De mi ración de los cinco panes y dos peces


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A veces me resulta una odisea el abrir un espacio en mi día para contar lo que sea, aún cuando a veces piense que no hay mucho qué decir tengo la convicción de que hay tanto que platicar, desde la trivialidad más absurda hasta la situación más excéntrica.

Antes de que termine el año, quise dejar esa tibieza para sentarme a explorar esa metamorfosis que he experimentado estos últimos meses y por qué no decir que durante las últimas semanas. De antemano sé que es muchas veces complicado encontrar las palabras, siempre revolotean y se esconden pero el alma desea como el mudo tan sólo hablar, sorber aire y emitir sonidos en silencio como ella sabe.

Es irreal esa impotencia que se siente cuando tienes una gracia y no fluye, es experimentar “La noche oscura del alma” tal como lo decía San Juan de la Cruz pero dentro de mi propio don, es como si a veces huyera de mí y se ocultara en mi parte más profunda, donde existe la ausencia de toda luz, así es cuando intento conversar y me siento lisiada de ideas, de renglones, de palabras y el fin hoy es cauterizar mi propia noche oscura.

Estoy sentada y escribo sobre la mesa de la cocina de mi madre, he venido a compartir tiempo con ella pero hoy es una noche larga, ¿por qué?… no lo sé, pero creo que  la noche está hecha para tejer sueños,  y aquí solita, intento gozar un poco de mi ración de los 5 panes y 2 peces que el universo ha repartido entre más o menos 700 millones de habitantes, así pues  intento  expandir alma, mente y corazón degustando cada bocado aunque a veces vacile y pienso cómo realmente a los seres humanos nos cuesta trabajo disfrutar todas esas cosas que se nos obsequian en este viaje maravilloso, nos concentramos en los abismos y no en las brechas… es tan divertido perderse cuando se intenta tomar una vía alterna, son increíbles todos esos rostros que se encuentran en el camino, esas miradas de colores que tienen la capacidad de tocar el alma con tan sólo un poquito de su brillo y después es tan disfrutable mirar en retrospectiva y saber que todo está mágicamente unido, que cada mano que extendiste y te extendieron, que cada sílaba pronunciada, que cada bocanada de oxígeno, que cada curva dibujada en los rostros, que cada sombra que te cobijó, que cada miedo vencido no eran nada más que parte de un plan majestuoso, de una coreografía cósmica creada por la mano que todo lo hace, y, ¿sabes qué me encanta?, cómo sin darnos cuenta nos reinventamos todos los días, amo experimentar los efectos de cambiar de perspectiva y el descubrir que un corazón abierto tiene la capacidad de cambiar radicalmente  todas las cosas: expande, abraza, transforma, genera y AMA! Pero también, un corazón abierto deja morir lo que debe morir creando espacios para que nazcan cosas nuevas.

Nada como  hacer lo que se tenga qué hacer  simultáneamente abrazando lo que este instante  “es”,   avanzando  que la vida no espera, gastando  los segundos amando mucho, abrazando mucho y gozando mucho con la plena seguridad de que cualquier herida que surja sanará pronto, sólo deja que tu corazón vibre alto y alíneate con aquello infinito.

Conviene por la noche no cerrar los ojos sin una pizca de gratitud, sin olvidar la finitud humana paradójicamente plantada en ese eterno “aquí y ahora”, no irse a dormir sin seguir el instinto de ofrecer una disculpa para mañana renacer con un alma expandida, más fuerte y  más amorosa

Hace poco, escribía que la mejor ofrenda que se puede hacer al amor divino es creer en uno mismo, que cuando crees en ti mism@ la magia ocurre con la siempre emergente presencia de Dios que todo trasciende, así pues, degusta tu ración de panes y peces, y si crees que se terminarán entonces  multiplícalos con la plena convicción de que la divina providencia extenderá su mano compasiva  a ti en el momento que  lo desees.

Esta noche sé, que eres melancolía ahí donde Dios suele jugar a las escondidas…


Melancolía, como sombra letárgica sigilosa me sigue, callada y sabia, aún con esa apariencia fúnebre esconde la primavera entre su falda, declama, canta, se lamenta y ríe.

Melancolía, como calle solitaria, pero bella y mágica, como dama misteriosa, vestida de seda, te escurres, penetras en los huesos, viajas por las arterias, hinchas el corazón

y  gritas dentro, muy dentro de mí, haces eco y sales por los ojos concentrada en una lágrima, fragmentada en mil historias, gozas paseando por las mejillas, te enalteces salada y te adueñas del tiempo, te conviertes en reloj y te robas los segundos, los minutos, los días hasta que te adueñas de lo infinito, de lo irreal, de lo que es, de lo que fue, de lo que aún no llega.

Melancolía, sabia maestra que disuelve la cotidianidad de los días, que estruja el corazón y lo moldea entre sus manos de gitana, que despabila y despierta.

Melancolía, que destrozas las corazas, que desnudas, que desenmascaras  frente al espejo al ser más siniestro, al poeta más maldito.

Melancolía, que engendras poemas y das a luz en noches de luna llena para luego amamantarlos de añoranzas, de adioses disfrazados de hasta luegos.

Y así, melancolía me recuerdas que estoy viva, que soy viajera de  los días del calendario, y que dentro de lo absurdo, vive lo absoluto, que de mi fragilidad emerge la  llama y que aunque parezcas dueña del tiempo, eres alquimista atemporal.

Esta noche sé, que eres melancolía ahí donde Dios suele jugar a las escondidas…

Metabolizando experiencias: Mi Camino a Santiago de la Compostela


Son tres años ya de haber realizado mi Camino a Santiago de la Compostela y mucha gente me ha preguntado qué sentido tiene, si realmente transforma y en qué radica toda esa magia de la que se habla, en un principio no sabía qué responder, pues a sabiendas de la riqueza del mito y la historia que éste guarda como en todo no me resultaba tan visible y de alguna manera mi proceso alquímico tomó su tiempo, así como cuando las semillas germinan o las mariposas rompen la crisálida así viví yo esta experiencia catársica.

Esta noche de pura gratitud decidí escudriñar en la memoria y aunque cierto es que no es la mejor, de acuerdo al resultado mencionaré qué es eso que el camino me regaló:

Restaurar del alma. Nada como el silencio y la naturaleza para diluir eso que “ya no era” pero yo tampoco lo entendía. De alguna forma he aprendido que la naturaleza es una chamana que recicla esa energía de la que estamos hechos, era  increíble estar en la misma frecuencia y pulsación de los cerros, los ríos, los árboles, la niebla, las flores, las piedras, el polvo, el sol y la lluvia, expandiendo el corazón, la conciencia y los sentidos.

Practicidad. Ir por la vida con lo esencial es quizás lo más importante que aprendí en esos 350 kilómetros, sencillamente practiqué el desapego con todas esas cosas que yo creía y eran elementales, pues pude  andar 12 días tan sólo con un par de mudas de ropa y dormir gustosamente aún en el albergue más austero.

Fe. El bastón era tan sólo la representación de ésta y cierto es que cuando yo inicié mi viaje, creí que era absolutamente simbólico y ¡Oh sorpresa!, no sé qué habría sido de mi en esos caminos empinado si no hubiera tenido de qué sostenerme, entendí que así funciona la mano de Dios y que a pesar de  lo sinuoso de algunos tramos era cuestión de paciencia pues todo era temporal.

Descubrir cómo funcionaba la vida en pequeña escala. Pude comparar mi camino hacia la Compostela con la vida misma, pues el día que yo creí que dormiría en un parque porque no había más capacidad en albergues dormí como reina en un hotel 4 estrellas, lo cual quiere decir que, siempre siempre existen situaciones que aún  pareciendo las  más complejas y adversas con la gracia divina dan giros de 180°  transformando cualquier escenario en expectativa rebasada.

Descubrir ángeles sin alas. Que si bien he sido siempre afortunada con esas manifestaciones de Dios a través de muchos seres, en esa ocasión pude disfrutar de la compañía de personas mágicas como hadas, de sonrisas radiantes y manos generosas. Siempre sentí el aliento de Dios.

Vivir la magia. El camino me llevó a sitios insospechados en donde pude liberar situaciones añejas y donde pude también sacar el esqueleto del ropero para renacer después de unas cuantas lágrimas, de esas que fluyen desde la esencia y que concentran un mar de emociones en una minúscula gota de agua salada, conocer esos sitios de los que yo escuchaba hablar cuando era niña  fue un regalo majestuoso que atesoro en cada rinconcito de mi.

Persistir. No es fácil andar en promedio 30 kilómetros por día, pero realmente dejan de sentirse al observar cuan vasto es el universo, dejan de sentirse cuando tomas tu diario y plasmas esa emoción o revelación que llegó a la memoria en unos de esos pasos coleccionados durante el Camino de Santiago, quizás viendo girasoles, comiendo polvo, dándote un baño de sol o bebiendo agua para finalmente ser recibido en Santiago con música de gaita y vibrar con cada nota, estar tan presente en ti como si fueras el centro del universo, como si todo lo vivido no tuviera más sentido, como si toda la existencia se concentrara en ese instante exactamente como cuando emergiste del vientre de tu madre.

Entiendo que  la lista podría ser realmente larga, pero esta noche es esto lo que llegó a mi vaga memoria, esta noche esto es lo que soy y es un hecho que aquí, desde mi sofá chocolate sigo un camino muy similar pero en otra dimensión, con otros compañeros de viaje, con otras ideas, con otros objetivos, con otros retos y renaciendo a cada segundo como lo hice ahí, en mi peregrinar del  Camino de Santiago de la Compostela.

Piezas de mi rompecabezas


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Amar la locura, las obsesiones, las fijaciones, las preguntas aún sin respuesta, las utopías,  los  hábitos, las ambivalencias, el desconocimiento, lo inimaginable, las incongruencias como parte del propio  númen… Yo soy lo que soy y esto es lo que es… Sólo así fluyo desde mi propia gracia evidentemente todos los días «dejando morir lo que debe morir», hasta que no quede nada, hasta que abrace a la misma ausencia.

Qué bonito es cuando llega esa capacidad de ver las cosas tal cual son, qué bonito es aterrizar y escoger una vez más, y qué bonito es tener la seguridad de que aún cuan incongruente podemos llegar a ser siempre hay oportunidad de cambiar lo que no nos guste… creo que es el regalo más grande que nos fue dado!!

Me gusta ese lado híbrido de las incongruencias, siempre encontrar los grises es una aventura, hay tantas versiones de nosotros mismos en el trayecto que todos los días se proyecta algo y es básico hoy sacar una mejor  versión que la de ayer.

Me gusta mi sombra de cuatro patas, me gusta cómo mi alma salvaje no termina de encajar, me gusta esa sensación híbrida entre exilio y libertad, me gusta cómo se han agudizado mis sentidos, me gusta decir NO, ADIOS y GRACIAS.

Me gusta reconstruir y renacer todos los días, todos los momentos, todos los segundos, con  gratitud a todo eso que no es y amor a lo que sí es. Abrazar  este instante que está agonizando…

 Amar la intensidad del pasado, honrar la quietud de esta noche, bendecir las  alas y apreciar estos segundos que definitivamente se irán para no volver, mandar abrazos a lo que se ha convertido en propio  y luz a lo que se dio sentido de pertenencia aunque fuera por un instante.

Observar con los ojos más que abiertos para no perder de vista ningún milagro… aún cuan matizados – brillantes, grises y oscuros – puedan ser, siguen siendo milagros

Me vuelvo presente consiente… G R A C I A S !!!

Conjugando silencio, soledad y atemporalidad


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Si conjugamos, silencio, soledad y atemporalidad, seguramente el alma cantará al ritmo del tambor del corazón, ese que se escucha sólo si guardas por un instante las palabras y acallas el pensamiento.

Es contundente la maravilla de crearlo todo, de reinventar los pasos, de creer que hay algo inmenso que lo soporta todo y que lo ama todo.

Estoy rodeada de segundos, de instantes atemporales y en mi mente hay una fogata donde incinero lo que ya ha sido, donde en una especie de ritual veo como mueren uno a uno mis pensamientos más arcaicos, cómo sucumbe lo que era  hace apenas un minuto.

 Siempre he dicho que soy mi filántropo y mi verdugo, siempre me ha gustado ver la luna y nunca me ha gustado contar las horas ni los días, tal vez son mis propios latidos los que marcan mi tiempo, es mi respiración lo que precede al nuevo yo, es revelador cada detalle que surge en estos espacios de metamorfosis. Me gusta ver como mis ojos se encienden y se apagan, me gustan las pocas pecas que me quedan y cómo la lluvia afuera me canta una canción al ritmo de ese… el tambor del corazón.

Exiliada, aún buscando un lugar donde mis alas puedan expandirse en toda su amplitud; Incongruente, siempre negociando con lo que me gustaría ser y lo que realmente soy tratando de mantener mi esencia intacta. Quizás hoy estoy aprendiendo que hay un tiempo para todas las cosas y que cada cosa tiene su debido tiempo, estoy aprendiendo  a rodar con lo áspero y resbalar con lo suave, estoy aprendiendo a agradecer al Universo por  todo eso que no es y estoy aprendiendo a tener amor a lo que sí es y quizás la lección más importante sea el mantener esa luz encendida dentro de mí, a disfrutar de este proceso alquímico de entre todas y cada una de mis facetas, a observar todos mis matices y encontrar disfrutar desde mis tonos más brillantes hasta los más opacos, mis formas más abstractas y mis formas más divinas y así seguir descubriendo el milagro y la belleza de mi mundo espejo, resolviendo acertijos, observando milagros y floreciendo aún cuando pueda sentirme la rosa del Principito.

La cuestión es si realmente he aprendido a dejar morir lo que debe morir, si realmente he comprendido que las tumbas son un velo entre la “muerte-vida” y la verdadera luz,  que todo eso que se entierra por naturaleza da paso a un nuevo ciclo, desde nutrir la tierra “mi propia tierra”, hasta hacer que los árboles den mejores frutos, más dulces, más coloridos.

Quiero seguir siendo la salvaje de siempre, quiero no entumecerme sólo porque a veces sienta frío, quiero dar saltos más altos y que mis sentidos se agudicen en todo su potencial, deseo ver a  mi mundo espejo  más nítido y que mi olfato e intuición me permitan seguir avanzando y gestando lo que quiero gestar, deseo la libertad del viento, la magia del fuego, la fluidez del agua y la gentileza de la tierra.

Pero esto, no sólo lo deseo para mí, sino también para ti que me estás leyendo.

Yo animal


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Froto mis manos como si quisiera sacar chispas de éstas, el día es fresco y hoy decido escudriñar en el mapa de mi alma, ese por el que he viajado durante tanto tiempo y no deja de develarme cosas que no tenía idea que existieran o tal vez no recordaba. Sin duda he sido  un alma autóctona, siempre instintiva, siempre viviendo entre mis propias risas y concentrando mi esencia en una lágrima, siempre incubando poemas, siempre silvestre aún cuando me llame a mí misma “domesticada” se que miento.

Con el paso del tiempo, quiero pensar que mis sentidos se han agudizado, he ido poco a poco aprendiendo a cantar con mi respiración y a enterrar eso que está muerto, a degustar mejor los besos y a escuchar con el oído del alma aunque a veces debata con las gana de querer hacer lo contrario.

Cuando era niña, admitiré que nací cantando, para mí las notas del Padre José eran mi mejor refugio, mi escondite perfecto, mi vocecita sonora siempre hacía segundas y decía que cuando fuera grande quería yo hacer música, no sólo tocar el piano, sino tejer historias nota tras nota, erizar pieles, alborotar corazones, borrar mentes aunque fuera por unos segundos, liberar lágrimas y conjurar energías, tal vez que la gente por instantes efímeros estuviera completamente presente, pero todo quedó ahí…  “Mi primer sueño”.

Cabe decir que, mi primer poesía la declamé a los 5 años, por más que pienso en qué momento me enamoró no lo encuentro, sólo sé que ese lado nostálgico de mi alma silvestre fluía y la poesía tocaba sus fibras más sutiles y no bastando la poesía, reconozco que fuera ella  Saramago tenía razón… “Las mujeres nunca dejan de llorar por dentro”, pienso que si bien muchas veces es de tristeza, otras es de alegría, otras es de temor al sentirnos vulnerables, desnudas, otras es de ternura, otras de impotencia, cansancio, frustración  y duda, pero  así aún llorando  vamos bailando por la vida, bailando con el trabajo, la soledad, los amigos, las pasiones, las ilusiones, bailando en las despedidas, bailando sobre lo que alguien dejó descuartizado, bailando para hacer de todo momento una experiencia catársica, bailando con el tantra friccionando el universo con cada paso, con cada abrazo, con cada entrega, bailando esta danza cósmica que con distintos ritmos y matices nos va marcando la vida para cumplir cada una su misión, para gastar los talentos, vaciarnos de nosotras mismas y volvernos a llenar.

Indómita, quizás hoy sábado 7 de julio es lo que mejor puede describirme y me alegra saber que hay una depredadora dentro de mí, esa que es como  Kali y que lucha contra todo lo que pueda oponerse a su naturaleza divina, esa que arrasa con todo siempre que es necesario reconstruir aunque también reconozco que soy ese rayo que se siente desprendido del mismo sol frecuentemente y aún así trato de que mi paso por esta vida sea tan lúdico como se pueda, seguir coleccionando corazones y acompañarme de ángeles sin alas.

Ese respiro que precede a cada tono de mi canción, vibrátil,  sutil y natural,  me recuerda todos los pactos que he hecho conmigo, pienso que ha llegado la hora de romper varios de ellos que están empolvados en un rincón de la memoria, otros esparcidos de antaño en el alma, otros que quizás adopté en aquel momento que me instalé en el vientre de mi madre y otros que quizás están en la punta de mi nariz y los ojos del corazón se resisten a ver. Entiendo que el alma también se abolla, pero también se restaura y cada quien restaura su alma como quien decide restaurar su casa, entiendo que la memoria se empolva, pero también se limpia como quien decide limpiar ese portarretrato que guarda la imagen de aquel instante maravilloso aún cuando la persona de esa foto ya no esté más.

Esta mañana me camufle mientras saludaba al sol, me camufle de animal no pensante sólo animal, animal que vive, que retrocede para dar un salto al frente, animal que a momentos gruñía precediendo  a cada respiración, animal libre que repelía cualquier otro estado que le sacara de ese trance, animal que peleaba batallas internas, esa soy… una animal silvestre que vive en la cueva de mi, quizás entre osamentas pero finalmente  en la cueva del numen, de lo sagrado que fue dado a su cuidado.

Guardiana voraz, guardiana de sí, eso también soy hoy, guardiana de esta cueva en la que habita el corazón como símbolo de la conciencia, guardiana para eludir lo aún eludible, guardiana con sensatas percepciones de lo que está ocurriendo afuera, guardiana que esta al cuidado de sí misma.

Luego de imaginar que soy una bestia, regreso a mi sofá color chocolate acompañada de un cuaderno nuevo para tomar notas de palabras solitarias que caen a cuenta gotas, tal vez con la letra hoy irreconocible pero aún legible, escribo lo que se me ocurre para entonces desentrañar significados y jugar con los renglones, quizás  haciendo intentos como Edison cuando descubrió la luz, así yo hago experimentos para encontrar mi propia luz, para encontrar eso que habita dentro y que nadie más puede extraer sino yo misma.

Y aún cuando todo sea abstracto dejará de importarme…


A mi hermana Magui, le debo el mostrarme esa habitación vacía en la que puedo introducirme en cada momento que deseé un poco de lucidez: una hoja blanca. Tomé esa ducha terapéutica nocturna, vi cómo las ideas se disolvían en la coladera, cómo el agua caía a chorros tan transparente como mi alma que no sabe jugar a las escondidas.

Pensaba cómo a veces nos enganchamos de lo bonito, de eso que dura poco, mucho menos que un ocaso, pero tan trascendental como esa canción que te gustaba cuando eras niñ@, como esa oración  de cada noche, como ese libro que marcó tu historia, pensaba en la relatividad de Einstein, que definitivamente la intención y la intensidad son lo que crean ese lazo con el otro, hacía un inventario de experiencias, una rotas y otras desteñidas, algunas matizadas y otras fluorescentes, buscaba esa pieza del rompecabezas que me hoy me  conflictua al tratar de  entenderme, porque cuando me observo con atención puedo descubrir que me siento como un montón de espejos rotos en los que se puede reflejar la luna a trozos, rota visualmente ella como yo pero ambas completas y brillantes aún en la  ilusión,  y  cuando intento ser ese arquetipo que deseo, sé que debo aprender a estar cómoda en ese lugar incómodo, tal vez surfeando la ola esa que me mantiene loca viviendo al límite, esa con la que a veces me consumo por las noches para amanecer renacida, flotando sobre mi propio océano para entonces despertar y seguir en la bravura de mis aguas tratando de alinear mi corazón con esa fuente de energía y amor infinito, eso que es la vida, eso que se mueve y se expande como mis pulmones en cada suspiro cundo lo pienso.

Sí, quería ventilar los esqueletos del ropero pero hoy no, tal vez lo he hecho ya muchas veces y mi momento es otro, reconozco que me he vuelto un poco más orgánica y me he cumplido muchas de las cosas que me he prometido, casi todas… podría listarlas pero no lo haré, hoy quizás la más grande es plantarme en el aquí y ahora, vencerme a mi misma y salir del límite para volver a mí con absoluta maestría, para no sentirme más, como ese espejo roto, sino para convertirme en ese cuento nunca escrito, para ser alquimista, objeto,  sujeto, mi arquetipo favorito, para expandirme con el universo y seguir saltando entre mis propios abismo inventados tal vez por mí.

Mis libros me observan, y yo los retos buscando a aquel que tenga esa línea perfecta y osada que se atreva a traspasar mi corazón como una daga, esa verdad ineludible que me hace falta recordar en este momento, he hurgado tanto en mi memoria, como niña curiosa que busca en los cajones de su madre, yo busco en los cajones de mi vida, tratando de encontrar el origen de ese patrón que repetí, no sé si de otra vida, o no sé de dónde, aún cuando se que la mente no es nada elegante sino todo lo contrario, es ordinaria, es prosaica, es incoherente, reptiliana, irracional y redundante y así desgasta experiencias como lo hace la polilla con el mueble más fino… Si tan sólo tuviera un atisbo de eso que busco como loca sin saber a plenitud qué es y sin querer tener certeza de todo lo que ocurre alrededor, si tan sólo pudiera llegar a la cumbre de mi “aquí y ahora” y plantarme como un árbol para no bajar jamás, para no  perderme en ese  laberinto que atemoriza, ahí donde reinan las horas muertas acompañadas de preguntas infinitas como espirales, si tan sólo pudiera no voltear tanto atrás ni deslizarme por la mente burda, si tan sólo pudiera expandirme y perderme en la conciencia del todo sin cuestionar cada cosa  que ocurre.

Quizás hoy me resista y entonces mi mismo océano me arrastre a tierra firme y aún cuando todo sea abstracto dejará de importarme, tal vez hoy decida convertirme en flor y embriagarme con mi propia esencia, puede y hoy por fin decida aprender esa asignatura que reprobé para entonces no estar ausente de mí y pueda experimentar ese encuentro amoroso conmigo misma y deje de ser tan obtusa, tal vez este es el momento perfecto para metabolizar por fin todas esas experiencias que me conforman y sacar mis alas para sobrevolar lo que veo, quizás hoy decida convertirme en ese libro que tiene esa línea, esa verdad  que me permitirá encontrar mi lugar en el alma del mundo, puede y hoy me convierta en ese poemario del universo y pueda ser recitada en el corazón de lo que me rodea, seguro hoy me convertiré en esa que decida aventurarse a caminar sobre las aguas, tal vez hoy me vea en el espejo como esa luna fascinante  y me ponga a mano con la vida y liquide todas  mi deudas con sonrisas, puede y hoy sea la noche perfecta para sacar los esqueletos del ropero de una vez por todas, expandir en lugar de explorar mi conciencia y entonces de verdad fluir desde esa gracia que tanto hablo… Om Sat Chit Ananda

¿Qué se yo?…


 

Sentada, observando las paredes tácitas, como muertas pero consientes, es como si mi propia piel se reflejara en ellas, como si ambas guardáramos secretos, encerradas en el mismo espacio y así contamos al unísono los minutos esperando qué se yo…

A veces la soledad parece incontenible, y ese sentimiento híbrido del sentirte sólo y saber que no lo estás se convierte en una lucha interior entre magia y razón,  y aún cuando la noche parece un abismo abierto, la luz flota con la luna como recordando qué se yo…

Los días llegan llenos de promesas y a veces yo me creo alguna, estériles, como cuando se busca sembrar en tierras erosionadas y el sol sonríe, no sé si mofándose de mi ignorancia o tal vez con actitud para ayudarme a cargar el peso de las consecuencias o qué se yo…

Pero, ¿Qué se yo?… nada, puede y sólo sienta sin saber, sólo a momentos me vuelto consciente de mi propia incongruencia, de la asimetría de mis sueños y limitantes y la disparidad  de lo que desearía sentir y lo que realmente siento, quizás sólo sé que a veces se me olvida quien soy, que todo es temporal y que siempre entrar a la cueva del corazón es un riesgo porque ahí habita la loca, caminando descalza, la loca que fundió ahí su existencia como si no tuviera más que eso, la loca que expresa siempre pensando en voz alta porque si no lo hace así cree que miente, que peca por omisión, vive la loca con sus pensamientos incoherentes, quien ha puesto pausa a sueños, eso que se mezclan con la realidad y tan se mezclan que se pierden y hasta se olvidan, ¿qué más se yo?…  quizás que hay que observar cómo se van otros seres,  que el desapego aunque difícil es práctico, es objetivo, es solución, que si abrazo mi propio centro nada ocurre y que siempre se puede bailar en medio del caos, en medio de las lágrimas, en medio de las despedidas, bailar para recordar que se está vivo.

Observo los objetos que me rodean, observo el espejo solitario porque no estoy yo ahí, no estoy frente a él traspasándome con la mirada, porque no estoy ahí viéndome surfear las olas de mi propio mar y en esta recámara de 3 x 5 me despliego, me escurro y el corazón se derrite conmigo durante la noche, y que si bien incuba todos los deseos del universo, los libera en la penumbra como dejándolos en resguardo del creador.

Observo mi sombra en la pared, mi silueta, esa forma oscura que proyecta ni más ni menos que como decía San Juan de la Cruz: “La noche oscura del alma”, ni pensar que esto es un juego de la misma luz, de la ubicua luz que lo conjura todo, que es magia por sí misma, tal vez deba hoy abrazar mi propia sombra, esa que es infinita y salpica, brilla y se seduce a sí misma.

¿Qué más se yo?…

Quizás sepa que los tatuajes que traigo en el cuerpo me recuerdan mis propias promesas, que su pigmento es como tantas personas que pasan, dejan huella y deciden irse sigilosos esperando y no me percate. Puede y me recuerden perfilados, entre ausencias y silencios,  que toda pasa, que todo cicatriza y que aún cuando el mismo dolor anestesia la vida es un ritual.

Quizás esta noche lo único que sé  es  que eso que no tiene fuego, que no agita, que no cimbra… NO TRANSFORMA.

Mi efecto mariposa…


Justo en esos momentos en los que parece que no tengo nada que decir es quizás cuando más persigo las palabras aún cuando tampoco tenga noción del qué ni del cómo deba transmitir lo que deseo y lo que pienso fielmente.

Atemporales, así creo son los segundos y me siento como la mariposa del efecto, esa que es parte del marco de la teoría del caos… mi propio caos, creo en Henri Miller: “el caos es la partitura donde se escribe la realidad”. Si, sé que estoy expresándome muy rebuscadamente pero lo esencial aquí es “querer expresarse”, qué más da si uso métrica, rima, prosa, verso,  acentos o digo algo o nada.

Es 24 de abril, en este intervalo de tiempo de entre la primavera y mis 31 se intercaló un sueño que me cambió no sólo la perspectiva sino toda yo, vi nuevamente la fisionomía del amor y la toqué con las yemas de los dedos y eso mudó mi piel como lo hacen las víboras, esta combinación insuperable de locura y osadía que danza en el núcleo de mi existencia son finalmente las alas de la mariposa… mi mariposa, yo mariposa, la que provoca su propio caos.

Aún cuando las mariposas lloremos por dentro,  entre toda nuestra fragilidad hay una fuerza irreal que reside en nuestra propia alma, que si bien a veces el dolor nos anestesia sabemos de otros métodos, tenemos nuestros propios antídotos y volamos, nómadas hasta el fin restaurando nuestra esencia, reforzando el corazón y la misma fe siempre que sentimos las alas más frágiles que otros días.

Si, los dedos escriben por órdenes del corazón… siempre manda, decididamente manda y no hay remedio, hasta la piel le obedece, los ojos, la vida, la risa, guste o no es el eje, el viento de la mariposa… mi mariposa, yo mariposa.

Si la mariposa se queda estática, silenciosa, sin provocar caos, su propio caos, probablemente se vuelva loca, es parte de su naturaleza y si el orden viene del caos, quizás haya entre toda su locura una pizca de sabiduría, aún en su proporción más escasa y si estas emociones tuvieran fin, serían quizás como el resto de las emociones… volátiles.

La mariposa sólo absorbe la fragancia, vuela, sonríe, quizás por momentos pare y recuerde que ya no es una oruga, porque a veces lo olvida pero vuela nuevamente como una loca no sólo con las alas sino también con el corazón expandido aún cuando vaya inconsciente fluye desde su propia gracia.

Aquí y ahora… la mariposa que a veces se siente oruga y aún en metamorfosis discurriendo y construyendo.

Pacto con una flor


Es sólo un pacto con una flor

"Extraños peregrinos doce cuentos"

Siempre que tengo oportunidad, me pregunto qué estoy haciendo aquí, y no hablo de estar sentada frente a un teclado paciente y acribillado por mis dedos, tampoco hablo de incoherente soledad, sino más bien hablo de los años, hablo de que,  he querido y he jugado a ser tantas cosas que el papel más complicado resulta a la hora de desnudarme frente a una hoja en blanco, se que ahí no puede haber calumnias, se que ante tremendo santuario no puedo vulnerar la verdad absoluta de mi propia radiografía.

Me ha tomado mi tiempo comprender  que todo está escrito, que quizás en mi afán de jugar con las palabras sueño despierta y creo que hay algo que se escribe en mi corazón todos los días, más allá de los recuerdos y mi vida épica, tengo la osadía de asegurar que tengo una despistada vocación de pseudo escritora, atrapada tras las rejas de mi misma y cubierta con la misma piel del tiempo, impermeable y  tal vez hasta callosa, y así voy discurriendo con Henry Miller en la cabeza, espero y esto no sea para él un insulto prolongado, pues no tengo la culpa de sentirme apasionada por él ni por mis únicos, grandes y verdaderos amores dentro de este mundo tan efímero: los libros.

Particularmente hoy, mientras escucho llover y granizar,  pienso en esa combinación insuperable de confusión y locura bajo la que vivo no sólo aquí y ahora, sino todos los minutos difuntos, creo que desde siempre he sido distraída, María (mi madre) siempre me lo ha dicho y ahora que me veo inmersa en el mundo de la consultoría afirmo que su teoría sobre mí está más que comprobada… mal augurio, no quiero padecer nunca de demencia senil, más bien quiero sonreír mucho aún sin dientes, total, ¿qué más me dará recordar mis pecas infantiles o los poemas que hoy me gustan?, tal vez volveré a ser niña y ¿por qué no?… cantaré otra vez como solía hacerlo, aunque, definitivamente no podré esconderme bajo la cama del Padre José para jalarle los pies como cuando yo tenía 7 y él llegaba cansado de celebrar y se quitaba los zapatos, no, creo que mis travesuras serán distintas, lo único que deseo es que la insuplible pizca de locura que tengo mantenga la dosis adecuada.

Es un hecho que no se de filosofía ni tampoco soy la gran pensadora, hoy por hoy, sólo soy una yoguini comprometida probablemente con ella más que nunca, soy víctima de las letras voraces y estoy poseída por una extraña presión de liberar todas esas ideas que han permeado en los mantos mentales y enmarañados de mis historias imprevistas, algunas sólo han quedado plasmadas en las epístolas en prosa y en verso  de mí a mí y de mí a Dios en un viejo cuaderno tachoneado y remendado con diourex, en el que igual hay crónicas de este exorcismo anunciado, como notarás, soy víctima de mi propia locura.

La tarde noche es sombría, en casa hay un silencio supremo y casi inmaculado, de no ser por mí que saco todo cuanto puedo a mil por hora,  sólo estoy yo desfragmentándome para volverme a arma cual rompecabezas clásico, por ahora no puedo pensar en nada más que en reconocer a todos esos escritores y poetas que fueron maldecidos desde que vivían en las  entrañas de sus madres, que traían ya la fijación en sus aparentes limpias memorias que probablemente venían ya con el hábito compulsivo de escribir desde vidas añejas y desfragmentarse para transportarse a donde se les diera la gana con tan sólo una pluma valiente, capaz de escribir lo que fuese que le dictaran, así como mata un asesino a sueldo, así la pluma lo daría todo entre líneas, desde las ideas más sutiles y celestiales, hasta las más perversas, sensuales, con ADN de alquimista en su tinta infalible, siempre mágica y sumisa.

Mi proceso expansión hasta hoy, ha sido como cuando madura una fruta, dándome de topes finalmente cedí ante el tiempo, comprendo que mi naturaleza tiene un momento especial, en el que la anatomía de mi alma cambia provocándome huracanes cerebrales que indefectiblemente me muestran que después del caos viene el orden, ¡Ja!, si es que llega, en tanto yo, con mis lentes tatuados con mis huellas digitales me cruzo de brazos, y observo las libélulas que rodean mis fotos y pienso que no he leído nada más erótico  que Trópico de Cancer, esto es volviendo al tema de los escritores consagrados, así que, le consigné algunos renglones al igual que don Quijote para guardarlos en mi memoria, para que permeen y un día pueda extraerlos disfrazados de mí en alguna otra hoja en blanco.

Esas son las buenas influencias, ¿por qué soy tan benéficamente maleable por ellos?, ¿por qué como espectros se asoman Borges y Benedetti?, sin mayo pretensión, guardo entrañable en un amigo libro una flor que un día dibujó García Márquez, flor que se ha convertido en un presagio, flor que  me fue tatuada más bien en el alma como sello de un pacto irrompible, tal vez cuando ya no esté más turulata y reine al fin la cordura todo eso quede finamente escrito.

Agradezco que, el mismo temor me ha vuelto temeraria, que la niña pecosa y de sonrisa de dientes que se petrificaba por lo que fuera es una niña estoica, con las mismas pecas y la misma sonrisa pero con el alma más vieja y el corazón henchido de amor.

Quizás más bien deba aprender a como Henry Miller, hacer un pacto conmigo y no cambiar los renglones que escribo, no intentar perfeccionar mis ideas ni mis acciones, además yo misma lo digo “Soy una imperfección perfecta”. . Hoy creo que, una revolución inició en mí casi 8 años atrás por una simple flor, o tal vez desde cuando tenía 5 y leí en mi columpio a los hermanos Grimm, no lo sé, quizás lo único que tengo claro es que, después de muchos pasos por aquí,  vitalmente me conquistaré a mi misma así como me han conquistado ellos.