Hablemos de perdón


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El perdón es sin duda unos de los trabajos internos más complejos, un ejercicio que implica renunciar a una parte nuestra, a las ganancias que muchas veces genera el ser víctima, inclusive me atrevo a decir que supone dar muerte a un pedacito de nosotros para dar paso a alguien distinto, un nuevo Yo.

Cuando hablamos de perdón hablamos de una decisión, pero también un proceso orgánico, una etapa que supone tiempo y que si bien la intención de soltar y sanar existe, habrá que ser muy pacientes y compasivos.

Perdonar se trata de responsabilizarnos, de introspeccionar y conocernos para conectarnos con nuestra grandeza a partir del dolor hasta captar que no hay amigos ni enemigos, sólo maestros, finalmente los seres humanos somos espejos, proyectamos todo el tiempo nuestra propia sombra a través del otro, actuamos muchas veces desde la herida e inconscientemente deseamos que alguien venga y cubra por nosotros nuestras necesidades aun cuando el precio se alto.

Qué importante es comprender que no estamos a merced de las circunstancias externas, que todo el tiempo elegimos y no hacer también es una elección que generalmente nos mantiene en estado de víctimas. La vida siempre nos pone adelante lo que está en sintonía con nuestra frecuencia vibratoria, porque ya hemos dicho que ATRAEMOS LO QUE SOMOS.

Todo lo que está afuera de nosotros lo creamos desde nuestra inconsciencia. Siempre estás frente a ti mismo, todo es una co-relación de nuestro sistema de creencias, como es dentro es fuera.

¿A dónde nos lleva todo esto?

A comprender que perdono a través de mí, primero dentro de mí, por haber dejado la responsabilidad de mi propio bienestar en manos de alguien más, por no haber abrazado a mi niño interior habiendo actuado desde ese niño y sus carencias y no desde el adulto responsable.

No puedo corregir desde el espejo, sino desde dentro, no el escenario sino en el corazón. Todo es una co-relación de nuestro sistema de creencias, somos nuestro propio deseo. Si yo creo que los seres humanos no son confiables y que siempre “me va mal”, así será hasta que yo cambio este sistema de creencias.

Nadie te puede hacer daño a menos que tú le des espacio en tu mente y sabiamente lo decía Gandhi: “No permitiré que nadie camine por mi mente con  los pies sucios”.

Verás que, perdonar empodera, porque recuperas tu poder soltando el control,  lo que no es tuyo y asumiendo lo que toca.

Es importante reestablecer el equilibrio en nuestra alma y esto ocurre a través de las experiencias de contraste, porque donde no hay fricción no hay crecimiento, así que, intenta tratarte como te gustaría ser tratado, háblate amorosamente y proyectarás algo distinto, perdónate a ti y al convertirte en tu filántropo dejarás de atraer verdugos.

Pero, ¿Qué hay que hacer para perdonar?

Dado que no se puede redimir lo que no se ha asumido, es bien importante que  tu sombra no esté lejos de ti, así que párate y toca tu odio profundo, no te duermas, descarga la basura en un lugar seguro (toma la almohada y golpea tu cama, escribe una carta haciendo catarsis y rómpela, tensa todo el cuerpo y suelta, corre y luego llora etc.), no renuncies a ninguna emoción, pero esta vez hazlo desde el adulto y no desde el niño y pregúntate: ¿qué alcanzo a comprender del que creo que es mi adversario?, revive el daño e interioriza la intención de sanar tú en principio, construyendo una autoestima sana haciendo lo que más te disfrutas, comiendo más sano, practicando tu deporte o hobbie favorito y cumpliéndote todo lo que te prometes, esto te llevará a mirarte con ojos frescos desde “aquí y ahora”, porque esto es todo lo que tienes.

Perdonar es sanador, recuerda que el cuerpo es un contenedor de emociones y lo que no liberas lo somatizas.

Que esta vez seas tú quien decide y no tu miedo, deja de preocuparte, mira que la angustia es la mejor forma de atraer lo que no queremos.

Es importante destacar que perdón no siempre implica reconciliación, que todo tiene un momento y que si tú te encargas de ti y trabajas contigo, silenciosamente contribuirás a la sanación de quienes te rodean, insisto… desde el amor a ti y no desde el control al otro o a las circunstancias.

Con amor, Rosario Cardoso

El verdadero Yoga


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Este fin de semana fue uno de esos donde necesitaba sólo aterrizar, correr, respirar, contemplar y estirar el cuerpo. Qué cierto es eso de que el alma es oscura y profunda, que no basta con sentarse a meditar para trascender y evolucionar porque hay un mundo afuera que requiere de nuestra sustancia personal, porque todo se compone de luces y sombras, alegría, melancolía, estímulos positivos y negativos.

Reflexionaba un poco en cómo a veces los seres humanos nos ocultamos, evadimos la tarea de integrar y aceptar, nos distraemos de lo realmente importante quizás por miedo a abrir una caja de pandora imaginaria o sacar los esqueletos del ropero,  y paradójicamente el trabajo o la soledad siempre es un buen escondite o radicalmente el permanecer engentado en medio del ruido y justo aquí es importante no perder de vista que entre el blanco y el negro hay una gama de grises, que lo más importante de llevar a donde sea, en medio del desierto o en el tumulto de la ciudad más grande del mundo es a UNO MISMO,  con todo lo que le sea útil en ese momento independientemente de toda expectativa ajena.

Y entonces aquí me pregunto, ¿por qué no abrir el corazón a experimentar lo que por vibración y experiencia corresponde?, ¿por qué no expandir el alma así como lo hacen nuestros ojos ante el día y la noche?, ¿por qué evitar la vida? Ser auténtico tiene un precio que no todo el mundo está dispuesto a pagar, porque con seguridad habrá que experimentar algunas noches oscuras del alma, pero sin duda, en la medida en la que decidimos  mostrarnos reales y develar nuestros anhelos sin miedo como cuando éramos niños, es en la misma medida que sanamos y vivimos de verdad.

Eso de querer pasar por inadvertido puede ser muy aburrido, ensimismarse y dejar de compartir por miedo,  es morir.

Luego de algunos años de practicar asanas en el tapete de yoga y aprender a respirar, me doy cuenta que como decía Víctor Hugo: “Ciertos pensamientos son plegarias. Hay momentos en que, sea cual fuere la actividad del cuerpo, el alma está de rodillas”. No es fácil visitar la sombra y reconocer lo que no anda bien, realmente conocer al inconsciente es conocer a Dios,  y  qué difícil puede ser darle un sablazo al ego y caer en rendición, arrodillarnos ante lo que sentimos por incómodo que sea y abrazando lo que no queremos, eso que parece   estar fuera de control,  rendirnos como cuando lo hacemos durante la práctica, soltar y llanamente sentir sin juzgar.

Pensaba que me gustaría amar más y mejor, pero que eso no ocurrirá sino hasta que lo haga de manera más profunda conmigo, en las buenas y en las malas. Sé que en ocasiones hay circunstancias que parecen laberinto, que las cosas no siempre ocurren como queremos y que inexplicablemente aun cuando creemos que tenemos todas las herramientas para actuar en determinadas situaciones, hacemos justo lo que resulta más inadecuado y me quedo pensando una vez más: el alma es la que sabe y tiene un proceso orgánico, así como el de las flores.

En fin, reflexionaba sobre las respuestas no fáciles y sobre eso que a veces carece de significado y aparenta lo contrario, pensaba en que vale la pena correr el riesgo y salir de la zona de confort emocional y asumir todas las consecuencias de lo que implica sentir.

Pensaba que el verdadero yoga es respirar en un mal momento y calmar la mente en medio de una discusión, dar una respuesta naturalmente medida en medio del rechazo o la frustración; Yoga es empatía, escucha activa y suspensión de juicio; Yoga es flexibilidad de mente y cambio de perspectiva; Yoga es soltar, dejar ir lo que muere por irse y abrir el pecho para que entre lo que muere por llegar; Yoga es bailar con la vida y agradecer a cada momento, abrazar y silenciar cuando sea necesario. Yoga es amar en grande y encontrar y diluir todas esas resistencias que se han conformado dentro para vivir desde el gozo y aprender de una manera más amorosa y compasiva; Yoga es abrazar la luz y la sombra de uno y por ende del otro puesto que somos espejos; Yoga es aprender a ponernos cómodos en lugares incómodos. 

Yoga es integrar, es Dios, es tú, es yo.

No te tengas miedo Coatlicue


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Son varias semanas que llevo meditabunda respecto a la feminidad, a la sexualidad  nuestra y tantos clichés en torno a ella.

Cada vez es mayor la apertura de nosotras las mujeres para darnos oportunidades muchas veces a partir de la libertad sexual en buenas dosis, y no es que esto nos convierta en mujeres fáciles que siempre llevan un liguero por si las moscas, o bien, mujeres que van por doquier con la caña de pescar en el hombro buscando a ese pez gordo, o mujeres que llevan el vestido de novia en la cajuela por si “casualmente” se topan con el príncipe soñado, el amor de su vida, aunque claro, entre hombres y mujeres la gama de colores es extensa, no vamos a excluir a ninguna circunstancia porque más que una cuestión de género, la búsqueda de uno mismo a través del otro es algo completamente humano. Cabe aclarar que, esta no es una entrada feminista ni mucho menos, es una entrada que le apuesta a la autenticidad y a la libertad, una entrada que le apuesta al amor mismo partiendo desde “el amor propio incondicional”.

Antes de ir al punto que quiero llegar, quiero hacer un paréntesis y contarte que una de las cosas que también reflexionaba era que, socialmente cualquiera pensaría que probablemente, una de  las actitudes más penadas que existen es la violencia y me di cuenta que, tristemente es más penado el gozo, el placer en cualquiera de sus  manifestaciones, las expresiones de locura y desbordada felicidad, sino, recuerda esas veces en las que has llevado  una expresión de singular alegría y todo el mundo te mira extraño y te pregunta con peculiar tono sarcástico y burlesco: ¿por qué tan contentit@?, ¿qué te pasó?, ¿ahora qué mosca te picó? En fin, sociológicamente arrastramos constructos y patrones que no nos definen pero que también nos limitan a ir por ahí descaradamente gozosos si no nos damos cuenta.

Hace poco, escribía yo un ensayo donde hablaba de la diosa azteca Coatlicue: la gran terrible y devoradora madre de los mexicanos. El escritor, historiador, esteta, filósofo y académico mexicano Justino Fernández junto con el psicoanlista junguiano Erich Neumman, fueron quienes más profundizaron en el conocimiento de la Coatlicue. En la mitología griega, Atenea hija de Zeus, protectora de muchos héroes y algunas otras figuras míticas, es quien ejecutaba funciones similares a nuestra Coatlicue, ambas comparten el símbolo de la serpiente, símbolo de conocimiento y sabiduría.

Coatlicue, la de la falda de serpientes y el collar de corazones,  ha sido considerada por muchos estudiosos no sólo como poderosa y aterradora o como la diosa pavorosa y terrorífica en la que se concentran todos los horrores del universo, sino también como una deidad que representa en sí misma la vida y la muerte, ella  era esa diosa que desencajaba no sólo por su aspecto temible, sino también por su atípica feminidad, y así, me cuestionaba en función a este arquetipo maravilloso y por cierto hoy tan poco tocado  y mucho menos abrazado: ¿y quién es la Coatlicue de hoy?

Mi pregunta, me llevó a pensar en esos estereotipos que surgen a partir de la libertad consciente, particularmente en una sociedad aun tan machista como la nuestra, y me vinieron a la mente todas estas mujeres (y me incluyo) que han apostado a pagar el precio de la trascendencia y plenitud (esta última entendida como “gozar” en gerundio), mujeres que han hecho una verdadera apuesta a desarrollarse en aquello que más les parece, desde distintos oficios y profesiones, esas diosas que van ocupando roles sociales de alto impacto, esas Coatlicues que en medio de la cotidianidad van por ahí meneando las caderas, danzando por la vida sin importarles más el qué dirán, que han renunciado al hembrismo para convertirse en mujeres, diosas que tienen mil y un formas de ser fértiles, mujeres embarazadas de sueños que viven gestando proyectos renunciando o sin renunciar a la crianza de los hijos, en resumidas cuentas: mujeres libres que se dan permiso de ser, de sentir y expresar. Ahí, sumida en mi reflexión  exploraba nuestra vitalidad, nuestras lunas y los riesgos que corremos cuando nos aferramos a nuestros deseos intrínsecos, riesgos que van desde apostarle al amor teniendo sexo en la primera cita, buscando ascender con persistencia en organizaciones tremendamente conservadoras y machistas, riesgos que implican podar las alas del alma y afilar los colmillos del corazón para ir y cumplirnos esa promesa hecha de ser felices pese a todos los pesares, rompiendo patrones y creencias a veces a zancadillas y trompicones, buscando sanar nuestro linaje femenino al encontrar oportunidades que no tuvieron nuestras ancestras, tratando de que las que vienen detrás tengan una vida más plena.

Pensando, me daba cuenta que al permitir que nuestra Coatlicue se exprese,  nos aventuramos a mundos profundamente tenebrosos como el caer en la trampa de sentirnos culpables por permitirnos ser, sentir y expresar; La Coatlicue de hoy es esa mujer  que pese a cualquier herida física, emocional, psicológica y espiritual aprende a abrazarse a sí misma sin victimizarse, es la que da muerte a lo que debe morir para generar más vida y deconstruir a partir de lo existente, la que ha superado su incapacidad de decir “no” y marcar límites, la que aprendió a decir “sí”, la que pide sin problema y va por más, la que vive y asume una sexualidad libre y responsable sin poner en tela de juicio su valía, la que tiene el autoestima bien puesta y deja de buscar aprobaciones porque sí, la que sabe cuándo jugar a la doncella en aprietos y se permite consentir sin que eso la vuelva indefensa y dependiente, la que es dueña enamorada de su mundo interior; Ella, esa diosa contemporánea de la que eventualmente cualquier hombre que no esté listo puede huir, esa es la Coatlicue de hoy, la que puede confundirse por “puta” sólo porque se permitió sentir desde el día cero, esa que no lleva ni la caña de pescar ni el vestido de novia en la cajuela, sino más bien, SE LLEVA A SÍ MISMA y va con su falda de serpientes y collar de corazones orgullosa de cada cicatriz y batalla, quizás hoy parada más desde la vida, porque en ella viven la vida y la muerte, en ella habitan las estrellas y el universo entero.

Hombre, déjate enamorar por una Coatlicue, es descaradamente fascinante, permítete habitar en su cosmos;  Y tú Coatlicue, no te tengas miedo a ti… eres mágica, eres tanta vida como muerte, tanta luz como sombra, tan sabia como inocente, tan vieja como niña; Eres tan como él y él es tan como tú.

Con amor:

Una Coatlicue cualquiera.

 

Gracias por bendecirme a besos…


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Tantas veces ocurre que,  los seres humanos buscamos perdidos sin saber exactamente qué es aquello que estamos buscando y además no permitimos que eso que inconsciente y realmente deseamos (que no se parece a lo que erróneamente buscamos)  termine por encontrarnos, y así cuando llega lo que inconsciente y realmente deseamos, no sabemos qué hacer con eso.

Hoy elegí escribirte a ti porque llegaste sorpresivamente buscando “algo”, quizás a ti mismo y me encontraste a mí, igual que a otras literalmente miles de posibilidades, sin embargo, el inconsciente es tan poderoso que usualmente termina por hacernos coincidir con personas que se encuentran en la misma frecuencia, gente que nos hace resonar aún sin conocerla, almas que independientemente de minutos, horas, días o años de gastar juntos, vienen a enseñarnos algo, a revelar una verdad o incluso a remendar una herida, de esas que se esconden en los estratos más profundos de la psique, de esas que encogen el corazón de vez en cuando y nos hacen friccionar una y otra vez con el mismo patrón en afán de querer encontrar eso perdido, ahí, en medio de la web, entre millones de rostros y circunstancias, entre perfiles superfluos, blogs y  redes sociales, y aun cuando se trate de una red social,  se dice que no atraemos lo que deseamos, atraemos lo que somos.

Pensaba un poco en qué era eso en lo que podíamos parecernos tú y yo y quizás me tildes de loca pero vi que cada uno en su dimensión y arista “morimos de miedo” y es que, qué peligroso es luego de tanto decir adiós o aun cuando sólo se trate de una sola despedida intensa,  de esas que arañan el alma,  volver a construir vínculos, no saber administrar los apegos y los afectos, ni los “quieros” ni los “tengos”, generarse expectativas que terminan siendo acuerdos firmados  en la cabeza de uno de los dos cuando el otro ni enterado estaba; qué riesgo exponencial supone la neurótica emoción de sentir amenazada la libertad, qué miedo a la paranoia de  que a uno le corten las alas o que sea uno mismo quien termine cortándoselas para volar a la altura y velocidad del otro aunque eso implique descender,  ¿por qué no?, quizás también se trate de un miedo absurdo de no poder volar tan alto como el de junto; qué miedo dar y dar y dar cuando uno no tiene siquiera la certeza de tenerse a sí mismo, qué angustia buscar una caricia del otro cuando en el fondo lo esencial se construye desde dentro, sin tanta fantasía y sin buscar avalúos afectivos afuera, sin someterse a condicionamientos externos como generalmente ocurre; qué miedo AMAR y qué fácil es vender simulacros cuando uno tiene el alma arañada, qué crudo y frío el miedo a expresar y quedarse con la sensación de haber hecho un monólogo… vaya, qué caro resulta a veces abrir el corazón y vivir con todas las consecuencias, pero qué precio más alto supone el ser auténtico, el decir estupideces y hacer el ridículo de vez en cuando, qué inconveniente puede resultar para el ego el no cumplir con las características acordadas en el check list para poder formar parte de “el pack de la felicidad”, vaya zancadilla para la autoestima cuando uno está ausente de sí mismo, ¿no te parece?.

El punto aquí es que, hoy estoy conmigo y seguramente tú contigo, lo bonito aquí es que ha resultado sanador conocerte aunque sea cosa de un par de citas absortos sólo por eros, sin philia y sin ágape, no sé si te vuelva a ver o no, no sé si vuelva a tener una conversación contigo inclusive electrónica, no sé si yo pudiera decirte un día todo esto, sólo sé que me curaste a besos y aquí y ahora sólo se me ocurre decir: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS por tu despistada búsqueda, porque mientras te buscabas a ti me acompañaste con besos a recuperar un pedacito de mí; GRACIAS,  porque probablemente eso nos lo debíamos de otras vidas aunque haya sido tan efímero e intenso como un buen expreso.

Gracias por bendecirme a besos.

No te tardes en resucitar


  

Muchas veces siento que la creatividad se esconde como la luna en la mañana, siempre he tenido claro que soy una mujer sumamente racional aunque luche todos los días por hacerme un espacio y escuchar al corazón, por encontrarme con mi intuición y  ponerme atenta y escuchar mis propios ecos, con lo fácil que resulta mutilar sueños, vale la pena estar atentos ante lo que el alma pide y apostarle a cada deseo, distinguir entre fantasía e imaginación, dejar de sólo desear y racionalizar para encender esa chispa divina en el pecho y manifestar fuera lo que la mente dibuja.

Este año pasa que vuela, en el camino me voy encontrando con rostros de colores que reflejan lo que soy, que me recuerdan lo que en mi habita y develan mi propia sombra, y así voy aprendiendo a calibrar, y a mirar lo que es realmente importante y enfocarme ahí; También, conforme avanzan los días, siento en el pecho resonar la palabra “confía, confía, confía…”, ese mantra poderoso que me conecta con lo divino, con lo esencial, con la fuente de amor infinito y que cuando resuena en mi interior, es como si Dios me apretujara en su pecho intentando despertar mi propio sol, un sol imparcial que alumbre porque sí, porque es su naturaleza e inmensidad.

Sin duda,  mi alma dibuja con el dedo índice la palabra “coherencia”, y cuantas cosas hay que dejar ir para tener una vida en coherencia alineando misión, acción y pensamiento, que si bien no llegué aquí con instructivo tengo claro que todas esas cosas que me gustaban cuando niña siguen latentes, y que tanto más las toque y  las siga, tanta más trascendencia y plenitud experimentaré.

Son muchas de las circunstancias y patrones que me he venido haciendo consciente, voy constelando en mi libreta de sueños y cada día con una intención cada vez más clara: que la vida sea mi epicentro. Ocurre que las personas tenemos un panteón personal, un panteón donde solemos enterrar sueños, momentos, recuerdos y personas y pienso que muchas veces es más sano integrar que enterrar, porque finalmente cuando integramos es como si  un espacio dentro se iluminara, como si las grietas del corazón se llenaran de una sustancia alquímica que lo transforma todo y deconstruyera dentro.

Ciertamente, estamos oscilando entre la vida y la  muerte, pero ocurre también que a veces nos toma más tiempo estar en el sepulcro que en la vida misma, sin medida elegimos estar en la oscuridad, en ese panteón personal esperando que el otro resucite, o el sueño se convierta en realidad desde la fantasía, sin caer en cuenta  que la vida es una decisión,  que el entusiasmo es una chispa que habita en el pecho y basta con visitar nuestras pasiones para reactivarla cual súper héroe.

Permanecer más tiempo en la vida, supone la consciencia de observar cada árbol y encontrar a ese Dios vivo del que tanto hablamos, gozar del sol y vibrar en gratitud por estar aquí y ahora, abrazar fuerte y dialogar con empatía, comprender a aquel que no puede quedarse porque el alma suya tiene que tomar otro vagón para ir a quien sabe dónde;  Mirar que en la sombra habita la luz y que sólo hay que abrazarse fuerte a uno mismo para integrar a esa parte oscura, esos sentimientos inferiores tan poco comprendidos, si nos queremos curar de algo hay que reconocerlo y adentrarnos homeopáticamente en eso para encontrar semillas de trascendencia aún cuando toque morir por instantes.

Respirar,  fluir con el pulso del cosmos, eso es vivir; Arriesgarse a seguir al corazón, encarar una buena conversación acompañada de silencios, mirar a los ojos de uno mismo y a los del otro, arriesgarse a amar, a sentir y dejarse rasgar el alma por apostar a las más bajas pasiones; Vivir por experiencia y no por referencia, pero aun así que lo que importe sea el alma y no la vida, porque el alma es la que genera esos espacios desde lo subterraneo, en la oscuridad, silenciosa, separando lo esencial de lo ilusorio y empujando al corazón a que vaya de cabeza con el fin de vivir de acuerdo a uno mismo, para configurar una vida sana y paradójicamente haciéndonos incursionar en la locura en un mundo tan estereotipado, habitando así en la periferia de la razón… como yo, “Yo loca”-

En su canción primera, San Juan de la Cruz menciona que para que el alma llegue a un estado de perfección, ha de pasar por dos maneras principales de noches a las que llamaba purgaciones o purificaciones del alma, donde el ser queda a oscuras como un ciego, lleno de mortificaciones, donde no queda nada más que depurar en medio de la angustia y dejarse llevar, “fluir” como bien se menciona en tantas prácticas orientales.

Los poetas, los artistas que subliman su propia metamorfosis en el juego de la muerte y vida donde el amor juega muchas veces el rol principal, comprenden que todo carece de valor sin la diosa oscura, sin la Coatlicue, la Kali o la Hécate. Sin  muerte no hay lecciones, sin la muerte no hay oscuridad sobre la cual pueda destacar el brillo de la luna y es que el negro, color de luto, es también el color del descenso, el negro es la antesala de la expansión, de la conexión con lo divino, del desapego, la promesa de saber algo que antes el alma no sabía, el negro es donde inicia el camino a la trascendencia.

No hay rincón alguno dentro de cualquier ser que viva la experiencia humana que no pueda ser iluminado por el regalo de la consciencia, esa es la experiencia interna que se abraza, se integra para poder ensanchar la cavidad del alma y que quepa ahí una consciencia más amplia, más amorosa, una consciencia crística.

En fin, hoy viernes santo, día de quietud y contemplación, día especial para dar muerte a eso que va en contra de nuestra propia naturaleza, a eso que no suma y agota; Hoy es día para rendirnos ante las circunstancias y dejarlo todo en manos de un poder superior con el nombre que le quieras poner, para fluir desde la gracia, pero entonces, si eliges morirte procura que sea sólo un ratito, no tardes mucho en resucitar que la vida pasa pronto.

Al alma lo que pida


4.0.1

«Ánima y Ánimus»

 

Ahora que me encuentro sentada frente a esta hoja blanca es porque este breve espacio es un encuentro con ella: mi alma.

Guiada por el deseo apremiante de expandir cada sentido, de salir a ese encuentro agendado con mis personajes favoritos, de mirar a los ojos a esa anciana que vive dentro, esa mujer de trenza larga y mirada profunda, que con sólo fijarla en cualquier punto descubre el alma en eso que sus ojos encuentran, qué más da si se trata de un objeto aparentemente inanimado, ella es la que sabe, la que virtuosa, la sabia que atinada encuentra cuándo y qué decir, la que goza de los silencios profundos para muchos angustiantes, la que sabe reír a carcajadas y contar historias de su biblioteca personal del corazón, la que anda con su amplia y larga falda orgullosa de su feminidad; Esa mujer de  manos callosas por tanto haber labrado su tierra y recoger cada fruto, cada grano;  De esa anciana que sabe cómo abrazar a la niña y visitar con ella cada fantasía, cada paraje oscuro y avanzar a pesar de la incertidumbre y el miedo; La bruja que feliz mueve su caldero en medio de un ritual de cantos, mantras y oraciones, la alquimista que sabe convertir materiales vulgares en oro, la que sabe cómo ensanchar el corazón para acoger a la paradoja y la absoluta contradicción en sus niveles más profundos; La que ha integrado en sí una imagen tras otra por bizarra o divina que fuese; La que está cotidianamente en contacto con sus otros personajes internos cual matrioska, esos seres que pueblan sus sueños y pensamientos y configuran la vida de su alma; La que ha sido capaz vivir sus propios mitos y concluirlos; Esa mujer que está tan familiarizada consigo misma y abraza su complejidad y llora con absoluta entrega cuando se le da la gana independientemente del lugar en el que se encuentre; La que supo comerse la vida a puños porque entendió que a eso vino. Amo a esa anciana que es sólo una cara de mi alma, esa que sabe acariciar mi cabello en esos momentos cuando me invade saudade, la que me guía apareciéndose en mi sueños invitándome a peregrinar de nuevo a Santiago de la Compostela y hablándome del tiempo; La que me ha enseñado que la oración es ese sitio en calma que concentra todo el poder atómico para remover lo que deba ser removido; La que sabe separar y disolver, restaurar o demoler para reconstruir; La llamadora de ángeles y hadas, la que abraza la sombra y la domestica. Amo a mi anciana, la que vive dentro yendo y viniendo conmigo.

Me encuentro en mi espacio favorito entre libros, maderas y flores jugando con el hada de las palabras y mientras mantengo contacto con mi alma, caigo en cuenta de cuán inútiles son muchas veces esos intentos por sanar, aquí y ahora observo que también en ocasiones al hacer menos se logra más, que el sufrimiento también revela y que al más mínimo intento por sanar no hacemos espacio a esa epifanía, a eso que no sabíamos y el dolor nos enseña, esa materia prima de evolución y trabajo interno que se gesta sólo ahí en la noche oscura, en medio de sus dolorosos e incomprensibles ritos que el ego no comprende, ahí en la desesperanza se gesta la magia.

Creo que, un verdadero contacto con el alma es el primer paso a la iniciación del amor, hacia el florecimiento y reconocimiento del poder personal, es el inicio al encuentro con eso más grande y la expansión del corazón para vivir con plenitud.

Escuchar al alma es contactar no sólo con el/la ancian@ sino también con la inocencia del niño, dejarles salir y fluir, hacer lo que se nos pegue la gana: cantar en la regadera, bailar en el espejo, dibujar, pintar, encontrar espacios de lectura e intimidad, dejar salir nuestra capacidad de asombro, conversar con ángeles y energías sutiles, correr, pasear en bicicleta, amar y dejarse amar, escribir una carta a los reyes magos listando los anhelos más profundos del corazón, no sólo ser arriesgado sino ser MUY ARRIESGADO, oler las flores, tocar los árboles, leer y releer nuestro cuento favorito, mirar esa película que hace llorar o reír intenso, escuchar esa canción que araña el alma pero también esa otra que cosquillea el cuerpo haciendo inevitable el no mover las caderas, caminar mucho, respirar profundo, atracarse del postre favorito de vez en cuando, llorar por horas y a grito abierto hasta que se sequen los ojos cuando invada la tristeza, contemplar una flor, escalar montañas, mojarse los pies, comer mucha pizza cuando aparezca el antojo, disfrutar un buen chocolate, sonreír cuando esa persona desconocida nos dispare las alarmas del corazón, ponerse guap@, abrazar con fuerza, dormir por horas, tomar una ruta distinta para ir casa o al trabajo o a sea cual sea el sitio, encender una vela y hablar con el amor, escribir, expresar sin miedo ni reservas, soñar despiertos, bañarse del perfume favorito, regalarse flores, escribirse cartas a uno mismo y dejarse llevar por las mil y un formas que el alma tiene de expresar, desde lo intrínseco e insospechado… Tan sencillo como devorar la vida y andar por ahí con el pecho expandido.

En resumen, vamos a cultivar lo divino desde la simpleza, desde lo natural, desde la sustancia del alma. Sólo desde esa dimensión de la experiencia humana podremos realmente convertirnos en personas.

Y resucitar al tercer día…


Y cuando pierdo, gano.

Me emociona el cambio. Cuando el alma pide cambiar de lo que sea (casa, empleo, hábitos e incluso pareja) qué importante es hacerlo, porque todo lo que te pertenece por naturaleza, lo que te corresponde por esencia, por vibración, porque toca andar un nuevo camino, porque hay que evolucionar hará un gran esfuerzo por llegar a ti y hay que dejarlo entrar… Pero todo aquello que no pertenece y que no favorezce, que no hace bien hay que dejarlo ir, porque también hace un tremendo esfuerzo por marcharse aún cuando el miedo y el ego generen resistencia… Mejor decir: GRACIAS A LO QUE FUE Y SÍ ROTUNDO A LO QUE VIENE!…

Pero claro, dentro de esta actualización cotidiana del ser,  morimos tantas veces como necesarias, y así vamos haciendo espacios.

Morimos una y otra vez cuando dejamos que emerja  una versión nuestra con mucha más alma, más completa… con sus respectivos dolores de parto porque las personas dentro de esta tendencia actualizante nos parimos una y otra vez a nosotros mismos, y luego de cada batalla interna que vencemos, encarnamos en un ser nuevo, independientemente de nuestros esfuerzos por deslizarnos de la muerte pero al fin, la muerte es un ciclo del alma, es un mito que recrea la consciencia.

Quizás, una de las enseñanzas de Jesucristo como el gran pedagogo que era,  fue el morir en la cruz, descendió a los infiernos a través del dolor físico y espiritual, del rechazo, la tortura y la soledad para luego trascender a través de la resurrección; ese es el mito de la muerte, y es que esos dolores del alma ante la desilusión, incluso cuando sentimos que se ocultan nuestras pasiones y bienaventuranzas y que el sentido de la vida se diluye, vale la pena cerrar los ojos  e instalarse en la noche oscura, y es que elegir morir no es sólo un mito sino también un arte, ya que el vacío y la grisura de la angustia permiten que escuchemos al alma de tal manera que sería imposible hacerlo en estados de absoluta euforia e incluso en medio de la cotidianidad. Estas pequeñas muertes desde la melancolía hasta la pérdida absoluta, proporcionan al alma la oportunidad de expresar sus anhelos más profundos y naturaleza salvaje para entonces florecer en medio de un suelo que parecía erosionado, estas noches oscuras brindan experiencia y esta es justo la riqueza del mito de la muerte en el desarrollo de la persona: asumir y aprovechar las ganancias de las pérdidas que confieren sabiduría y hacen que coagulen las emociones y metabolicen las experiencias.

Morir casi nunca es elección, pero sí siempre una oportunidad de hacer ajustes dentro, espacios para un nuevo arado en las profundidades de la psique, el alma y el corazón para sembrar otra vez y esperar la cosecha, finalmente los seres humanos tenemos el potencial de ir al límite de nuestras posibilidades humanas en medio del pasaje oscuro y resucitar también luego del día tres para luego expresar vida plenamente; Sin duda, el progreso del alma es profundo y oscuro, no podemos hablar de Desarrollo Humano tan a la ligera pues no se trata de un avance siempre positivo y progresivo, sino más bien muchas de las veces cada ascenso requiere descender, visitar un breve estado de muerte para luego trascenderlo muy a pesar de la elección y no elección del sacrificio, ese acto espiritual de renuncia y reconocimiento a eso superior a uno mismo, esas privaciones ordinarias por las que pagamos el precio para estar en un mejor lugar, esa renuncia a pequeñas libertades  que van dando paso a una libertad mayor y a un misterio inmenso, eso a lo que llamamos TRASCENDENCIA, esos saltos cuánticos que damos cuando nos levantamos de una manera más breve y con un aliciente intrínseco producto de esta experiencia oscura, finalmente uno es la suma de sus fases y vivencias, de sus muertes y sus pérdidas y aunque todas estas historias son útiles no nos conforman pues no tienen la última palabra, he ahí la importancia de romper creencias y experimentar con completa presencia esa tendencia actualizante dejando morir lo que debe morir, creando espacios incluso a través del cuerpo, por ello los grandes místicos de todas las religiones se entregaban con total convicción y pasión al ayuno, era como dejar morir y  liberar para continuar abriendo canales entre lo consciente y lo supraconsiciente.

Morir es vivir, es dentro de esta finitud y vacío encontrarse con lo infinito, es abrirse a nuevas formas de entenderse siguiendo nuevas coordenadas y así con las crisis comienza la  iniciación y a todo esto, el sentido de tocar fondo es que no queda a donde ver sino es que para arriba.

Intuyendo que es gerundio


Hope in the palm

                La magia en mis manos…

Por alguna razón, siento el deseo de tocar base con este tema, este  don maravilloso y pocas de las veces atendido por muchos seres: la intuición.

Dentro de la cajita de herramientas orgánicas que traíamos cada uno al momento de llegar a este plano, venía dentro una vocecita sabia inherente al espíritu, al proyecto del alma, esa sabiduría divina que no tiene nada que ver con la razón y cual puño de piedritas de colores señalando el caminito en medio del amplio y solitario bosque nos puede guiar por atajos maravillosos para en la medida ir cumpliendo esa misión de vida, pero, ¿por qué es tan difícil poner atención a esta mágica voz que nos da la oportunidad de dar pasos firmes, esta luz que nos permite discernir lo que es bueno y no para nuestra salud mental, emocional y espiritual?

Aprender a desarrollar la percepción del misterioso inconsciente y confiar en los sentidos internos es una tarea ardua que sin duda todo ser humano debe practicar, pues cuando desarrollamos esta herramienta psíquica podemos entrar a lugares insospechados, romper barreras de acero, mirar aquello que es invisible, escuchar lo imperceptible y sentir lo intangible. No, no! No es cosa de brujas, no es una onda paranormal, es sabiduría organísimica en su maxima expresión, pues cuando aguardamos en silencio podemos escuchar cuál es el siguiente paso a dar, cuál es el lugar al qué llegar y qué opción elegir aún cuando no sea la más cautivadora.

Nos resulta complejo porque vivimos fuera de nosotros mismos la mayor parte del tiempo, porque abrazamos verdades ajenas, porque trabajamos por sueños que no son nuestros y escuchamos y obedecemos a voces que tampoco nos pertenecen. ¿Qué pasaría si tan sólo unos minutos al día aunque sean lo que dure la ducha me quedo en silencio y sólo gozo el chorro de agua?, ¿Qué pasaría si dejo de cuestionarlo todo?, ¿Qué pasaría si dejo de racionalizar cada asunto inexplicable?… ¿Qué ocurriría si en lugar de realizarme estas preguntas lo experimento?

Creo fielmente en esa frase que dice:

” Dios habla a través de la intuición”

Si escuchamos a esta  vocecita interna aquí y ahora, estaremos dando pasos dentro de esta infinitud que nos permitirán mover todo en nuestro exterior y confiar plenamente en lo que ocurre, en este perfecto momento presente. Estoy profundamente convencida de que en este preciso instante vamos construyendo ese futuro tan esperado y soñado; Al escuchar nuestra intuición, ponemos manos a la obra para edificar lo que nos toca en esta obra divina, para llegar a donde realmente nos indican nuestros anhelos más profundos teniendo como vehículo mágico al cuerpo.

Medita, y si te resulta complejo sólo contempla, fija tu atención en una flor, en un atardecer o simplemente mientras te bañas en profundo silencio mientras observas lo que piensas, atiende a tu dialogo interno y con certeza escucharás a esta sabiduría de antaño que vive en cada rinconcito de tu ser.

Todas las respuestas están en ti, ya sabes cuál es el siguiente paso, sólo no permitas que te perturbe y trunque el miedo, abraza tu verdad sin adherirarla a ti mientras confías en el perfecto AQUÍ Y AHORA, con la mente y el corazón expandidos ante la idea de que todo lo que ocurre es para tu más alto bien, bajo la gracia divina  y de manera perfecta.

Escuchemos nuestra intuición, hagamos lo mejor que podamos, pongamos nuestra mejor energía, pongamos nuestra mejor intención y soltemos el resultado… CONFIANZA PLENA… Ahóooooooooooo!!!!!

Yo bruja


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Con lo que a veces cuesta levantarse a ser una misma, con lo que cuesta luchar para defender con convicción la esencia, ese aroma del que venía impregnada el alma, esa que no se mantiene silenciosa porque siempre a gritos pide movimiento… mucho movimiento,  no importando cuántas muertes deba experimentar,  ni a quién o qué deba dar muerte teniendo clara la trascendencia de los límites,  pues el mérito es la autorrealización, un corazón y mente en expansión.

Soy yo, Rosario quien intenta captar y evocar su propio trabajo espiritual.

De niña, tuve la suerte de haber estado rodeada de gente colmada de fuerza y resiliencia, de mujeres poderosas que me ayudaron a labrar mi propia tierra quienes conservaban en el inconsciente las osamentas de las almas de otras mujeres de nuestra estirpe, mujeres con trenzas largas con la piel tostada por el sol y unas manos rayadas de tanto uso, unos ojos brillantes y unos pies llenos de surcos; También tuve la fortuna de disfrutar a mi abuelo, de quien heredamos en casa el modelaje del trabajo y la cosecha; Tuve la suerte de crecer entre personas a quienes les gustaba cantar y evocar a las fuerzas divinas con sus notas mientras celebrábamos la vida; Tuve la dicha de tener un grupo de amigas con quienes gozaba de tardes festivas mientras saltaba la cuerda, jugaba resorte o al avión o corríamos como locas por todo el atrio de la iglesia saltando coordinadamente lo bloques guindas y grises, nos subíamos a los árboles y compartíamos relatos  de miedo que paradójicamente eran vitaminas para el alma.

Entre los 14 y 17 años, casi todas las tardes me perdía bebiendo aire y sol  entre las faldas de los cerros del pueblo, corría feliz tanto como soñaba y mi alma despertaba más y más, mientras validaba cuáles eran mis talentos para seguir trazándome una hoja de ruta. Recuerdo que durante ese periodo casi todas las noches le escribía una carta a Dios y mi fe fue nutriendo mi vida interior revistiéndola de cierto salvajismo y rebeldía pues para mi nada era imposible, y así en algún momento me fui de aquél lugar con la bendición de mamá… Tenía 18 años.

Comencé a estudiar una cosa y otra en paralelo trabajando, viví en diferentes ciudades de distintos países, conocí muchos rostros y aprendí a decir adiós una y otra vez… a decir adiós también se aprende, pienso que es una de las lecciones más arduas de la existencia. Siempre he tenido manía por escribir, bailar frente al espejo, cantar en el baño y hablar con Dios, disfruto hacer velas, devorar libros, meditar y practicar yoga. Hoy a mis 34 años la vida creativa ocupa un denso porcentaje de mi vitalidad, sin duda esto me acompaña a sublimar durante la noche oscura del alma, me permite contemplar y contactar con esa presencia que me habita y más cuando me siento amedrentada, encajonada o acorralada por la rutina o cuando siento que estoy invirtiendo energía y corazón a un sueño que no es el mío. Esa es la batalla de la que hablaba en el primer párrafo, esa lucha por mantener las puertas cómodamente abiertas y anchas para que drene y se vaya todo lo que se tiene que ir manteniéndome cubierta con el poderoso manto de la sabiduría y el instinto, porque aunque a veces digo que ya estoy domesticada conforme pasa el tiempo me doy cuenta que no, que sigo siendo la misma salvaje que corría horas entre las faldas de los cerros o se subía a los árboles… NO ESTOY DOMESTICADA ni creo domesticarme nunca, no pienso encajar en moldes arcaicos de una sociedad de creencias muchas de ellas caducas.

Quiero que mis huesos sigan cantando e inventando historias, quiero que mis dedos sigan rompiendo paradigmas y el corazón siga rugiendo no importando a quien cuando se sienta amenazado, quiero seguir rompiendo patrones subyacentes, quiero seguir estrujando a mi ser espiritual innato descendiendo por lo profundo del amor para seguir conjurando los restos incómodos de lo que ha tocado y no ha tocado experimentar aún cuando parecía un derecho, los aspectos descuartizados de la vida y lo que apesta pues lleva tiempo en el ropero; Quiero seguir siendo mi propia bruja y seguir danzando en círculos sanando con canto y fuego lo que deba ser restaurado… Quiero aquí y ahora seguir comiendo la vida a puños recreando a partir de lo ya muerto, seguir desempeñando esta tarea dual potenciando y multiplicando mis panes y mis peces.

Amo a esa bruja que vive en mí, es la guardiana de mi alma, la que defiende mis sueños más intrínsecos aún cuando a veces me da miedo por su forma nada sutil de despertarme, por su manera con rudeza aparentemente innecesaria de marcar límites y muchas veces expresar; Amo a esa bruja que vuela por las noches y mira las estrellas mientras remueve su caldero porque ella es la que sabe, la que sana con sus remedios, la que me rompe los hechizos y creencias, la que me enseña a discernir y a separar, la que le da fuego a mi alma y energía a mis huesos, la que da brillo a mi piel y a la mirada, la que ahuyenta con su verruga  al depredador y con sus uñas largas continúa haciendo surcos en el camino.

Cuando tu amante sea el adecuado para ti, abrazará a esa bruja que te habita, no le importará ver tu verruga ni tampoco que salga a construir sueños montada en su escoba meneando su caldero… Eso que tú buscas también te busca a ti. Es quizás el recordatorio de hoy, es la conclusión… Canta, canta tu verdad no importa dónde, abrázate mucho y honra a tus huesos, honra a tu estirpe, honra a tu historia, derrama tu alma en todo lo que hagas, muere y renace tantas veces sean necesarias.

Con amor

Yo bruja.

A las diosas exiliadas


Y vamos por ahí rompiendo paradigmas dando aleteos con las alas del corazón...

Y vamos por ahí rompiendo paradigmas dando aleteos con las alas del corazón…

Mientras hacía más espacios dentro de mi propio espacio,  me venían a la mente algunos flashbacks de diálogos, frases cortas o expresiones que a mis 34 años he recibido, generalmente he sido no siempre la más receptiva pues  si por algo me he caracterizado ha sido por cuidar mi propia esencia y preservarme como especie de alas atípicas, a este momento me declaro especialista en marcar límites y más aún porque las alas no paran de crecer, tanto más la vida las poda MÁS CRECEN, y así ando por ahí rompiendo paradigmas.

Hace unos días, una persona del género masculino (sólo a ellos se les ocurre hacer comentarios tan atinados y sobre todo asertivos no importando inclusive el foro) me hizo la entrevista típica que suelen hacer a nosotras las mujeres:

– Rosario, ¿tienes hijos?

– No

– ¿Eres casada?

– No

– ¿Tienes novio?

– No

– iBúscate un hombre!

– Yo puros amigos iJá! – respondí (léase en tono de sarcasmo). Evidentemente él no supo más qué decir y finalmente dijo:

– Muy bien Rosario, eres libre de hacer lo que más quieras.

Me quedé meditando en las tantas veces en que he recibido algún comentario de esta irrespetuosa naturaleza, en las muchas ocasiones en las que mi mujer salvaje ha respondido con sonrisa sarcástica desarmando a quien fuera no importando de quien se tratara. Son tantas las veces que he escuchado esas voces conservadoras, arcaicas, rancias inclusive que no están listas para cantar una canción distinta.

Señores, rompan la vieja creencia de que una mujer no puede estar sola, nosotras podemos tener una vida sexual libre sin tener una pareja, sabemos con quién queremos estar, cuándo queremos estar, qué queremos sentir, sabemos pedir sin remordimiento sin que eso suponga estar atadas a alguien. Sabemos decir “no” las veces necesarias cuando nos sentimos agobiadas, sabemos tener el control de nosotras mismas y cómo recuperar nuestro poder cuando por instantes lo perdemos.

Somos mujeres libres, como dije: con alas gigantes que no caben en cualquier sitio; mujeres que hoy sabemos cómo usar nuestra propia energía, que sabemos incluso a profundidad lo que implica una relación sexual y por ende no estamos dispuestas a dejar entrar a cualquiera a nuestro templo; Salgan de ese trauma de la pérdida del paraíso infantil, no es nuestro problema si los destetaron a los 9 meses y no a los 5, no somos sus madres, somos mujeres libres pensadoras, somos SUS IGUALES, no sus “hembras”, no estamos aquí para que ustedes cubran esa necesidad instintiva y animal, olviden ese jalón regresivo a ese paraíso perdido al no saber estar solos y dejen de repetir historias por amor a ustedes y su propia estirpe, por amor a las generaciones venideras.

Yo Rosario, pertenezco a ese clan de mujeres fértiles que dan vida de mil maneras distintas, que si bien tengo claro el ciclo de la propia naturaleza, también estoy consciente que la sociedad mexicana aún no tiene claro que habemos vocaciones para todo: hay mujeres hermosas a quienes honro que nacieron para ser madres pero no pareja, las hay con la vocación de la maternidad y pareja en paralelo,  habemos mujeres que tenemos vocación de pareja pero no de madre, habemos mujeres que tenemos vocación creativa y profesional con una imperante necesidad de trascendencia que bien podría o no ser conjugada con una de las tres primeras. No todo es cuadrado, no todo es “el deber ser”.

Sí, soy exiliada porque no compagino con ese ir “by the book” por la vida, porque nunca he sido afín al control de alguien para conmigo, porque soy digna de confianza y poderosa, soy llanamente: Una mujer plenamente consciente de su poder. Soy la que se atreve, la que vive y destruye, la Ganesh que no se cansa de remover todo lo que pudiera ir en contra de su propia naturaleza, soy mi Kali o Coatlicue, la que quieras.

Vivo conectada con mi yo instintivo, soy esa mujer de  la intuición versada, rigurosa y ahí sí que me declaro receptiva, sin embargo, en este estado de conexión conmigo he aprendido a ser más y más auténtica sin que eso signifique ser temeraria, he roto cánones y no me importa encajar ni cubrir expectativas ajenas, y sé que somos muchas las que compartimos este estado de ser, las que vamos con los sentidos afinados dejando que hable dentro la que tiene que hablar: la mujer sabia.

Aunque mi infancia fue valiosa y fui orgullosamente educada en un seno religioso, reconozco que nunca fui cautiva ni domesticada, fui terca, curiosa, lectora voraz y entre más pasa el tiempo más juego con la excentricidad y sigo alimentándome de mi vida creativa.

Pido respeto para las mujeres como yo, lo pido en nombre de ellas y de las que vienen detrás de nosotras, esas mujercitas que traerán consigo una acusada naturaleza de libertad instintiva a quieres será imposible hacer intervención quirúrgica alguna en su psique porque las que venimos delante de ellas habremos dejado huellas muchas en su inconsciente, personitas libres de prejuicios, opiniones, preferencias y expectativas con el autoestima en su lugar.

No somos convencionales, somos poderosa guerreras, mujeres salvajes, intuitivas y felizmente exiliadas; Somos mujeres con una serie de valores que si bien no son idéntico a los de nuestras familias, sí por lo menos se basan en muchos de ellos; No somos angelicales, podemos removerlo todo aunque duela y a veces haya que morder el polvo; Somos seres con almas que no se adaptan a exigencias, que no necesitamos que nos adulen para sentirnos hermosas, que no necesitamos de un vestido corto o escotado para sentirnos sensuales, que no nos hacen falta tacones para robar miradas y que elegimos incluso de quién recibimos un piropo y de quién no; Somos mujeres que únicamente requerimos de una sonrisa potente y confiada para con nuestro poder personal cambiar lo que se nos dé la gana.

Somos lo que hemos querido ser, hemos desterrado introyectos de los mandatos, tenemos recursos sorprendentes para potenciar y no importan nuestras propias inseguridades, somos perfectas dentro de nuestras imperfecciones.

Somos divinidad en cuerpo de mujer… Hombres, somos sus pares no sus mujeres ni sus sirvientas ni un repositorio de energía sexual.

Qué bonito sería que tanto los hombres como las  mujeres confiáramos en cada uno de nuestros atributos psíquicos, físicos y espirituales, quizás tendríamos una sociedad más igualitaria y respetuosa, una sociedad más plena y sana.