Hoja blanca y no blanca


Desentumo las neuronas, y me observo los dedos de los pies, frágiles, sabios andantes, pies que han caminado de entre los escombros, que han subido hasta las nubes, que han surcado el trayecto. Estoy sola en casa, enciendo una vela como si deseara que esa luz penetrara hasta el efímero tuétano de mis huesos y trascendiera e incendiara mi cuerpo sutil. Tengo frente a mí una hoja en blanco, una hoja taciturna que quiere ser mi amiga, desea que le cuente todo lo que se de mi misma. Ahora que comienzo a conectar mi conciencia al teclado, esta hoja ya no en blanco se ha convertido en mi espejo y al observarme ahí, no hay tiempo ni espacio. Parpadeo, me sigo observando y comienza mi monólogo frente a este espejo, hablo de mis mejores historias y me reprendo, porque la historia es pasado mismo y mi regla hoy es que desde que guardé mis pasos coleccionados, nada más importa, sólo este segundo, sólo el amor que me fulmina, entrañable e imperecedero, tan real como que la gravedad existe, amor que sin él no soy nada, amor que respiro y se contrapone ante el miedo y la duda. Estoica, no más épica de mí. La hoja ya no en blanco además de mi espejo, se ha vuelto mi cómplice y dialogamos ininterrumpidamente, creamos poemas, juegos de palabras y nos convertimos en psiquiatra y loca. Esta hoja ya no en blanco, creo que venía en el puño de mi mano cuando salí llorando del vientre de mi madre, venía íntimamente ligada a mí como un recurso para sobrevivir cuando habité en la ciudad de la nostalgia. Blanca y no blanca, es como yo la quiera, corre el riesgo de que le cuente sandeces y la vuelva igual de loca que yo. Pobre hoja blanca, bendita hoja hoy no blanca, sabe de mi retórica y no hace alarde de aguantarme… Vivo sometida al cambio, al movimiento, y mi hoja blanca y no blanca, va aconteciendo conmigo.

Lineas exorcistas…


Creí que me había vuelto un tanto inmune a los cambios de escenario pero no, sin embargo, estoy segura que mi alma está verdaderamente consciente de ese deseo intrínseco de encontrar aquello que esta quién sabe dónde.

Como el zorro y el principito, fui domesticada una vez más…

Cierro un ciclo, agradecida,  mi ánimo oscila de un lado a otro como un péndulo y un gato gris me observa como si me leyera la mente, ¿será que ahonda en mis pensamientos?, creo que está escuchando mi silencio. Él debe ignorar mi facultad oratoria, sólo me acompaña a estar sola, ¿me mirará ausente?, ¿me retará sabiendo que los gatos no es que sean mis animales favoritos?. Siempre he pensado que son aduladores en demasía. Se ha ido ya, caminando soberbio, quizás sepa lo que pienso respecto a los gatos.

Me he vuelto adicta  a cosas tan simples y llanas como caminar por en medio del camellón  y llenarme del aroma de las flores que aguardan esperanzadas que alguien las compre al florista, ¿añorarán ver la sonrisa y volcarse en la emoción de quien las recibe?… no lo sé, pero a mí me encanta su aroma. Me gusta pararme de cabeza y suelo dormir en posición fetal, amo pintarme las uñas de colores y cuando la lluvia azota la ventana, suelo comer cereal sentada en la alfombra al estilo indigente y tengo fijación con los pies. Creo que ya veo epifanías en todo lo que me rodea.

Estoy esperando al hada de las palabras pero no llega, yo busco la mejor versión de mi misma y así cierro un ciclo maravillo, lleno de gente mágica,  amigos entrañables y compañeros incondicionales.

Tengo la certeza de que me aguarda un renacimiento, pero mejor, me quedo disfrutando de mi eterno presente, hoy por hoy, es lo único que tengo.

Y la noche…


Grietas, éxtasis, trivialidades y miserias…  Y entonces me conecto con la conciencia del divino mientras las palabras mismas se convierten en espectadoras. Obstinadamente, miro, amo y sonrío pero como buscadora nata disecciono  mi existencia, me observo y fascinada me redescubro, porque al redescubrirme a mí, te redescubro a ti y así es como he vuelto a mí misma, ya no soy ausente de mis días, ya no me extraño tanto porque simplemente mis pasos han perdido la memoria, ya no se por donde anduve, eso decidí olvidarlo. Las estadísticas e inventarios del ánimo, los amigos y los días han dejado muy buen saldo mientras la memoria de esta mujer se recrea, ecuánime, solitaria, agradecida, avanza  y ruidosas bendiciones le cortejan. Jugaba  y perdía, jugaba  y perdía… delirante perdía también ese camino de dentro y a la par esa libertad intrínseca con la que nací.

Equilibrista, quizás dubitativa de pronto, pero equilibrista soy. La noche está contenta pero distante, propia del universo, tan propia de éste como yo misma, mucho más sensata que todos y yo me disuelvo en el negro para restituirme en el amanecer.

Hoy no tengo mucho que decir, ¿será porque ya todo esta escrito?…

Romance entre la rosa y el sol


La rosa se desnudó poco a poco, sus pétalos diáfanos fueron cayendo con la cadencia y elegancia uno a uno al ritmo del viento, estaba decidida a regalarle su esencia y vida al sol, quien le había cautivado con ese rubio hechizante y éste, anonadado le abrazaba con sus rayos para que no se sintiera desprotegida aún desnuda. Ese era un romance mítico del que toda la naturaleza murmuraba, un amor intenso que comulgaba cada mañana, hasta que en un instante decidieron fundir sus energías y volver al origen, consientes de su espíritu puro y libre, consientes de la transformación que supondría su misión en su paso por ese prado.

El riachuelo presenció este ritual y le dijo al pez cuán importante era para él. La luna se enteró de lo que ocurrió entre la rosa y el sol, por lo que esa noche se decidió a hablar con el búho para confesarle cuánto le motivaba a salir y así, aquello desencadenó una euforia amorosa que trascendió a todo el universo: las galaxias aún dentro de su caos, los océanos, las selvas, los cerros, los vientos y la vida por sí misma rindieron culto al amor.

¿Hay mayor milagro que la vida en sí?…

Con cariño, Rosario

Dejar de llorar por dentro


Llegó la primavera y con ella, he regresado a mí luego de un sueño que más que eso era  una ilusión estéril… ¡qué difícil es soltar! Aún cuando eso de lo que estas prendido, no tiene el más mínimo sentido.

Estoy a unos cuantos días de cumplir años e imprescindiblemente, el universo con mi permiso, me ha  dado el mejor de los regalos.

Como buscadora nata, en el andar he visto muchas caras, he conocido muchos lugares y mi espíritu quedó prendado de un sitio en particular y creo que ha vuelto a mí, y mi alma vibrátil esta hoy en un sitio mucho más estable: sueños, atmósferas nuevas y muchas sonrisas… “El tiempo de Dios es perfecto”, y aunque suele a menudo empujarme a la orilla de mis limitaciones, estira y estira revolviendo mi océano interior hasta conseguir que mi néctar vaya a la superficie.

Hoy no voy a filosofar, en realidad mi deseo era compartirte que, estos tres días han sido sumamente nutritivos, afiné y celebré la vida con cada respiración, con cada asana, con cada reto postural. Mi enfoque va cambiando y de entre la fragilidad de mi ser voy emergiendo simplemente diferente, sería demasiado decir “mejor”, es sólo que me da plenitud el plantar esos pies en el “aquí y ahora”, desenmascarando cada sentido, diseccionando mi esencia y aún literalmente “de cabeza” encontrando ese punto en el que me siento cómoda.

Entré aquí para  en dos párrafos hablarte de mí y de las bendiciones que van llegando una tras otra, a recordarme a mí misma que “cuando el alumno está listo, llega el maestro”. Sólo con el paso de los días que se van volviendo inertes, he entendido que en definitiva todo es temporal, hasta las ideas y emociones más arcaicas se deslizan de la mente para transmutar una a una en magia y lucidez para entonces, DEJAR DE LLORAR POR DENTRO.

Se transparente en tus palabras y dicho sea de paso, SE GENTIL CONTIGO Y ÁMATE MUCHO, puesto que nadie hará por ti, eso que tú no seas capaz de hacer por ti mism@.

Un fuerte abrazo

Y este día me ha costado despegar


Ocurre que hay momentos en los que me siento en Stand by, en los que hay más bien que presionar “reseat” o bien “deleat”

 

Se va el invierno y con éste se ha ido un ángel que volvió su origen, allá a las filas de lo divino y creo que, con él se fue una parte de mí, sigiloso la arrancó desde lo más intrínseco de mi alma  y ahí fue donde entendí que: “mañana”, muchas veces es demasiado tarde.

 

La sinuosa luz se coló por la ventana y recordaba un sueño que tuve en que meditabunda le preguntaba a mi hermana -¿tú crees que todo esta ya escrito?, y ella, con esa coherencia que trae de antaño, me respondió, -si, pero tu puedes cambiar algunas cosas. Yo interrogué nuevamente, – ¿pero cómo hago para curtir mi espíritu y  que mi fé sea mayor?, y ella respondió nuevamente – es como cuando pasas un bocado tienes la seguridad de que no te atragantarás. Así se practica la fé.

 

Y así recordaba a Erich Fromm cuando en El arte de amar, hacía mención de que hasta para despertar se necesita fé. Hoy, trémula e inestable, tomando café a las 3:35 pm, tengo la necesidad de emerger de esta nube gris y que la luz penetre hasta lo más profundo de mis raíces, que la vida no discurra porque sí y en este instante vuelvo al vientre en el que viví nueve meses. Regreso ahí luego de toda una vida en la que los años no han venido solos, han venido abastecidos de una gran riqueza, de un millar de caras y sonrisas, unas que son imborrables, otras que se destiñeron al paso del tiempo, unas que fueron sólo una ilusión y otras que más allá de ser imborrables quedaron tatuadas en mi alma y me acompañan en cada paso que doy. Leyes divinas, humanas, flaqueza e incongruencias, omisiones y deseos, egos y mucho pasado que me ha traído a este “aquí y ahora”.

 

Agradecida frente a esta pantalla, intento trazar un buen mañana. Recuerdo a Lucano y me voy a esa historia de “Médico de cuerpos y almas” y siento la misma sed que Lucano sentía, esa que me impulsa a ir más allá de mis limitaciones, a excavar dentro de mí y encontrar esa piedra filosofal que buscaron tantos alquimistas.

 

Si, hay momentos en lo que volteo a todas partes y todo es cambio, todo son lutos, todos son cadáveres de segundos, todos somos polvo y lo más importante, lo esencial, es sutil e invisible.

 

La magia existe, basta con creer en ella y avanzar sin miedo…

Mirando hacia adentro…


Es el día 19 del segundo mes del año, son las 7:23 PM de mi aquí y ahora.

Bien es cierto que en mi blog, particularmente me gusta ingresar textos que sean míos, me gusta escribir para mí y compartir contigo aquello que pienso, leo, me gusta o simplemente llegó en un instante de nostalgia gris, de esos que me dan cuando me mudo al país melancolía, sin embargo, hay textos con los que puedo toparme y sin dudar reconozco su valor. Muchas veces, las palabras son como oro molido, las palabras son hadas que tienen la capacidad de transmutar aquellos estados de ánimo que a menudo experimentamos por las diversas situaciones que nos toca vivir del día a día, situaciones que muchas veces están fuera de nuestro alcance mientras que no somos consientes de que la mayoría de estas hemos escogido con el pensamiento o también por la misma falta de conocimiento de nosotros mismos. Lo único que si podemos escoger y es nuestra obligación es ¡AMARNOS A NOSOTROS MISMOS!, pues quien no se ama así, es incapaz de amar a alguien más.
He aquí un texto que me ha encantado, así que, espero que tú al igual que yo, tomes su riqueza y la hagas tuya, finalmente, son tareas básicas que nos resultan una guía para darnos aquello que por derecho merecemos. Son sólo algunas condiciones bajo las que debemos vivir para conseguir plenitud:

En el fondo de mi ser, hay una fuente infinita de amor.

Yo ahora, permito que este amor fluya hacia la superficie, llenando mi corazón, mi cuerpo, mi mente, mi conciencia, todo mi ser y que se esparza a todo mí ser multiplicado.
Mientras más amor doy, más tengo para dar, su fuente es inagotable.

Llenarme de amor me hace sentir bien pues refleja mi auténtica alegría interior.
Me amo y por lo tanto cuido con amor mi cuerpo, con amor lo alimento, lo limpio, lo visto y le doy descanso, así, mi cuerpo responde con la salud y energía vibrante.
Me amo y por lo tanto, me proveo de una vivienda cómoda que cubre todas mis necesidades y me siento a gusto en ella.

Mi casa, está llena de amor, cualquiera que entra en ella, incluyéndome a mí mism@, sentirá la calidez que reina en ella.
Me amo y por tanto, trabajo en algo que realmente disfruto hacer, usando mis talentos y mi creatividad.

Mi trabajo me rodea de gente que amo y me ama y además, me da muy buenos ingresos.
Me amo y por tanto, me lleno de pensamientos amorosos y trato a la gente con amor, porque sé que todo lo que doy, vuelve a mi multiplicado. Las personas que atraigo a mi mundo son el reflejo de lo que yo soy.
Me amo y por tanto, perdono mi pasado y me libero de él.
 

Me amo y por tanto, VIVO TOTALMENTE EN EL PRESENTE, disfrutando de cada momento y sabiendo que mi futuro es brillante, salvo y lleno de luz, pues la energía divina que rige el universo, tiene todo bajo su control, me procura con amor, AHORA Y SIEMPRE.

Sonríe y avanza, porque sencillamente NO VAS SOL@.

 

De tu huesped interior


En aquellos momentos en los que taciturna me pierdo en mi misma, razonaba ante el hecho del ser aquello que no queremos ser. Desafortunadamente, nuestra historia personal ha sido definida por una serie de factores que a lo largo de nuestros años de vida han conformado el colage de nuestra personalidad, es imposible reprogramarnos de la noche a la mañana ni tampoco soltar rasgos conflictivos de personalidad que vienen inclusive en nuestra carga genética. Quizás te suena familiar el hecho de sentir molestia por insignificancias, esa neurosis que fluye incansable e involuntariamente, ese apego enfermo a tu pareja, la inseguridad transformada en celos, esos vacíos rellenos de todo menos de amor… ese fenómeno desconocido que no puede ser manipulado ni explicado por canción o poema alguno.

 Tengo que decirte que escribo para mi, ¿vale?, sin embargo me gusta compartirte porque puede y te sientas un tanto identificado con esto que necesito exorcizar, porque esta madrugada me despertó un extraño dolor de cabeza, no se si por pensar mucho y no darle al clavo.

 Hace unas cuantas semanas leía El arte de amar (Erich Fromm), y ahonda en aquello que tanto trabajo nos cuesta, la introspección, pues si no somos capaces de conocernos y amarnos a nosotros mismos, es mentira decir que “amamos con locura” a otra persona, te pondré textual un extracto que subrayé:

Es imposible aprender a concentrarse sin hacerse sensible a uno mismo. ¿Qué significa eso? ¿Que hay que pensar continuamente en uno mismo, «analizarse», o qué? Si habláramos de ser sensible a una máquina, no habría dificultad para explicar lo que eso significa. Cualquiera que, por ejemplo, maneja un auto, es sensible a él. Advierte hasta un pequeño ruido inusual, o un insignificante cambio de la aceleración del motor. De la misma forma, el conductor es sensible a las irregularidades en la superficie del camino, a los movimientos de los coches que van detrás y delante de él. Sin embargo, no piensa en todos esos factores; su mente se encuentra en estado de serenidad vigilante, abierta a todos los cambios relacionados con la situación en la que está concentrado: manejar el coche sin peligro.

Es muy evidente que podemos ser sensibles a muchas cosas, menos a nosotros mismos. La vida ciertamente es insegura, al final del día lo único real es uno mismo. En cada momento hay que enfrentarse a lo desconocido, el futuro es impredecible pero este instante “es lo único que hay” y quizás el reprogramarnos supone desde un inicio plantarnos en el “aquí y ahora”, observarse a sí mismo sin juzgarse para entonces conocerse y amarse. En ocasiones, nuestro ego es tan grande que no cabe por la puerta, nuestra seguridad radica en aquello que el otro piense  y así definitivamente es imposible florecer.

Amarse a uno mismo, supone un trabajo interior muy arduo, es vital saber estar en silencio, dejar la Black Berry del lado para dejar de ser parte de esta soledad masiva en la que nos hemos sumergido. Calla y observa a tu niñ@ interior, háblale y cuéntale que todo estará bien, sueña y abrázale, confía en esa inteligencia universal que te alimenta el espíritu del día a día, lleno esos vacíos con tus propias flores y sólo ábrete a las lecciones del día a día, las cuales son inevitables.

Deja del lado el miedo y enamórate de tu huésped interior, pues nadie te dará lo que tú mism@ no te des y nadie hará por ti eso que tú mism@ no hagas.

Un abrazo

En mi «aquí y ahora»


Como cada mañana y de pura costumbre me he  servido un café, en esta ocasión no tenía antojo, pero pudo más la costumbre que el disfrute,  o más bien gozo de la costumbre del iniciar la  mañana con un expreso que me despertara las neuronas, es un verdadero y humeante ritual. Hoy pienso en el tiempo, observo con morbo el reloj y no me anonada ver cómo mueren los segundos. El sonido del tic-tac, tic – tac, tic-tac es incesante, incansable, verdugo de los días, asesino del tiempo.

El tiempo efímero y volátil, nunca sobra pero hay que gastarlo. Ha transcurrido la primera semana del año y los sueños discurren con ésta, y entre más sueños más compenetrados con el universo.

¿Recuerdas cuando eras niñ@?…

Una de las cosas más entrañables de mi infancia es esa capacidad de soñar, de creer en duendes y hadas, de asombrarme con un arcoíris y de la fiesta visual que suponía escalar una montaña.

Las calles amplias de la Ciudad de México me abren los brazos, huele a caño y gente va, gente viene, autos, autobuses y camiones de carga conjugan sus tiempos. Tomo un camión con destino al centro histórico, meditabunda me siento en la parte trasera cuando veo subir a un hombre que vende alegrías… y decía – ¿quién quiere alegrías?, las alegrías del medio día, ¡alegrías, alegrías!.

¡Yo quería muchas alegrías!, puede y ahí me haya caído el veinte de que había que vaciar mi costal mental para llenarlos únicamente de esas alegrías intrínsecas que llegan sin el ego como cuando era una niña insolente.

Llegué a Bellas Artes y recordé cuando estuve aquella tarde con mi gran amigo Bernardo, tomamos un café humeante con tarta de manzana, hablamos de libros, amores, cotidianidades, de lo efímero de las cosas, de la izquierda y la derecha, de Diego Rivera, de Henry Miller y su Trópico de Cáncer, del erotismo,  la elegancia y de la soledad… todo eran cadáveres, instantes muertos como ese que yo recordaba.

Me gusta observar las sombras alargadas,  recorría yo el “México Profundo”, observando al mundo con su lápida en la espalda, con sus rostros afligidos, luchadores, conformistas, idealistas y banales. Y seguía oliendo a caño… yo sigo pensando en las alegrías, las alegrías como un fin por sí mismo.

La ciudad es caótica y definitivamente inmortal, con una historia espectacular, pero ¿por qué no admirar mi propia historia?, si, soy una gota más del océano que se pierde entre la abominable naturaleza mientras una mano sabia sigue dibujando flores en las jardineras. Hasta ahora, creo que esa mano es lo único real, esa flor ante mis ojos es lo único que existe en ese instante… esa flor era yo, en mi “aquí y ahora”.

Tren o viajero…


Sí, insistimos en estar en cualquier sitio menos en nosotros mismos y así nos volvemos ausentes de la vida misma por vivir pensando lo que depara el destino.

Hace ya poco más de un año, mi amigo Bernardo me preguntaba si yo creía en el destino, a lo que respondí que, tenía la certeza de que el hombre no vivía condicionado a nada, que había situaciones que ocurrían porque debían ocurrir y que había muchas otras en las que nos estaba permitido usar nuestro libre albedrío (por algo muchos sabios han dicho que somos arquitectos de nuestros días),  que para mí era como si de pronto nos tocara ser trenes o viajeros, era como visualizarme a mi misma en una estación de viaje y cada tren representase una oportunidad laboral o de relación humana, finalmente yo decidiría qué tren tomar y pensaba que,  muchas veces creemos saber a dónde ir, recreamos la realidad, la interpretamos, nos paramos a observar, a esperar, sin embargo muchas veces nos quedamos petrificados, quizás por miedo disfrazado de “precaución” y dejamos pasar amigos, amores, momentos y trenes que nos llevarían a recorrer sitios majestuosos.

Sucede también que, muchas otras veces nos subimos a un tren, disfrutamos del viaje pero no entendemos cuándo es que termina el recorrido, pese a que el tren para y es hora de salir del vagón, nos resistimos, nos quedamos ahí esperando por algo que por bueno que haya sido simplemente “ya fue”, lloramos hasta cansarnos y no hay opción… hay que salir y cerrar la puerta con elegancia.

En fin, todo esto que te cuento lo resumí  así…

Hay trenes que sólo pasan una vez, es cuestión de efímeros  instantes,

su planeado paso estaba en la agenda del destino, el viajero

eres tú: hombre, necio, niña, madre, amiga, compañero

 que también dotado estas del derecho de negarte.

Escrito estaba que se tren caminaría, cerca tuyo

incitándote a subir equidistante y acogerte en el sendero,

para protegerte con su perpetua sombra,

y gozar de los minutos venideros.

Si eres tren o eres viajero,

goza del desierto, de los mares y la lluvia,

de las flores, de las noches, de los días y las colinas,

porque aunque el camino sea sinuoso y el clima desfavorable,

hay que beberse el tiempo y  gozar de su aroma  entrañable, ese que  se guarda

en el olfato del alma, alma eterna que persigue

ser feliz con insistencia, incitándote indecente

a convertirte en diamante, brillante y magistral,

esa es tu naturaleza, hombre,  necio,

amiga, madre, compañero, siendo el tren o siendo el viajero.