ágape el alma: mi propio Ágape, de pronto incongruente y temerosa pero finalmente viviendo.

Últimamente, reconozco que mi vida ha girado en torno a mi arista profesional y me sorprende que es el feedback que he recibido de dos o tres amigos cercanos por lo menos en un mes; Sí, tal vez me he concentrado ahí y la mitad de mi energía orgánica la invierto en el trabajo y en la maestría, mientras la otra mitad se vuelca en descarga física, llámese correr, yoguear o pasar algunas horas en el gimnasio mientras el resto en mi gente y mis libros… sí, si tengo amig@s y me gusta cada fin de semana compartir tiempo y espacio con gente que tiene la capacidad de bendecirme con sus presencia, gente que tiene la capacidad de ayudarme a cincelarme o simplemente darme un buen modelaje, gente que me resulta un buen espejo y hace que ese Ágape se potencialice y escurra en todo mi hábitat, mi casa: yo misma. De pronto no puedo ser objetiva conmigo, no sé si realmente me concentro mucho donde dicen mis espectadores, pero lo que sí sé es que siento que encajo ahí, sé que me da plenitud, sé que puedo conectar con el mundo y que tengo mucho por dar. Creo que la sexualidad se vive desde adentro y la sensualidad se refleja a través de una vida colorida, profunda, una vida que se come a puños y se avienta de cabeza apelando a la razón, quizás por eso inicié hablando de ese triángulo amoroso: el mío.

No importa cuánto aflore mi propia complejidad, sólo importa cómo voy reinventando mis mitos y cómo todos mis motivos se confrontan con mi razón, porque la riqueza del mito es esa: le da la vuelta a la razón, ¿quién cuestiona un mito?, creo que nadie, por el contrario el mito se adopta, se abraza, se conecta con la realidad y se compra el arquetipo mientras la razón aguarda silenciosa.

Hace unos días, leía sobre el amor sano, sobre los apegos y los afectos y cómo ese amor sano es aquel que integra esos tres aspectos de los que comencé hablando. El eros, que viene de la tradición griega, que es el deseo, las ganas del otro; La filia (philia), que viene de la tradición griega, que significa amistad, ser cómplices, tener proyectos comunes, no tener que explicarle el chiste a la persona que amas, porque entonces ya se va mal. El tercer elemento es el ágape, que viene de una tradición judeo-cristiana, que tiene que ver con el cuidado con el otro, la compasión del otro, que el dolor del otro te duela, la no violencia, se me ocurre que es ese amor incondicional y profundo que hace que el otro saque su mejor versión… sí, suena a utopía pero no lo es, realmente existe, como existe el derecho al desamor. Este triángulo, con buenas dosis de sus tres sustancias creo que es lo que mantiene este mundo girando acompañado por supuesto de un profundo sentido de libertad, pero de esa que más que se vive “se siente”, se respira… Sin duda, las cualidades del amor se extienden e incluso en esa “noche oscura del alma”, de la que habla San Juan de la Cruz, porque creo que es una oportunidad para regresar y recrear el mundo… “reinventar el mito”.

Pensaba un poco en las parejas, en mis propias creencias incluso valoraba las no vigentes, y escuchaba a un psicólogo conductista que hablaba justo de este triángulo, decía que si en una pareja había sólo eros y Philia sería como estar con un semental intrascendente; si hay sólo Philia y Ágape es como compartir con el maestro de filosofía o es más bien una relación de hermandad y que si no hay Ágape, ¡NO HAY NADA!, qué arduo es construir un amor inteligente, un amor independiente; no, no es falacia, creo que es una cuestión de voluntad y de una proyección de amor individual, amor propio. En fin, sólo validaba mis ideas o como a veces digo, pongo en líneas rectas mis ideas torcidas.

Sí, aunque no siempre me apetezca escribir intento hacerlo tan sólo para conectar conmigo resignificando mi experiencia, mis triángulos, mis deseos y mi esencia creativa; tal vez sólo intento afinar mis sentidos para saborear mejor la vida y no cuestionar tanto, ser más bien un espejo bien pulido para que cualquiera que pueda mirarse en mis ojos y se guste en el reflejo.

 

 

Sh! Silencio…


 

312945_444801625542940_27682922_n

Esta noche de domingo, como siempre sentada en mí sofá color chocolate me doy a la tarea de pensar en qué es lo que realmente me importa hoy y cuánto me importa y también cuáles son mis medios. La lista de lo que hoy me importa creo que no es tan larga, sin embargo mi medio es lo complejo: mi medio es afinar mi instrumento, afinarme a mí… por lo que mi medio soy yo misma. Me encantaría afinar mis percepciones, mirar a los ojos de una manera más  profunda y conectar con “el otro”.

De entre las cosas especiales que he experimentado desde hace poco más de un mes, es esa misma conexión con otro tipo de energía que ni siquiera sabría explicar: la energía angélica y en este momento sólo puedo decirte que, la energía angélica está, existe… que si bien el responsabilizarme de lo que hago me regala una consciencia un poco más ancha, el abrirme a otros espacios, a otras dimensiones y regalos me da la oportunidad de saber que hay algo más. Si yo hoy elijo vibrar alto con todo el trabajo personal que esto suponga, sin duda atraeré experiencias y personas de alta vibración a mi vida, entre estos seres a los angélicos.

Ellos se expresan a través de la intuición, las imágenes y eventos que parecerían «insignificantes»… Si guardo silencio los escucho y me escucho… A vibrar alto con la consciencia de que lo divino es muy simple, sin aludir al pez que nadaba en la inmensidad del océano buscándolo. Lo divino y mágico es sencillo, cotidiano, realmente simple.

Tal vez, deba reconocer que mi creatividad está escondida como un topo y deba irme a la cama con la pura idea de que todo lo que quiero está ocurriendo ya.

Y sólo me doy cuenta de que «me estoy dando cuenta»


Imagen

“Fe, esperanza, amor y conocimiento, son cuatro conquistas del afán humano, múltiples dones que no se pueden enseñar, ni aprender, dar ni recibir, retener ni merecer, pues se encuentran unidos a una condición irracional y que se sustrae a toda arbitrariedad humana, esto es a la vivencia” Dijo un día Carl Gustav Jung…

Sí, no es fácil el conseguir estos dones, miro mi propia tendencia actualizante y me doy cuenta que si bien es cierto que muchos de mis procesos han sido organísmicos, muchos otros han sido producto de muchas de mis vivencias, de algunas que me han tocado en el andar  pero también de otras que yo misma he escogido.

Hace poco pensaba en mi padre, me sentía muy conmovida porque después de no verlo durante aproximadamente un mes, lo vi enfermo y podría decir que un poco más viejo… De verdad me sentí angustiada; Me gustaría mucho dar un breve antecedente de la nula relación que con él guardo. Cuando yo nací él y mi madre ya no estaban juntos, él tuvo tantas y tantas mujeres que digamos que a mí de él ya no me tocó mucho; soy la menor de 10, y él tuvo algunos otros hijos e hijas con otra personas, también siempre ha padecido de alcoholismo, lastimosamente debo decir que, por ignorancia y empatía ausente, como familia nunca lo acompañamos en su recuperación, hoy que estoy un poquito más despierta me doy cuenta de cuán necesario es el acompañamiento entre la familia, pues es ésta el centro de gravedad tanto de cualquier niño como de cualquier enfermo, pero, ¿qué se hace luego de tanta violencia y tantas heridas?, de verdad que hay zancadillas en la experiencia humana que nos hacen rodar llevándonos a  terrenos escabrosos cimbrando la existencia en cada voltereta.

La ausencia de mi padre, me ha llevado a cualquier cantidad de vivencias, algunas sin duda mágicas como expandir mis alas y volar a lugares insospechados y otras que no son dignas de presumir pues no me enorgullecen, pero en ambos casos todas estas vivencias han sido trascendentes y me han cincelado el alma y cuando el alma es cincelada hay dolor, hay lágrimas. Dicen que, de los dolores del alma, surge toda creación espiritual y cualquier progreso del hombre espiritual; y el motivo del padecimiento es la paralización espiritual y la esterilidad del alma. Y yo me cuestiono si toda esta distancia entre él y yo y sus consecuencias fueron eventos que conformaron por años mi noche oscura del alma.

Esta conmoción al mirar a mi padre enfermo y no sólo eso sino al también mirarle perdiendo la visibilidad, tuve la sensación de que él pronto se iría, e involuntariamente pensé que, el día que él decidiera irse, las energías se reacomodarían en la familia, pero por supuesto que me espanté cuando escuché mis pensamientos, sentí que abracé el hecho de que él partiera pronto y cuestioné mi aparición en su historia, cuestioné la silenciosa relación que guardamos él y yo e hice un breve recuento de daños en la vida de tantas y tantas mujeres, mismas a quienes bendigo y honro como hoy honro a su rol de padre aunque en su descripción de puesto no viniera el abandono ni en el mío de hija el deseo de su partida, y no por venganza ni ira, sino más bien me di cuenta que se trataba de una fantasía neurótica movida por mi propia frustración ante la impotencia de no poder mover nada entre él y yo, pero SI EN MI MISMA.

Vi que no me quedaba nada más que abrazar lo que sentía aunque no me gustara, caí en cuenta que, tanto si amo como si no, debo entregarme a la vivencia  con convicción para entonces  trascender esa necesidad de él y ampliar esa dimensión espiritual de la experiencia de la ausencia de mi padre.

¿Cómo tuve ese insight? Luego de leer el siguiente párrafo en un libro de “Carl Gustav Jung. Sobre el amor”, fue ahí en ese trozo de consciencia hecha papel donde las siguientes líneas reacomodaron mis ideas torcidas:

“Saulo no debe su conversión al verdadero amor ni a la verdadera fe, ni a ningún otro tipo de verdad; únicamente su odio a los cristianos lo puso en camino a Damasco y esto lo condujo a aquella vivencia que habría de resultar decisiva en su vida. Vivió su peor equivocación y esto lo condujo a la vivencia” – (Jung 2011)

Aquello fue como beber un vaso de agua fresca en medio del desierto, me senté en mi sofá color chocolate repasando el párrafo una y otra y otra vez, fue como si una presencia divina hubiera venido a darme consuelo porque todo me hizo sentido, esta problemática vital, esta noche oscura probablemente está disipándose con eso numinoso y luminoso que sentí al recordar la historia de Pablo de Tarso, y así me lamí mis propias heridas por última vez para actualizarme y construir una narrativa diferente, para derrumbar mis propias fronteras e integrar eso que en contra de mi voluntad experimenté, y no hablo de integrarlo a él, sino DE INTEGRAR EN MI MIS CLAROSCUROS. Pero qué difícil me he resultado conocerme y disponerme a sacar los esqueletos del ropero.

Parafraseando a Juan Lafarga cuando dijo que a mayor expansión de la consciencia, es decir, a mayor amplitud, tensión y armonía en el conocimiento de uno mismo y del mundo, mayor desarrollo de la espiritualidad, niveles más altos de salud general y experiencias progresivas de satisfacción que pueden generar estados místicos. Veo en mi que esta encrucijada me ha llevado a ciertamente a buscar un corazón sano y en el camino encontrarme con duendes, hadas, ángeles sin alas, lugares míticos y un espíritu indómito pero más fuerte: el mio; Me ha llevado a seguir las flechas amarillas del Camino de Santiago de la Compostela y de casualidad significativa a la casa de Ignacio de Loyola, me ha llevado a libros, a prácticas védicas alquímicas, me ha llevado a ritualizar eso que ha sido tan incómodo… la soledad, la ausencia de ese adulto que no estuvo con la niña, soledad que le potencializó para buscar soluciones creativas y comerse la vida a puños.

He escuchado tantas veces que, sin la tensión que existe entre los opuestos es imposible que el movimiento continúe, y me imagino “el viaje del héroe”, me imagino a “la sombra” y al “adversario” es decir: a mí misma en esta experiencia existencial, instalada en ese oscilar de la conciencia encendiendo mi chispa divina al friccionar de mis opuestos. Esta experiencia, esta noche oscura constituye una pieza irremisible en mi, imbricada en los tejidos de la mujer que hoy soy, puede y el propósito de esta mi noche oscura haya sido el proveer a esa niña pequeñita de una vida creativa llevando al límite sus posibilidades humanas para iniciarla justo en esa dimensión de la experiencia espiritual resignificando su existencia.

Mi noche oscura como experiencia espiritual me ha desmembrado para abrirme nuevos canales  haciéndome resurgir más viva y presente, abriendo cerrojos interpuestos entre “el otro” y yo, reactivando mi propio flujo vital hoy buscando esa vida redimida entre mi padre y yo, independientemente de la realidad que en nuestra individualidad nos haya tocado beber.

La espiritualidad pienso que, me ha ayudado a humanizar mis acciones intentando sintonizar conmigo para luego sintonizar con el mundo, porque yo entiendo espiritualidad como  “el arte de integrar opuestos”, tarea inacabable, porque sin duda la vida está llena de contrarios y contrariedades,  pero cuán cierto es aquello de que “cualquier batalla que creo librar con el otro en realidad la libro conmigo misma”, pero qué bendición y delicia es darme cuenta, aunque sienta miedo y resistencia, aunque sienta vergüenza en ese ir y venir… a veces no queda más que contemplar – me para poder actualizarme, inclusive sólo fluir cuando no sepa cómo conducirme.

“Tal vez a eso se referían Ignacio de Loyola y Teresa de Jesús al hablar de “contemplación en acción”. Es como vivir en el torbellino de la vida sin titubeos ni perturbaciones, conectados constantemente con el amor por la vida en todas sus manifestaciones y con la alegría de vivir, con la sensación de que la muerte es una etapa en el proceso de la vida en la evolución del universo” (Lafarga,2013).

Qué bonito sería tener alineado el corazón con la vida…

Mi gramática de la vida, mi método dialéctico: Mi padre y yo


Imagen

Para adentrarme en esta gramática de la vida entre mi padre y yo, he experimentado un bloque inconsciente, lo que probablemente ocurre porque al validar mi tesis y mi antítesis sabía que cimbraría mi existencia, lo mejor hoy es que a mis 33 años justo hoy viernes santo, viernes de muerte,  puedo decir que tengo una síntesis y que no soy ni víctima ni victimaria, que simplemente lo amo porque hoy se que, “cada quien hace lo mejor que puede con lo que tiene”. Hoy me gusta para reescribir mi mito, para encarnar en algo distinto y hacerme de ojos nuevos, para morirme y parirme otra vez.

Mi padre ha envejecido, ya tiene la espalda curveada cincelada por su propia vida y la cara morena terracota más que surcada, los ojos nublados y cada vez con menos visibilidad, él cumplirá 77 años y estoy segura que si él pudiera regresar el tiempo lo haría. Le miro esforzarse herido por sanar, los libros se han vuelto su mejor bálsamo y sin duda ese ha sido su mayor legado para mí… el amor por esos seres misteriosos plagados de personajes estrambóticos, ideas surrealistas, magia, palabras  y consciencias. Dentro de mí se que hemos viajado juntos y explorado los mismos universos.

Sólo dos sillas y un espacio que durante muchos años parecía transatlántico. Cuando inicié con este método dialéctico, pude escuchar que el corazón de mi padre me decía lo siguiente:

–          Sé que tal vez me vaya pronto, ya estoy viejo aunque me resista coloreándome los bigotes. Sé que he quedado a deber mucho no sólo a ti, sino a tu madre, a tus hermanos y hermanas; se que a veces parece que nada me importa pero sí me importa aún ensimismado e inexpresivo… yo los quiero, los amo… no se qué más puedo decir, quizás que a veces el sentimiento de vergüenza me absorbe y hace que me guarde en mi caparazón indestructible, ese que me protege incluso de mí mismo, de mis vicios y costumbres y más aún de mis recuerdos… Tengo tantas y tantas ganas de olvidar, de ensombrecer mi memoria y reconstruirme, de tejer una historia distinta.

Pero claro que yo, Rosario,  aún con este profundo amor que tengo a las palabras, tampoco es que siempre encuentre las mejores, tampoco es que siempre esté lista con él y a veces me sienta como pez en agua enjabonada, ajena, distante… Así, poco a poco, forcejeando y negociando con la vida he ido vislumbrando nuevos caminos y formas para llegar a él, a veces instalada en el miedo pero la mayoría en un enojo inconsciente que me ha hecho resistente a mil vacunas. Intento hablar, parada desde versión actual:

–          Me ha tomado todos estos años el aprender a soltar esa furia ajena y añeja, eso que adopté y me hizo verte y calificarte no como padre sino como hombre. Desearía haber tenido la oportunidad de compartir más contigo, de vivirte más de cerca y entenderte; Por otro lado, ¿sabes que me gusta la mujer que soy?, y eso sin tú manera de ser y tus ausencias no habría ocurrido. Sin saberlo, me hiciste fuerte, me ayudaste a descubrir aristas que yo no sabía que tenía, tu ausencia me podó las alas y me hizo tocar lugares nuevos, abrazar ángeles sin alas, tocar puertas en lugares mágicos y me convertiste en una gladiadora con una bendita manía por expresar en líneas rectas mis ideas torcidas.

Él, con los puños de las manos anudados, jugando como un niño, mirando hacia el suelo, buscando como yo las mejores palabras de su repertorio, con el corazón dispuesto guardado bajo la piel, con  su camisa a cuadros,  voz temblorosa y pausada:

–          Yo me siento muy orgulloso de ti, se que nunca te lo he dicho pero te presumo con todos mis amigos del pueblo porque estás construyendo tu catedral con un pico y una pala, porque aunque aprendiste a vivir sin mí y entiendo que te costó, lo has hecho como dices que lo he hecho yo:  “lo mejor que has podido con lo que has tenido”  y estoy seguro que cada zancadilla de esas que pasan en el andar  te ha dado resiliencia. ¿Sabes?… a veces no sé cómo acercarme a ti, no sé cómo hablarte o qué contarte. Me da la sensación de que no me necesitas…

Pienso en esos muros altos que me recuerdan esas creencias que no son vigentes, pienso en esas veces que en afán de no claudicar ni renunciar a mi persona, construí mi mundo fronterizo en el que poca gente podía entrar. Admito que también hubo gente que yo hubiera querido que entrara y no entró… entre ellos, él. Era crudo cómo proyectaba yo esa necesidad en el género masculino, cómo mi ánima y mi ánimus se instalaron en mí con cierta disparidad sin decir que fue bueno o malo y pese a todos los pesares  fui creativa una vez que intenté conectar, y así, echando un vistazo hacia atrás, me atrevía a decirle:

–          Es verdad, pero creo que podemos seguir conectando como hasta ahora lo hemos hecho, podemos seguir buscando temas en común como los libros, puedo escuchar lo que piensas de Dios y de la religión, quiero seguir escuchando lo que piensas del mal y de qué te das cuenta, porque cuando tú te das cuenta yo también me doy cuenta. Me modelas que nunca es tarde y espejear en ti me permite ver cuánto nos parecemos…. A momentos dejo de sentirme exiliada y me siento parte de ti, de los míos y sé que poco a poco voy a dejar de repetir historias.

Me acerco a él y con cierta dificultad lo abrazo porque su energía cierto es no me es tan familiar, como tampoco lo es su aroma. Veo que él no sabe abrazar porque nunca fue abrazado, organísmicamente hay cosas que no aprendió y hoy hace su mejor esfuerzo… eso me queda claro.

Meditación, yoga, libros, terapias, estudios, oración, rituales y más, han sido  elementos y hallazgos que forman parte de esta búsqueda padre, este intentar comprender y soltar, ese darme la oportunidad de estar aquí y ahora buscado mí centro de gravedad en medio del caos. Hoy me siento capaz de conectar contigo aunque no te diga nada, tan sólo observo tu corazón lleno de huecos igual que el mío, igual incluso que el de mamá y veo que entre más espacios más cabida a experiencias nuevas, que entre más necesidades más fuerza, más motivos para volar.

Hoy viernes 18 de abril del 2014, te expreso mi gratitud más genuina por ser tú, por estar en la justa distancia, porque en tus ojos me he hecho persona sin importar todo lo que he tenido que llorar. El día que elijas irte padre, tú y yo estamos en paz por la sencilla razón de que reeditamos nuestra historia con un final distinto, porque aunque no tengamos la capacidad de expresarnos verbalmente cuanto nos amamos, hoy mi corazón lo sabe, hoy mi corazón abraza a tu corazón, deseando que en cada vida venidera podamos seguir construyendo un vínculo profundo y más que profundo incondicionalmente amoroso.

Gracias por lo que hoy me has revelado.

Abrazando mi sombra


Imagen

Me observo con nuevos ojos, recorro mis lugares conocidos y también los subterráneos, observo mi sombra, la abrazo y me sonríe, sí… con expresión malévola, es mi diamond, es mi arquetipo favorito…  ¿por qué?, tal vez porque descarada me muestra mi vulnerabilidad, mis achaques mentales, mis rincones imperfectos y así me digo con plena convicción que nunca renunciaré a mi persona. Hoy sintonizo con mi sombra y me doy cuenta que cuanto más despierta está, más profunda es mi búsqueda y más me expongo a la gracia, porque sé que esa energía divina me sostiene, porque mi sombra atesora egoista mi potencial creativo; porque cuando entristezco sublimo escribiendo poemas, porque cuando me enojo mi propia ira me revitaliza para cambiar todo aquello que no me complace, porque cuando me frustro me humanizo y cuando me tropiezo renazco, algunas veces cantando, otras bailando con la vida y moviendo las caderas… y otra vez muero gracias a mi sombra, para nacer con más ímpetu, más profunda y amándome sin reservas, construyendo un nuevo mito en el que aflora nuevamente un lado más complejo que otra vez me vuelve  a retar, me vuelve a matar para nacer otra vez…

Consciencia sin fronteras


om

DIVIDIDA POR LA MITAD Y MI MUNDO FRONTERIZO

Difícil situación humana:

“Cuanto más firmes son nuestras fronteras, más encarnizadas son nuestras batallas. Cuanto más me aferro al placer, más temo – necesariamente – al dolor. Cuanto más voy en pos del bien, tanto más me obsesiona el mal. Cuantos más éxitos busco, mayor será mi terror al fracaso. Cuanto mayor sea el afán con que me aferro a la vida, más aterradora me parece la muerte. Cuanto mayor sea el valor que le asigne a una cosa, más me obsesionará su pérdida”.

Este breve párrafo, de manera concisa expresa mi dinámica de vida, mi forma de demarcar mi realidad, mi yo, mi esencia.

Pienso en todas esas veces en las que he ido corriendo casi detrás de todo, llena de expectativas, con la convicción de que “ganaría”, aferrada a una vida de logros y por ende de miedos y frustraciones, porque por cada situación que no saliera como yo lo había soñado, había una mujer frustrada – Yo- con el autoestima por los suelos, con la fe rasgada y un profundo enojo con Dios porque no me había escuchado, ¡Ja! Hoy me río de mí y de la facilidad con la que hacía responsable de mi vida a la sabiduría infinita, me río del tiempo en el que hice responsables a mis padres de todo lo incómodo que yo vivía, tal vez porque yo no sabía que cada quien hace las cosas lo mejor que puede con lo que tiene.

Había extendido mis fronteras con mis seres cercanos y los más importantes: Mis padres. Independientemente de que no esté obligada a amar a nadie y paradójicamente a eso haya venido si deseo trascender, yo tengo la convicción de que fuera de la cercanía que exista, entre más sanos sean los vínculos con mis padres (no importando si son vínculos delgados o anchos, largos o cortos) más plena será mi vida, pues finalmente fueron mi primer entrada al cosmos.

Viví distanciada de ellos emocionalmente durante casi toda mi vida; a veces creo que hay cosas que toca vivir y huecos con los que también hay que aprender a vivir y aún así intentar y  brillar como la luna… llena de cráteres, alumbrando para todos integrada al cosmos y sin fronteras,  pues aún a millones de kilómetros no sólo toda la humanidad puede observarla, sino también se puede llegar a ella.

Qué difícil me ha sido aprender a fluir, a no separarme tanto del mundo, a comprender que en la vida hay que aprender a decir adiós tantas y tantas veces;  qué crudo es oscilar cual péndulo entre mis apegos y mis afectos, cómo desearía poder expresarme un día aunque fuera en sueños  como lo hizo  San Francisco de Asís: “Hermano sol, hermana luna”.  Cómo desearía que permeara en mí el hecho de que “Yo soy tú y tú eres yo”.

 EL NIVEL DE MI PERSONA E INICIO DE MI DESCUBRIMIENTO

“Miré y miré, y esto llegué a ver:

Lo que creí que eras tú y tú

En verdad era yo y yo”

Enfrentarse al sufrimiento de manera reflexiva y racional sin aferrarse a él… Hasta ahora comienzo a experimentarlo, hasta ahora es que creo que, la ventaja de tocar fondo es que no queda a dónde ver sino sólo es que para arriba. Sólo así le quito espacio a la sombra y nuevamente me siento como la luna… incapaz de brillar en todas partes al mismo tiempo. Así lidio con mi sombra, si el día y la noche lo hacen, ¿por qué yo no?

Si pudiera resumir el significado de la palabra sombra en una frase corta diría una muy coloquial: “Lo que te choca te checa”, y es titánico el asimilar (si es que ocurre) que sólo veo a mi sombra a través de los rasgos y acciones de los demás, sólo puedo darme cuenta de ella mientras pasea fuera de mi, y así pretendo no dejarla entrar más, proyectando y atribuyendo cualidades y actitudes en los demás  que intento desterrar de  mi misma, por ejemplo: no tolero a la gente débil o quejumbrosa porque me recuerdan a la mujer vulnerable que no se permite quejarse.

Me impresiona la rapidez con la que retrocede mi sombra cuando me doy cuenta de ella y cuan amenazada puedo sentirme al descubrir eso que no me gusta.

Qué difícil es abrazar a la mujer vulnerable, la que siente inseguridad pese a su autonomía…  qué difícil es llorar – dice mi sombra – Prohibido mostrar flaqueza. Te han rechazado tantas veces que “Te bastas sola”.

Cuando intento expulsar a mi sombra, no me libero de ella, no me quedo con un hueco, una brecha o un espacio en blanco en mi personalidad, sino con un síntoma, un doloroso recordatorio de que estoy ignorando una faceta mía.

Y así me he comprado la máscara de la mujer perfecta y con esta niego lo que me pertenece: mi natural vulnerabilidad.

Pero, ¿cómo he descendido por el espectro? Al disolver una demarcación mediante el reconocimiento de una proyección. Me doy cuenta que, las proyecciones no son ni buenas ni malas, sino más bien necesarias pues, hay sucesos que no pueden pasar directamente a la mente consiente, creo que deben primero pasar por el mundo y así yo conectar con “el otro”, a quien necesito para conocer todo lo que he rechazado de mi, como el enojo por ejemplo, aun a sabiendas de que el enojo es útil, negué durante mucho tiempo esta emoción orgánica intentando ajustarme al “ego ideal”, la chica que nunca pierde el estilo.

Pienso que, mi sombra no es intrínsecamente “mala” y también hoy se que el amor divino vive más cerca de ésta, me ayuda a sostener la tensión de mis opuestos mientras yo lucho por mantenerme a la mitad del camino. Con mis primeras terapias entendí que esto es un acto difícil de soportar y que puede equipararse a una muerte de cruz, sin duda un estado en el que la gracia puede descender sobre mí si me dispongo a morir sin buscar soluciones racionales a temas que no pueden resolverse en el nivel del ego.

Es difícil soltar y sentir que “pierdo”  para  acoger toda sensación incómoda, sólo así puedo re significar mi vida.

MI NIVEL DEL CENTAURO:

“El cuerpo se convierte en un objeto o una proyección tal como ocurre con la sombra. Lo que llamamos cuerpo físico no es una realidad más profunda que el ego. El cuerpo es una colección bien organizada de procesos involuntarios: circulación, digestión, crecimiento y metabolismo”.

En realidad el ego sólo suele identificarse con los procesos voluntarios y controlables… Cierto es que todo es regido por una sabiduría profunda e infinita y mis procesos corporales son todo un milagro, pues aunque intentara procesar cómo funciona, no terminaría de comprenderlo, pero…

¿Realmente soy capaz de crear conexión con mi cuerpo… ¿Qué sucede en mi cuerpo cuando la hostilidad se proyecta?

Recuerdo que hasta no hace mucho y durante casi toda mi vida, mi rostro reflejaba una expresión de enojo y casi siempre me preguntaban: ¿estás enojada?… esto para mí era muy incómodo y me lo cuestionaba, hasta que un día, me paré frente al espejo y comencé a hacer muecas de verdadero enojo de una manera consciente y forzada, creando tensión en cada músculo de mi rostro. Fue un ejercicio muy fuerte, sin embargo, me fui al extremo y a veces sonrío de más, lo que me resta congruencia pues el mensaje que mando es doble y como consecuencia no permito que quien me ve conecte conmigo, no me dejo acompañar… ¿será mi miedo a mostrarme vulnerable?…

Ha habido una proyección mental y a nivel físico algo debe suceder también, ya que la mente y el cuerpo no son dos cosas ¿Qué sucede en mi cuerpo cuando reprimo la hostilidad?: Se me inflama el estómago, me estriño y en ocasiones me da reflujo.

A través de mi constante práctica de yoga he ido aprendiendo a ponerme cómoda en lugares incómodos, dispuesta poco a poco a aceptar lo incontrolable, con fe y desarrollando un yo más profundo, buscando trascender mis propios movimientos superficiales y ruidosos de mi ego y voluntad. Tal vez mi tarea hoy más complicada es quitarme mi máscara de “Doña Perfecta  Juez” y asimilar de verdad que no necesito controlarme para poder aceptarme, desearía poder reconocerme de una forma más genuina. Finalmente mi ser más profundo, el centauro, está más allá de mi control.

Lo voluntario y lo involuntario forma parte de mi, y así como no puedo hacer que e crezca el pelo más rápido ni mi aparato digestivo haga ruido justo en medio de un silencio profundo puedo intentar dejar de manipularme tanto y pueda convertirme en una persona más libre.

Ha sido sanador para mí el comprender e introyectar a través del vehículo de la fe que hay una inteligencia divina, una fuerza superior que rige y ordena lo involuntario, lo que ya no está en mis manos pero sigue siendo mío. Es un milagro que mi organismo siga coordinando millones de procesos al mismo tiempo mientras el ego puede sólo con dos o tres.

El ego muchas veces intentó fabricar placer a través de otros, buscando yo que alguien más cubriera mi necesidad, mi soledad, ese padre ausente lo seguí buscando en hombres con quienes tuve sólo relaciones efímeras, buscando esa “felicidad” fuera de mi, buscando esa alegría de vivir en compañía del otro.

Deseo volver al centauro y como decía Blake: “La energía es eterno deleite y proviene del cuerpo”. Y parafraseando a Wilber: “No depende de gratificaciones ni promesas externas. Brota desde dentro y se nos da libremente desde este mismo momento”.

“Mientras el ego vive en el tiempo, alargando el cuello para atisbar futuros logros y lamentando en su corazón las pérdidas pasada, el centauro vive siempre en el nunc fluents, el presente pasajero y concreto, el presente vivo que no se aferra al ayer ni clama por el mañana, sino que encuentra su realización en la prodigalidad de este momento”.

Entregarse completamente a la muerte con cada exhalación es renacer y regenerarse con cada inhalación y paradójicamente, algunas veces cuanto más muerta me he sentido he sido capaz de generar más vida.

EL YO TRASCENDETE Y EL ESTADO FUNDAMENTAL DE LA CONCIENCIA

Deseo vivir mitológicamente, catalizar a esta mujer racional que muchas veces me posee, finalmente una de las riquezas del mito es cuán fácil le da la vuelta a la razón. Deseo aprehender lo trascendente, sentirlo, vivirlo en mí, en mi vida, en mi trabajo, con mis amigos, en mi entorno.

Dejar de identificarme con mis angustias y mis inseguridades, mis miedos y mis frustraciones es integrarlos, deseo realmente convertirme en ese testigo que lo mira todo desde arriba, sin sentirme siempre amenazada.

¿A qué he vivido apegada?… A lo masculino, porque he repetido historias de manera compulsiva, la paradoja es que, pese a mi apego en su momento, no he sido capaz de integrar lo masculino a mi vida; me resisto a sentir que “deseo un complemento” aunque mi alma lo haga. Hoy creo que he realmente aprendido a gozar de mi soledad, cada vez más me va preocupando menos el estar acompañada. Coincidentemente cumpliré un año sin compartir departamento y aunque financieramente es un gasto, emocionalmente ha sido una inversión, pues he tenido ese espacio para  trabajar conmigo de una forma más cercana y en silencio, para hacerme más responsable de misma, de mis tiempos y energía.

No sé si en algún momento he sido capaz de reflejar de manera objetiva como lo hace un espejo, es retener ni rechazar. Añoro poder hacerlo conmigo y afinarme como instrumento.

“En el nivel transpersonal, empezamos a amar a los otros, no porque ellos nos amen, nos afirmen, nos reflejen o  den seguridad a nuestras ilusiones, sino porque ellos son nosotros”.

Pienso en todas esas veces que he tenido que morir y me doy cuenta que han sido muchas, desde mi infancia morí, y morí y morí. Recuerdo que esto ocurría después de cada confesión, y no es que estuviera consciente de que “moría”, sino que, vivía el ritual como el punto final de una antigua narrativa, decidida a ser una mejor versión de mí luego de que el padre me diera la bendición.

Cuando viví temporalmente la separación con la religión misma, experimenté la muerte a mis prejuicios, quizás a integrar parte de mi sombra, a comprender que no todo era “malo”, que había cosa que no eran “pecado” y comencé a vivir de una manera más autónoma y auténtica.

He muerto ante distintas situaciones como: cambiar de ciudad, de empleo, de amigos, de casa, de hábitos; he muerto cada vez que he admitido que no tengo control sobre lo que alguna otra persona pueda sentir o no por mi; he muerto cuando experimento la libertad que el otro tiene de ser como es y cuando me doy cuenta que sólo yo puedo llenar mis vacíos deshaciéndome de toda expectativa.

La última vez que morí a modo de crucifixión fue cuando asimilé y abracé que quien fue mi más grande amor, no me amara y así, cuando más muerta me sentí, más vida recobré pues cuando me di cuenta había recuperado mi poder.

La vida que ambiciono llegará sólo cuando muera todo lo viejo.

Hace justo una semana, visité ese lugar donde viví esa historia y fue como si hubiera recuperado un trozo de mi alma, fluí libremente sin angustia, sin dolor y sin frustración alguna luego de tres años de no haber puesto un pie ahí y seis de haber huido. Me descubrí con alas nuevas, luego de haberme arrastrado cual oruga durante tanto y tanto tiempo. Me di cuenta que el sortilegio había concluido y descubría que no podía aplazar mi propia existencia.

Mi arquetipo Coatlicue: mi síntesis


Imagen

Justo hoy me place hacer un corte entre lo que he sido durante estos años y lo que deseo gestar. Hace unos cuantos días, hablaba con una colega humanista respecto a los vacíos, a esos huecos que habitan en mí, esos espacios con los que hay que aprender a vivir y que en dado caso, si lo decido sólo yo puedo llenarlos, visualizaba también a la luna de plata y metafóricamente me vislumbraba como ella (aun cuando tú quien lees esto creas que mi comentario pudiera ser no políticamente correcto dada la aparente soberbia comparación), y la veía en mis ojos porque aún llena de cráteres ella ilumina, ella despierta gozo e inspira, más bien espejeo en ella porque  si yo quiero puedo ser ella y  recordando a Borges: “quizás alguien decida beber esta luna a cucharadas”.

Nadie dijo que los pasos serían ligeros al tomar la decisión de andar por este paraje que yo escogí, yo no sabía que intrínsecamente tarde que temprano mi heroína terminaría con mi adversaria y que todas mis máscaras se confrontaría; yo no sabía cuánto miedo y frío calaría los huesos en la travesía de la noche oscura; no sabía que con la soledad no había tregua, que ella decidiría aleccionarme, habitarme desde siempre y dentro de tanta ambivalencia en mi, por un lado taladrara mis más profundos  cráteres y por el otro alumbrara mi esencia creativa dándome ese espacio para entablar temas conmigo, de mi, respecto a mí y para mí, de pronto contándome historias, otras vendiéndome mentiras, algunas más reinventándome con mitos y alguna más visitando mi pasado aun cuando no me atreva a visitar a los fantasmas del castillo ahora. Ella, tibia y libre está aquí surfeando esta oleada conmigo, jugando a la alquimista, a veces intelectualizando y otras simplemente haciendo síntesis en una lágrima.

Justo ahora, como siempre, siento vivo el arquetipo de la madre, desde la Coatlicue, hasta la Tonatzin, la Guadalupe, la Isis, la Shakti; no pienso,  sino más bien “siento” que voy hilvanando una nueva génesis hoy desde mis propias entrañas, hoy me doy la oportunidad de mirar el espejo y así como la Coatlicue con la mitad del rostro de mujer y la otra mitad descarnada, restaurar  mi microcosmos para como luna llena, ponerme ese collar de corazones y latir infinitamente sin aplazar más la vida.

@Rosariocardosop

Soy un libro


libro_0

 

Observo alrededor y miro mis libros derechitos como soldados y me veo a mi misma como uno de ellos… soy un libro! Me siento como un libro, uno de esos libros llenos de historias con estrambóticos personajes, como todos esos que viven en mi misma; soy un libro por pocos leído, no sé si en el fondo un libro mágico al que le guste no sentirse descubierto por todo el mundo, o como si en él existiera la posibilidad de elegir a sus lectores aún cuando muchos escogidos no deseen leerme. Me siento un libro escrito con mucho amor donde en la historia principal el filántropo y el verdugo son el mismo; un libro lleno de fantasía; un libro que tiene el factor nostalgia en todas sus páginas pero también aborda la esperanza, un libro que ha pasado por cientos de manos que han tocado su propia vida; un libro escrito por el mejor de los creadores y muy parecido al Rayuela de Cortázar: puedes abrirlo donde gustes y te contará una historia distinta sin propiamente un final; un libro que no sabe de métodos; un libro que de pronto parece no tener sentido pero que si lo lees cuidadosamente encontrarás palabras nuevas, ideas magníficas y verás cuan plagado de creatividad puede atraparte; un libro que exhuma situaciones añejas para enaltecerse hoy; un libro lleno de diálogos pero con las cualidades de toda obra no escrita en términos de la crítica intelectual; un libro quizás intangible pero con ese culto al dolor sublimado en cada renglón; un libro lleno de alquimia y sorpresas; un libro que se nutre de sus lectores y energetiza de las manos que le llevan.