No te tengas miedo Coatlicue


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Son varias semanas que llevo meditabunda respecto a la feminidad, a la sexualidad  nuestra y tantos clichés en torno a ella.

Cada vez es mayor la apertura de nosotras las mujeres para darnos oportunidades muchas veces a partir de la libertad sexual en buenas dosis, y no es que esto nos convierta en mujeres fáciles que siempre llevan un liguero por si las moscas, o bien, mujeres que van por doquier con la caña de pescar en el hombro buscando a ese pez gordo, o mujeres que llevan el vestido de novia en la cajuela por si “casualmente” se topan con el príncipe soñado, el amor de su vida, aunque claro, entre hombres y mujeres la gama de colores es extensa, no vamos a excluir a ninguna circunstancia porque más que una cuestión de género, la búsqueda de uno mismo a través del otro es algo completamente humano. Cabe aclarar que, esta no es una entrada feminista ni mucho menos, es una entrada que le apuesta a la autenticidad y a la libertad, una entrada que le apuesta al amor mismo partiendo desde “el amor propio incondicional”.

Antes de ir al punto que quiero llegar, quiero hacer un paréntesis y contarte que una de las cosas que también reflexionaba era que, socialmente cualquiera pensaría que probablemente, una de  las actitudes más penadas que existen es la violencia y me di cuenta que, tristemente es más penado el gozo, el placer en cualquiera de sus  manifestaciones, las expresiones de locura y desbordada felicidad, sino, recuerda esas veces en las que has llevado  una expresión de singular alegría y todo el mundo te mira extraño y te pregunta con peculiar tono sarcástico y burlesco: ¿por qué tan contentit@?, ¿qué te pasó?, ¿ahora qué mosca te picó? En fin, sociológicamente arrastramos constructos y patrones que no nos definen pero que también nos limitan a ir por ahí descaradamente gozosos si no nos damos cuenta.

Hace poco, escribía yo un ensayo donde hablaba de la diosa azteca Coatlicue: la gran terrible y devoradora madre de los mexicanos. El escritor, historiador, esteta, filósofo y académico mexicano Justino Fernández junto con el psicoanlista junguiano Erich Neumman, fueron quienes más profundizaron en el conocimiento de la Coatlicue. En la mitología griega, Atenea hija de Zeus, protectora de muchos héroes y algunas otras figuras míticas, es quien ejecutaba funciones similares a nuestra Coatlicue, ambas comparten el símbolo de la serpiente, símbolo de conocimiento y sabiduría.

Coatlicue, la de la falda de serpientes y el collar de corazones,  ha sido considerada por muchos estudiosos no sólo como poderosa y aterradora o como la diosa pavorosa y terrorífica en la que se concentran todos los horrores del universo, sino también como una deidad que representa en sí misma la vida y la muerte, ella  era esa diosa que desencajaba no sólo por su aspecto temible, sino también por su atípica feminidad, y así, me cuestionaba en función a este arquetipo maravilloso y por cierto hoy tan poco tocado  y mucho menos abrazado: ¿y quién es la Coatlicue de hoy?

Mi pregunta, me llevó a pensar en esos estereotipos que surgen a partir de la libertad consciente, particularmente en una sociedad aun tan machista como la nuestra, y me vinieron a la mente todas estas mujeres (y me incluyo) que han apostado a pagar el precio de la trascendencia y plenitud (esta última entendida como “gozar” en gerundio), mujeres que han hecho una verdadera apuesta a desarrollarse en aquello que más les parece, desde distintos oficios y profesiones, esas diosas que van ocupando roles sociales de alto impacto, esas Coatlicues que en medio de la cotidianidad van por ahí meneando las caderas, danzando por la vida sin importarles más el qué dirán, que han renunciado al hembrismo para convertirse en mujeres, diosas que tienen mil y un formas de ser fértiles, mujeres embarazadas de sueños que viven gestando proyectos renunciando o sin renunciar a la crianza de los hijos, en resumidas cuentas: mujeres libres que se dan permiso de ser, de sentir y expresar. Ahí, sumida en mi reflexión  exploraba nuestra vitalidad, nuestras lunas y los riesgos que corremos cuando nos aferramos a nuestros deseos intrínsecos, riesgos que van desde apostarle al amor teniendo sexo en la primera cita, buscando ascender con persistencia en organizaciones tremendamente conservadoras y machistas, riesgos que implican podar las alas del alma y afilar los colmillos del corazón para ir y cumplirnos esa promesa hecha de ser felices pese a todos los pesares, rompiendo patrones y creencias a veces a zancadillas y trompicones, buscando sanar nuestro linaje femenino al encontrar oportunidades que no tuvieron nuestras ancestras, tratando de que las que vienen detrás tengan una vida más plena.

Pensando, me daba cuenta que al permitir que nuestra Coatlicue se exprese,  nos aventuramos a mundos profundamente tenebrosos como el caer en la trampa de sentirnos culpables por permitirnos ser, sentir y expresar; La Coatlicue de hoy es esa mujer  que pese a cualquier herida física, emocional, psicológica y espiritual aprende a abrazarse a sí misma sin victimizarse, es la que da muerte a lo que debe morir para generar más vida y deconstruir a partir de lo existente, la que ha superado su incapacidad de decir “no” y marcar límites, la que aprendió a decir “sí”, la que pide sin problema y va por más, la que vive y asume una sexualidad libre y responsable sin poner en tela de juicio su valía, la que tiene el autoestima bien puesta y deja de buscar aprobaciones porque sí, la que sabe cuándo jugar a la doncella en aprietos y se permite consentir sin que eso la vuelva indefensa y dependiente, la que es dueña enamorada de su mundo interior; Ella, esa diosa contemporánea de la que eventualmente cualquier hombre que no esté listo puede huir, esa es la Coatlicue de hoy, la que puede confundirse por “puta” sólo porque se permitió sentir desde el día cero, esa que no lleva ni la caña de pescar ni el vestido de novia en la cajuela, sino más bien, SE LLEVA A SÍ MISMA y va con su falda de serpientes y collar de corazones orgullosa de cada cicatriz y batalla, quizás hoy parada más desde la vida, porque en ella viven la vida y la muerte, en ella habitan las estrellas y el universo entero.

Hombre, déjate enamorar por una Coatlicue, es descaradamente fascinante, permítete habitar en su cosmos;  Y tú Coatlicue, no te tengas miedo a ti… eres mágica, eres tanta vida como muerte, tanta luz como sombra, tan sabia como inocente, tan vieja como niña; Eres tan como él y él es tan como tú.

Con amor:

Una Coatlicue cualquiera.

 

Gracias por bendecirme a besos…


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Tantas veces ocurre que,  los seres humanos buscamos perdidos sin saber exactamente qué es aquello que estamos buscando y además no permitimos que eso que inconsciente y realmente deseamos (que no se parece a lo que erróneamente buscamos)  termine por encontrarnos, y así cuando llega lo que inconsciente y realmente deseamos, no sabemos qué hacer con eso.

Hoy elegí escribirte a ti porque llegaste sorpresivamente buscando “algo”, quizás a ti mismo y me encontraste a mí, igual que a otras literalmente miles de posibilidades, sin embargo, el inconsciente es tan poderoso que usualmente termina por hacernos coincidir con personas que se encuentran en la misma frecuencia, gente que nos hace resonar aún sin conocerla, almas que independientemente de minutos, horas, días o años de gastar juntos, vienen a enseñarnos algo, a revelar una verdad o incluso a remendar una herida, de esas que se esconden en los estratos más profundos de la psique, de esas que encogen el corazón de vez en cuando y nos hacen friccionar una y otra vez con el mismo patrón en afán de querer encontrar eso perdido, ahí, en medio de la web, entre millones de rostros y circunstancias, entre perfiles superfluos, blogs y  redes sociales, y aun cuando se trate de una red social,  se dice que no atraemos lo que deseamos, atraemos lo que somos.

Pensaba un poco en qué era eso en lo que podíamos parecernos tú y yo y quizás me tildes de loca pero vi que cada uno en su dimensión y arista “morimos de miedo” y es que, qué peligroso es luego de tanto decir adiós o aun cuando sólo se trate de una sola despedida intensa,  de esas que arañan el alma,  volver a construir vínculos, no saber administrar los apegos y los afectos, ni los “quieros” ni los “tengos”, generarse expectativas que terminan siendo acuerdos firmados  en la cabeza de uno de los dos cuando el otro ni enterado estaba; qué riesgo exponencial supone la neurótica emoción de sentir amenazada la libertad, qué miedo a la paranoia de  que a uno le corten las alas o que sea uno mismo quien termine cortándoselas para volar a la altura y velocidad del otro aunque eso implique descender,  ¿por qué no?, quizás también se trate de un miedo absurdo de no poder volar tan alto como el de junto; qué miedo dar y dar y dar cuando uno no tiene siquiera la certeza de tenerse a sí mismo, qué angustia buscar una caricia del otro cuando en el fondo lo esencial se construye desde dentro, sin tanta fantasía y sin buscar avalúos afectivos afuera, sin someterse a condicionamientos externos como generalmente ocurre; qué miedo AMAR y qué fácil es vender simulacros cuando uno tiene el alma arañada, qué crudo y frío el miedo a expresar y quedarse con la sensación de haber hecho un monólogo… vaya, qué caro resulta a veces abrir el corazón y vivir con todas las consecuencias, pero qué precio más alto supone el ser auténtico, el decir estupideces y hacer el ridículo de vez en cuando, qué inconveniente puede resultar para el ego el no cumplir con las características acordadas en el check list para poder formar parte de “el pack de la felicidad”, vaya zancadilla para la autoestima cuando uno está ausente de sí mismo, ¿no te parece?.

El punto aquí es que, hoy estoy conmigo y seguramente tú contigo, lo bonito aquí es que ha resultado sanador conocerte aunque sea cosa de un par de citas absortos sólo por eros, sin philia y sin ágape, no sé si te vuelva a ver o no, no sé si vuelva a tener una conversación contigo inclusive electrónica, no sé si yo pudiera decirte un día todo esto, sólo sé que me curaste a besos y aquí y ahora sólo se me ocurre decir: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS por tu despistada búsqueda, porque mientras te buscabas a ti me acompañaste con besos a recuperar un pedacito de mí; GRACIAS,  porque probablemente eso nos lo debíamos de otras vidas aunque haya sido tan efímero e intenso como un buen expreso.

Gracias por bendecirme a besos.

No te tardes en resucitar


  

Muchas veces siento que la creatividad se esconde como la luna en la mañana, siempre he tenido claro que soy una mujer sumamente racional aunque luche todos los días por hacerme un espacio y escuchar al corazón, por encontrarme con mi intuición y  ponerme atenta y escuchar mis propios ecos, con lo fácil que resulta mutilar sueños, vale la pena estar atentos ante lo que el alma pide y apostarle a cada deseo, distinguir entre fantasía e imaginación, dejar de sólo desear y racionalizar para encender esa chispa divina en el pecho y manifestar fuera lo que la mente dibuja.

Este año pasa que vuela, en el camino me voy encontrando con rostros de colores que reflejan lo que soy, que me recuerdan lo que en mi habita y develan mi propia sombra, y así voy aprendiendo a calibrar, y a mirar lo que es realmente importante y enfocarme ahí; También, conforme avanzan los días, siento en el pecho resonar la palabra “confía, confía, confía…”, ese mantra poderoso que me conecta con lo divino, con lo esencial, con la fuente de amor infinito y que cuando resuena en mi interior, es como si Dios me apretujara en su pecho intentando despertar mi propio sol, un sol imparcial que alumbre porque sí, porque es su naturaleza e inmensidad.

Sin duda,  mi alma dibuja con el dedo índice la palabra “coherencia”, y cuantas cosas hay que dejar ir para tener una vida en coherencia alineando misión, acción y pensamiento, que si bien no llegué aquí con instructivo tengo claro que todas esas cosas que me gustaban cuando niña siguen latentes, y que tanto más las toque y  las siga, tanta más trascendencia y plenitud experimentaré.

Son muchas de las circunstancias y patrones que me he venido haciendo consciente, voy constelando en mi libreta de sueños y cada día con una intención cada vez más clara: que la vida sea mi epicentro. Ocurre que las personas tenemos un panteón personal, un panteón donde solemos enterrar sueños, momentos, recuerdos y personas y pienso que muchas veces es más sano integrar que enterrar, porque finalmente cuando integramos es como si  un espacio dentro se iluminara, como si las grietas del corazón se llenaran de una sustancia alquímica que lo transforma todo y deconstruyera dentro.

Ciertamente, estamos oscilando entre la vida y la  muerte, pero ocurre también que a veces nos toma más tiempo estar en el sepulcro que en la vida misma, sin medida elegimos estar en la oscuridad, en ese panteón personal esperando que el otro resucite, o el sueño se convierta en realidad desde la fantasía, sin caer en cuenta  que la vida es una decisión,  que el entusiasmo es una chispa que habita en el pecho y basta con visitar nuestras pasiones para reactivarla cual súper héroe.

Permanecer más tiempo en la vida, supone la consciencia de observar cada árbol y encontrar a ese Dios vivo del que tanto hablamos, gozar del sol y vibrar en gratitud por estar aquí y ahora, abrazar fuerte y dialogar con empatía, comprender a aquel que no puede quedarse porque el alma suya tiene que tomar otro vagón para ir a quien sabe dónde;  Mirar que en la sombra habita la luz y que sólo hay que abrazarse fuerte a uno mismo para integrar a esa parte oscura, esos sentimientos inferiores tan poco comprendidos, si nos queremos curar de algo hay que reconocerlo y adentrarnos homeopáticamente en eso para encontrar semillas de trascendencia aún cuando toque morir por instantes.

Respirar,  fluir con el pulso del cosmos, eso es vivir; Arriesgarse a seguir al corazón, encarar una buena conversación acompañada de silencios, mirar a los ojos de uno mismo y a los del otro, arriesgarse a amar, a sentir y dejarse rasgar el alma por apostar a las más bajas pasiones; Vivir por experiencia y no por referencia, pero aun así que lo que importe sea el alma y no la vida, porque el alma es la que genera esos espacios desde lo subterraneo, en la oscuridad, silenciosa, separando lo esencial de lo ilusorio y empujando al corazón a que vaya de cabeza con el fin de vivir de acuerdo a uno mismo, para configurar una vida sana y paradójicamente haciéndonos incursionar en la locura en un mundo tan estereotipado, habitando así en la periferia de la razón… como yo, “Yo loca”-

En su canción primera, San Juan de la Cruz menciona que para que el alma llegue a un estado de perfección, ha de pasar por dos maneras principales de noches a las que llamaba purgaciones o purificaciones del alma, donde el ser queda a oscuras como un ciego, lleno de mortificaciones, donde no queda nada más que depurar en medio de la angustia y dejarse llevar, “fluir” como bien se menciona en tantas prácticas orientales.

Los poetas, los artistas que subliman su propia metamorfosis en el juego de la muerte y vida donde el amor juega muchas veces el rol principal, comprenden que todo carece de valor sin la diosa oscura, sin la Coatlicue, la Kali o la Hécate. Sin  muerte no hay lecciones, sin la muerte no hay oscuridad sobre la cual pueda destacar el brillo de la luna y es que el negro, color de luto, es también el color del descenso, el negro es la antesala de la expansión, de la conexión con lo divino, del desapego, la promesa de saber algo que antes el alma no sabía, el negro es donde inicia el camino a la trascendencia.

No hay rincón alguno dentro de cualquier ser que viva la experiencia humana que no pueda ser iluminado por el regalo de la consciencia, esa es la experiencia interna que se abraza, se integra para poder ensanchar la cavidad del alma y que quepa ahí una consciencia más amplia, más amorosa, una consciencia crística.

En fin, hoy viernes santo, día de quietud y contemplación, día especial para dar muerte a eso que va en contra de nuestra propia naturaleza, a eso que no suma y agota; Hoy es día para rendirnos ante las circunstancias y dejarlo todo en manos de un poder superior con el nombre que le quieras poner, para fluir desde la gracia, pero entonces, si eliges morirte procura que sea sólo un ratito, no tardes mucho en resucitar que la vida pasa pronto.

Al alma lo que pida


4.0.1

«Ánima y Ánimus»

 

Ahora que me encuentro sentada frente a esta hoja blanca es porque este breve espacio es un encuentro con ella: mi alma.

Guiada por el deseo apremiante de expandir cada sentido, de salir a ese encuentro agendado con mis personajes favoritos, de mirar a los ojos a esa anciana que vive dentro, esa mujer de trenza larga y mirada profunda, que con sólo fijarla en cualquier punto descubre el alma en eso que sus ojos encuentran, qué más da si se trata de un objeto aparentemente inanimado, ella es la que sabe, la que virtuosa, la sabia que atinada encuentra cuándo y qué decir, la que goza de los silencios profundos para muchos angustiantes, la que sabe reír a carcajadas y contar historias de su biblioteca personal del corazón, la que anda con su amplia y larga falda orgullosa de su feminidad; Esa mujer de  manos callosas por tanto haber labrado su tierra y recoger cada fruto, cada grano;  De esa anciana que sabe cómo abrazar a la niña y visitar con ella cada fantasía, cada paraje oscuro y avanzar a pesar de la incertidumbre y el miedo; La bruja que feliz mueve su caldero en medio de un ritual de cantos, mantras y oraciones, la alquimista que sabe convertir materiales vulgares en oro, la que sabe cómo ensanchar el corazón para acoger a la paradoja y la absoluta contradicción en sus niveles más profundos; La que ha integrado en sí una imagen tras otra por bizarra o divina que fuese; La que está cotidianamente en contacto con sus otros personajes internos cual matrioska, esos seres que pueblan sus sueños y pensamientos y configuran la vida de su alma; La que ha sido capaz vivir sus propios mitos y concluirlos; Esa mujer que está tan familiarizada consigo misma y abraza su complejidad y llora con absoluta entrega cuando se le da la gana independientemente del lugar en el que se encuentre; La que supo comerse la vida a puños porque entendió que a eso vino. Amo a esa anciana que es sólo una cara de mi alma, esa que sabe acariciar mi cabello en esos momentos cuando me invade saudade, la que me guía apareciéndose en mi sueños invitándome a peregrinar de nuevo a Santiago de la Compostela y hablándome del tiempo; La que me ha enseñado que la oración es ese sitio en calma que concentra todo el poder atómico para remover lo que deba ser removido; La que sabe separar y disolver, restaurar o demoler para reconstruir; La llamadora de ángeles y hadas, la que abraza la sombra y la domestica. Amo a mi anciana, la que vive dentro yendo y viniendo conmigo.

Me encuentro en mi espacio favorito entre libros, maderas y flores jugando con el hada de las palabras y mientras mantengo contacto con mi alma, caigo en cuenta de cuán inútiles son muchas veces esos intentos por sanar, aquí y ahora observo que también en ocasiones al hacer menos se logra más, que el sufrimiento también revela y que al más mínimo intento por sanar no hacemos espacio a esa epifanía, a eso que no sabíamos y el dolor nos enseña, esa materia prima de evolución y trabajo interno que se gesta sólo ahí en la noche oscura, en medio de sus dolorosos e incomprensibles ritos que el ego no comprende, ahí en la desesperanza se gesta la magia.

Creo que, un verdadero contacto con el alma es el primer paso a la iniciación del amor, hacia el florecimiento y reconocimiento del poder personal, es el inicio al encuentro con eso más grande y la expansión del corazón para vivir con plenitud.

Escuchar al alma es contactar no sólo con el/la ancian@ sino también con la inocencia del niño, dejarles salir y fluir, hacer lo que se nos pegue la gana: cantar en la regadera, bailar en el espejo, dibujar, pintar, encontrar espacios de lectura e intimidad, dejar salir nuestra capacidad de asombro, conversar con ángeles y energías sutiles, correr, pasear en bicicleta, amar y dejarse amar, escribir una carta a los reyes magos listando los anhelos más profundos del corazón, no sólo ser arriesgado sino ser MUY ARRIESGADO, oler las flores, tocar los árboles, leer y releer nuestro cuento favorito, mirar esa película que hace llorar o reír intenso, escuchar esa canción que araña el alma pero también esa otra que cosquillea el cuerpo haciendo inevitable el no mover las caderas, caminar mucho, respirar profundo, atracarse del postre favorito de vez en cuando, llorar por horas y a grito abierto hasta que se sequen los ojos cuando invada la tristeza, contemplar una flor, escalar montañas, mojarse los pies, comer mucha pizza cuando aparezca el antojo, disfrutar un buen chocolate, sonreír cuando esa persona desconocida nos dispare las alarmas del corazón, ponerse guap@, abrazar con fuerza, dormir por horas, tomar una ruta distinta para ir casa o al trabajo o a sea cual sea el sitio, encender una vela y hablar con el amor, escribir, expresar sin miedo ni reservas, soñar despiertos, bañarse del perfume favorito, regalarse flores, escribirse cartas a uno mismo y dejarse llevar por las mil y un formas que el alma tiene de expresar, desde lo intrínseco e insospechado… Tan sencillo como devorar la vida y andar por ahí con el pecho expandido.

En resumen, vamos a cultivar lo divino desde la simpleza, desde lo natural, desde la sustancia del alma. Sólo desde esa dimensión de la experiencia humana podremos realmente convertirnos en personas.

Y resucitar al tercer día…


Y cuando pierdo, gano.

Me emociona el cambio. Cuando el alma pide cambiar de lo que sea (casa, empleo, hábitos e incluso pareja) qué importante es hacerlo, porque todo lo que te pertenece por naturaleza, lo que te corresponde por esencia, por vibración, porque toca andar un nuevo camino, porque hay que evolucionar hará un gran esfuerzo por llegar a ti y hay que dejarlo entrar… Pero todo aquello que no pertenece y que no favorezce, que no hace bien hay que dejarlo ir, porque también hace un tremendo esfuerzo por marcharse aún cuando el miedo y el ego generen resistencia… Mejor decir: GRACIAS A LO QUE FUE Y SÍ ROTUNDO A LO QUE VIENE!…

Pero claro, dentro de esta actualización cotidiana del ser,  morimos tantas veces como necesarias, y así vamos haciendo espacios.

Morimos una y otra vez cuando dejamos que emerja  una versión nuestra con mucha más alma, más completa… con sus respectivos dolores de parto porque las personas dentro de esta tendencia actualizante nos parimos una y otra vez a nosotros mismos, y luego de cada batalla interna que vencemos, encarnamos en un ser nuevo, independientemente de nuestros esfuerzos por deslizarnos de la muerte pero al fin, la muerte es un ciclo del alma, es un mito que recrea la consciencia.

Quizás, una de las enseñanzas de Jesucristo como el gran pedagogo que era,  fue el morir en la cruz, descendió a los infiernos a través del dolor físico y espiritual, del rechazo, la tortura y la soledad para luego trascender a través de la resurrección; ese es el mito de la muerte, y es que esos dolores del alma ante la desilusión, incluso cuando sentimos que se ocultan nuestras pasiones y bienaventuranzas y que el sentido de la vida se diluye, vale la pena cerrar los ojos  e instalarse en la noche oscura, y es que elegir morir no es sólo un mito sino también un arte, ya que el vacío y la grisura de la angustia permiten que escuchemos al alma de tal manera que sería imposible hacerlo en estados de absoluta euforia e incluso en medio de la cotidianidad. Estas pequeñas muertes desde la melancolía hasta la pérdida absoluta, proporcionan al alma la oportunidad de expresar sus anhelos más profundos y naturaleza salvaje para entonces florecer en medio de un suelo que parecía erosionado, estas noches oscuras brindan experiencia y esta es justo la riqueza del mito de la muerte en el desarrollo de la persona: asumir y aprovechar las ganancias de las pérdidas que confieren sabiduría y hacen que coagulen las emociones y metabolicen las experiencias.

Morir casi nunca es elección, pero sí siempre una oportunidad de hacer ajustes dentro, espacios para un nuevo arado en las profundidades de la psique, el alma y el corazón para sembrar otra vez y esperar la cosecha, finalmente los seres humanos tenemos el potencial de ir al límite de nuestras posibilidades humanas en medio del pasaje oscuro y resucitar también luego del día tres para luego expresar vida plenamente; Sin duda, el progreso del alma es profundo y oscuro, no podemos hablar de Desarrollo Humano tan a la ligera pues no se trata de un avance siempre positivo y progresivo, sino más bien muchas de las veces cada ascenso requiere descender, visitar un breve estado de muerte para luego trascenderlo muy a pesar de la elección y no elección del sacrificio, ese acto espiritual de renuncia y reconocimiento a eso superior a uno mismo, esas privaciones ordinarias por las que pagamos el precio para estar en un mejor lugar, esa renuncia a pequeñas libertades  que van dando paso a una libertad mayor y a un misterio inmenso, eso a lo que llamamos TRASCENDENCIA, esos saltos cuánticos que damos cuando nos levantamos de una manera más breve y con un aliciente intrínseco producto de esta experiencia oscura, finalmente uno es la suma de sus fases y vivencias, de sus muertes y sus pérdidas y aunque todas estas historias son útiles no nos conforman pues no tienen la última palabra, he ahí la importancia de romper creencias y experimentar con completa presencia esa tendencia actualizante dejando morir lo que debe morir, creando espacios incluso a través del cuerpo, por ello los grandes místicos de todas las religiones se entregaban con total convicción y pasión al ayuno, era como dejar morir y  liberar para continuar abriendo canales entre lo consciente y lo supraconsiciente.

Morir es vivir, es dentro de esta finitud y vacío encontrarse con lo infinito, es abrirse a nuevas formas de entenderse siguiendo nuevas coordenadas y así con las crisis comienza la  iniciación y a todo esto, el sentido de tocar fondo es que no queda a donde ver sino es que para arriba.

Intuyendo que es gerundio


Hope in the palm

                La magia en mis manos…

Por alguna razón, siento el deseo de tocar base con este tema, este  don maravilloso y pocas de las veces atendido por muchos seres: la intuición.

Dentro de la cajita de herramientas orgánicas que traíamos cada uno al momento de llegar a este plano, venía dentro una vocecita sabia inherente al espíritu, al proyecto del alma, esa sabiduría divina que no tiene nada que ver con la razón y cual puño de piedritas de colores señalando el caminito en medio del amplio y solitario bosque nos puede guiar por atajos maravillosos para en la medida ir cumpliendo esa misión de vida, pero, ¿por qué es tan difícil poner atención a esta mágica voz que nos da la oportunidad de dar pasos firmes, esta luz que nos permite discernir lo que es bueno y no para nuestra salud mental, emocional y espiritual?

Aprender a desarrollar la percepción del misterioso inconsciente y confiar en los sentidos internos es una tarea ardua que sin duda todo ser humano debe practicar, pues cuando desarrollamos esta herramienta psíquica podemos entrar a lugares insospechados, romper barreras de acero, mirar aquello que es invisible, escuchar lo imperceptible y sentir lo intangible. No, no! No es cosa de brujas, no es una onda paranormal, es sabiduría organísimica en su maxima expresión, pues cuando aguardamos en silencio podemos escuchar cuál es el siguiente paso a dar, cuál es el lugar al qué llegar y qué opción elegir aún cuando no sea la más cautivadora.

Nos resulta complejo porque vivimos fuera de nosotros mismos la mayor parte del tiempo, porque abrazamos verdades ajenas, porque trabajamos por sueños que no son nuestros y escuchamos y obedecemos a voces que tampoco nos pertenecen. ¿Qué pasaría si tan sólo unos minutos al día aunque sean lo que dure la ducha me quedo en silencio y sólo gozo el chorro de agua?, ¿Qué pasaría si dejo de cuestionarlo todo?, ¿Qué pasaría si dejo de racionalizar cada asunto inexplicable?… ¿Qué ocurriría si en lugar de realizarme estas preguntas lo experimento?

Creo fielmente en esa frase que dice:

” Dios habla a través de la intuición”

Si escuchamos a esta  vocecita interna aquí y ahora, estaremos dando pasos dentro de esta infinitud que nos permitirán mover todo en nuestro exterior y confiar plenamente en lo que ocurre, en este perfecto momento presente. Estoy profundamente convencida de que en este preciso instante vamos construyendo ese futuro tan esperado y soñado; Al escuchar nuestra intuición, ponemos manos a la obra para edificar lo que nos toca en esta obra divina, para llegar a donde realmente nos indican nuestros anhelos más profundos teniendo como vehículo mágico al cuerpo.

Medita, y si te resulta complejo sólo contempla, fija tu atención en una flor, en un atardecer o simplemente mientras te bañas en profundo silencio mientras observas lo que piensas, atiende a tu dialogo interno y con certeza escucharás a esta sabiduría de antaño que vive en cada rinconcito de tu ser.

Todas las respuestas están en ti, ya sabes cuál es el siguiente paso, sólo no permitas que te perturbe y trunque el miedo, abraza tu verdad sin adherirarla a ti mientras confías en el perfecto AQUÍ Y AHORA, con la mente y el corazón expandidos ante la idea de que todo lo que ocurre es para tu más alto bien, bajo la gracia divina  y de manera perfecta.

Escuchemos nuestra intuición, hagamos lo mejor que podamos, pongamos nuestra mejor energía, pongamos nuestra mejor intención y soltemos el resultado… CONFIANZA PLENA… Ahóooooooooooo!!!!!

Yo bruja


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Con lo que a veces cuesta levantarse a ser una misma, con lo que cuesta luchar para defender con convicción la esencia, ese aroma del que venía impregnada el alma, esa que no se mantiene silenciosa porque siempre a gritos pide movimiento… mucho movimiento,  no importando cuántas muertes deba experimentar,  ni a quién o qué deba dar muerte teniendo clara la trascendencia de los límites,  pues el mérito es la autorrealización, un corazón y mente en expansión.

Soy yo, Rosario quien intenta captar y evocar su propio trabajo espiritual.

De niña, tuve la suerte de haber estado rodeada de gente colmada de fuerza y resiliencia, de mujeres poderosas que me ayudaron a labrar mi propia tierra quienes conservaban en el inconsciente las osamentas de las almas de otras mujeres de nuestra estirpe, mujeres con trenzas largas con la piel tostada por el sol y unas manos rayadas de tanto uso, unos ojos brillantes y unos pies llenos de surcos; También tuve la fortuna de disfrutar a mi abuelo, de quien heredamos en casa el modelaje del trabajo y la cosecha; Tuve la suerte de crecer entre personas a quienes les gustaba cantar y evocar a las fuerzas divinas con sus notas mientras celebrábamos la vida; Tuve la dicha de tener un grupo de amigas con quienes gozaba de tardes festivas mientras saltaba la cuerda, jugaba resorte o al avión o corríamos como locas por todo el atrio de la iglesia saltando coordinadamente lo bloques guindas y grises, nos subíamos a los árboles y compartíamos relatos  de miedo que paradójicamente eran vitaminas para el alma.

Entre los 14 y 17 años, casi todas las tardes me perdía bebiendo aire y sol  entre las faldas de los cerros del pueblo, corría feliz tanto como soñaba y mi alma despertaba más y más, mientras validaba cuáles eran mis talentos para seguir trazándome una hoja de ruta. Recuerdo que durante ese periodo casi todas las noches le escribía una carta a Dios y mi fe fue nutriendo mi vida interior revistiéndola de cierto salvajismo y rebeldía pues para mi nada era imposible, y así en algún momento me fui de aquél lugar con la bendición de mamá… Tenía 18 años.

Comencé a estudiar una cosa y otra en paralelo trabajando, viví en diferentes ciudades de distintos países, conocí muchos rostros y aprendí a decir adiós una y otra vez… a decir adiós también se aprende, pienso que es una de las lecciones más arduas de la existencia. Siempre he tenido manía por escribir, bailar frente al espejo, cantar en el baño y hablar con Dios, disfruto hacer velas, devorar libros, meditar y practicar yoga. Hoy a mis 34 años la vida creativa ocupa un denso porcentaje de mi vitalidad, sin duda esto me acompaña a sublimar durante la noche oscura del alma, me permite contemplar y contactar con esa presencia que me habita y más cuando me siento amedrentada, encajonada o acorralada por la rutina o cuando siento que estoy invirtiendo energía y corazón a un sueño que no es el mío. Esa es la batalla de la que hablaba en el primer párrafo, esa lucha por mantener las puertas cómodamente abiertas y anchas para que drene y se vaya todo lo que se tiene que ir manteniéndome cubierta con el poderoso manto de la sabiduría y el instinto, porque aunque a veces digo que ya estoy domesticada conforme pasa el tiempo me doy cuenta que no, que sigo siendo la misma salvaje que corría horas entre las faldas de los cerros o se subía a los árboles… NO ESTOY DOMESTICADA ni creo domesticarme nunca, no pienso encajar en moldes arcaicos de una sociedad de creencias muchas de ellas caducas.

Quiero que mis huesos sigan cantando e inventando historias, quiero que mis dedos sigan rompiendo paradigmas y el corazón siga rugiendo no importando a quien cuando se sienta amenazado, quiero seguir rompiendo patrones subyacentes, quiero seguir estrujando a mi ser espiritual innato descendiendo por lo profundo del amor para seguir conjurando los restos incómodos de lo que ha tocado y no ha tocado experimentar aún cuando parecía un derecho, los aspectos descuartizados de la vida y lo que apesta pues lleva tiempo en el ropero; Quiero seguir siendo mi propia bruja y seguir danzando en círculos sanando con canto y fuego lo que deba ser restaurado… Quiero aquí y ahora seguir comiendo la vida a puños recreando a partir de lo ya muerto, seguir desempeñando esta tarea dual potenciando y multiplicando mis panes y mis peces.

Amo a esa bruja que vive en mí, es la guardiana de mi alma, la que defiende mis sueños más intrínsecos aún cuando a veces me da miedo por su forma nada sutil de despertarme, por su manera con rudeza aparentemente innecesaria de marcar límites y muchas veces expresar; Amo a esa bruja que vuela por las noches y mira las estrellas mientras remueve su caldero porque ella es la que sabe, la que sana con sus remedios, la que me rompe los hechizos y creencias, la que me enseña a discernir y a separar, la que le da fuego a mi alma y energía a mis huesos, la que da brillo a mi piel y a la mirada, la que ahuyenta con su verruga  al depredador y con sus uñas largas continúa haciendo surcos en el camino.

Cuando tu amante sea el adecuado para ti, abrazará a esa bruja que te habita, no le importará ver tu verruga ni tampoco que salga a construir sueños montada en su escoba meneando su caldero… Eso que tú buscas también te busca a ti. Es quizás el recordatorio de hoy, es la conclusión… Canta, canta tu verdad no importa dónde, abrázate mucho y honra a tus huesos, honra a tu estirpe, honra a tu historia, derrama tu alma en todo lo que hagas, muere y renace tantas veces sean necesarias.

Con amor

Yo bruja.

A las diosas exiliadas


Y vamos por ahí rompiendo paradigmas dando aleteos con las alas del corazón...

Y vamos por ahí rompiendo paradigmas dando aleteos con las alas del corazón…

Mientras hacía más espacios dentro de mi propio espacio,  me venían a la mente algunos flashbacks de diálogos, frases cortas o expresiones que a mis 34 años he recibido, generalmente he sido no siempre la más receptiva pues  si por algo me he caracterizado ha sido por cuidar mi propia esencia y preservarme como especie de alas atípicas, a este momento me declaro especialista en marcar límites y más aún porque las alas no paran de crecer, tanto más la vida las poda MÁS CRECEN, y así ando por ahí rompiendo paradigmas.

Hace unos días, una persona del género masculino (sólo a ellos se les ocurre hacer comentarios tan atinados y sobre todo asertivos no importando inclusive el foro) me hizo la entrevista típica que suelen hacer a nosotras las mujeres:

– Rosario, ¿tienes hijos?

– No

– ¿Eres casada?

– No

– ¿Tienes novio?

– No

– iBúscate un hombre!

– Yo puros amigos iJá! – respondí (léase en tono de sarcasmo). Evidentemente él no supo más qué decir y finalmente dijo:

– Muy bien Rosario, eres libre de hacer lo que más quieras.

Me quedé meditando en las tantas veces en que he recibido algún comentario de esta irrespetuosa naturaleza, en las muchas ocasiones en las que mi mujer salvaje ha respondido con sonrisa sarcástica desarmando a quien fuera no importando de quien se tratara. Son tantas las veces que he escuchado esas voces conservadoras, arcaicas, rancias inclusive que no están listas para cantar una canción distinta.

Señores, rompan la vieja creencia de que una mujer no puede estar sola, nosotras podemos tener una vida sexual libre sin tener una pareja, sabemos con quién queremos estar, cuándo queremos estar, qué queremos sentir, sabemos pedir sin remordimiento sin que eso suponga estar atadas a alguien. Sabemos decir “no” las veces necesarias cuando nos sentimos agobiadas, sabemos tener el control de nosotras mismas y cómo recuperar nuestro poder cuando por instantes lo perdemos.

Somos mujeres libres, como dije: con alas gigantes que no caben en cualquier sitio; mujeres que hoy sabemos cómo usar nuestra propia energía, que sabemos incluso a profundidad lo que implica una relación sexual y por ende no estamos dispuestas a dejar entrar a cualquiera a nuestro templo; Salgan de ese trauma de la pérdida del paraíso infantil, no es nuestro problema si los destetaron a los 9 meses y no a los 5, no somos sus madres, somos mujeres libres pensadoras, somos SUS IGUALES, no sus “hembras”, no estamos aquí para que ustedes cubran esa necesidad instintiva y animal, olviden ese jalón regresivo a ese paraíso perdido al no saber estar solos y dejen de repetir historias por amor a ustedes y su propia estirpe, por amor a las generaciones venideras.

Yo Rosario, pertenezco a ese clan de mujeres fértiles que dan vida de mil maneras distintas, que si bien tengo claro el ciclo de la propia naturaleza, también estoy consciente que la sociedad mexicana aún no tiene claro que habemos vocaciones para todo: hay mujeres hermosas a quienes honro que nacieron para ser madres pero no pareja, las hay con la vocación de la maternidad y pareja en paralelo,  habemos mujeres que tenemos vocación de pareja pero no de madre, habemos mujeres que tenemos vocación creativa y profesional con una imperante necesidad de trascendencia que bien podría o no ser conjugada con una de las tres primeras. No todo es cuadrado, no todo es “el deber ser”.

Sí, soy exiliada porque no compagino con ese ir “by the book” por la vida, porque nunca he sido afín al control de alguien para conmigo, porque soy digna de confianza y poderosa, soy llanamente: Una mujer plenamente consciente de su poder. Soy la que se atreve, la que vive y destruye, la Ganesh que no se cansa de remover todo lo que pudiera ir en contra de su propia naturaleza, soy mi Kali o Coatlicue, la que quieras.

Vivo conectada con mi yo instintivo, soy esa mujer de  la intuición versada, rigurosa y ahí sí que me declaro receptiva, sin embargo, en este estado de conexión conmigo he aprendido a ser más y más auténtica sin que eso signifique ser temeraria, he roto cánones y no me importa encajar ni cubrir expectativas ajenas, y sé que somos muchas las que compartimos este estado de ser, las que vamos con los sentidos afinados dejando que hable dentro la que tiene que hablar: la mujer sabia.

Aunque mi infancia fue valiosa y fui orgullosamente educada en un seno religioso, reconozco que nunca fui cautiva ni domesticada, fui terca, curiosa, lectora voraz y entre más pasa el tiempo más juego con la excentricidad y sigo alimentándome de mi vida creativa.

Pido respeto para las mujeres como yo, lo pido en nombre de ellas y de las que vienen detrás de nosotras, esas mujercitas que traerán consigo una acusada naturaleza de libertad instintiva a quieres será imposible hacer intervención quirúrgica alguna en su psique porque las que venimos delante de ellas habremos dejado huellas muchas en su inconsciente, personitas libres de prejuicios, opiniones, preferencias y expectativas con el autoestima en su lugar.

No somos convencionales, somos poderosa guerreras, mujeres salvajes, intuitivas y felizmente exiliadas; Somos mujeres con una serie de valores que si bien no son idéntico a los de nuestras familias, sí por lo menos se basan en muchos de ellos; No somos angelicales, podemos removerlo todo aunque duela y a veces haya que morder el polvo; Somos seres con almas que no se adaptan a exigencias, que no necesitamos que nos adulen para sentirnos hermosas, que no necesitamos de un vestido corto o escotado para sentirnos sensuales, que no nos hacen falta tacones para robar miradas y que elegimos incluso de quién recibimos un piropo y de quién no; Somos mujeres que únicamente requerimos de una sonrisa potente y confiada para con nuestro poder personal cambiar lo que se nos dé la gana.

Somos lo que hemos querido ser, hemos desterrado introyectos de los mandatos, tenemos recursos sorprendentes para potenciar y no importan nuestras propias inseguridades, somos perfectas dentro de nuestras imperfecciones.

Somos divinidad en cuerpo de mujer… Hombres, somos sus pares no sus mujeres ni sus sirvientas ni un repositorio de energía sexual.

Qué bonito sería que tanto los hombres como las  mujeres confiáramos en cada uno de nuestros atributos psíquicos, físicos y espirituales, quizás tendríamos una sociedad más igualitaria y respetuosa, una sociedad más plena y sana.

Hurgando el alma, de pronto entiendas, de pronto no…


Namaste

Qué difícil es soltar el control, caer en rendición… morir! Y así, sólo cuando comprendo mis límites puedo decidir, ordenar y humanizar mis acciones.

Si hoy pudiera describirme con un aroma pensaría en el delicioso aroma de la tierra mojada, ¿por qué?, tal vez porque pasó una tormenta y luego de todo comienzo a sentir lejos de erosión frescura en el alma.

Qué rudo es proyectar en el otro, qué difícil es mirar las propias carencias y descubrir su utilidad, qué rudo es volver a ver ese patrón recurrente, aunque también me queda claro que si no proyectamos no conectamos con el otro. Sin duda, todo ese conocimiento sobre uno mismo a manera de proyección debe pasar por el mundo para luego integrarse a la mente consciente y actualizar creencias, romper paradigmas y viejos esquemas para ensanchar la mente y así  ensanchar la vida.

Cada que voy a casa es imposible no reconectar con ciertas fases de mi infancia y así reactivo cierta partes de mi mito personal en mi vida hoy adulta con el fin de seguir ensamblando piezas en mi biografía para seguirme construyendo una vida más y más creativa.

Si hoy pudiera describirme con una asana elegiría un Virabhadrasana  (el guerrero), ¿por qué?, quizás porque en el intento de alinear mi corazón con la vida me encuentro intentando ganar batallas internas, esas que son propias y que apelan a mis deseos, porque no siempre lo que se desea es lo que realmente es sano o necesario.

Uno es la suma de sus etapas, experiencias y aprendizajes significativos y bajo esta matemática simple voy sintiéndome plenamente viva con todo lo que esto implica aunque a veces prefiera no arriesgarme con el sacrificio que esto suponga y me refiero al sacrificio como un acto espiritual, como al doloroso arte de renunciar a algo. Sacrificio significa “sacralizar”  y soltar es un ritual de muerte, porque uno trasciende su ser a fin de que el alma de un alto cuántico. Renunciar es todo un acto de voluntad y esa hoy es mi batalla interna, pero sé que luego de todo me seguiré sintiendo más y más plenamente viva sin descartar que a veces hay que descender a los infiernos personales para ver qué ocurre y en medio de la incomodidad encontrar nuevas rutas.

Las relaciones personales son todo un mito y no siempre es fácil reconocer a la figura con la cual uno intenta empatar o conquistar, como decía Jung: “Una persona presupone en la otra una estructura psicológica análoga a la suya”. En fin, sólo exploraba un poco mi aquí y ahora.

El punto es que hoy, por lo menos hoy, deseo llevar una vida atractiva y comprometida, quiero como generalmente digo: “comerme la vida a puños” y agregaría “abrazar muy duro” porque aunque soy eterna no sé cuándo me vaya…

Intimando


Intimando - By @AlexLuke

Ahora que estoy entretejiendo las hebras de mis sueños, esos que tocaban frenética y angustiadamente al alma, compruebo cómo todo poco a poco va cobrando orden y cómo cada paradoja, fantasía, profunda desesperanza, epifanía y duelo han tenido un lugar perfecto; Asimilo que ordenar la vida requiere en gran medida despedir y soltar para generar esos espacios que completarán ese “algo” que hace falta.

Me siento a la luz de mi propia intimidad con mi locura erótica y misterioso corazón buscando mi olla de oro,  aunque a momentos me desencanto de mi misma y en paralelo voy descubriendo mis distintos niveles de plenitud, porque como he dicho antes la plenitud para mí es un gerundio, a veces esa plenitud se esconde bajo el sofá o sale a tomar el sol, la extravío y de pronto la veo de vuelta floreciente… así es ella.

Es importante decir que, me doy cuenta que poco a poco mi consciencia va percibiendo lo que mi alma necesita, he tenido que echarme un verdadero clavado a las aguas profundas de mi psique tanto más puedo llegar, lo he hecho explorando mis propios sueños, arquetipos y mitos. Puedo decir  que me encuentro en otro nivel de intimidad conmigo misma en tanto la soledad ha sido el camino, de pronto sinuoso pero me ha dado el espacio para esbozar eso que voy a gestar.

Aprendo que, estos caminos del alma son una paradoja, esos duelos extremos sin hablar propiamente de muerte física, son al cabo de un tiempo los mejores eventos que nos han podido ocurrir en la vida, las incomodidades nos impulsan a lugares de mayor plenitud y satisfacciones con la debida sensibilidad para escuchar a la intuición como guía, para así ir reconstruyendo el mito personal y tener una intimidad más fértil.

Luego de haber flotado los meses pasados a poca altura, el haber estado sumida y reflexiva en mis instantes de ensoñación y altibajos, encuentro que la muerte cotidiana es la cura definitiva y que la inteligencia y progresos del alma no llegan con argumentos racionales sino a partir de la meditación que como fruto que llega en la debida estación produce a la intuición y sabiduría orgánica, sacando el néctar a la superficie y así voy siguiendo mis tendencias naturales, como el capullo que incuba o la oruga que se vuelve mariposa.

En el transcurso de esta ruta nueva, gozo sentirme dueña nuevamente de mi vida creativa, añoraba este espacio para dibujarme una vida más sensual y colorida abrazando los adioses aunque yo misma sigo sustentando algunos de mis apegos con mensajes y besos virtuales cotidianos. He aprendido a honrar mi alma y peculiar manera de ser y estar continuando así en la  lucha para que se mantenga intacta y genuina. No sé si me complace la huida como a Dafne la de Apolo quien inherente le perseguía gozado de esta persecución como probablemente Dafne gozaba de la huida. Y así voy por la vida con mi tensión dialéctica entre mi soledad y deseo de intimidar oscilando como un péndulo en mis recovecos, entre mis apegos y mis afectos.

Continuando contándote de mi intimidad, me gusta cómo esa profunda interioridad se ha revelado en mi y en las relaciones que he construido, porque esos tratos íntimos pueden darse y gozarse en medio de una silenciosa práctica de yoga o en medio de un café donde se respetan los suspiros, en una carta llena de nostalgia o fantasía siempre que se manifiestan las más legítimas emociones y pensamientos que emanen del alma. La intención marca la diferencia, eso intrínseco que se respira, deseos y pactos tácitos que se dicen sin decir.

Me gusta la gente que vive conectada con su interioridad porque es justo la que me permite intimar, la gente que expresa y no esquiva, la gente que puede discutir acaloradamente y no huye de lo que siente, la gente que no se retracta y es capaz de abrazar su sombra y revelar sus absurdos, sus facetas razonables e irracionales y monstruos del corazón… todos los tenemos. A final de cuentas el alma gesta desde sus irracionalidades, porque  partir de ahí sublimamos y nos volvemos fértiles tomando en cuenta que hay tantas formas de generar vida como peces en el mar y estrellas en la bóveda celeste.

Hoy me voy a quitar de en medio y dejar que la vida siga su curso, voy a recrear mi propio mito rompiendo el ciclo de mis movimientos compulsivos, a final de cuentas vivo en una tendencia actualizante y como Atenea la gran diosa tejedora seguiré haciendo arte, bordando el tapiz con mi talentos y viviendo magia, porque no sólo para intimar conmigo sino con alguien más gozo y requiero de una alta dosis de polvos mágicos para conectar. Realmente es bueno dejarse ver, sentir, fluir, descubrir aquello que apela el corazón, alimenta la concepción del amor y derrumba los cercos de la falsa moral.

En fin, este es mi viaje y mi diosa interior lo hace en círculos… Me gusta y complace sentirme abrazada por la Shakti, la Isis, la Rosa Mística y va el amor como hilo conductor.