De abrazar la sombra…


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Son ya una serie de semanas oscuras, semanas donde mi sombra descarada pasea por todos mis escenarios, me confronta en cada contexto proyectándose  laxa, acechándome sin piedad.

Esta entrada quiero que sea brutalmente honesta, no se trata de aparentar, sino de compartir sin máscaras, desde mi vulnerabilidad, es incluso mi sombra quien escribe jugando a ser yo.

“Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”, decía Jung.

No basta con un mundo interior y una vida comprometida para aplacar la sombra, para hacer consciente lo inconsciente, realmente la confrontación con nuestra sombra puede ser lacerante y profundamente dolorosa, relaciones que creíamos reales y fuertes se resquebrajan, perdemos absolutamente el control que creíamos tener sobre nosotros mismos, dejamos de ser ese dechado de virtudes para convertirnos en esa caja de pandora abierta y redescubrir dolores de antaño y sentirnos total y absolutamente vulnerables, oscuros, inclusive un poco muertos entrando en situaciones que en mi caso fuerzas desconocidas han emergido en mi sacudiendo intensamente a esa imagen mía a la que estaba acostumbrada y que sin duda no me gusta mirar hoy en el espejo; Es tremendo observar cómo ese balance que creía tener se desvaneció en medio de la furia y la tristeza, cómo mi lado brujil a momentos me ha dominado y me ha llevado a mi capa más densa.

Bueno, en realidad ese es el escenario de hace algunas semanas y hasta hace apenas unos días, este viaje oscuro que me ha llevado por vías de miedo, ambivalencia y desconexión. ¿Por qué te lo cuento?, porque el tener una práctica espiritual como la que tengo no me hace inmune, porque a veces las personas que nos rodean se generan innumerables expectativas y justamente ese es el error: esforzarnos por sentir y hacer cosas que no queremos por complacer en lugar de abrazar nuestra sombra un ratito.

Hoy estoy dispuesta a que la madeja de mi vida se desenrede y me permita ver más de mí, iluminar mis rincones de cochambre y honrar esa negrura mágica, esa oscuridad que es oro molido. Me ha sido muy útil no pretender justificarme y comportarme como el ser más insolente del universo porque mi alma está redireccionando mi energía hacia un mejor lugar. También me ha sido útil no leer mucho buscando respuestas, porque también sé que esas habitan en mí y más que información necesito práctica profunda y no, no quiero hoy identificarme con la mujer buena y dulce porque no soy solo eso, esas cualidades que he visto reforzadas sistemáticamente sé que están ahí y que son parte de mi esencia es verdad, pero también está mi imperfección y mis oscuridad, mis tareas álmicas y lecciones a trascender.

Sin duda hay mucho por sublimar y trabajo que ofrendar y que la aceptación incondicional ante lo que hoy pienso, siento y deseo es elemental para dar ese salto cuántico, no jugar a perdonar al otro porque al final el de enfrente está revelando algo, está ayudando a sacar un esqueleto del ropero, o ¿por qué no?… está saldando una deuda de otra vida.

Abrazar la sombra va de recuperar nuestro poder, de arrancárselo de las manos al otro a quien se la cedimos, porque cuando confiamos y queremos o amamos cedemos parte de nosotros y quizás tantas veces (la mayor parte) es un tema de administración de expectativas, pero… ¿quién no se genera expectativas?, las expectativas son humanas, confiar es natural y parte de nuestra evolución consciencial, sino nos generáramos expectativas no viviríamos en este plano.

La verdad es que últimamente me he regodeado en equivocarme aunque ha sido doloroso, he gozado no ser lo que se espera de mí, me he reído y he aprovechado el impulso de yo también enlodarme… ¿por qué?, porque sé que es necesario para seguir avanzando, porque la basura no se debe guardar debajo de la alfombra, porque sé que esto me regala empatía y comprensión, porque dentro de todo he tenido la oportunidad de ser más misericordiosa conmigo, porque realmente me he dado permiso de quitarme la máscara dándome igual si soy juzgada o no, porque también cuando nos damos permiso de que no nos importe el ser juzgados nos quitamos un peso de encima, es una manera de recuperar poder y yo al abrazar mi sombra, mi oscuridad recupero mi poder.

Me siento completa, es verdad que a momentos ambivalente pero sin culpa, encabronada (cada día un poco menos) pero dispuesta a soltar y perdonar de manera orgánica, a final de cuentas el enojo nos permite marcar límites y transformar lo que se nos de la regalada gana, ese es uno de los regalos de la sombra y que finalmente el alma nos guía en la noche oscura, el alma es la que sabe y cada ser humano tiene una brújula interna que le guía y le lleva a cumplir esa agenda que el alma lleva bajo el brazo.

No voy a rechazar nada de lo que veo en mí,  como dice Ken Wilber: “Cada batalla que creemos librar fuera en realidad la estamos librando dentro”.

Y  bueno, hoy te invito a que te permitas sentir y te quedes por un momento parado en la tristeza, en la frustración o el enojo o sea lo que sea que sientas, yo lo he estado haciendo y aunque ha sido amargo sé que vale la pena, ¿sabes también por qué?, porque quien nos quiere bien se queda y también nos abraza, porque el verdadero amor no se condiciona y porque todo se limpia, porque es verdad que hay cosas que mueren por irse porque muchas otras mueren por llegar y no hay que resistirse, porque es bien importante mover nuestra energía si algo o alguien ya no nos resuena, porque no tenemos que perdonar inmediatamente, hay que permitir que todo pase y lo metabolice el cuerpo y el corazón, porque el perdón va a llegar sencillamente porque nuestra alma es no sólo sabia sino también generosa y LO QUE NO ES ASUMIDO NO ES REDIMIDO.

Conviene poner en la mesa del corazón la intensión de querer que todo se alinee dentro, de querer estar bien, de dejar a nuestro Cristo interior eso roto para que lo repare, con eso pasa, todo pasa… Disfrutemos de nuestra incongruencia, de nuestra sombra, de nuestro todo.

Con amor,

Charis.

Del amor


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Rudy SchneeWeiss; Painting, “*FLIGHT OF ICARUS* 1978

Hablar de amor me evoca a Ícaro aventurándose al resplandor del sol para liberarse del laberinto de Minos, ¿por qué?, quizás porque es tal la luz que produce el amor que nos impulsa a volar aun cuando nos jugamos las alas. No por nada Platón decía que el amor es una locura divina.

En realidad, hablar de amor implica iniciar una conversación inagotable, quizás lo más fácil es acotarlo a un solo ángulo, pero ocupa el papel protagónico en el drama de la vida, pues los seres humanos luchamos cotidianamente por experimentarlo, ya sea para disfrutar de sus mieles o superar nuestros tropiezos en la búsqueda, y pese a todos los pesares, el amor es y será siempre el acontecimiento más maravilloso del alma, lo que nos da vida, creatividad e ilumina nuestra ancha sombra.

Socialmente, hemos creado una idea absurda de lo que es el amor, nos movemos de bandazo de un lado a otro, nos deslizamos entre la entrega inagotable y dolorosa independientemente del rol que se trate, o nos sentamos a esperar, a sentirnos complacidos por aquellos que nos rodean.

Son varios puntos los que hoy quiero tocar y quizás lo más conveniente es que ordene mis ideas en bullets:

  • Lo primero que deseo mencionar es que, el amor es una acción altruista que se genera cuando voy en contra de mi propio egoísmo. Sostener una relación de cualquier índole, implica negociar mis motivos, es necesario muchas veces ponernos de acuerdo en que no estamos de acuerdo y dejar nuestro ego del lado en la lucha inacabable del tener la razón, se trata de conscientemente dar desde la abundancia del corazón, lo que hace evidente que en la relación con uno mismo es donde reposan las demás relaciones, lo cual nos lleva a la siguiente idea…

  • El amor está dentro de uno mismo, por tanto “el otro” es un espejo que nos va a reflejar eso que sentimos por nosotros. La otra persona es como una especie de puerta a través de la cual va a fluir ese amor que habita ya en uno; Nuestra labor humana consiste en develar esa fuente inagotable que habita en el corazón de cada persona, implica remover todo eso que va en contra de nuestra propia naturaleza.

  • Cuando decimos sentir amor por alguien es por la energía que invertimos ahí, lo paradójico es que muchas veces invertimos más en los demás que de inicio en uno mismo. En cualquier relación, nos mueve el esfuerzo, la entrega y la apuesta que hemos hecho por construir algo, lo conveniente es saber si construimos en el lugar adecuado y no estamos echando en saco roto nuestro tesoro, por otro lado, el alma es sabia y una cosa es el trabajo que implica el negociar y sostener una relación de familia, trabajo, amistad o pareja y otra muy distinta el dolor y el sufrimiento. Mi invitación es que pongas atención en tu cuerpo y valides cómo te sientes en el proceso de construcción, pues cuando estás con la persona correcta no duele y eventualmente hay frutos aunque…

  • El mundo gira en torno a resultados, expectativas y no hay nada más erróneo que eso, porque LA SATISFACCIÓN ESTÁ EN UNO MISMO. Considero que se trata de dar lo mejor, sacar nuestro mejor néctar a la superficie y soltar el resultado, no hay nada más agotador y desgastante que administrar mal nuestras expectativas, es verdad que las relaciones son bidireccionales, pero si sólo va en una vía, ni siquiera inviertas tu energía y menos aún te sientes a esperar, ahora bien, si tu alma y no tu ego te piden que con honor permanezcas, saca tu mejor versión pero curiosamente TAMPOCO ESPERES, cuando esperamos generamos resistencias y bloqueamos el florecer, es como si regaras una planta y te sentaras a mirar y a esperar que florezca. El amor es así, se nutre y florece solo, basta con dar lo mejor.

  • Una premisa importante de la Kabbalah es que, quien se queja es porque no ha dado lo suficiente. Creo fielmente en esta afirmación pero también quiero hacer una anotación importante, y es que ese “dar suficiente”, no tiene que ver propiamente con el otro sino con uno mismo, porque la energía que invertimos en algo, la intención con la que hacemos lo que hacemos hace la diferencia en nuestro propio corazón, lo que damos a otro nos lo damos a nosotros mismos y ahí está el premio. No se trata de vivir esperando que la vida nos pague lo que damos, porque entonces ya estamos condicionando y atraemos más y más condicionamientos a nuestra propia vida, sino más bien se trata de comprender que la plenitud no proviene del cómo me trata el otro sino de esa satisfacción intrínseca que siento cuando doy realmente sin esperar desde mi amor propio aunque suene a cliché.

  • Para que este amor florezca y se potencié en ti y en tu contexto, escoge de quien te vas a rodear. Rodéate de esa gente que te gusta en realidad, de esa gente como la que quieres ser, de la que te refleja lo mejor de ti; Mírate en espejos nítidos que se pulen constantemente. Si quieres ser un deportista de alto rendimiento, entrena con deportistas de alto rendimiento, busca seres que te resuenen y te nutran.

  • No hagas de los demás tu fuente de energía. Hazte consciente de cuándo estás únicamente esperando alimento del exterior o esperando que los demás te carguen. Que tus relaciones no sean mero mercadeo, encuentra en ti tus fortalezas y mira esas necesidades que sólo tú puedes cubrir. Esencialmente nadie hará por ti lo que no hagas tú por ti mismo, esto te permite dar desde tu abundancia y ser bendición para los demás.

  • Una relación son dos personas en proceso de reconexión con la luz. Sí, y no importa de dónde se parta, lo importante es permitir que esta luz emane, que lo bonito salga al exterior sin miedo, desafiando al ego en su afán de mantener el control. Rómpete la cara cuando sientas que estás en el lugar correcto colocando tu mejor energía. Jamás subestimes la fuerza ni las formas del amor.

  • Cuando hablamos de pareja, no llegará cuando vibres soledad. He mencionado en otras ocasiones que, debes ser feliz tú primero, que conforme vamos sintiendo felicidad o sea lo que sea que necesitemos lo vamos manifestando y si vibramos felicidad, todo se dará para que continuemos vibrando más de eso.

  • Pregunta siempre en tu interior cuando estés en proceso de generar luz con el otro: ¿qué te puedo aportar a ti? Y así el amor se convierte en el resultado, cuando miramos la manera en cómo podemos crecer juntos, cuando con nuestra vibración, consciencia y percepción mandamos nuestra mejor energía y deseamos lo mejor para los demás, conseguimos plenitud para nosotros. La abundancia de amor en nuestra vida nos regala plenitud. La base de lo que podemos atraer se encuentra ahí.

 

  • Si con base en la física cuántica tomamos la idea de que para modificar un electrón, se necesita una fuerza y esa fuerza es la vibración. Cuida la fuerza que utilizas para mover y atraer y cuan higiénica es la palabra, la intención, el pensamiento y el sentimiento que emanas, porque eso te regalará una frecuencia y esta frecuencia un contexto.

  • Amar consiste en dar herramientas permanentes a los demás e invertir en consciencia. Lo que la otra persona quiere es luz, eso hace que el otro te quiera, así que todos vinimos a este mundo a recibir, a ser amados; Nuestro propósito de vida es traer luz a este mundo en medio de las cotidianidades.

  • Todo lo que necesitas va a llegar en su justo momento si sigues trabajando por eso, no dejes de creer. La mente es parte del ego y muchas veces compulsivamente se regodea en creencias que ya caducaron y por una mala experiencia hace que pierdas autenticidad y te limites a compartir, a ser lo que realmente eres. Para seguir convirtiéndonos en amor debemos tener la puerta abierta completamente para que drene lo innecesario y llegue lo nuevo. Yo cada día, pido la capacidad de mirar el amor en todas sus formas; es todo un arte dejar una mente cuadrada y un ego obstinado y caprichoso, es todo un reto vivir desde el adulto y no desde el niño herido.

  • Permite que tu adulto mime y ame profundamente a tu niño interior. Una de las maravillas del ser humano es que en cada uno de nosotros habitan todas las formas y personajes, el milagro de ser uno con todo es que esa medicina está en todo, vamos a buscarla para contenernos a nosotros mismos y entonces sí poder contener a alguien más.

En fin, el amor nos ennoblece, nos regala soberanía y sabiduría; Sigamos  entregándonos a él, amemos con consciencia, anclémonos ahí desde nuestro amor personal e insisto, no subestimemos nunca su fuerza ni poder transformador.

 

Sincronicidades: luces y señales.


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¿Recuerdas cómo en más de una ocasión has pensado o soñado con una persona y de pronto sonó el teléfono y era ella?, ¿o cómo ibas caminando pensando en algún número y de repente volteas y lo ves en la numeración de una casa?, o también como cuando te acuerdas de una canción que no está ya de moda y de pronto la escuchas a todo volumen en un auto que va pasando; La lista de ejemplos puede ser inmensa, así que te toca reflexionar sobre tus propias sincronicidades.

Los seres humanos, vivimos una infinita cantidad de eventos que muchas veces creemos que sólo son casualidades, pero cuando nos compramos la idea de que es sólo una casualidad, corremos el riesgo de perdernos de información valiosa y así nos vamos a dormir con la mente bloqueada o incrédula luego de en el transcurso del día habernos encontrado con un símbolo de manera recurrente, un recuerdo o alguna frase peculiar que nos hizo vibrar.

La palabra sincronicidad proviene de  <<sin-, del griego συν-, unión, y χρόνος, tiempo>>; es el término elegido por Jung para referirse a  dos hechos vinculados de manera simultanea y de forma causal, por tanto, hablaremos de una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí sin motivo aparente, pero con un contenido sumamente significativo, de esos que estremecen cimbrando hasta el alma. El punto aquí es que cada persona con la que te encuentras, cada imagen que se te presenta, cada frase y canción que lees y escuchas, cada lugar que pisas, cada evento que vives y cada sueño que experimentas, tiene un mensaje, una razón de ser, TODO TE ESTÁ ENSEÑANDO ALGO, lo que ocurre es que los seres humanos vamos muchas veces distraídos mirando qué es lo que hace falta, obsesionados con mirar el vaso medio vacío, y recuerda que donde está tu corazón está tu tesoro, y donde está tu tesoro está tu energía y donde está tu energía es donde está tu consciencia y es ahí donde está tu poder de manifestación y su materialización.

Si tan solo pusiéramos más atención a lo que soñamos muy probablemente seríamos seres más poderosos y conscientes. Los sueños son mensajes de nuestro mundo interior, son grandes maestros que nos vienen a mostrar grandes aspectos de nosotros mismos y el mundo que nos rodea, porque la mayoría de las veces en cada sueño eres tú todos los personajes, son muchos de ellos fragmentos de tu propia personalidad.

La sincronicidad, para la mente racional se llama “casualidad”, sin embargo el destino tiene señales y hay que estar atentos para verlas, hay que conectar con la fuente para tocar ese vínculo entre lo material y lo espiritual.

El universo tiene una especie de orden, por eso es que muchas veces las cosas no son cuando se nos da la regalada gana, porque en el camino hay mucho más, por tanto FÉ ES PACIENCIA.

Las sincronicidades ocurren cuando eventos se unen en relación al estado interno de una persona, es ese tejido profundo de las cosas, todos tenemos un universo oculto y vivimos proyectando, atrayendo a partir del sentimiento, es así como hacemos uso de la capacidad que tenemos los humanos de abrir campos nuevos.

¿Te ha pasado que de pronto te equivocas y te has encontrado envuelto en una serie de eventos?

De pronto resulta que te encuentras con un animal de manera recurrente que te significa  de una u otra forma, que te genera una sensación, o algún tipo de elemento o símbolo o sueño, o es también como cuando un día dices “hoy voy a tomar clases de baile” y sales a la calle y de pronto alguien te da información de clases de baile a tres cuadras de tu casa o tu trabajo.

Hay fenómenos que marcan nuestra experiencia pero hay otros que son advertencias, basta con poner el foco en nuestras sensaciones corporales y no hacer caso omiso a éstas

Por eso y más, es importante darte cuenta y conocerte, mirar tus vicios y patrones, sólo tienes que darte cuenta sin exigirte un cambio inmediato, porque cuando te das cuenta generas consciencia y la consciencia te redirecciona a lugares distintos con gente nueva y cuando te fijas en el fenómeno, éste crece, por eso es que nuestro miedo u opuestamente nuestra sensación y deseo de bienestar se expande y transforma todo el entorno.

Cuando tienes una idea muy clara el universo conspira y se abren puertas, pero ocurre también que muchas veces la soberbia nos impide avanzar, el creer que lo sabemos todo y que tenemos la razón no admitendo nuestras propias limitaciones.

¿Qué hacer para tener el corazón y la mente abierta?

Transformar y hacer que ocurra una evolución a través de lo que vives enfocándote en el para qué y no en el por qué.

Las sincronicidades son luces del destino aunque nos empeñemos en mirar las cosas de manera causal,  ¿y qué tal si en lugar de interpretar la causa vamos más allá y vemos qué mensaje nos está transmitiendo aquello?, por eso no te enojes cuando pierdes el transporte, o cuando algo que tanto quieres no llega, por eso mantente completamente  presente y apuéstale al aquí y ahora, no vivas en automático porque entonces cuando vamos ensimismados en la densidad  de nuestra mente, nos perdemos de todas estas señales, tan bonito que es caminar y observar los rostros, los árboles, tantos colores y ese gozo que da cuando el viento nos despeina. Con tanta más lucidez vivamos podremos ver las señales: liberémonos de  nuestra forma de pensamiento lineal.

Abrámonos ante el hecho de que todo son escalas vibracionales que nos conectan unos con otros, por ejemplo, lo que ocurre con la astrología (el impacto de la luna y los movimientos planetarios en la tierra y los seres humanos) es que se produce una sincronización dentro de nosotros, porque somos uno, porque este mundo es un espejo y así es como se da esa sincronicidad en nuestro mundo interno y el universo, por eso se habla también del poder del pensamiento y el sentimiento, porque cuando movemos dentro de nuestro corazón, movemos el mundo afuera.

La sincronicidad es importante porque muchas veces nos cuesta romper patrones y de pronto llega una ayuda externa, justo antes de tirar la toalla, es como si la vida y el universo supieran que estás haciendo un esfuerzo final. Una de las ideas para que la sincronicidad de resultados, es que no seas desleal a ti, que en los momentos de mayor necesidad seas fiel a los anhelos de tu corazón; La invitación hoy es que, NO TE RINDAS, porque la sincronicidad aparece, el universo está atento, son las leyes que gobiernan este mundo invisible y tu única tarea es mantenerte conectado con la fuente y abierto a todas las señales del camino.

Con amor,

Rosario Cardoso

Desapego es poder


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Hablar de apego, es tocar la sombra, es visitar esos rincones oscuros de la psique y estados incómodo del alma, porque al ir el alma y el ego por lugares distintos experimentamos a menudo batallas internas y mientras el ego se aferra a personas, objetos y circunstancias muchas veces tóxicas únicamente por placer y adicción, el alma nos lleva, nos guía e invita a dar siempre esos pequeños saltos cuánticos de consciencia, a fluir y a confiar en la vida, empujándonos a tomar decisiones muchas veces incomprensibles.

El apego es ese vínculo obsesivo con personas, objetos y estados. Se genera porque da placer o porque tenemos la fantasía de que ese algo o ese alguien nos confieren seguridad y sentido de vida y se manifiesta a través de nuestra adicción a relaciones, dinero, poder, sexo, comida, objetos, trabajo, internet etc.

Cuando nos apegamos cedemos nuestro poder a algo o a alguien más, porque cuando nos apegamos vibramos carencia, es como si deseáramos que alguien cubriera esas necesidades de antaño, o como si esperáramos que alguien nos remendara la herida, y así nos volvemos víctimas y asumimos que la otra persona tiene la obligación de “hacernos felices”, dejamos esa responsabilidad en manos de alguien más y por ende perdemos poder sobre nosotros mismos.

Algo que ocurre con el  apego, es que detenemos el flujo de las sincronías, generamos resistencia, nos negamos a nuevas experiencias porque nos quedamos atrapados en lo conocido y no permitimos que lo que por vibración y evolución corresponde a nuestro estado actual llegue. Qué importante es mantenernos abiertos a cada posibilidad de la mente creativa.

Hemos hablado del ego obstinado y terco que, generalmente va muy en contra lo que el alma realmente necesita, porque el alma es sabia y nos va guiando a través de la intuición y es que, paradójicamente entre más soltamos, las cosas generalmente se alinean. Mira que el apego es también miedo, miedo que paraliza en zonas “cómodas” que a la larga resultan orgánicamente caras, y esto ocurre porque consciente o inconscientemente  sentimos que no llegará algo mejor, nos casamos con lo conocido, con el pasado y justo esa búsqueda de seguridad es la que no nos permite evolucionar.

Desapego es fluir, es confiar, es mantenernos aquí y ahora porque todo lo que requerimos ya está, ya existe, sólo es cuestión de estar receptivos y mover nuestra energía sin hacer más,  con el puro hecho de darnos la oportunidad de mantenernos receptivos.

Pero, ¿qué podemos hacer para practicar el desapego?

Plántate en el presente sin futurear. La incertidumbre es terreno que da frutos a partir de la imaginación, y la completa presencia en este momento, es el lugar de todas las posibilidades; Recuerda que manifestamos de acuerdo a lo que en este instante pensamos y sentimos co-creando futuros potenciales a través de nuestra imaginación, ahora bien, si deseas practicar la imaginación creativa con afán de manifestar, procura hacerlo de manera positiva con absoluta apertura a la experiencia como si la estuvieras viviendo en presente pero sin aferrarte a algo o alguien en particular. Emociónate, celebra lo que hay ahora mismo.

Donde está tu corazón está tu tesoro, donde está tu energía está tu consciencia.

Enfócate en ti. Imagina que estás en el centro de un escenario, observa cómo los reflectores dan hacia ti y mira cómo brillas, así la vida, en la medida en la que te enfocas en lo que tienes y no en lo que te hace falta, en lo que sueñas y lo que hay que hacer para realizarte en función a tus talentos y anhelos más profundos sin pretender retener a terceros, es en la medida en la que elevarás tu frecuencia y encenderás esa chispa divina en el corazón, embellécete internamente y te darás cuenta cómo te vuelves un imán de todo lo bueno. Recuerda que esa fuente de satisfacción es interna y eres la única persona que puede encenderla.

Deja a los demás ser, suelta el control. Puedes ser el mejor pastel de chocolate, pero a la otra persona le gusta la vainilla y eso no te hace un mal pastel. No todo el mundo tiene porqué quererte ni tienes porqué gustarles a todos, deja ir, no hay nada más catastrófico que una relación forzada. Insisto, somos frecuenciales y vamos atrayendo en la medida que vibramos consciencialmente hablando.

No fuerces soluciones. Mantén sólo la intención de que las cosas se alineen, da lo mejor y suelta el resultado que la solución no siempre depende de ti y además todo tiene un para qué. Cuando fluimos, generalmente nos topamos con gente y experiencias maravillosas que nos llevan a un mejor puerto una vez llegado el momento; Todo tiene un proceso de gestación y las personas nos parimos una y otra vez cuando nos abrimos a nuevas maneras de solucionar circunstancias.

Atrévete a salir de la zona de confort. Escucha a tu corazón, si sientes el impulso de cambiarte de casa, empleo o situación sentimental, aviéntate de cabeza. Imagina que vas en un avión y quieres lanzarte de un paracaídas, ¿estás de acuerdo que  primero necesitas saltar del avión para que el paracaídas se abra?, ¿verdad que no abres el paracaídas dentro del avión? Este es un mecanismo de nuestra experiencia vital, disfrutar de este viaje implica valor, no solamente deseo.

Las personas vivimos en una tendencia actualizante, no te resistas al cambio. Todo tiene un momento, todo cambia, vivimos oscilando como péndulos de un lado a otro, así que suelta los controles y quédate ahí en medio de la incomodidad, es sólo un ratito, todo pasa, desde la alegría más profunda hasta el dolor más intenso, todo es temporal,  no te  apegues a la creencia de que “otra vez algo va a salir mal”, cuando eso pase por tu mente, piensa que no eres la misma persona de tiempo atrás, mírate con ojos frescos y sutilmente estarás transformando tu creencia. Todos los momentos hacemos uso de nuestras potenciales inherentes, todo el tiempo podemos realizarnos, no tires la toalla.

Tira lo que no necesites. Cuando estamos experimentando un proceso de desapego, es importante ritualizarlo para llevarlo del plano mental al plano físico y una forma es deshaciéndote de lo que ya no te sea útil. Procura mantener lo esencial contigo y en orden, mira que nuestros espacios externos reflejan nuestro estado mental.

Aprende a perder. Socialmente nos han enseñado a ganar, todo es ganar, se ha puesto de moda el “hacer posible lo imposible”. Al ego no le gusta sentir que pierde, sin embargo, una de las enseñanzas de Jesucristo como el gran pedagogo que fue, ha sido el morir y es que muchos de esos dolores del alma o del ego, se equiparan a una muerte de cruz, así que, date la oportunidad de perder, de morirte un ratito sin que pase mucho para que resucites. Apegarnos puede resultar orgánicamente caro, mucho más caro que asumir la pérdida o esa muerte temporal como metáfora de una crisis existencial.

Medita y respira. Estas prácticas son siempre un buen recurso para experimentar  el desapego a partir del cuerpo, tan sólo observa cómo la libertad y el fluir son tu estado natural con la pura respiración, cómo inhalas sin retener y exhalas soltando naturalmente, es un juego de muerte – vida. Cuando acallamos la mente quedándonos en silencio con los ojos cerrados o contemplando alguna imagen o alguna flor, conectamos con nuestra esencia divina, es como si frenáramos cualquier futuro co – creado y deconstruyéramos algo nuevo y mejor, desde la calma y la confianza desapegándonos del pasado, conscientes del aquí y ahora.

Desapego es poder, es recoger nuestra energía independientemente de la revolución que pueda ocurrir en el corazón en tanto se vive el proceso, es no sentir la necesidad de tener el control o poder sobre alguien más, es confiar en la experiencia con merecimiento silencioso.

En realidad, el asunto es contigo mismo y tu mente, recuerda que la mente es una especie de caballo al que hay que tomar de las riendas, por tanto, vale la pena analizar tus acciones y explorar qué tanto apego guardas a cada cosa, incluso hacia todas esas actitudes que generalmente no ves, qué tanto vives de afuera hacia adentro y de qué o quién eres esclavo y aún no terminas de ser consciente. La intención es únicamente darte cuenta y ya, una vez que nos damos cuenta de algo el alma se redirecciona sola, es como si subieras un peldaño y miraras cosas que antes no veías.

Una persona con poder personal naturalmente atrae, sin pretender y sin controlar  porque no hay necesidad, porque se tiene a sí misma, porque hace uso de todos sus recursos internos así que, emocionalmente vete, muévete, haz lo que tengas que hacer, deja morir lo que debe morir para generar más vida, como dice uno de tantos libros sagrados: deja que los muertos entierren a sus muertos.

Con amor

Rosario Cardoso

 

La oración consciente


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La oración es la elevación de la mente hacia aquello que deseamos. A muchos de nosotros, desde muy pequeñitos, se nos enseñó a conectar con algo más grande a través de la plegaria, independientemente del credo al que perteneciéramos, aprendimos de nuestros mayores que había energías en otros planos disponibles para acompañarnos, cuidarnos y ayudarnos cuando nos encontráramos en apuros. Aprendimos diferentes maneras de hacerlo, probamos que algo ocurre en el corazón, el cuerpo y el entorno de quien ora y por quien se ora y así hemos ido experimentando milagros pequeños y grandes, para uno mismo o para alguien más.

También,  hemos sentido en diferentes momentos que nuestras oraciones no son atendidas, hemos experimentado ese vacío existencial acompañado de una gran impaciencia al sentir que nuestro deseo se resiste a materializarse y a menudo te preguntarás porqué.

Antes de compartirte mi perspectiva completa, me gustaría mencionar que si queremos que nuestra plegaria tenga resultados hay un trabajo previo profundo, un trabajo de exploración y autoconocimiento, que si  bien es cierto que orar es mágico y sanador estos son los aspectos que yo considero debemos tomar en cuenta para orar de una manera efectiva:

1) Cuando hablamos de oración peticionaria, es bien importante que sepamos qué es exactamente lo que queremos, para qué lo queremos, cómo lo queremos, cuándo lo queremos y con quién lo queremos, que tengamos la capacidad de distinguir si eso que deseamos proviene del ego o proviene del alma. ¿A qué me refiero con esto?, yo puedo desear mucho un ascenso en el trabajo y pedir encarecidamente por eso, sin embargo yo lo que deseo en realidad no es un ascenso porque realmente me apasiona lo que hago ni porque me mueva el deseo genuino de dar un paso en mi carrera, sino más bien tengo la necesidad de ser reconocida y admirada y considero que podría ser a partir de un título y poder; Otro ejemplo es que, puedo yo desear una pareja y pedir para que llegue, pero entonces sería importante validar si yo estoy deseando una pareja porque estoy dispuesta y lista para compartir desde un reconocimiento y amor profundo a mí misma,  o bien mi deseo proviene desde la carencia, sólo porque quiero  compañía para cumplir con una expectativa social o una buena manutención. Echa un clavado en ti y explora,  estos sólo son un par de  ejemplos que nos dan cierta luz, lo que sigue es ser brutalmente honestos con nosotros mismos e identificar la intención real de eso que queremos y si tú pese a haber encontrado que tu deseo proviene del ego continuas pidiéndolo y te es concedido, deberás asumir todas las consecuencias.

2) Es elemental no mandarnos dobles mensajes. ¿Cómo?, ¿cómo hacemos esto? Es muy inconsciente, imagínate que estás buscando un empleo, pides a eso en lo que crees todas las mañanas un empleo, resulta que encuentras una vacante y ya que estás esperando la entrevista, te sientes incompetente, te invade el miedo, sientes que no estás listo o lista y que el candidato de junto es mucho mejor, cuando si así fuera no te hubiera llegado la posibilidad. Muchas veces eso que más deseamos es lo que más miedo nos da. Y recuerda que el amor y el  miedo no pueden co- existir. Si no estuvieras listo, las posibilidades no pasarían siquiera por tu mente. La peor ofensa a ti es dudar de ti mismo.

Date cuenta que cuando pides algo, en realidad te estás pidiendo permiso a ti mismo de que ocurra.

3) Acompaña tu oración con la intención de rendición y de perdón. Todo el tiempo estamos perdonando, perdonar es un ejercicio constante, no somos producto terminado; Orar implica rendirnos, asimilar que nos sentimos incompetentes, confiar  en que hay una fuerza divina que se encarga de poner todas las piezas en su lugar; Se trata de orar con humildad, a sabiendas de que  todo tiene un para qué y que muchas veces lo que yo puedo desear no tiene un fin elevado, así que, suelta los controles y confía que lo que ocurra será perfecto. Confía en el fondo y no en la forma que  muchas veces los mejores regalos vienen en empaques mal envueltos.

4) Orar implica congruencia entre mi emoción, mi sentimiento y mi pensamiento. Muchos metafísicos y sabios dicen: CONVIÉRTETE EN TU PROPIO DESEO, víbralo imagínate cómo te sentirías si ya lo tuvieras, si lo que buscas es salud no digas: “Dios, dame salud”, mejor di: “Gracias porque gozo de salud perfecta en todos los planos”, y entonces imagina a cada una de tus células llenas de luz, observa a tu cuerpo con amor y siente ese calorcito de energía que recorre tu cuerpo, aunque te cueste visualizarlo e imaginarlo, pero todo eso ya está, ya existe, se trata sólo de reconectar con la fuente de amor infinito e incondicional de la que somos parte. Somos uno con ella, somos todo lo bueno, somos eso y nada más. Si buscas una pareja, no digas: “Dios concédeme un novio”, mejor di: “Gracias porque yo soy amor, porque veo magia y belleza en todas partes y  conecto con el amor en todas sus formas”. Enamorarte de ti y disfrutarte en ese caso es convertirte en tu propio deseo.

No te aferres a alguien en particular, eso proviene del ego, eso es controlar y muchas veces entre más nos aferramos a algo o alguien generamos resistencia, es como si asfixiáramos nuestro deseo por la misma ansiedad. Insisto, se trata de confiar y trabajar en la humildad, en antes que cualquier otra cosa, en pedir sabiduría y entendimiento. Nuestros deseos muchas veces se limitan a lo que percibimos con los sentidos, no a lo que realmente es, no conocemos incluso muchas veces ni cuáles son nuestras verdaderas intenciones.

Esto implica también reconocer que se trata de sacar nuestra mejor versión, de intentar mantenernos con una frecuencia elevada, de tratar a los demás como nos gustaría ser tratados.

Si consigues sacar tu mejor versión con todo lo que esto implica (comer sano, ejercitar cuerpo y mente, estar en constante aprendizaje, tener una vida creativa activa etc.) tu oración será escuchada con mayor efectividad, porque estarás en una vibración alta y consciente y todo lo que no sea bueno o sano para ti, se alejará por sí solo. Si buscas compañía, conviértete tú primero en esa compañía que añoras, si buscas un empleo bien remunerado donde tu trabajo sea reconocido, primero reconócelo tú. Si buscas relaciones comprometidas y a largo plazo, primero comprométete contigo y cúmplete lo que te prometes. Recuerda que este mundo es un espejo y tus oraciones son escuchadas muy en función a lo que tú eres, tú eres un instrumento, ¡afínate!

5) Algo sumamente importante es DAR GRACIAS POR TODO. Si tenemos el buen hábito de agradecer cada una de nuestras bendiciones, recibiremos más de lo mismo. Somos imanes  y el conectar con la gratitud es reconectar con la fuente. Puedes convertir tu vida en una oración a partir de la gratitud. Que al abrir los ojos sea lo primero que venga a tu mente, pega letreritos en tu recámara, agradece las sábanas limpias, el agua caliente de la regadera, el sol, el café, el alimento, las sonrisas, tu provisión, tu empleo, agradece por la salud, la familia, las experiencias e incluso esos regalos que parecen mal envueltos, mejor dicho, experiencias desagradables.

6) Otra cosa importante es, COMPARTE, comparte lo que puedas, lo que tengas desde tu corazón. Comparte tu presencia, tu escucha, tu solidaridad, tus abrazos, tu alimento, tus talentos, tu conocimiento. Cuando compartes haces espacios para que lleguen cosas nuevas, pero no lo hagas bajo esa premisa, hazlo desde reconocer al otro como una parte de ti, como esa extensión tuya que es tu hermano. En tus oraciones pide por otros, lo que pides para otros lo pides para ti. Si deseas “pedir” por la salud de alguien más, visualízale rodeado de luz, mándale luz. La mente es poderosa, funcionamos como el Wi-fi, nuestras intenciones no se ven pero la otra persona las recibe a la distancia.

7) VISUALIZA y PRACTICA. La imaginación es nuestra herramienta más poderosa. Se trata de ponernos en acción mentalmente, de sostener la atención del deseo cumplido hasta que llene la mente y la empuje a vivir sincronicidades correspondiendo a la acción de la consciencia.

La oración es una rendición, significa, abandonarse uno mismo al sentimiento del deseo cumplido.

El metafísico Neville Goddard decía que en lo que debemos trabajar no es en el desarrollo de la voluntad, sino en la educación de la imaginación asumiendo  el sentimiento del deseo cumplido.

Persiste, que el que pide recibe y donde está tu consciencia está tu energía lista para materializar. Domina tu mente, si hay algo que desearías cambiar, muévete en tu imaginación, mírate y experimenta con los cinco sentidos cómo llegas a donde quisieras estar sin tiempo ni espacio, ya que el cerebro no distingue entre imaginación y realidad. Cada cosa y cada uno en tu mundo eres tú mismo exteriorizado, todo es proyección, todo es uno y por eso todas las cosas y posibilidades están contenidas dentro de ti.  Imaginando es como vamos solidificando hechos.

Amorosamente

Rosario Cardoso

 

Hablemos de perdón


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El perdón es sin duda unos de los trabajos internos más complejos, un ejercicio que implica renunciar a una parte nuestra, a las ganancias que muchas veces genera el ser víctima, inclusive me atrevo a decir que supone dar muerte a un pedacito de nosotros para dar paso a alguien distinto, un nuevo Yo.

Cuando hablamos de perdón hablamos de una decisión, pero también un proceso orgánico, una etapa que supone tiempo y que si bien la intención de soltar y sanar existe, habrá que ser muy pacientes y compasivos.

Perdonar se trata de responsabilizarnos, de introspeccionar y conocernos para conectarnos con nuestra grandeza a partir del dolor hasta captar que no hay amigos ni enemigos, sólo maestros, finalmente los seres humanos somos espejos, proyectamos todo el tiempo nuestra propia sombra a través del otro, actuamos muchas veces desde la herida e inconscientemente deseamos que alguien venga y cubra por nosotros nuestras necesidades aun cuando el precio se alto.

Qué importante es comprender que no estamos a merced de las circunstancias externas, que todo el tiempo elegimos y no hacer también es una elección que generalmente nos mantiene en estado de víctimas. La vida siempre nos pone adelante lo que está en sintonía con nuestra frecuencia vibratoria, porque ya hemos dicho que ATRAEMOS LO QUE SOMOS.

Todo lo que está afuera de nosotros lo creamos desde nuestra inconsciencia. Siempre estás frente a ti mismo, todo es una co-relación de nuestro sistema de creencias, como es dentro es fuera.

¿A dónde nos lleva todo esto?

A comprender que perdono a través de mí, primero dentro de mí, por haber dejado la responsabilidad de mi propio bienestar en manos de alguien más, por no haber abrazado a mi niño interior habiendo actuado desde ese niño y sus carencias y no desde el adulto responsable.

No puedo corregir desde el espejo, sino desde dentro, no el escenario sino en el corazón. Todo es una co-relación de nuestro sistema de creencias, somos nuestro propio deseo. Si yo creo que los seres humanos no son confiables y que siempre “me va mal”, así será hasta que yo cambio este sistema de creencias.

Nadie te puede hacer daño a menos que tú le des espacio en tu mente y sabiamente lo decía Gandhi: “No permitiré que nadie camine por mi mente con  los pies sucios”.

Verás que, perdonar empodera, porque recuperas tu poder soltando el control,  lo que no es tuyo y asumiendo lo que toca.

Es importante reestablecer el equilibrio en nuestra alma y esto ocurre a través de las experiencias de contraste, porque donde no hay fricción no hay crecimiento, así que, intenta tratarte como te gustaría ser tratado, háblate amorosamente y proyectarás algo distinto, perdónate a ti y al convertirte en tu filántropo dejarás de atraer verdugos.

Pero, ¿Qué hay que hacer para perdonar?

Dado que no se puede redimir lo que no se ha asumido, es bien importante que  tu sombra no esté lejos de ti, así que párate y toca tu odio profundo, no te duermas, descarga la basura en un lugar seguro (toma la almohada y golpea tu cama, escribe una carta haciendo catarsis y rómpela, tensa todo el cuerpo y suelta, corre y luego llora etc.), no renuncies a ninguna emoción, pero esta vez hazlo desde el adulto y no desde el niño y pregúntate: ¿qué alcanzo a comprender del que creo que es mi adversario?, revive el daño e interioriza la intención de sanar tú en principio, construyendo una autoestima sana haciendo lo que más te disfrutas, comiendo más sano, practicando tu deporte o hobbie favorito y cumpliéndote todo lo que te prometes, esto te llevará a mirarte con ojos frescos desde “aquí y ahora”, porque esto es todo lo que tienes.

Perdonar es sanador, recuerda que el cuerpo es un contenedor de emociones y lo que no liberas lo somatizas.

Que esta vez seas tú quien decide y no tu miedo, deja de preocuparte, mira que la angustia es la mejor forma de atraer lo que no queremos.

Es importante destacar que perdón no siempre implica reconciliación, que todo tiene un momento y que si tú te encargas de ti y trabajas contigo, silenciosamente contribuirás a la sanación de quienes te rodean, insisto… desde el amor a ti y no desde el control al otro o a las circunstancias.

Con amor, Rosario Cardoso

El verdadero Yoga


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Este fin de semana fue uno de esos donde necesitaba sólo aterrizar, correr, respirar, contemplar y estirar el cuerpo. Qué cierto es eso de que el alma es oscura y profunda, que no basta con sentarse a meditar para trascender y evolucionar porque hay un mundo afuera que requiere de nuestra sustancia personal, porque todo se compone de luces y sombras, alegría, melancolía, estímulos positivos y negativos.

Reflexionaba un poco en cómo a veces los seres humanos nos ocultamos, evadimos la tarea de integrar y aceptar, nos distraemos de lo realmente importante quizás por miedo a abrir una caja de pandora imaginaria o sacar los esqueletos del ropero,  y paradójicamente el trabajo o la soledad siempre es un buen escondite o radicalmente el permanecer engentado en medio del ruido y justo aquí es importante no perder de vista que entre el blanco y el negro hay una gama de grises, que lo más importante de llevar a donde sea, en medio del desierto o en el tumulto de la ciudad más grande del mundo es a UNO MISMO,  con todo lo que le sea útil en ese momento independientemente de toda expectativa ajena.

Y entonces aquí me pregunto, ¿por qué no abrir el corazón a experimentar lo que por vibración y experiencia corresponde?, ¿por qué no expandir el alma así como lo hacen nuestros ojos ante el día y la noche?, ¿por qué evitar la vida? Ser auténtico tiene un precio que no todo el mundo está dispuesto a pagar, porque con seguridad habrá que experimentar algunas noches oscuras del alma, pero sin duda, en la medida en la que decidimos  mostrarnos reales y develar nuestros anhelos sin miedo como cuando éramos niños, es en la misma medida que sanamos y vivimos de verdad.

Eso de querer pasar por inadvertido puede ser muy aburrido, ensimismarse y dejar de compartir por miedo,  es morir.

Luego de algunos años de practicar asanas en el tapete de yoga y aprender a respirar, me doy cuenta que como decía Víctor Hugo: “Ciertos pensamientos son plegarias. Hay momentos en que, sea cual fuere la actividad del cuerpo, el alma está de rodillas”. No es fácil visitar la sombra y reconocer lo que no anda bien, realmente conocer al inconsciente es conocer a Dios,  y  qué difícil puede ser darle un sablazo al ego y caer en rendición, arrodillarnos ante lo que sentimos por incómodo que sea y abrazando lo que no queremos, eso que parece   estar fuera de control,  rendirnos como cuando lo hacemos durante la práctica, soltar y llanamente sentir sin juzgar.

Pensaba que me gustaría amar más y mejor, pero que eso no ocurrirá sino hasta que lo haga de manera más profunda conmigo, en las buenas y en las malas. Sé que en ocasiones hay circunstancias que parecen laberinto, que las cosas no siempre ocurren como queremos y que inexplicablemente aun cuando creemos que tenemos todas las herramientas para actuar en determinadas situaciones, hacemos justo lo que resulta más inadecuado y me quedo pensando una vez más: el alma es la que sabe y tiene un proceso orgánico, así como el de las flores.

En fin, reflexionaba sobre las respuestas no fáciles y sobre eso que a veces carece de significado y aparenta lo contrario, pensaba en que vale la pena correr el riesgo y salir de la zona de confort emocional y asumir todas las consecuencias de lo que implica sentir.

Pensaba que el verdadero yoga es respirar en un mal momento y calmar la mente en medio de una discusión, dar una respuesta naturalmente medida en medio del rechazo o la frustración; Yoga es empatía, escucha activa y suspensión de juicio; Yoga es flexibilidad de mente y cambio de perspectiva; Yoga es soltar, dejar ir lo que muere por irse y abrir el pecho para que entre lo que muere por llegar; Yoga es bailar con la vida y agradecer a cada momento, abrazar y silenciar cuando sea necesario. Yoga es amar en grande y encontrar y diluir todas esas resistencias que se han conformado dentro para vivir desde el gozo y aprender de una manera más amorosa y compasiva; Yoga es abrazar la luz y la sombra de uno y por ende del otro puesto que somos espejos; Yoga es aprender a ponernos cómodos en lugares incómodos. 

Yoga es integrar, es Dios, es tú, es yo.

No te tengas miedo Coatlicue


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Son varias semanas que llevo meditabunda respecto a la feminidad, a la sexualidad  nuestra y tantos clichés en torno a ella.

Cada vez es mayor la apertura de nosotras las mujeres para darnos oportunidades muchas veces a partir de la libertad sexual en buenas dosis, y no es que esto nos convierta en mujeres fáciles que siempre llevan un liguero por si las moscas, o bien, mujeres que van por doquier con la caña de pescar en el hombro buscando a ese pez gordo, o mujeres que llevan el vestido de novia en la cajuela por si “casualmente” se topan con el príncipe soñado, el amor de su vida, aunque claro, entre hombres y mujeres la gama de colores es extensa, no vamos a excluir a ninguna circunstancia porque más que una cuestión de género, la búsqueda de uno mismo a través del otro es algo completamente humano. Cabe aclarar que, esta no es una entrada feminista ni mucho menos, es una entrada que le apuesta a la autenticidad y a la libertad, una entrada que le apuesta al amor mismo partiendo desde “el amor propio incondicional”.

Antes de ir al punto que quiero llegar, quiero hacer un paréntesis y contarte que una de las cosas que también reflexionaba era que, socialmente cualquiera pensaría que probablemente, una de  las actitudes más penadas que existen es la violencia y me di cuenta que, tristemente es más penado el gozo, el placer en cualquiera de sus  manifestaciones, las expresiones de locura y desbordada felicidad, sino, recuerda esas veces en las que has llevado  una expresión de singular alegría y todo el mundo te mira extraño y te pregunta con peculiar tono sarcástico y burlesco: ¿por qué tan contentit@?, ¿qué te pasó?, ¿ahora qué mosca te picó? En fin, sociológicamente arrastramos constructos y patrones que no nos definen pero que también nos limitan a ir por ahí descaradamente gozosos si no nos damos cuenta.

Hace poco, escribía yo un ensayo donde hablaba de la diosa azteca Coatlicue: la gran terrible y devoradora madre de los mexicanos. El escritor, historiador, esteta, filósofo y académico mexicano Justino Fernández junto con el psicoanlista junguiano Erich Neumman, fueron quienes más profundizaron en el conocimiento de la Coatlicue. En la mitología griega, Atenea hija de Zeus, protectora de muchos héroes y algunas otras figuras míticas, es quien ejecutaba funciones similares a nuestra Coatlicue, ambas comparten el símbolo de la serpiente, símbolo de conocimiento y sabiduría.

Coatlicue, la de la falda de serpientes y el collar de corazones,  ha sido considerada por muchos estudiosos no sólo como poderosa y aterradora o como la diosa pavorosa y terrorífica en la que se concentran todos los horrores del universo, sino también como una deidad que representa en sí misma la vida y la muerte, ella  era esa diosa que desencajaba no sólo por su aspecto temible, sino también por su atípica feminidad, y así, me cuestionaba en función a este arquetipo maravilloso y por cierto hoy tan poco tocado  y mucho menos abrazado: ¿y quién es la Coatlicue de hoy?

Mi pregunta, me llevó a pensar en esos estereotipos que surgen a partir de la libertad consciente, particularmente en una sociedad aun tan machista como la nuestra, y me vinieron a la mente todas estas mujeres (y me incluyo) que han apostado a pagar el precio de la trascendencia y plenitud (esta última entendida como “gozar” en gerundio), mujeres que han hecho una verdadera apuesta a desarrollarse en aquello que más les parece, desde distintos oficios y profesiones, esas diosas que van ocupando roles sociales de alto impacto, esas Coatlicues que en medio de la cotidianidad van por ahí meneando las caderas, danzando por la vida sin importarles más el qué dirán, que han renunciado al hembrismo para convertirse en mujeres, diosas que tienen mil y un formas de ser fértiles, mujeres embarazadas de sueños que viven gestando proyectos renunciando o sin renunciar a la crianza de los hijos, en resumidas cuentas: mujeres libres que se dan permiso de ser, de sentir y expresar. Ahí, sumida en mi reflexión  exploraba nuestra vitalidad, nuestras lunas y los riesgos que corremos cuando nos aferramos a nuestros deseos intrínsecos, riesgos que van desde apostarle al amor teniendo sexo en la primera cita, buscando ascender con persistencia en organizaciones tremendamente conservadoras y machistas, riesgos que implican podar las alas del alma y afilar los colmillos del corazón para ir y cumplirnos esa promesa hecha de ser felices pese a todos los pesares, rompiendo patrones y creencias a veces a zancadillas y trompicones, buscando sanar nuestro linaje femenino al encontrar oportunidades que no tuvieron nuestras ancestras, tratando de que las que vienen detrás tengan una vida más plena.

Pensando, me daba cuenta que al permitir que nuestra Coatlicue se exprese,  nos aventuramos a mundos profundamente tenebrosos como el caer en la trampa de sentirnos culpables por permitirnos ser, sentir y expresar; La Coatlicue de hoy es esa mujer  que pese a cualquier herida física, emocional, psicológica y espiritual aprende a abrazarse a sí misma sin victimizarse, es la que da muerte a lo que debe morir para generar más vida y deconstruir a partir de lo existente, la que ha superado su incapacidad de decir “no” y marcar límites, la que aprendió a decir “sí”, la que pide sin problema y va por más, la que vive y asume una sexualidad libre y responsable sin poner en tela de juicio su valía, la que tiene el autoestima bien puesta y deja de buscar aprobaciones porque sí, la que sabe cuándo jugar a la doncella en aprietos y se permite consentir sin que eso la vuelva indefensa y dependiente, la que es dueña enamorada de su mundo interior; Ella, esa diosa contemporánea de la que eventualmente cualquier hombre que no esté listo puede huir, esa es la Coatlicue de hoy, la que puede confundirse por “puta” sólo porque se permitió sentir desde el día cero, esa que no lleva ni la caña de pescar ni el vestido de novia en la cajuela, sino más bien, SE LLEVA A SÍ MISMA y va con su falda de serpientes y collar de corazones orgullosa de cada cicatriz y batalla, quizás hoy parada más desde la vida, porque en ella viven la vida y la muerte, en ella habitan las estrellas y el universo entero.

Hombre, déjate enamorar por una Coatlicue, es descaradamente fascinante, permítete habitar en su cosmos;  Y tú Coatlicue, no te tengas miedo a ti… eres mágica, eres tanta vida como muerte, tanta luz como sombra, tan sabia como inocente, tan vieja como niña; Eres tan como él y él es tan como tú.

Con amor:

Una Coatlicue cualquiera.

 

Gracias por bendecirme a besos…


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Tantas veces ocurre que,  los seres humanos buscamos perdidos sin saber exactamente qué es aquello que estamos buscando y además no permitimos que eso que inconsciente y realmente deseamos (que no se parece a lo que erróneamente buscamos)  termine por encontrarnos, y así cuando llega lo que inconsciente y realmente deseamos, no sabemos qué hacer con eso.

Hoy elegí escribirte a ti porque llegaste sorpresivamente buscando “algo”, quizás a ti mismo y me encontraste a mí, igual que a otras literalmente miles de posibilidades, sin embargo, el inconsciente es tan poderoso que usualmente termina por hacernos coincidir con personas que se encuentran en la misma frecuencia, gente que nos hace resonar aún sin conocerla, almas que independientemente de minutos, horas, días o años de gastar juntos, vienen a enseñarnos algo, a revelar una verdad o incluso a remendar una herida, de esas que se esconden en los estratos más profundos de la psique, de esas que encogen el corazón de vez en cuando y nos hacen friccionar una y otra vez con el mismo patrón en afán de querer encontrar eso perdido, ahí, en medio de la web, entre millones de rostros y circunstancias, entre perfiles superfluos, blogs y  redes sociales, y aun cuando se trate de una red social,  se dice que no atraemos lo que deseamos, atraemos lo que somos.

Pensaba un poco en qué era eso en lo que podíamos parecernos tú y yo y quizás me tildes de loca pero vi que cada uno en su dimensión y arista “morimos de miedo” y es que, qué peligroso es luego de tanto decir adiós o aun cuando sólo se trate de una sola despedida intensa,  de esas que arañan el alma,  volver a construir vínculos, no saber administrar los apegos y los afectos, ni los “quieros” ni los “tengos”, generarse expectativas que terminan siendo acuerdos firmados  en la cabeza de uno de los dos cuando el otro ni enterado estaba; qué riesgo exponencial supone la neurótica emoción de sentir amenazada la libertad, qué miedo a la paranoia de  que a uno le corten las alas o que sea uno mismo quien termine cortándoselas para volar a la altura y velocidad del otro aunque eso implique descender,  ¿por qué no?, quizás también se trate de un miedo absurdo de no poder volar tan alto como el de junto; qué miedo dar y dar y dar cuando uno no tiene siquiera la certeza de tenerse a sí mismo, qué angustia buscar una caricia del otro cuando en el fondo lo esencial se construye desde dentro, sin tanta fantasía y sin buscar avalúos afectivos afuera, sin someterse a condicionamientos externos como generalmente ocurre; qué miedo AMAR y qué fácil es vender simulacros cuando uno tiene el alma arañada, qué crudo y frío el miedo a expresar y quedarse con la sensación de haber hecho un monólogo… vaya, qué caro resulta a veces abrir el corazón y vivir con todas las consecuencias, pero qué precio más alto supone el ser auténtico, el decir estupideces y hacer el ridículo de vez en cuando, qué inconveniente puede resultar para el ego el no cumplir con las características acordadas en el check list para poder formar parte de “el pack de la felicidad”, vaya zancadilla para la autoestima cuando uno está ausente de sí mismo, ¿no te parece?.

El punto aquí es que, hoy estoy conmigo y seguramente tú contigo, lo bonito aquí es que ha resultado sanador conocerte aunque sea cosa de un par de citas absortos sólo por eros, sin philia y sin ágape, no sé si te vuelva a ver o no, no sé si vuelva a tener una conversación contigo inclusive electrónica, no sé si yo pudiera decirte un día todo esto, sólo sé que me curaste a besos y aquí y ahora sólo se me ocurre decir: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS por tu despistada búsqueda, porque mientras te buscabas a ti me acompañaste con besos a recuperar un pedacito de mí; GRACIAS,  porque probablemente eso nos lo debíamos de otras vidas aunque haya sido tan efímero e intenso como un buen expreso.

Gracias por bendecirme a besos.

No te tardes en resucitar


  

Muchas veces siento que la creatividad se esconde como la luna en la mañana, siempre he tenido claro que soy una mujer sumamente racional aunque luche todos los días por hacerme un espacio y escuchar al corazón, por encontrarme con mi intuición y  ponerme atenta y escuchar mis propios ecos, con lo fácil que resulta mutilar sueños, vale la pena estar atentos ante lo que el alma pide y apostarle a cada deseo, distinguir entre fantasía e imaginación, dejar de sólo desear y racionalizar para encender esa chispa divina en el pecho y manifestar fuera lo que la mente dibuja.

Este año pasa que vuela, en el camino me voy encontrando con rostros de colores que reflejan lo que soy, que me recuerdan lo que en mi habita y develan mi propia sombra, y así voy aprendiendo a calibrar, y a mirar lo que es realmente importante y enfocarme ahí; También, conforme avanzan los días, siento en el pecho resonar la palabra “confía, confía, confía…”, ese mantra poderoso que me conecta con lo divino, con lo esencial, con la fuente de amor infinito y que cuando resuena en mi interior, es como si Dios me apretujara en su pecho intentando despertar mi propio sol, un sol imparcial que alumbre porque sí, porque es su naturaleza e inmensidad.

Sin duda,  mi alma dibuja con el dedo índice la palabra “coherencia”, y cuantas cosas hay que dejar ir para tener una vida en coherencia alineando misión, acción y pensamiento, que si bien no llegué aquí con instructivo tengo claro que todas esas cosas que me gustaban cuando niña siguen latentes, y que tanto más las toque y  las siga, tanta más trascendencia y plenitud experimentaré.

Son muchas de las circunstancias y patrones que me he venido haciendo consciente, voy constelando en mi libreta de sueños y cada día con una intención cada vez más clara: que la vida sea mi epicentro. Ocurre que las personas tenemos un panteón personal, un panteón donde solemos enterrar sueños, momentos, recuerdos y personas y pienso que muchas veces es más sano integrar que enterrar, porque finalmente cuando integramos es como si  un espacio dentro se iluminara, como si las grietas del corazón se llenaran de una sustancia alquímica que lo transforma todo y deconstruyera dentro.

Ciertamente, estamos oscilando entre la vida y la  muerte, pero ocurre también que a veces nos toma más tiempo estar en el sepulcro que en la vida misma, sin medida elegimos estar en la oscuridad, en ese panteón personal esperando que el otro resucite, o el sueño se convierta en realidad desde la fantasía, sin caer en cuenta  que la vida es una decisión,  que el entusiasmo es una chispa que habita en el pecho y basta con visitar nuestras pasiones para reactivarla cual súper héroe.

Permanecer más tiempo en la vida, supone la consciencia de observar cada árbol y encontrar a ese Dios vivo del que tanto hablamos, gozar del sol y vibrar en gratitud por estar aquí y ahora, abrazar fuerte y dialogar con empatía, comprender a aquel que no puede quedarse porque el alma suya tiene que tomar otro vagón para ir a quien sabe dónde;  Mirar que en la sombra habita la luz y que sólo hay que abrazarse fuerte a uno mismo para integrar a esa parte oscura, esos sentimientos inferiores tan poco comprendidos, si nos queremos curar de algo hay que reconocerlo y adentrarnos homeopáticamente en eso para encontrar semillas de trascendencia aún cuando toque morir por instantes.

Respirar,  fluir con el pulso del cosmos, eso es vivir; Arriesgarse a seguir al corazón, encarar una buena conversación acompañada de silencios, mirar a los ojos de uno mismo y a los del otro, arriesgarse a amar, a sentir y dejarse rasgar el alma por apostar a las más bajas pasiones; Vivir por experiencia y no por referencia, pero aun así que lo que importe sea el alma y no la vida, porque el alma es la que genera esos espacios desde lo subterraneo, en la oscuridad, silenciosa, separando lo esencial de lo ilusorio y empujando al corazón a que vaya de cabeza con el fin de vivir de acuerdo a uno mismo, para configurar una vida sana y paradójicamente haciéndonos incursionar en la locura en un mundo tan estereotipado, habitando así en la periferia de la razón… como yo, “Yo loca”-

En su canción primera, San Juan de la Cruz menciona que para que el alma llegue a un estado de perfección, ha de pasar por dos maneras principales de noches a las que llamaba purgaciones o purificaciones del alma, donde el ser queda a oscuras como un ciego, lleno de mortificaciones, donde no queda nada más que depurar en medio de la angustia y dejarse llevar, “fluir” como bien se menciona en tantas prácticas orientales.

Los poetas, los artistas que subliman su propia metamorfosis en el juego de la muerte y vida donde el amor juega muchas veces el rol principal, comprenden que todo carece de valor sin la diosa oscura, sin la Coatlicue, la Kali o la Hécate. Sin  muerte no hay lecciones, sin la muerte no hay oscuridad sobre la cual pueda destacar el brillo de la luna y es que el negro, color de luto, es también el color del descenso, el negro es la antesala de la expansión, de la conexión con lo divino, del desapego, la promesa de saber algo que antes el alma no sabía, el negro es donde inicia el camino a la trascendencia.

No hay rincón alguno dentro de cualquier ser que viva la experiencia humana que no pueda ser iluminado por el regalo de la consciencia, esa es la experiencia interna que se abraza, se integra para poder ensanchar la cavidad del alma y que quepa ahí una consciencia más amplia, más amorosa, una consciencia crística.

En fin, hoy viernes santo, día de quietud y contemplación, día especial para dar muerte a eso que va en contra de nuestra propia naturaleza, a eso que no suma y agota; Hoy es día para rendirnos ante las circunstancias y dejarlo todo en manos de un poder superior con el nombre que le quieras poner, para fluir desde la gracia, pero entonces, si eliges morirte procura que sea sólo un ratito, no tardes mucho en resucitar que la vida pasa pronto.