Peregrina de la vida, peregrina del camino de Santiago de la Compostela.


Mi credencial del peregrino

Estaba en deuda incluso conmigo misma al no haberles compartido sino hasta ahora la anécdota de una de las mejores experiencias de vida que he tenido. Ese año en Europa supuso un puente entre mi vida y el misticismo de un camino sinuoso lleno a su vez de magia y sorpresas, hambre, cansancio y un estirón a nivel personal que hoy sigo sin entender.

Hace un par de días he vuelto a casa después de vivir una experiencia sin igual… “El camino de Santiago de la Compostela”.

La inquietud por sumergirme y andar por el camino era añeja, pero como todo llega en su momento tuve oportunidad de hacer parte de la ruta Jacobea. Por cuestiones de tiempo, hice únicamente las últimas 12 etapas del camino francés, pero con esto bastó para sentir intrínsecamente la gran experiencia del ser peregrino.

Es bien sabido, que el centro de atracción de la Compostela es la tumba del apóstol Santiago el Mayor, pero independientemente de la tradición cristiana hay peregrinos que lo hacen con fines deportivos, motivos turísticos, crecimiento espiritual o simple curiosidad.

Realizar el camino de Santiago supone muchas cosas, es un sendero místico y aunque pareciera idílico requiere de gran voluntad y un esfuerzo extra, demanda cierta austeridad y gran resistencia. El cuerpo y el espíritu se ven inmersos en una fantástica prueba, particularmente tuve oportunidad (lejos de caminar) de pensar 330 kilómetros y uno de mis mayores premios fue haber visitado O Cebreiro, fue como haber sido parte de un cuanto de hadas que desde niña escuché, fue morir y volver a nacer, empaparme de emotivas lágrimas porque la vida misma me puso en un sitio donde se dice que ocurrió un fantástico milagro que por ahora me reservo, fue caer de rodillas y sentirme bañada de luz. Ahora que ya todo pasó, creo que el haber llegado a ese lugar fue inyectarme de una especial energía que sigilosa deshizo un par de nudos. Pese a que el camino fue sinuoso, esta pequeña población de la provincia de Lugo con gran influencia celta es uno de los enclaves más bellos de la ruta y aunque había bastante niebla, el ambiente bohemio me envolvía invitándome a permanecer ahí, pero había que continuar hacia Triacastela.

La mochila, fue parte vital en mi peregrinar porque para mí ésta representaba todo aquello que poseo en la vida, llevaba a mis espaldas: alegrías, lágrimas, recuerdos, mis años, mi fe y una buena dotación de esperanzas, cargaba también las herramientas con las que hoy por hoy he construido cada puente, un gran almacén de deseos y un montón de propósitos. El bastón simbolizaba a cada mano que me ha ayudado a ascender algún peldaño en la escalera de la vida y así, acompañada por el recuerdo de cada ser amado avanzaba pueblos y mas pueblos, y en silencio meditaba y alquímicamente me fundía con la magia transformándome en hada, en felino, en águila, en niña o simplemente en una forma abstracta, ya fuese de colores o sencillamente gris.

Había trozos de la ruta que aunados con el sol me retaban a detenerme, pero las ganas de tapizar mi memoria y mis sentidos de colores, aromas, sabores, gente y figuras podía mucho más que un clima rudo y un cansancio profundo. Conocí mucha gente a la cual siempre recordaré aún cuando no intercambié dato alguno, son seres que hoy por hoy han marcado mi existencia, personas diversas con las cuales compartía el mismo objetivo… “llegar a Compostela” : Alouis, un Sr. De 60 años que caminó tres meses desde Suiza porque quería salir de la rutina; Alejandra, una ejecutiva de 53 que buscaba un espacio para pensar y realizar ajustes en su vida; Javier, un chico que estuvo preso algunos años y ahora busca reintegrarse a la sociedad peleando con sus demonios; Markus, un joven que al final me fui de espaldas cuando sorprendida lo vi celebrando la misa del peregrino… no me imaginé que podría ser un sacerdote; Emilio, un andaluz de 49 años que me hacía reír con chistes blancos después de caminar 44 kilómetros a las 3 de la tarde.

Yorman y Made, fueron mis compañeros del camino, con ellos he creado un vínculo indisoluble por la sencilla razón de que compartimos dolores, cansancio, hambre, mal humor, agua, alimento y muchas cosas más.

En la medida en la que me acercaba a Santiago, la atmósfera era distinta, la mochila pesaba más y los pies pedían base.

Me sentí feliz de poder formar parte de esta antigua tradición, de que mis huellas siguieran surcando el camino para todos los que vienen detrás, robándome el aroma de las flores y deleitando la pupila con ese verde espectacular que regala Galicia, irrumpiendo espacios ancestrales como: el monasterio de Samos, el castillo de templarios de Ponferrada, ermitas diversas y rincones que tenía el poder de hacer estallar un sinfín de emociones.

Después de visitar el Monte del Gozo, tan sólo a 4 km de Santiago de la Compostela caminé aproximadamente una hora para llegar a Santiago, es inevitable que los ojos se llenen de lágrimas, esa música celta que te recibe te hace flotar, era como experimentar la libertad de otra forma. Ansiosa subí las escaleras de la catedral con ese nudo en la garganta y un sentimiento maravilloso de desapego hacia el mundo, la observé como si hubiese encontrado un tesoro y me formé para darle el tradicional abrazo al apóstol. Hubo mucha gente a la cual me hubiese gustado ver antes de volver a casa, peregrinos con los que compartí risas, cansancio y alimento, peregrinos de la vida que necesitaban una recarga de energía y que como yo optaron por ese sendero de ensueño.

El ritual del botafumeiro llenó el místico lugar de incienso, pedíamos al arquitecto universal que nuestras plegarias ascendieran junto con aquel incienso.

Me habría maravillado conocer Finisterra, quemar mi ropa y bañarme en el agua salada, ver cómo el sol se ocultaba y renacer como lo dice la tradición pero indudablemente no era mi momento de conocer aquella tierra, puede y mi Finisterra sea México, entre mi gente arropada por mis amores, en medio de mi Trinidad cuyos nombres no mencionaré.

A CERCA DE LA CONDICIÓN HUMANA


 
 
Días de muchas emociones: cansancio, expectativas ante lo incierto, fé, tristeza, alegría y todo lo que implica cerrar un ciclo.
 
Me duele el cuello y he tomado a tres cafés, escucho el Cannon in D de Pachebel y pienso que en un corto lapso de tiempo he aprendido un poco a cerca de la condición humana, cómo una cantidad de veces esperamos mucho de unos (error) y las mejores cosas llegan de la nada o de aquel lugar en el que menos las esperamos, he entendido que el secreto del triunfo se encuentra en "dar", que sólo así podemos liberarnos de nosotros mismos, pero no entregar esperando algo a cambio, el sentido esta en dar con emoción, con ese feeling intrínseco que con nada se describe dar: abrazo, caricias, alegría, flores, tiempo, cartas y lo mejor de nuestra esencia.
 
Se acaban vacaciones para la mayoría y para otros apenas nos comienzan, mi alma vieja se prepara para dar el salto, tengo habre y esta zona de confort ya no sienta bien. Algo dentro de mi esta sucediendo, algo grande y espléndido… qué es????, no lo se!!!.
 
Hago el recuento de lo aprendido y lo conseguido en todo este tiempo y me siento satisfecha, he saciado inquietudes y he alcanzado una parte de lo deseado, todo lo propuesto en estos años. No deja de sorprenderme el Universo, me llena y me llena de acontecimientos y seres espectaculares por lo que soy la mujer más afortunada de toda la orbe, y si volviera a nacer volvería a escoger este contexto, tengo la seguridad de que por lago lo elegí en esta última vida.
 
Tengo la firme convicción de que existe una anciana oculta en este cuerpo de 27, por favor no confundas esto que te digo con soverbia, pero son ya muchas épocas, lecciones y sin embargo sigo aquí buscando no se qué, pero eso si, aprendiendo!!, a eso vine y sé que todo el cansancio que  hoy siento es  ironicamente parte de mi entrenamiento y evolución que me hará  subir ese peldaño.

Navegar contra corriente


Si… hay que navegar contra corriente.
Me sucede que cuando no quiero pensar mucho, deprimirme o preocuparme me da por dormir, dormir laaaaaargas horas, es curioso que después de haber pasado algunas noches de insomnio ahora he decidido dormir mucho, o traducido en otras palabras «he decidido cerrar a ratos los ojos del alma».
Últimamente me he sentido con una gran incertidumbre, en mi vida se han venido dando sucesos inesperados pero al mismo tiempo estoy en espera de otros tantos por el contrario «muy esperados», sin embargo creo que estoy un poco loca, a veces pienso tanto que termino perdida en la eternidad de los sueños y un poco en la eternidad de una lucha constante que a momentos me fatiga. De repente siento la mente un poco entumida, atiburrada de cosas por contar, feliz, placentera aunque también un poco torcida, silvestre y ermitaña con un inmenso mundo interior.
La atmósfera que hoy respiro me sabe un poco densa, me sabe fría, me sabe a soledad con un fuerte aroma a Dios.
Sé que tal vez entiendas poco de lo que te hablo pero si… hay que navegar contra corriente y muchas veces empezar desde 0 cuantas veces sean necesarias, caerse, tragar polvo, respirar hondo, secarse las lágrimas y renacer después de todo.

ENTREVISTA A OSWALDO SANCHEZ


PORTERO TITULAR DE LA SELECCIÓN MEXICA

DEFENDIENDO LA META, COMO A SU PROPIA VIDA

 

El fútbol es mi vida y es lo único que se hacer”, dice Oswaldo Sánchez, con una satisfacción intrínseca e indescriptible. Considerado como el mejor portero de México en la actualidad, este singular personaje del fútbol mexicano no sólo se ha caracterizado por su trayectoria, sino por esa sencillez y actitud ante la vida… la actitud de un ganador!!!.

 

Oswaldo no dudó ni un instante en regalar esta exclusiva  entrevista a Revista Avándaro, en donde relajadamente después de un entrenamiento en la cancha de fútbol del Club de Golf Avándaro se dispuso conversar y a compartir con nosotros su paso por este popular deporte, dejando entrever su garra,  pasión y compromiso no sólo con él mismo, sino con México.

 

 

¿Siempre supiste que llegarías a ser un jugador profesional?

 

Yo desde que tengo uso de razón juego fútbol,  desde que estaba en la escuela siendo muy pequeño, llegaba a casa, hacía la tarea y me iba a jugar fútbol toda la tarde. Lo traigo arraigado y pienso  que es hereditario, porque mi padre y mi abuelo jugaban, mi padre llegó a jugar hasta reservas profesionales, entonces la ilusión y el deseo los traigo en la sangre. Nací con el balón en la mano y comencé a practicarlo profesionalmente a partir de los 17 años, todo se dio porque un amigo me llevó a probar suerte en el Atlas.

 

Soy una persona muy autentica. En la cancha soy agresivo pues no soporto perder y soy muy competitivo, pese a que tanto en la vida como en el fútbol  no siempre se gana, no me gusta quedarme con nada, sino por el contrario dar todo hasta el final.

 

Platícanos un poco de tu trayectoria

 

Yo he estado en 4 equipos, empecé en Atlas 3 años, estuve en el América otros 3, luego en Chivas estuve 8 años y llevo apenas uno en el Santos. Soy una persona que ama tanto su trabajo y lo disfruta indistintamente del lugar en el que se encuentre. Yo le voy a las Chivas, eso está claro y todo el mundo lo sabe, pero bueno, una cosa es que yo le vaya a algún equipo y otra muy distinta es ya en el plano competitivo.

 

Fuera de la cancha, ¿cómo es un día en la vida de Oswaldo Sánchez?

 

Disfruto mucho estar con mis hijos y con mi familia, cuando descanso me despierto tarde como a eso de las 9:30, veo la tele con los niños, salimos al jardín y prendo el asador. En casa tenemos una alberca, y puedo estar ahí las horas.

 

Además del fútbol, ¿qué otra cosa te apasiona?

 

Me gusta mucho estar en la playa… me encanta!, yo creo que cuando me retire iré a vivir ahí, sobre todo me gusta Puerto Vallarta, además está muy cerca de Guadalajara. Quiero disfrutar de esa tranquilidad que por ahora debido a mi carrera no puedo disfrutar.

 

¿Habrá algún equipo en cuál te gustaría jugar?

 

Me encantaría jugar en el Real Madrid o en el Barcelona con mi compadre Rafa. Siempre tuve la ilusión, pero ahorita ya no tanto. El no conseguir todos tus sueños  no significa que eres un fracasado, y aunque quise ir a Europa a jugar, cuando tuve la oportunidad de hacerlo no  lo hice, en realidad no me arrepiento pero si  me quedó el gusanito.

 

Antes de salir a la cancha, ¿tienes algún ritual o amuleto?

 

Fíjate que yo creo mucho en Dios y siempre me encomiendo a él, y ahora que no está mi padre pues también me encomiendo a él,  era mi fan número uno, siempre estaba en el estadio dándome ánimos y eso lo tengo muy presente.

 

¿Podrías compartir con los lectores de Revista Avándaro  lo que ha implicado para tí ser el guardameta de la Selección Nacional?

 

Para mi es una satisfacción impresionante, es maravilloso dedicarte a lo que te gusta y que además te paguen por ello, y el representar a mi país me hace sentir privilegiado. Por ahora para mi lo más importante es recuperarme de la lesión que tengo en el hombro para regresar con todo.

 

Tu momento más difícil…

 

En el mundial del 2006 había mucha expectación con la muerte de mi padre, y cuando yo regresé del sepelio y entré a la cancha todo el estadio gritaba mi nombre, lo que me dio mucha fortaleza. Esa fue la experiencia más dolorosa e irónicamente la más bonita, te das cuenta de que en realidad querer es poder, pese a que fue complicado sacudirme ese dolor y sacar la garra.

 

Mentalmente, ¿cómo te preparas antes de salir a la cancha?

 

Creo mucho en la programación mental, siempre me vislumbro jugando contra algún personaje y me imagino con acciones en contra a través de las cuales saldré victorioso, y  a la hora del partido resulta que el opositor tiró por donde yo pensé y es así como me resultan las cosas. Soy alguien que se aferra a lo que quiere y no es por presunción, pero en el aspecto futbolístico he logrado todo lo que me he propuesto.

 

De tus colegas, ¿a quién admiras?

 

Yo admiro muchísimo a Rafa Márquez, primero que nada porque es mi amigo, y luego porque ha hecho cosas impresionantes, como por ejemplo incursionar en el fútbol francés, más tarde en el español y haber triunfado en ambos… eso es un gran mérito. Creo que él es uno de los referentes modernos más importantes del fútbol mexicano. También,  admiro por supuesto a Pavel Pardo.

 

 

¿Cómo ha sido tu estancia aquí en Avándaro?

 

Ha sido muy buena, se ha cumplido con el objetivo de relajarse y entrenar, nos han tratado maravillosamente. Vine hace 9 años con la selección que fue en el mundial del 98. Definitivamente es un lugar que me encanta.

 

 

Algún mensaje a la gente de Valle de Bravo

 

Yo considero que el deporte ha venido sobreponiéndose a muchos obstáculos: políticos y hasta culturales. Hay muchos deportes que son obstruidos por la misma sociedad, veo un México con muchas ganas de crecer en muchos aspectos, y en particular a la gente de Valle de Bravo y a los lectores de Revista Avándaro, los invito a que no dejen de soñar. Yo creo que el ser humano puede conseguir todos sus sueños, pese a los tropiezos hay que levantarse y seguir incansablemente hasta llegar… Soñar no cuesta nada y en la medida en la que se sueña es en la misma en la que se puede conseguir  lo que uno desea.

 

 

 

Oswaldo Javier Sánchez Ibarra, nacido en Guadalajara, actualmente milita para el Club Santos Laguna, y es considerado como uno de los mejores porteros del mundo, es el arquero titular de la Selección de fútbol de México destacando por sus grandes reflejos, y milimétricas atajadas, ganándose el sobrenombre de "San Oswaldo" otorgado por la afición de México. Fue llamado a formar parte del equipo  Tricolor para los mundiales de Francia 1998, Corea-Japón 2002 y Alemania 2006. En los mundiales de Francia 1998 y Corea-Japón 2002, fue portero suplente, fue en el  año 2006 en el que se le presentó la oportunidad de aparecer dentro del campo de juego en un Mundial.

Un empolvado capítulo de mi infancia


Siento deseos de escribir y simultaneamente “no”, por mi cabeza pasean silenciosos cientos de personajes, algunos empolvados por el olvido y otros simplemente son parte de mí, de todas esas vidas que me han traído hasta estos 26 años (casi 27). Algunos son lujuriosos, otros son nobles y callados, otros sabios, algunos más caminan sumisos y en su mayoría desfilan guerreros y estoicos (estos últimos podría decir que son un reflejo del alma mía). De pronto trato de tejer con nostalgia cada episodio, es como si yo fuera un volcán hirviendo a casi nada de hacer erupción, y mis emociones se revolcaran entre la lava de mi memoria, buscando emerger de tanta oleada y al final encontrar la quietud.

 

El martes fui al pueblo, ha cambiado tanto! Pero en esencia sigue siendo igual (un poco como yo), y fui a esa iglesia en donde transcurrió toda mi infancia, salió ahora del sótano del recuerdo esa escena repetitiva de travesura… aquellas tardes cuando me metía bajo la cama del padre José y a oscuras lo esperaba cuando él llegara de dar la misa, de antemano yo sabía que él tenía el hábito de llegar y quitarse los zapatos y descansar los pies aún con calcetines sobre un tapete que tenía junto a su cama, y así diabólicamente salían unas manitas de la colcha que arrastraba al piso y jalaban sus pies. Dios bendito no le dio a este hombre un infarto, un buen día se enfadó y me regañó con toda saña, por lo que decidí cambiar de travesura… Las puerta de su recámara se abría de par en par a la hora de meter la llave, así que en lugar de esperarlo bajo de la cama ahora  lo esperaba tras de una puerta y en cuanto él entraba a oscuras yo le saltaba con un clásico “buuuuuuuuuuuu”. Era realmente demoníaca y ese hombre santo toleraba cada una de mis acciones. No todo eran travesuras,  recuerdo aquellas lecciones de teclado, guitarra y canto, también cuando me encerraba en el sagrario a rezar las vísperas. Mamá siempre me obligaba a ir a misa, obviamente eso no entraba en las prioridades de una niña de 8 años, pero era tan tan astuta que me quedaba a brincar en el patio muy pendiente a la hora de la paz, y cuando ese momento llegaba entraba yo corriendo con mis amplias alas que apenas y cabían por la puerta del altar para darle la paz al sacerdote y a mi madre, y así ella pensaría que en realidad estuve ahí, aunque a veces no lo creía del todo y me preguntaba de qué había tratado el evangelio, lo cual yo ya lo tenía resuelto pues del misal mensual tomaba el evangelio del día y medio lo leía para responder a su pregunta y así ella quedara satisfecha y no me acribillaría a regaños.

 

Esto es sólo un trozo de mi infancia, un episodio de un viejo capítulo que con cariño recuerdo, poco a poco iré compartiéndote pedazo tras pedazo, conforme vaya desempolvando mi memoria.

 

Un gran abrazo

ENTREVISTA A FRANCISCO CÉSPEDES * BY ME


FRANCISCO CÉSPEDES…

EL HOMBRE QUE LE CANTA A LA VIDA

 

 

Dentro de los grandes artistas que visitaron nuestro Pueblo Mágico en esta 5ta edición del Festival de las almas, se tuvo la fortuna de contar con la participación de el grandioso artista cubano Francisco Céspedes, quien durante poco más de dos horas, nos deleito con una serie de éxitos que le han hecho trascender entre el público mexicano, a quien habló de sus más grandes amores a través de sus canciones. Con bastón en mano, sombrero blanco y un atuendo color negro, Céspedes se entregó a los vallesanos.

 

Por supuesto, Revista Avándaro no desaprovechó la magnífica oportunidad de conversar con el cantautor en exclusiva.

 

Amor, bolero y jazz ¿Es esta la combinación perfecta?

 

Y, ¿las  mujeres?, sino ¿quién me insipirará a componer ese bolero?, son las musas que provoca todo en el alma mia.

 

¿Podrías describir esa sensación que te dejó el estar entre cientos  de vallesanos y compartir tus canciones?

 

Yo me dedico a esto… cantar; si la gente viene, se rie, canta conmigo y me aplaude me lleno de emoción, es más, ni siquiera podría describirlo.

 

¿Había visitado Valle anteriormente?

 

Si, he estado aquí cuatro veces, la gente creo que me quiere mucho y el lugar es maravilloso… Me encanta!!. Aún no he tenido oportunidad de visitar Avándaro, pero con toda seguridad lo haré la próxima vez que vuelva.

 

¿Cómo es tu relación con esa vida a quien tanto le cantas?

 

Mi relación con la vida es intensa… muy intensa diría yo!, con mis hijos, con la música, con el destino, con la muerte. Soy amoroso e inteligente cuando debo serlo, y a la hora de los errores estoy dispuesto a enmendarlos, entonces la vida te va respondiendo, te vas llevando cosas, le vas dejando cosas a ella. La vida siempre es más importante que uno y aunque parezca efímera uno puede transformar ese tiempo en algo eterno, como por ejemplo cuando uno se propone dejar cosas que perduren en el tiempo, así que cuando las cosas se hacen con amor, seguramente permanecerán, aún cuando uno ya no esté.

 

Ahora que hablas de muerte, ciertamente poco nos gusta pensar en ésta, pero después de haber vivido tanto: de haber amado, de haber llorado, de haber escrito tantas canciones y recibido tantos aplausos, ¿Qué te gustaría que dijera tu epitafio?

 

Yo creo que quien lo hace, lo hace con la completa idea de trascender y no pretendo hacerlo así… ¿Por qué después de muerto?, debemos compartir lo que somos en vida y ser recordados por todo lo que fuimos capaces de dar sin tratar de que nuestra esencia se concentre en un epitafio.

 

Muchas veces, el éxito es un arma de doble filo, para ti ¿en qué radica el éxito?

 

Para mí, el éxito debe buscarse a diario haciendo hasta la más pequeña de las cosas lo mejor posible sin tratar de conseguir eso que a tanta gente le encanta… la fama de la televisión, y desgraciadamente, la televisión hoy en día provee al mundo de cosas absurdas. La gente ya no lee novela, ensayos,  críticas y cuando lo hace son publicaciones amarillistas, tampoco gusta del buen cine, no se reúne a platicar sobre el arte,  la filosofía o la arquitectura. Por supuesto no estoy generalizando, pero tristemente así son las cosas, así que para mí el éxito real, radica en hacer lo que a uno le apasiona pero con intensidad, lo demás es sólo consecuencia.

 

¿Cuál es la canción cuya letra refleja casi a ciencia cierta quién es Francisco Céspedes?

 

Todas…. Todas mis canciones!!, yo todas las canciones que escribo reflejan lo que yo soy, no puedo escribir nada que no sienta ni sea parte de mi, ni que inventé o que me contaron.

 

¿Podrías compartir con los lectores de Revista Avándaro una de esas experiencia deliciosas que viviste siendo niño en tu natal Cuba?

 

Fui el niño más amado de esta tierra por mis padres que fueron divinos, son historias que desgraciadamente cuando converso con muchos amigos, me doy cuenta que son todo lo contrario. Eso que tuve yo, fue toda una historia de amor, una infancia feliz, de hecho yo vivía en un país en el que para ser feliz había que tener unos padres como los míos, pues todo lo que había alrededor era pura tristeza. Me enseñaron a ser una persona decente, me dieron una ética y las herramientas para formarme yo una moral, obviamente no soy un santo, pues de ser así sería muy aburrido, así que la formación que me dieron mis padres fue mi herramienta primordial a la hora de elegir hacia dónde ir.

 

¿Y el amor?, ¿qué es el amor para ti?

 

El amor son muchas cosas, es una necesidad y a decir verdad no podría darle una definición, porque ni los grandes poetas lo han hecho. Si pudiera traducirlo un poco en palabras, diría que es la diversidad del alma, esa necesidad intrínseca de compartir y nutrirte de ese algo que te impulsa a seguir adelante.

 

¿A qué le teme Pancho Céspedes?

 

Me dan miedo las ratas y el dolor físico prolongado porque de pronto tiendo a desquitarme con todo el mundo.

 

¿Habrá algún proyecto personal que estés decidido a emprender este 2008, del cuál quieras platicarnos?

 

Trabajar, hacer canciones hasta que muera, estar con mis amigos y mis hijos.

 

 

 

Francisco Céspedes o “Panchito”, como le llaman sus amigos, nació en Santa Clara, Cuba y naturalizado mexicano.  Él, dejó la carrera medicina para dedicarse completamente a la música, formando parte de distintas agrupaciones. En 1992, cuando Luis Miguel se encontraba seleccionando los temas que formarían parte de "Aries", éste decidió incluir la canción de autoría de Francisco Céspedes titulado “Pensar en ti”, una de la canciones más importantes de ese disco, iniciando así su primera etapa dentro de la música como compositor. Otro tema de Francisco Céspedes cantado por Luis Miguel en 1996 fue: "Qué tú te vas", mismo que formó parte del álbum "Nada es igual".

Francisco salta a la fama en 1998, con su álbum Vida Loca. Sus composiciones, se caracterizan por el amor y sensibilidad que encierran, lo cuál le ha permitido a este músico, cantante y compositor alcanzar el éxito en Latinoamérica, Estados Unidos y España.

 

 

 

ENTREVISTA A CARLOS CARSOLIO – UNA DE MIS FAVORITAS


 CARLOS CARSOLIO

COMPARTIENDO SU EXPERIENCIA EN LA MONTAÑA

 

 

Por: Rosario Cardoso

 

Carlos Carsolio es un montañista mexicano de gran prestigio internacional. En 1996 se convirtió en el cuarto hombre en la historia, y el más joven, en alcanzar las cumbres de los catorce ochomiles: las catorce montañas que superan los ocho mil metros de altura en nuestro planeta, todas ellas, las consiguió  sin utilizar tanques de oxígeno.

 

Se ha comprometido desde 1985 a compartir la filosofía de éxito que, a través del trabajo en equipo, la visión y el liderazgo, entre otras, lo ha llevado a las más altas cimas. En este sentido ha impartido más de 1,200  conferencias en México y el extranjero.

 

Revista Avándaro, se dispuso a tener una cordial conversación con Carsolio, quien con excelente disposición, nos concedió esta entrevista:

 

 

Carlos, ¿qué significa para ti, ser el único hombre del Continente Americano que ha alcanzado las catorce cumbres que superan los 8,000 metros  de altura del mundo?

 

Ha  significado una excelente herramienta de mercadotecnia que me ha llevado a lograr  mis verdaderos sueños. A mí nunca me atrajeron los números como tales: no creo en el espíritu olímpico ni en el number one, no creo en la competencia directa, yo creo más en la competencia interna… “con uno mismo”.  Al escalar los catorce  ochomiles abordé  mis sueños, que era escalar paredes de alta dificultad, paredes que nunca habían sido escaladas. A mí siempre me atrajo la exploración, el reto fue escalar montañas vírgenes, siete de éstas las escalé en solitario y sin tanques de oxígeno, en tiempos menores de veinticuatro horas,  haciendo nuevas rutas.

 

¿Y el miedo?

 

Existen varios tipos de miedos: uno es el miedo instintivo que es valiosísimo y lo ha venido desarrollando el ser humano durante toda su evolución, pero que la civilización actual ha ido perdiendo. Para mí ese miedo es muy valioso, por ejemplo, el día que un torero salga al ruedo sin miedo, ese día lo cornean, ese miedo nunca hay que perderlo pero hay que controlarlo. El problema de la educación actual en las culturas occidentales, es que se ha perdido el control de los medios y la educación sobre los miedos. Otros miedos que son terribles son el miedo al fracaso y el peor es el miedo es al qué dirán, es un miedo que cada vez  está abrumando más a los jóvenes, generando sociedades frustradas con individuos golpeados emocionalmente, sin felicidad ni plenitud.

 

¿En qué momento te iniciaste en el alpinismo?, ¿qué edad tenías?

 

Yo vengo de una familia de alpinistas, mi madre y mi padre se conocieron en la montaña, mi mamá subió embarazada al Iztaccíhuatl, a mis hermanos y a mí, desde pequeños nos sacaron a la naturaleza: a enlodarnos, a conocer cuevas, ríos y a sentir la nieve. Desde niño me gustó escalar y mi primera escalada en forma fue cuando yo tenía ocho años, fue una roca de sesenta metros. A partir de ahí me apasionó el espacio vertical y la escalada en roca, a mis catorce años,  comencé un entrenamiento metódico con toda una visión a futuro.

 

Sabemos de tu pasión por los deportes extremos, ¿podrías platicar a los lectores de Revista Avándaro, de dónde viene esa adicción por la adrenalina?

 

De entrada estoy en desacuerdo con la palabra “extremo”, porque desde mi punto de vista, llevar algo al extremo se da cuando  alguien que se dedica a ello totalmente, por ejemplo: Ana Guevara y Lorena Ochoa. Volar en parapente es una actividad muy sencilla, aprender a volar en parapente es como aprender a andar en bicicleta, aventarse en el bonji para mí no tiene nada de extremo porque sólo es un momento de decisión. Se les podría llamar deportes de aventura; ahora, el hecho de practicar este tipo de actividades en la naturaleza fue normal para el ser humano desde el  primer momento, pues siempre estuvo trabajando una planeación estratégica, desde salir a cazar al mamut hasta cruzar una montaña o resolver una tormenta, en ella se alertaban los instintos. En todo este tipo de actividades había una descarga adrenalínica, que hace que los reflejos sean más veloces y que la mente sea también más rápida. Lo triste es que el ser humano entre más urbano es, más va perdiendo esa relación. Se cree que se vuelve toda una adicción a la adrenalina, como la de otros componentes, como por ejemplo:  las sustancias que genera el amor,  entre otras  emociones. Esto es  algo verdaderamente valioso y que por desgracia se ha venido perdiendo en el mundo occidental.

 

¿Podrías compartir con nosotros tu experiencia más grata dentro de tu trayectoria en el alpinismo?

 

Yo no creo en los superlativos, cada montaña me dio algo, es como si te preguntaran a qué hijo quieres más; cada escalada fue la más importante, la más valiosa, la más plena. Al generar superlativos, se generan también grandes frustraciones, porque siempre se busca algo más en vez de vivir plenamente cada amanecer, cada sonrisa, cada instante. Desde ese punto de vista podría contar muchas historias, pues a la gente le gusta mucho escuchar estas experiencias… ¡tengo tantas!,  mi memoria está llena y ha habido de todo: cosas muy duras. El nivel de alpinismo que hice en gran pared sin tanques de oxígeno encontrando nuevas rutas. Tan sólo en mis expediciones perdí a diez de mis compañeros por hipotermia, congelación, por avalanchas o por caerse, aun siendo  de los mejores alpinistas del  mundo. Cada una de estas situaciones te lleva las emociones al límite. En el  lado feliz, podría platicar que a lo largo de una escalada puedes disfrutar de  un atardecer que te llena los ojos de lágrimas;  superar situaciones de  riesgo representa  momentos que se vuelven más plenos que la cumbre misma. Creo que las metas se van dando solas cuando sigues el camino que te dice el corazón, que también es algo muy  profundo.

 

Mentalmente, ¿cómo te preparas a la hora de escalar?, ¿qué representa para ti la montaña?

 

Para mí la montaña es un medio para alcanzar  otro estado  de conciencia, hay muchos mitos alrededor de la montaña con los que yo choco radicalmente: el hecho de llevar una bandera, clavarla y sentirte conquistador es absurdo, uno nunca va a poder conquistar una montaña pues la naturaleza es demasiado poderosa para poder conquistarla, y dejar basura en una cumbre es un daño terrible, para mí la cumbre es el lugar más sagrado de la montaña y hay que conservarla y mantenerla nítida.

 

La cumbre no es la meta, la cumbre es apenas la mitad del camino porque el objetivo es bajar vivo, de manera que tu planeación mental va orientada a eso, ciertamente yo me entrenaba físicamente, pero para mí era más importante  otro tipo de entrenamiento, como por ejemplo, dejar de dormir varios días para poder adaptarme a ese tipo de situación, tener las manos metidas en cubetas con cubos de hielo para resistir esas temperaturas. Yo he visto a muchos excelentes deportistas llorar sin saber qué hacer a menos de 40°, pero también me he encontrado  con personajes como Jerzy Kukuczka, un gran maestro con el que escalé muchos años, él era el mejor alpinista del mundo y a Jerzy nunca le escuché una sola queja por hambre, frío, sed o cansancio físico. En ese sentido es en el que debes prepararte, porque a mayor sufrimiento se disfruta de más satisfactores, y no es que yo sea masoquista, sino que en realidad eso me hace sentir pleno. Es una preparación mental en la que hay que visualizar,  poniéndote obstáculos, imaginando lo peor que te puede suceder, y mentalmente lo vas venciendo, y cuando ya vas en la montaña, se puede decir que  estás preparado para afrontar cualquier situación que se te presente y salir avante de esas dificultades.

 

Dentro de las conferencias que impartes, ¿cuál es el mensaje que te interesa hacerle llegar a la gente?

 

Curiosamente, en el mundo de los alpinistas de más alto nivel, es donde más plenitud de vida he visto y para el común de la gente pareciera que es al revés, hasta nos catalogan de suicidas, el mensaje que doy es “vivir plenamente”, cuando tú conoces la finitud de la vida como puede ser alguien que tiene alguna enfermedad terminal o que tuvo algún accidente y logró sobrevivir, te das cuenta de que es gente que cambió sus valores, su eficiencia; que se concentra en lo que realmente vale la pena hacer en la vida y desde ese momento se es más pleno. El mensaje y la enseñanza que te deja la gran pared y el alpinismo de alto nivel, es que la vida es única y que hay que vivirla exuberantemente, con una gran intensidad y no vegetar la vida protegiéndose sin correr riesgos.

 

¿A qué atribuyes el éxito y reconocimiento que has conseguido?

 

Si hubiese sido por  un motivo específico , yo creo que sería una persona muy triste, conozco a muchos atletas olímpicos que aun en su madurez se encuentran bastante frustrados porque no consiguieron la medalla. Afortunadamente,  en el alpinismo de alto nivel, no hay público, no hay aplauso, no hay medalla de por medio, guarda la esencia del reto. Si    observas  a un niño pequeño armando un rompecabezas y ves cómo lo logra, es esa misma  satisfacción intrínseca que consigue al armarlo, o como cuando alguien aprende a andar en bicicleta, la sensación de sentir el viento en la cara cuando vas dominando la bicicleta, consiguiendo equilibrio, es una satisfacción impresionante… ¡así es la montaña!  Y para mí eso es éxito, y a consecuencia de tu pasión  viene el  reconocimiento, dinero y extras, pero que son sólo eso… una consecuencia. Nuestra sociedad traduce “éxito” en dinero y es algo muy raro, que te vayas a una expedición sin dinero, a gastar lo que tienes porque la gente relaciona ganancia económica con éxito y no hay nada más falso que esto.

 

¿Cuál consideras tú que es el mayor problema dentro de la cultura del deporte en México?

 

Yo creo que es el mismo que vive toda nuestra sociedad, no sólo en el deporte; desde mi punto de vista, el principal problema es que no somos un país explorador, tenemos 5,000 kilómetros de costas y no ha habido un velerista mexicano que los haya recorrido; tenemos miles de cuevas, somos como el Himalaya de las cuevas y son pocos los mexicanos que las exploran,  generalmente son rusos, checos y gringos. Actualmente, los que más hacen desafíos en kayak son también extranjeros. Somos el país más conservador que conozco fuera de los países musulmanes, nuestro conservadurismo es de tal grado que, ahora que estoy tan metido en la tecnología, me doy cuenta de que México patenta menos que Singapur. Estamos lleno de sueños pero no los concretamos, nos hace falta ser más visionarios, nos falta espíritu de riesgo. Es muy triste porque todos los bebés son exploradores, siempre están buscando cosas nuevas e inclusive riesgos, pero en nuestra cultura el padre y la madre mexicana van matando al explorador, no lo dejan caer de las escaleras y luego nuestra cultura es también  tan limitante que aplasta al explorador en la escuela, en las mismas áreas laborales y entonces el mexicano está acostumbrado a no crear, sí en el arte y en la cocina, pero no en la tecnología porque muchas veces la pirateamos y ése para mí es la más grande tragedia de México.

 

En segundo lugar, en general, aunque no es el caso total, es algo muy común: que nos asumimos como víctimas, esto es destrozante emocionalmente, yo lo veo en muchos de los deportistas, hay jóvenes que comienzan a despertar en alguna actividad y ya sienten que por su carita se les debe  patrocinar y se  frustran porque no lo consiguen, o empresarios que tuvieron una maravillosa idea que se frustran también  porque no les dieron el dinero para llevar a cabo el proyecto. Hay que ganarse la vida,  desde los propios deportistas que tienen que buscar un financiamiento a cambio de un gran esfuerzo, a lo que voy es que en México le echamos la culpa a todo: al gobierno, a la familia o a Dios,  y somos un país extremadamente quejumbroso.

 

Valle de Bravo ha sido tu casa por mucho tiempo, ¿qué te enamora de este lugar?

 

Es maravilloso en todo lo que respecta a la naturaleza, es un lugar privilegiado, fantástico para el crecimiento de mis hijos, tener acceso a esas veredas de bicicleta, a esos aromas, esas orquídeas, a esos pinos. Para entrenar y hacer travesías es fantástico, eso me llena mucho de Valle.

 

¿Hay algo que quieras decir a los vallesanos?

 

Que cuidemos este espacio, que construyamos una conciencia social que haga a la gente local más productiva, también con la naturaleza, buscando mecanismos de protección en todos los sentidos, para no perder su magia y conservar ese lugar pues día a día se ve más la tala clandestina, y es duro ver como cada vez hay menos bosques.

 

 

Un poco más de Carlos Carsolio

 

Premio nacional de la juventud en 1985, a los 22 años logra su primer éxito de resonancia mundial, con el primer ascenso al pilar sudeste del Nanga Parbat (8,125 metros), por la pared del Rupal (la pared de roca y hielo más grande del mundo, con 4,500 metros de desnivel). A la fecha, esta ruta no ha podido ser repetida.

 

Durante más de quince años, ha realizado ascensos de “gran pared” en Yosemite, las Rocallosas, los Alpes, los Andes, los Himalayas, la Patagonia y la isla de Baffin. Sus escaladas a cumbres y paredes vírgenes, algunas de ellas en solitario, lo colocan como uno de los mejores montañistas del siglo XX.

 

Entre sus ascensos internacionalmente reconocidos podemos destacar: cumbre virgen del Manaslu Este de 7,992m (1986); primera travesía de la cumbre central a la principal del Shisha Pangma 8,046 metros (1987); primera escalada a la cara sur del Svanhvit en el Ártico (1991); nueva ruta en solitario a la cara oeste, de roca y hielo, del Broad Peak 8,047 metros (1994), nueva ruta en solitario a la cara oeste del Gasherbrum II 8,035 metros (1995); primer ascenso a la cara noreste del  Lobuche Este 6,119 metros (1997).

 

Entre sus ascensos contra reloj impuso récord  de velocidad en 1994 al Cho Oyu (8,201 metros) en 18 hrs. 45min,  en el mismo año en el Lhotse (8,511metros) en 23 hrs. 50 min. y en 1995, en 30 horas al Hidden Peak (8,068 metros).

 

En 1995 estableció un récord mundial al escalar cuatro montañas de más de 8,000 metros en una misma temporada (Annapurna, 8,091metos, Dhaulagiri, 8,163 metros, Gasherbrum II, 8,035 metros y Hidden Peak 8,068 metros). Además, realizó en 1989 el primer ascenso latinoamericano, sin tanques de oxígeno, al Everest (8,848 metros), y, el primer ascenso latinoamericano al K2 (8,611 metros) en 1993.

 

Ha recibido numerosos premios y reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional del Deporte y el reconocimiento como Deportista del Siglo XX. Sus fotografías y artículos han sido publicados en diversos medios nacionales e internacionales. Ha producido aproximadamente treinta documentales alpinos para la televisión de  México y el extranjero.

 

 

 

Simplemente ganas de escribir


Son sólo las ganas de escribir, pálidas y locas, grises como esta mañana  escocesa que envuelve de magia este lugar, hablo de magia porque me mata ese aroma a tierra mojada, cómo el verde de las hojas les da un color empañado a los árboles y aunque parezca un día lánguido no lo es. Parece que todo el mundo sabe bien qué es lo que tiene que hacer sin embargo la pregunta es: ¿serán felices?, y es que ese sentimiento pudiera parecer tan volátil,  nos vemos tantas veces  inmersos en ilusiones que van de paso porque lo que importa a la gran mayoría es lo efímero.

 

Los árboles aburridos se mesen al ritmo del aire bañado de agua y ahora es que se me viene a la mente ese hermoso cuento que escribió un día mi hermana Magui, aquel de “El sueño de un poeta”, en el que el protagonista del relato se compara con un árbol y el árbol decidido expresa su pesadumbre ante la desdicha de ser sólo eso… “un árbol”, argumentando que debía permanecer en ese trozo de tierra toda la vida aún consiente de su naturaleza deseaba éste ser mucha más que eso y en efecto eso es lo que sucede con muchos de nosotros los mortales, pero lo mejor es que hasta de los árboles se aprende, la gran maestra madre tierra regida por el arquitecto universal ciertamente nos llena de energía y riquezas pero también a ratos se estremece de dolor porque pocos son los que la escuchan, es como si ahora el hombre padeciera de sordera, quizás se deba a todo el escándalo interior y al bullicio de la gente y es ahí donde hay que luchar, porque ahí está la enseñanza y esa si perdura y embeleza a los igual quieren crecer.

 

Hoy me siento estoica, decidida a escribir esa novela que jamás nunca nadie halla escrito, creo que los estragos de la infancia son ya mis amigos y maestros, lo digo con estiramiento porque esa es ahora mi piedra filosofal, ya no me flagelo con el pasado y estoy dispuesta a agasajarme con lo que viene, y no es escribir un capricho sino más bien es una pasión desenfrenada que me persigue y me atrapa a cada instante.

Hace sólo un par de minutos hojeaba mi agenda y en definitiva vive en blanco, aún cuando yo tenga muchas cosas por hacer, ¿seré tan libre como me creo?, siento que sólo el amor es quien me puede atarugar y acorralarme, porque ni el tiempo ni el mismo trabajo que tanto me encanta. Cómo el amor cuando es real se convierte en alquimia pura, al grado de convertir un guiñapo humano en un Hércules, una piedra en un pan y hace que uno deje de ser lo que es para convertirse en alguien mucho mejor, bañando de luz cualquier lugar recóndito y oscuro del cerebro y corazón.

Y así, puedo hablar y hablar, comenzar con una idea y terminar con otra porque finalmente de esto es de lo que está llena la existencia: de ideas, ideas que son sólo el principio de un tumulto de inventos, de una revolución con uno mismo, de un interminable crecimiento interior que nos hace trascender a cada segundo.

 

¡QUE VIVAN LAS IDEAS POR ABSURDAS QUE PAREZCAN! 

¿Es de verdad complejo? o fuera de teorías ¿de qué depende?


Desde hace una semana atrás, me he detenido un poco a pensar en lo que implica el ser feliz y aunque soy alguien muy práctica dentro de lo que a  mi rutina y estados de ánimo respecta procurando cubrir con la mayor parte de las expectativas de mi filosofía de vida me he detenido y a menudo me cuestiono sobre aquello que en realidad me hace alcanzar plenitud y hasta qué punto puedo disfrutar de eso que me llena sin que crea que algo me falta, me pregunto con qué más puedo llenarme, no se si se deba a que soy una mujer de retos y no me gusta la vida sosa, sin embargo es aún parte de mi crecimiento el aprender a disfrutar de la paz y la tranquilidad, entender que no todo es competencia y que tampoco debo buscar tanta perfección en cada una de las cosas que hago. Lo peor de todo esto es que compito ante mi misma a cada momento, no me dejo en paz ni un instante y es así como dejo de disfrutar las cosas al 100% y a ratos me siento frustrada porque no doy lo que quiero dar y por tanto me siento infeliz.
Por lo menos hoy me he relajado. Esta mañana salí y disfrute del sol, del canto de los pájaros y  de un licuado de mango, por la tarde visitaré a mamá y llamaré a un par de amigas, hoy no yoga ni tampoco golf. Terminaré ese libro que ya falta poco y trataré de escribir un poco más.
En realidad quiero ser feliz!!!, pero no quiero  una felicidad efímera que dependa de una buena tarde de golf, o una magnífica  respuesta en la clase de tennis, ni que tampoco dependa del traer un clavo en la bolsa, la verdad quiero mucho mucho mucho más, quiero encontrar dentro de mí mucha más luz de la que veo, más calor del que siento, más amor del que doy, quiero sabiduría, quiero paz y perdón, no quiero perder mi capacidad de asombro ni tampoco ver cotidianidad entre tantas maravillas. Quiero sentir el milagro una y otra vez, respirando, escuchando, observando la menor de las simplezas, disfrutando de los colores, los sabores y todos los aromas que me regala el universo.
Les mando un fuerte abrazo, recordándoles que la felicidad no depende de algo o de alguien, sino siempre de uno mismo

Esta soy yo


Cientos de veces me pregunté quién era yo en realidad y transitando dentro mío recordaba que de niña, me sentí como un montón de espejos rotos, y hasta no hace mucho como una alma de niña con alas inmensas, autodidacta y nostálgica. A momentos intrépida pero también absurda porque es curioso como un antrópodo pueda robarme la calma pero no muchas veces lo desconocido e incierto.
Soy simple e indecisa, muchas práctica y otras complicada.
Soy cristalina y a momentos translúcida, mi filántropo y mi verdugo.
Mi vida es un libro seriamente abierto, aunque siendo honesta puedo admitir que existe un capítulo censurado, el cuál comparto sólo con mis mejores amigos. Trato de pasar por inadvertida  a cada lugar al que voy y disfruto mucho el estar a solas conmigo.
Ahora que converso contigo en cuanto a lo que hoy soy, puedo presumir que he aprendido a negociar conmigo de modo impresionante, que ciertamente tengo miles de defectos pero en muchas ocasiones han sido más que pecados añejos mis sirvientes leales.
Me he inventado un mundo hermoso, lo he decorado con excelentes amigos que me hacen disfrutarlo en plenitud, a demás de que he descubierto que todo lo que me rodea cobra vida «pertenezco a mi espacio y él a mi», soy excelente amiga del fuego y he establecido una íntima armonía con el universo y el amor.
Una de las mejores cosas que he aprendido es a relajarme, a entender que muchas veces el no hacer nada es parte del gozo, que hay cosas que se nos van de las manos y que tampoco soy la mujer maravilla.
En fin, como dice Isabel Allende, tal vez  esto parezca un retrato en sepia a pesar de mis 25, y la única finalidad es que sepas aunque sea en breve una pizca de mi.